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XII Festival de Jerez



Cartel

   
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- CRÓNICA 08.03




Acotaciones al programa 

Una gala de la maestría flamenca


Manuel Ríos Ruiz
El maestro por excelencia, para los escolásticos medievales, era Aristótoles. Luego, la filosofía, en su devenir, ha considerado que el que en un arte ha llegado a maestro, puede prescindir de las reglas. Y como dijo el poeta, para seguirlas mejor. En el arte flamenco los primeros maestros que se pueden reseñar, serían aquellos que  Antonio Machado y Álvarez, denominó como “generalísimos” -según la información que le facilitara Juanelo de Jerez-, en su obra “Colección de cantes flamencos recogidos y anotados por Demófilo“, aparecida por vez primera en Sevilla, allá en mil ochocientos ochenta y uno.

 Y aquellos cantaores y cantaoras signados como “generalísimos” fueron los siguientes: Tío Luis El de La Juliana, Luis El Cautivo, María La Jaca, Vicente y Juan Macarrón, Tío Corro, Juan de Vargas, Manuel Molina y El Fillo. Lógicamente, después, en la época de los cafés cantantes surgieron nuevos cantaores “generalísimos” o maestros, así como magistrales guitarristas, bailaores y bailaoras, que están en la mente de todos desde Silverio a El Gloria, pasando por Antonio de Bilbao, La Macarrona y Ramón Montoya, por ejemplo. Y maestros han aparecido en el género continuamente.

 Por ello, hoy, en el escenario del Teatro Villamarta, como colofón al XII Festival de Jerez, se celebra una auténtica gala de la maestría  flamenca, protagonizada por dos consumados y esclarecido maestros: El Güito y Manolo Sanlúcar. Maestros del baile y la guitarra, respectivamente, que han alcanzado notoriedad mundial y que sobre las leyes y los cánones tradicionales de la música autóctona más importante de Occidente, han llevado a cabo sus creaciones personales.

 Tanto El Güito como Manolo Sanlúcar, se han forjado primero en los tablaos y, después, con sus compañías en giras. Son dos artistas singulares, personalísimos, que desde muy jóvenes estaban llamados a ser geniales además de maestros generalísimos, que así los llamaría “Demófilo”. Porque si El Güito,  deja para los anales su soleá, su farruca, sus tangos y sus bulerías, Manolo Sánlucar aporta a la historia de la música flamenca obras tan brillantes y profundas como “Medea” o “Tauromagia”, entre tantas otras verdaderamente originales.
 Sí, con una auténtica gala de la maestría flamenca, se clausura el XII Festival de Jerez, un acontecimiento artístico que edición tras edición crece y se atestigua como festival de interés nacional y repercusión internacional, gracias a sus variadas y acertadas programaciones, como corresponde a su lar de celebración: Jerez, Ciudad del Flamenco. Esperemos que su auge prosiga y que los jerezanos correspondan a su ejemplar organización.


NUESTRA CRÓNICA - PRENSA

Punto y final al XII Festival de Jerez

“Maestros” fue la Gala programada para este final, Manolo Sanlúcar y EL Güito.

Cartel de categoría por las figuras mencionadas, dos maestros sin discusión y con una trayectoria impecable y exitosa en el mundo del flamenco, lamentablemente no tuvo la brillantez que se merecían ellos, el público y la categoría del Festival, hoy en día el Festival de baile de más renombre en el mundo del flamenco.


Manolo Sanlúcar

Todos somos humanos y las situaciones que nos presenta la vida a veces no podemos superarlas ni siquiera en momentos importantes ya que no podemos dominar nuestras mentes cuando estamos con ese tipo de problemas. En la reunión de prensa del día anterior donde el maestro Manolo Sanlúcar presentó su libro, lo notamos distendido, con la sabiduría que lo caracteriza contestando con largueza a las preguntas que se le efectuaron, la mente humana es un misterio, al día siguiente su depresión justificada lo traicionó hasta el caso que en plena ejecución del Tercio de varas, segundo tema que interpretaba, tuvo un gesto inusual para con el percusionista que nos llamó a todos la atención, detuvo la ejecución para reprenderlo, el público perplejo y sorprendido no reaccionó para nada, se continuó con el toque.

Manolo Sanlúcar

El artista tiene la máxima de que pase lo que pase la función debe continuar y así lo entendió el maestro que se dirigió al público pidiendo disculpas diciendo que cuando se quieren hacer las cosas bien ocurren estas cosas continuando con el programa, pero no se le notaba bien, estaba nervioso, con cara de fastidio, inquieto, una situación bastante conflictiva para todos, salió Carmen Grilo a escena y la calidez de su voz calmó un poco la situación con Locura de amor y Trino, el maestro no estaba bien, se notaba inclusive en su toque, se dirigió al público diciendo que no estaba bien, que momento más difícil, y anunció que haría Campo como último número pidiendo disculpas y esperaba otra oportunidad para entregarse como siempre lo hizo en su vida, así fue, nuevamente con la hermosa voz de Carmen Grilo, terminó y salió de escena a toda prisa sin agradecer los aplausos del público que lo ánimo y respetó en todo momento.

Manolo Sanlúcar

Previamente el escenario había tenido la presencia del maestro Eduardo Serrano “El Güito”, su presencia es un decir, interpretó Farruca, bien cortitas en esta oportunidad y su mejor baile en la Soleá, como siempre su número más espectacular con las variaciones únicas que da al movimiento de sus pies, la trayectoria del Güito no se puede discutir, pero anoche trajo un cuadro intrascendente, con cantaores y músicos que no aportaron nada, únicamente una bailaora, Ángela Espadeño que defendió un poco para sacar adelante una actuación honrosa, un discreto baile por Alegrias habiendo comenzado por unos tarantos muchísimo mejor bailados, para terminar todo el cuadro por bulerias donde El Güito dejó por lo menos sus señas con la pataita de rigor.

Manolo Sanlúcar


Manolo Sanlúcar

Y como digo en el titulo, lamentablemente y por cuestiones en parte fuera de control, el XII Festival de Jerez tuvo un final que no se lo merecía, por la ímproba labor de la organización que tanto en la programación como en todos los detalles, prensa y relaciones públicas fueron correctas cada año mejor, aunque no a todos los que cubrimos mejor o peor, con más o menos conocimientos, sean de medios nacionales y especialmente del extranjero reciben el mismo trato, sin que ese detalle opaque la labor del departamento de comunicación, los sacrificados de siempre, más bien hablo de ciertos medios locales que practican el amiguismo y no la información que se brinda al mundo.
Manolo Chilla
Triste y Azul






NUESTRA CRÓNICA - PRENSA


Los cánones cierran el festival

Lo más clásico de la programación clausura la muestra más internacional sobre el baile

Diario La Voz
No es la primera vez que le ocurre al maestro de Sanlúcar. «Soy un hombre de muchos defectos, pero de una virtud: la honestidad. Me siento muy mal y no puedo seguir tocando. Espero algún día poder recompensaros tanta generosidad que me habéis demostrado. Lo siento de veras». Con estas palabras se despedía Manolo Sanlúcar, abreviando el repertorio que nos tenía preparado. De esta forma, tan precipitada, se cerraba la edición del Festival de Jerez, en su convocatoria de 2008. La carrera de un maestro de estas características, que tanto nos ha regalado merece respeto y el respeto lleva a la comprensión. Mire maestro, es usted muy grande y me arrodillo ante su arte y si me lo permite, no por la actuación de ayer, sino por toda su carrera. Por ese libro que nos abrió las puertas al ser humano y al artista. Le brindo mi silencio respetuoso. Como aquella vez que la Plaza de Toros de Jerez quedó enmudecida cuando Rafael de Paula tiró la coleta al suelo. El mejor aplauso es a veces el mejor silencio, el que puede llevar a la serena reflexión. Mi abrazo lleno de lágrimas en los ojos, Manuel. Pero no puedo sino abrazarlo aunque traicione no sé qué códigos deontológicos que tienen los compañeros de redacción. No contaré nada. Usted ha querido compartir su alma, la que nos ha llegado, rota, sufriente, sacando sonidos del fondón de la misma, qué importan las imprecisiones, que las escalas no terminaran de salir, que las armonías quedaran a medias y los tiempos muertos. Yo me rindo ante su alma, su alma compartida. Es fácil el aplauso cuando todo está bien y muy difícil el silencio, el que le brindo.

El Festival 2008 es ya historia. Los maestros se encargaron de poner el punto final. Los cánones más ortodoxos tomaron su parte en la función porque todo es necesario; la vanguardia y lo tradicional. Toda brújula ha de tener un norte y a veces este arte lo precisa cuando se experimenta tanto y lo que es peor de los que entorchan la bandera de lo antiguo sin saber dónde pisan.

No es el caso del maestro Eduardo Serrano El Güito, más que digno representante de esa grandiosa escuela que alentó Doña Pilar López. Esa soleá creo que ya ha sido representada en Villamarta un puñado de ocasiones. Pero da igual. No te puedes cansar de verla, de disfrutarla. Con esos recortes tan elegantes, con esa forma de meter los pies, de jugar con el compás de amalgama, exacto y preciso como el reloj que da las horas. Esta obra, ya clásica en el acervo flamenco, es una referencia excepcional.

Como digo, todo en la propuestas de Güito responde a los conceptos más clásicos. Dos voces, tres guitarras. Y una bailaora, Ángela Españadero, haciendo el contrapunto a soleá y farruca con bailes más coloristas como las alegrías y los tangos que rematan el taranto. Lo dicho, maestro es igual a respeto. Que no se pierda.

 



Güito y Manolo sanlúcar echan el cierre al Festival de Jerez

Ángela Españadero y Carmen Grilo dejaron las mejores sensaciones de una noche aciaga

F. SÁNCHEZ MÚGICA – DIARIO DE JEREZ
Ocurre con las grandes obras maestras que uno no se cansa nunca de verlas. Puede revisarse Casablanca o un Velázquez varias veces en un mismo año y encontrarles siempre nuevos guiños, perlas escondidas entre los recovecos de sus abundantes y perfeccionistas discursos. Algo similar sucede con la soleá, y en menor medida con la farruca, de Eduardo Serrano El Güito, quien a sus 66 años retiene su caudal expresivo y sus indescriptibles movimientos felinos, sigilosos, que le caracterizan cuando sube a un escenario. Entonces, ¿dónde estuvo anoche el problema? En que el espectáculo no lo defiende él, sino Ángela Españadero, una bailaora de raza que hizo las delicias del público pero que solapó el ángel de quien figuraba en la entrada como cabeza de cartel. Y es que se vio demasiado poco a un Güito que sólo se movió basándose en pinceladas y que ejecutó una de las farrucas más breves de cuantas se recuerdan en la memoria de Villamarta. La clásica y magistral soleá, repleta de mudanzas y quiebros antológicos, con sus singulares variaciones, salvó un espectáculo con una frustrante sensación a déjà vu y que para colmo contó con un atrás que ni siquiera estuvo correcto. Un dúo de cantaores que, se desconoce por qué motivo, intercaló cada número del veterano bailaor madrileño con versos de canciones de flamenco pop.

Ángela bailó con garra por taranto y alegrías. Mejor en el primer número, pese a que movió bien su bata de cola en su segunda intervención y el público le aplaudió con ganas. Todo esto no es óbice para insistir en señalar la previsibilidad de un montaje demasiado tópico y que únicamente aportó los instantes que Güito quiso regalar, un maestro que cada vez aparta más su alargada sombra de los escenarios para dejar paso a las nuevas generaciones que empujan con fuerzas.

Instantes más tarde apareció en el escenario Manolo Sanlúcar. El veterano guitarrista tiró de su socorrido repertorio habitual y comenzó su actuación con uno de sus clásicos, Maestranza, aquel que fuera sintonía de un conocido programa de televisión y que está enmarcado dentro de su trabajo Tauromagia.

Al gaditano nunca se le vio entonado, tanto es así que cuando interpretaba el segundo de los temas elegidos en el día de ayer, Tercio de varas, el tiempo se paró de repente. Sanlúcar, que hasta ese momento no estaba ofreciendo la limpieza que caracteriza a su toque, se detuvo ante la atónita mirada de todo el teatro para reprender a su percusionista, Rafael Hermoso ‘Poti’. La escena fue esperpéntica y el público quedó anonadado ante tal situación.

El momento quedó grabado en discurrir de su aparición, ya que el guitarrista, pese a disculparse, tuvo que lidiar el resto de la actuación con el peso de este incidente, impropio de un artista de su talla y de su experiencia.

Dicen que los genios tienen estas cosas, así lo quiso entender el respetable, que todavía sorprendido con lo acontecido lanzó algún que otro grito de apoyo al maestro. De lo que no cabe la menor duda es que tras ello, el de Sanlúcar ofreció lo mejor de sí, aunque sólo fue por unos minutos. Para ello recurrió a otro de sus clásicos, Locura de Brisa y Trino, y más concretamente a El poeta pide al amor que le escriba, una pieza en la que la acaramelada voz de Carmen Grilo pudo con un ambiente más que cargado.

Gacela del amor desesperado y finalmente Campo, ambas con la cantaora jerezana a un gran nivel, sirvieron para cerrar su actuación de una manera incomprensible. Y es que Manolo Sanlúcar, en un arrebato de sinceridad, reconoció que “tengo que ser honesto y no estoy bien”, y nada más tocar Campo abandonó como una exhalación el escenario sin ni siquiera agradecer los aplausos que le brindó el público.

Era pues un broche extravagante para esta nueva edición del Festival de Jerez, que no merecía un final tan estrafalario.





Despedida un tanto agridulce del XII Festival de Jerez

La vida proporciona duros reveses a las personas que se ven envueltas en situaciones complicadas. El cierre de Manolo Sanlúcar estuvo presidido por la tristeza. Momentos en los que hay que mostrar solidaridad

Luis Román – Diario Información Jerez

Anoche se arrió el telón del Teatro Villamarta con una triste sensación. Y es que hay situaciones muy duras en la vida que un ser humano jamás debería haber conocido en su existencia. El periplo vital conoce periodos dulces y amargos, pero determinadas experiencias habría que no sentirlas nunca.

El Güito baila poco pero bien. Ése podría ser el inicio de este análisis referido a su paso por el cierre del Festival. La verdad es que se tapó un poco con el baile de Angela Españadero haciendo dos salidas a escena. Está claro que la categoría de Eduardo Serrano El Güito está fuera de toda discusión, pero la razón de una pasado exitoso hay que mantenerla con argumentos un poco más sólidos, y más constantes sobretodo en el presente. Objeciones de mucha envergadura, más allá de las que han quedado reflejadas, no cabe hacer. En todo caso, recalcar que el cuerpo de cante uno de los puntos flacos de este dúo décimo certamen volvió a representar el papel modesto y muy secundario de la función que tuvo en Angela a su exponente más agradable, por cuanto supo llevar a buen término las oportunidades de las que dispuso en un Teatro Villamarta que dijo adiós al XII Festival de Jerez.

La segunda parte dejó un poso de amargura en las caras de los aficionados, que vieron la tristeza de Manolo Sanlúcar con preocupación. La intención del respetable era la de solidarizarse con el gran artista sanluqueño que, sin embargo, tuvo un gesto, cuanto menos extraño, con el percusionista. Tocando Tercio de varas, segundo tema de su repertorio anoche, paró en seco la actuación para reñir a Rafael Hermoso Potí. Nadie esperaba tal cosa. El público es sus localidades respetó escrupulosamente el estado anímico del tocaor y se limitó a guardar silencio sobre lo acaecido, pero todo el mundo en sus asientos se miraba las caras como no dando crédito. Hasta que reconoció que no se encontraba bien y puso término a su actuación.

Manolo Sanlúcar, un caballero de pro, un cabal de pies a cabeza, una de las cumbres más elevadas de la cultura andaluza, está atravesando por una coyuntura muy fuerte. Pero su gran honradez quiso acabar de la manera menos lastimosa posible una función que desde los primeros compases se veía forzada, a disgusto, sencillamente. No es para menos. Por tanto, de Manolo Sanlúcar sólo cabe hablar en términos elogiosos, porque ahí queda su trayectoria, su ideal flamenco a través de décadas de esfuerzo y estudio, mostrando a muchos andaluces el camino de su identidad como pueblo. Por todo eso y mucho más, gracias, maestro. El mundo flamenco, que abarca desde Bajo de Guía hasta Nueva Caledonia, estará siempre agradecido a su esencia inmarcesible como artista que, a pesar de todo, no dejará de lucir sus mejores galas.

Maestro, ánimo, que los sones de tu guitarra sigan siempre iluminando el sendero de la cultura flamenca. Venga, siempre adelante.


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Oda a la danza

'Cum Laude' para la danza de Bajo, Aguilera y Velasco

ANTONIO CONDE – DIARIO LA VOZ
La danza española y el flamenco alcanzan la unión máxima cuando el que domina las dos artes los lleva expresión más exitosa. Tan iguales pero a la vez tan dispares los sabores que suscitan los momentos coreográficos de Mayte Bajo no dejan indiferente. Con palillos en casi todas sus piezas, se proyecta un baile que comunica la virtuosidad en el intercambio de figuras poéticas corporales jugando con las sombras.

La situación maestro-alumno del primer pase es interpretada en El Zorongo, elección de zapato para empezar una carrera sinfín. La rumba en un paso a dos traspasa las fronteras de la niñez para posicionarla en la adolescencia con puestas en la que exclusiviza el flamenco y la danza como razón de ser, amenizado con clásico español. EL vals instrumental conjuga a la perfección con el fandango donde se cruzan los lazos intimistas y se retoman los palillos que prestan su protagonismo sin enfatizarse. Tangos y soleá por bulerías son esencias del estadio por el que se pasa en la vida, llegando a su cénit en las alegrías que dotan de ilusión tras haber pasando por la angustia y la soledad de la seguiriya. La tierna y susurrada voz de María Besararte añade valor y calidez al telón musical en manos de Jose Luis Montón y su guitarra. Cristina Aguilera traduce su misticismo vital en danza heterodoxa y mimetizada.

Calidad

Y Fran Velasco, discreto, acentúa su condición de maestro en la soleá. Momentos de excepcional calidad y creatividad que dominan la caja escénica.

La puesta de largo final se convierte en el culmen llevado a la enésima potencia.

La Sala Compañía echa su telón rojo y pliega sus butacas hasta el curso que viene, dejando un sabor que contrasta con la efímera acogida que ha recibido. El público no siempre conoce y acepta estas disciplinas artísticas que caminan hacia el sendero de lo creíble.


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La sutil catarsis de Mayte Bajo


Francisco Sánchez Múgica – Diario de Jerez
Preciosismo y sutileza. La danza catártica de Mayte Bajo es puro fuego expresivo o gélido movimiento plagado de matices, texturas, curvas, quiebros, escorzos. Su propuesta es sobria y austera hasta la extenuación aunque es igualmente efectiva en cuanto a la riqueza de su narración. Hay un títere como alte rego, en el zorongo inicial, y unos zapatos rojos que contrastan con la pátina blanco y negro de la escena, descolorida por el paso del tiempo, de las diferentes e implacables etapas de la vida.

Bocabajo es un espectáculo intimista, introspectivo, y ahí radica el grueso de sus virtudes y defectos. Supone una apertura al lenguaje del inconsciente de la bailarina vallisoletana y, del mismo modo, traspasar el umbral de su memoria, de sus vivencias escénicas. Esa experiencia puede diluirse y dispersarse en la densidad del discurso, como ocurre a veces; o multiplicar su plasticidad y fuerza expresiva con los pequeños grandes detalles, como cuando Mayte cuelga su peineta y la deja como si flotara en el aire.

Probablemente este Bocabajo sea lo más ajeno al flamenco que hemos visto y vivido en esta edi­ción del Festival de Jerez, pero me resisto a dejar fuera de la consideración jonda a la guitarra de José Luis Montón, en plena ebullición ayer en La Compañía. El encargado de la composición musical del espectáculo deslizó notas preñadas de flamenquería, y gracias a su pulso, las transiciones de la obra fueron pura delicia, fluidas como el viento. También es digna de mención la labor de María Berasarte, compañera de Montón en la experiencia musical La banda del aire y una voz, la de la donostiarra, que cabalga entre el fado, la copla y la chanson; entre Pasión Vega y Teresa Salgueiro como referencias. Los solos de palillos de la académica coreografía de Mayte Bajo y los pasos a dos, especialmente el de esta con Fran Velasco, supusieron una bocanada de aire fresco en la recta final del certamen. Voluptuosidad ydescriptiva composición. Tal y como ocurriese hace quince días con el pas de deux entre el bailarín y Lola Greco, serán almacenados por largo tiempo en la retina. Las alegrías son liberación artísticas y en ellas, hasta el guitarrista barcelonés se anima a cantar a dúo con Berasarte, cuya voz suena de nuevo dulce como la melaza. Velasco se expresa por sí mismo en la soleá por bulerías antes de dar paso a la seguiríya, Ahogo, en laque Mayte Bajo vuelve a revelar­se como una bailarina de enjundia, una artista con empaque como para ser necesaria de cara a elevar la calidad de cualquier muestra de baile que se precie.

'BOCABAJO'
Baile: Mayte Bajo, Francisco Velasco (artistas invitado) y Cristina Aguilera, Cante; María Berasarte. Guitarra: José Luis Montón. Flauta: Iván Carlon. Wolws Alberto García. Percusión: Jesús Mañeru. Dirección y coreografía: Mayte Bajo. Coreogra­fía soleá por bulería: Fran Velasco. Guión: Julia Martín. Dirección de escena; Raquel Toledo. Composición musical; José Luis Montón, Daniel Jurado, Elisa de Latorre y Mana José Hernández. Iluminador; Alejandro Conessa. Sonido: Ángel Roselle. Regiduría: Noemí García. Dirección eje­cutiva Jesús Arbas. Día: 8 de marzo, lugar; La Compañía. Aforo: Menos de media entrada.

 

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