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XII Festival de Jerez



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- CRÓNICA 01.03 -



Acotaciones al programa

La antología personal de Eva La Yerbabuena

Manuel Ríos Ruiz
DIEZ años al frente de su propia compañía, supone un alto mérito artístico de Eva La Yerbabuena, que se ha consagrado como una bailaora de época, no solamente por los importantes galardones que merecidamente le han sido concedidos, sino por su capacidad para infundirle a los estilos el ansiado sello personal al que aspira todo intérprete que se precie. En este aspecto, la bailaora granadina es un ejemplo para futuras artífices. La voluntad, la disciplina, la imaginación y la lucidez para conjugar una personalidad en el baile flamenco es sumamente difícil de alcanzar, sobre todo si esa personalidad se demuestra no solo en un estilo, sino en una amplia baraja de ellos. La personalidad es al artista lo que el perfume a la flor, según el filósofo. Además, Eva La Yerbabuena ha completado su figura y esencialidad artística con su talento para armar sus coreografías. A lo también ha añadido el acierto para configurar sus elencos, rodeándose siempre de excelentes intérpretes, lo que ha resultado básico para conseguir espectáculos espléndidos, con la colaboración extraordinaria de su pareja, el magistral guitarrista Paco Jarana.

Ahora, con su espectáculo “Santo y seña”, que esta noche presenta en el Teatro Villamarta, dentro del Festival de Jerez, nos ofrece una especie de antología personal. Después de varios montajes con argumento, Eva La Yerbabuena ha escogido los números más significativos de todos ellos, dando lugar a un repertorio estilístico bien personalizado. Lo ha explicado: “Es un espectáculo que recoge la esencia de toda mi trayectoria hasta el momento”. Así, su monumental soleá, su transida siguiiya, su tangos enjundiosos, su alegrías airosas…, todo el baile al socaire de su entender y cualidades.

Y a estas alturas del la historia del baile flamenco, después de dos siglos de su conocimiento, si atendemos las crónicas de Estábanez Calderón y lo que nos cuenta de los bailes de El Xerezano y La Perla, Eva La Yerbabuena se ha situado a medida de las grandes bailaoras que ya están en los anales, desde La Cojuiñí y La Cuenca hasta las más recientes maestras. Y tras su actuación de hoy en Jerez, Eva La Yarbabuena viaja a América donde actuará, del seis al veintiuno, recorriendo los coliseos de Los Angeles, Boston, Wahington, Nueva York y Monreal. La proyección internacional de Eva La Yerbabuena se reafirma con esta gira. Enhorabuena.


NUESTRA CRÓNICA - PRENSA

EVA YERBABUENA, sinónimo de buen baile.

Todavía teníamos en nuestras retinas y memoria el espectáculo que vimos la noche anterior, cuando nos disponemos con muy buen ánimo y esperanzas de disfrutar de otro buen espectáculo de baile flamenco.

Sabíamos que Eva no iba a defraudar, yo particularmente la última vez que la vi, cuando estuve en el Festival del año 2006, en aquella noche memorable interpretó una soleá de antología. Este año nos presentó la obra llamada Santo y Seña donde ha reunido diversas coreografías de diferentes espectáculos anteriores, ha conseguido un buen espectáculo de baile flamenco, sin las ataduras que acarrea el tener que seguir el libreto de alguna obra literaria y ciñéndose a la misma e ir adaptando bailes acordes a la trama.

Un elenco muy numeroso, pero nunca se estorbaron unos a otros, el cuerpo de baile medido y disciplinado a las sobrias y bien concebidas coreografías donde Eva también brilla con luz propia como a su dirección artística.

Eva Yerbabuena

El cuerpo de baile totalmente masculino, Juan C. Cardoso, Eduardo Guerrero, Alejandro Rodríguez y Juan M. Zurano como también cuatro fueron los cantaores, Enrique Soto, Pepe de Pura, Jeromo Segura y José Valencia, el cuerpo artístico se completo con las guitarras de Paco Jarana, Manuel de la Luz, buena interpretación, la percusión de Raúl Domínguez y saxo/flauta de Ignacio Vidaechea, acompañamiento suave y melodioso.

Seria y sobria apertura por seguiryllas, traje negro con volantes, apropiado para el drama del cante, del patio de butacas surge el jondo cante en la voz de Enrique Soto y de todo el teatro se empiezan a escuchar los primeros oleee, en forma tímida pero dando la pauta de que el público estaba deseando verla triunfar nuevamente.

Eva Yerbabuena


Los espacios en que Eva no estuvo en el escenario, las transiciones no se notaron gracias a que fueron cubiertos por el cuerpo de baile y cantaores con toda solvencia, la buena música de Paco Jarana que matizó farrucas con jaleos y bulerías, todo para que Eva llena de gracia y picardía nos regalara con el para mi mejor cuadro de esta noche, el mirabrás, enorme¡¡¡¡, con su bata de cola y mantón cuajó una actuación esplendida, los oleee del publico ahora ya eran numerosos y de verdad, es que Eva baila con el corazón lleno de flamenco, lleva cuatro cantaores porque le gusta el cante y se nutre de ellos para transmitirlo al público con su baile, con entradas y salidas de cada uno de ellos.

Eva Yerbabuena


La culminación del espectáculo, Bulerías por solea , grandiosa aunque si comparamos por ejemplo con la que vimos en el 2006, ha perdido unos puntitos, casi sin importancia pero que en una bailaora como ella se nota, los cantaores cumplieron y las cuatro voces en donde cada uno metía un tercio, muy bien logrado, en definitiva que otra noche de éxito en este Festival de Jerez, no hacía frío al salir pero igualmente lo vivido en el Villamarta invitaba a un buen pucherito con Yerbabuena.

Manolo Chilla
Triste y Azul






NUESTRA CRÓNICA - PRENSA


Bailes con aromas de ‘yerbabuena’

La granadina Eva Yerbabuena confirmó los pronósticos que auguraban sensaciones mágicas anoche en Villamarta. Su baile por mirabrás fue lo más destacado, junto a los momentos que tuvo la soleá por bulería.

LUIS ROMÁN
Eva Yerbabuena es una gran maestra del baile. Sus cadencias en el taconeo suelen propagar la esencia de los estilos con más duende, dando al público ese aire justo para que inmediatamente se venga arriba. Y es que el dominio que demuestra en cada estilo es digno y propio de una artista que, pese a que pertenece a una generación aún joven, posee ya la experiencia suficiente como para saber cómo desenvolverse en un coliseo como el Teatro Villamarta y un evento como el Festival de Jerez.

Pequeños matices diferentes.
Todos los aficionados asiduos al Festival de Jerez recordarán que la granadina quiso contar una historia en El Huso de la memoria, cuyo hilo argumental quedó ensombrecido por su remate espléndido por soleá. Aprendida la lección, ayer se limitó a exponer sólo baile, prescindiendo de complejas tramas en las que a veces los artistas pierden mucho tiempo en narrar lo que un buen baile cuenta de manera más efectiva e, incluso, mas elocuente.

Las apariciones de Eva en el escenario no fueron testimoniales como practican otros artistas de su gremio, sino que sale a escena con frecuencia, sin que se le eche en falta nunca, a la par que otorga oportunidades de lucimiento a su grupo, que estuvo conformado, por lo que al baile respecta, por Juan Carlos Cardoso, Eduardo Guerrero, Alejandro Rodríguez y Juan Manuel Zurano; al cante por Enrique Soto, Pepe de Pura, Jeromo Segura y José Valencia; a las guitarras por Paco Jarana –marido de Eva– y Manuel de la Luz; a la percusión por Raúl Domínguez; y al saxo y flauta por Ignacio Vidaechea.

Los números se hicieron amenos, nada pesados, porque la sucesión de bailes se realizó con extrema delicadeza, pasándose de los bailes de la protagonista a los de su cuadro, alternado en las tablas los números en solitario de la granadina y el resto de compañeros, que, como conjunto de acompañamiento, hicieron una gran labor.

De todo lo que se vio en las tablas del teatro, quizás acusó mejores elogios la interpretación del número con bata de cola y mantón, adquiriendo el ambiente una belleza simpar. Porque los elementos de las bailaoras se mueven con finura, como hizo ayer Eva, mas nunca hay que quitárselos de encima. Yerbabuena sabe cuidar el mantón y la bata, dándole giros y efectos más que óptimos, excelentes.

También muy esperado fue el remate con la soleá por bulería, en la que los cuatro cantaores hicieron diversos estilos de este palo. Acaso la de Granada no alcanzara aquellos niveles de cuando bailó de manera ejemplar en El Huso de la memoria por soleá. No obstante, su esmero en las cadencias lentas del arranque, con un cuerpo echado hacia atrás mientras el elenco de cantaores hacían sus letras, consiguió la recompesa de un público que sabe esperar siempre lo mejor de Eva Yerbabuena, pues ocupa un lugar preeminente dentro del baile. Santo y Seña hace gala de acentos flamencos sin aditivos, de los que gustan por sus sabores genuinos. El espectáculo de ayer dejó un delicioso sabor a yerbabuena.



Eva y el aroma de los retales

Los fundamentos artísticos de Eva La Yerbabuena son tan altos que siempre deja un aroma de arte grande. Pero por encima de todos su capacidad primero para emocionarse ella con el cante, para de este modo traducir con su cuerpo lo cantado y entregarlo al público al filo del júbilo y la emoción. De ahí que Eva sea bailaora que necesita de un gran respaldo de voces. Necesita el cante para su expresión. Se para a escucharlo, lo mastica, se deja llevar por él con una armonía plena.

JOSÉ MARÍA CASTAÑO – LA VOZ
Santo y Seña es un espectáculo retrospectivo, montado con retales de anteriores puestas en escena. Como una visión a lo que han sido sus años de artista, seleccionando algunos números que a ella le han motivado para su vuelta a los escenarios. Bien es cierto que, pese a todo, y sin quitar un solo pero a su magia interpretativa, en la noche de ayer siempre le faltó un puntito. Sí, un pequeño apéndice de intensidad y comunicación que es el que hace diferenciar las faenas históricas y memorables (como la de aquella soleá de hace dos años) de las grandes faenas como la acaecida. Por cuanto creo que fue una exposición que tuvo sus puntos álgidos en varios detalles. Claro que, hablando de Eva La Yerbabuena, cualquier chispa suya vale la que diez en muchas.

La configuración de la obra posee mucho registro flamenco, respecto a la costumbre de unirlo con la danza (y su devoción a Pina Baush). Propuesta que nos hizo disfrutar de lo lindo, porque Eva no es de la que sólo arranca aplausos cuando termina un baile, va más allá. Lo suyo es levantar olés porque produce profundas emociones, como ese aguantar el cante de José Valencia en la soleá bulería final para rematarlo al filo de emoción por citar sólo algunos de los ejemplos.

La puesta en escena comienza con la dramaturgia de la siguiriya. De la Cava evoca el baile de candil. Los alaridos de la pena grande nacen del patio de butacas. Eva interpreta cada Ayeo, cada suspiro, minimalizando la queja con unos giros precisos y contundentes. Recoge con brío y lanza verdaderos látigos con los pies. Como dice el compañero García Reyes, La Yerbabuena es ambidiestra, pues, resuelve con la misma intensidad en cada hemisferio de su cuerpo.

El baile masculino con distintos juegos coreográficos sirve de transición: farrucas, jaleos extremeños y el comienzo de la soleá bulería. Son el noble descanso de Eva que seduce, en su vuelta, con un elegantísimo mirabrás. Hay momentos de luz, de conexión con la esencia. Sabe que baila como ninguna pero es la noche de los detalles sutiles. Como en los tientos tangos, abandonándose a la sensualidad. Como ese inicio de la soleá bulería clavada repartiendo dones. Como esas tres o cuatro bulerías romanceadas para soñar despiertos con finales soberbios, para enmarcarlos. Pero faltó ligazón para el triunfo apoteósico y rotundo de otras noches





El secreto del baile flamenco lo tiene Eva Yerbabuena

Sólo Eva la Yerbabuena era capaz de mantener el listón tan alto como lo dejaron la noche anterior en Villamarta Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina.

DAVID FERNÁNDEZ – DIARIO DE JEREZ
Sólo Eva la Yerbabuena era capaz de mantener el listón tan alto como lo dejaron la noche anterior en Villamarta Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina, y no defraudó en una jornada en la que se emocionó doblemente. Cuando le dedicó el Premio del Público 2007 a su padre, a mediodía en la bodega González Byass, y al concluir anoche de derramar toda su fuerza y su temperamento sobre las tablas tras presentar Santo y Seña, una retrospectiva sobre algunas de sus coreografías. El público le despidió en pie con una larguísima ovación.

La Yerbabuena demostró, de entrada, que es una bailaora sensible y de otro planeta, a la que no le gusta que la encasillen. Si hubo una variante flamenca con la que deliberadamente dejó al personal con ganas de más es justo la que hasta ahora le ha distinguido del resto: su arrebatadora e ingobernable soleá. Marcó cada matiz de este cante fotograma a fotograma, anclada en sus poderosos pies como si estuviesen enraizados en el escenario. Ralentizando el baile, cada gesto, cada pose y movimiento a cual más evocador. Los cuatro cantaores, uno a uno recorriendo con parsimonia el escenario fulgurantes y preñados de hondura, posaron cada tercio a sus pies, y desde el público se oyeron los oles.

Sin embargo, cuando todo parecía predestinado para que llegara el ciclón, cuando José Valencia se arremangó porque le sobraba hasta el último pelo de su cabeza y se sacó de no se sabe dónde un prodigioso cante por bulerías, justo ahí, la Yerbabuena, el vestido dorado y la mirada limpia, se contuvo a conciencia. Metió los pies y exhibió casta, pero no quiso que anoche todo quedara reducido a esa explosión de júbilo que desata con su soleá, cuando de la tormenta pasa a la calma en un instante mágico que tantas veces ha regalado con el arco iris más flamenco del territorio jondo.

Para ser la número uno hay que darlo todo y superarse a diario y Yerbabuena, que hoy por hoy está un escalafón por encima de las bailaoras de su generación, le entregó al público, en cuerpo y alma, un impresionante abanico de propuestas bailaoras del mejor calibre. No quiso recurrir a lo más fácil, aunque para muchos cueste entenderlo. Y así lo decidió porque tiene el secreto del baile y la cabeza muy bien amueblada, sabedora de lo que quiere en cada momento.

Tras subrayar su baile recogido, como un torbellino metió el zapateado en la seguiriya con la que se presentó, de negro. La voz de Enrique Soto, desde el patio de butacas, la enchufó al baile desde el inicio y, entregada al cante, parió la música con sus pies cruzándolos entre sí, de la punta al tacón, jugando a ser un purasangre andaluz, bailando hacia delante y hacia atrás, como haría en el mirabrás, pero aquí con la dificultad añadida de que la bata de cola le acompañaba bailando también. Cuando giró sobre sí misma como si cada brazo cobrara vida, el patio de butacas rompió en aplausos. Yerbabuena no es de este planeta, pensó más de uno.

A continuación, presentó al cuerpo de baile para una vez más reivindicarse como una buena coreógrafa que sabe lo que se tiene entre manos, con sentido del equilibrio, la plástica, la limpieza en escena y, sobre todo, desde la honestidad en el baile. Lo mismo en la extraordinaria farruca que inventó Paco Jarana que en las bulerías.

Plena de facultades y derrochando flamenquería, Yerbabuena reinventó el mirabrás con toda la gracia de Cádiz. Llenó el escenario ella sola, aunque músicos y cantaores dieron buena muestra de su talento. De blanco y naranja, posó con el mantón en forma de alas y hasta el último elemento lo planeó al detalle, desde las hebillas del pelo que le dieron más brillo si cabe, hasta el ímpetu que destiló con cada poro de su piel. Como si le ayudaran duendecillos bajo la bata, la movió con tanta soltura y gracia, que dio la impresión de que vistiera una simple tela vaporosa.

Pero llegarían los tientos y los tangos, casi nada. Recreándose y enamorando al público, la bailaora, de rojo y negro esta vez, llenó el escenario meciendo los cantes con sus caderas y hombros. A compás del tiempo. Algo fuera de serie que sólo está al alcance de los discípulos del baile que, como en su caso, un día, a los 11 años, observando junto a su padre un festival, decidió que querría ser una bailaora como la que tenía frente a sus ojos para el resto. Los cuatro cantaores la recogieron por bulerías y con ellos se despidió una año más una extraorainaria bailaora que sólo tiene detrás su talento y su trabajo.


TristeyAzul


Sutileza contra didactismo


Fran Pereira – Diario de Jerez

GUITARRA –
JUAN CAMPALLO
Guitarra: Juan Campallo. Palmas: Rafael Campallo y Antonio Molina. Lugar; Palacio de Villavicencio. Día: 1 de marzo. Aforo: Casi lleno

Con una expectación inusitada comparecieron ayer en el Palacio de Villavicencio el guitarrista Juan Campallo y el cantaor Juan Pinilla, triunfadores el pasado año en La Unión al ganar el Bordón y la Lámpara minera respectivamente.

El primero fue el encargado de romper el hielo y lo hizo a su manera. Subió el sevillano al escenario con cierta timidez para hacer primeramente rondeñas y continuar con tarantas, lo mejor de su actuación pues el resto de interpretaciones, alegrías y bulerías, apenas se pudieron percibir debido a la fuerza con la que los palmeros hicieron su labor. Una pena porque las pinceladas anteriores fueron de mucho valor.

Y es que Juan Campallo es un guitarrista virtuoso y al contrario que otros muchos, el rasgo característico de su toque es su sutileza. Su mano derecha es todo un ejemplo de cómo se debe tocar este instrumento. Con pausa, sin alejar demasiado la mano del diapasón y con limpieza, el joven artista fue demostrando su extenso conocimiento de la técnica, sin abusar del 'picao' ni del trémolo ni del arpegio... Estuvo en su sitio y sacándole el máximo a cada nota. Su único lunar fueron los palmeros y su escasa conexión con el público en ciertos momentos de su actuación. Pese a todo fue muy aplaudido.

CANTE
JUAN PINILLA
Cante: Juan Pinilla. Guitarra: Luis Mariano. Lugar:Palacio de Villavicencio, Día: 1 de marzo. Aforo: Casi lleno.

Todo lo contrario ocurrió a su predecesor, Juan Pinilla. El cantaor granadino es un orador espléndido y sabe que la función didáctica en el flamenco actual suma puntos. Así lo hizo y así parece ser su filosofía, a ensalzar por supuesto, pero al margen de todo ello derrochó maneras y dio lo máximo en cada uno de sus cantes hasta el punto de ser muy aplaudido por los presentes.

Pinilla, perfecto conocedor del flamenco, introdujo cada uno de sus cantes con una leve presentación y dio un repaso a distintos y variados estilos, haciendo especial hincapié en algunos poco utilizados hoy día y que deberían contar con algo más de protagonismo, llámese la Caña, la Mariana, Levanti-ca, el fandango minero o la Farruca.

Fandango de Almería, Fandango del Robao, el de Juan Breva, el Fandango de Córdoba, de Granada, malagueña de Chacón... De una punta a otra de Andalucía se movió Pinilla, un cantaor con una voz muy particular y que perfecta mente consciente de sus limitacio nes y carencias, sabe por dónde de be atacar y por dónde no.

Bien acompañado por la guitarra de Luis Mariano, el granadino no se olvidó de homenajear a dos recientes pérdidas del flamenco en Granada, Loles del Cerro y María la Jardín, con un tema de gran belleza acústica y que puso broche final a su actuación.



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