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Triste y Azul

Crónicas

 

XII Festival de Jerez



Cartel

   
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- CRÓNICA 23.02 -



Acotaciones a la programación.-

La tradición cantaora de José Menese

Manuel Ríos Ruiz
UNO de los más importantes cantaores de este siglo, José Menese, reaparece hoy en Jerez, concretamente en el escenario que tan buen cobijo le presta al flamenco: La Bodega  de los Apóstoles. Ningún ámbito más adecuado para escuchar su cante inmerso en la tradición y espléndido en poderío. Al artífice de La Puebla de Cazalla, le seguimos la trayectoria desde los años sesenta, cuando figuraba en el Cuadro Antología del tablao madrileño Zambra, junto a figuras consagradas como Rosa Durán, Pericón de Cádiz. Juan Varea, Rafael Romero…, acompañados a la guitarra por el maestro jerezano Perico del Lunar. En aquel entonces, el citado tablao era la capilla sextina del arte flamenco más ortodoxo. Allí se cuajó José Menese como intérprete cabal y despertó el interés de los más exigentes cabales, mientras alternaba su estancia en tan prestigioso tablao, con sus actuaciones en los colegios mayores universitarios, difundiendo sus letras contestatarias. Recordemos que, en 1966, la Cátedra de Flamencología de Jerez, le otorgó el Premio Nacional del Disco, por su primer elepé, cantando coplas del inolvidable Francisco Moreno Galván. Y a reglón seguido, José Menese obtuvo el Premio de Honor Tomás El Nitri del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba. Dos triunfos que le consagraron de forma definitiva en el panorama del género. De inmediato se convirtió en figura de los festivales andaluces, adquiriendo una fama que le llevó, en 1973, a ofrecer un recital en el Teatro Olympia de París. Continuaron sus éxitos y en 1985, con motivo del Día de las Naciones Unidas, participa en Nueva York, con la guitarra de Enrique de Melchor, en el concierto de la Orquesta y Coro Nacional de España, interpretado una parte de la ópera “La vida breve” de Manuel de Falla. La universalidad de José Menese se confirmaba de manera patente, de ahí que sea el primer cantaor que ha actuado en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.  Rafael Alberti le escucha en Roma y escribe el poema “A la voz de José Menese”: “Tan solo penando/ sin saber que un día/ una voz que me vino de lejos/ me consolaría./ Voz que me cantaba/ los años oscuros,/ la fatiga de todos mis muertos/ entre cuatro muros./ El arranque ciego, la sangre valiente,/ ese toro metido en las venas/ que tiene mi gente”. Hoy, José Menese, presente en el Festival de Jerez, seguramente viene dispuesto a dar sentido, una vez más, a los versos del inmortal poeta, demostrando que la tradición flamenca tiene en su “decir” cumplimiento.


NUESTRA CRÓNICA -PRENSA


ANTONIO “El PIPA” DE NUEVO LEVANTA A SU PÚBLICO.

“Puertas Adentro”, el nuevo espectáculo de Antonio “El Pipa” basado en el poema de Miguel Hernández “Con tres heridas” , drama de la vida que le tocó muy de cerca al propio Antonio , la muerte, la vida y el amor.

Los espectáculos de Antonio tienen su público fiel en Jerez por lo que el éxito estaba asegurado, no obstante estábamos expectante por ver esta nueva propuesta artística, la misma comenzó con una sorpresa inesperada, parece que este año el Festival nos dará muchas sorpresas, al comienzo, al cortejo fúnebre intimista que por el nombre tiene el espectáculo, le siguieron unas Peteneras con el cante de Montse Cortés, invitada de lujo, palo muy poco escuchado e interpretado, reconocido por todos los aficionados, especialmente gitanos, por el carácter de “malfario” que se le da al mismo, bailado por Antonio de forma estupenda sacándole al mismo el máximo partido que la musicalidad tan bonita tiene este palo del acervo flamenco, por cierto muy bien cantado por Montse.

Los recuerdos de su infancia los representa en la escena sentado al lado de un gramófono y la aparición en escena de Tia Juana la del Pipa con un chiquillo y su triciclo que de pronto sale bailando con una soltura y arte en sus movimientos calcados de Antonio, este recurso del Pipa,
darle sitio a sus alumnos noveles no es nuevo ya que lo ha hecho anteriormente en varias oportunidades, en este caso, han sido Christian de los Reyes y Macarena Ramírez, dos jóvenes bailaores con mucho arte y que anoche pusieron el detalle simpático y nos dejaron la sensación que si siguen ese camino en futuro muy cercano, serán dos nuevas figuras del baile flamenco.

La alegría llega por Bulerías donde el niño Christian puso de pie al respetable, muy bien llevado por el cante de Enrique El Extremeño, El Kini y José de Joaquina, me da la impresión que este recurso de poner en escena a los jóvenes valores, es muy bien aprovechado por Antonio El Pipa para darle a sus espectáculos esa variedad de “humores” que tiene el flamenco en sus diferentes palos, recurso que siempre le ha dado éxito, cosa que tiene muy clara. De nuevo en la soledad de sus recuerdos, sus brazos se elevan al cielo y aparece la grandiosidad de la Seguiriya, su prestancia y arte al interpretar este palo, los gestos de su cuerpo le hacen bordar un baile de por sí trágico. En escena aparece nuevamente la vida en la hermosa y tierna voz de Montse Cortés, unas Nanas creadas por David de Maria.

La Soleá es donde se nos presenta Maria del Mar Moreno, así como todo el cuerpo de baile, “la artillería pesada” como gritó Enrique El Extremeño, el baile de Tía Juana, el excelente toque de José Luis Montón, acompañado por Pascual de Lorca y Juan A. Gómez, los cantaores ya nombrados, y un pasaje de esa solé con un grito jondo y desgarrados de Tia Juana, al mismo tiempo que el detalle efectista de Antonio como profesor de Christian de los Reyes, lección muy bien aprendida por este, allí la representación tiene su climax. La colaboración de María del Mar Moreno, que nuevamente hace pareja con Antonio años más tarde para dar lo mejor de sí misma. Lo más reseñable del cuerpo de baile llega en forma de guajira. Cante de ida y vuelta como la vida misma, por lo visto en los noveles presentados en este Puertas Adentro, Macarena Ramírez tiene en este palo ofrecido con todo el cuerpo de baile una actuación llena de simpatía y buen baile,


Antonio El Pipa

Los espectáculos de Antonio El Pipa son siempre muy bien cuidados, sabe darle los efectos que gustan al público, como por ejemplo la presentación de jóvenes valores, mientras más jóvenes mejor ya que la ternura es siempre bien acogida y el Pipa esos detalles no son la primera vez que los usa y por el camino que lleva no será la última, para su línea de obras que lleva pareciera que este recurso es ya imprescindible. Si nos atenemos a la carrera de Antonio El Pipa , “ Puertas Adentro” es un buen espectáculo para ver y si conocemos al Pipa sabremos lo que veremos con sus buenos detalles y muy contados defectos.

Manolo Chilla
Triste y Azul




NUESTRA CRÓNICA - PRENSA



Pipa triunfa y Tía Juana encoge los corazones.

El Pipa se desquitó anoche. Puso al público en pie como antaño en el Villamarta con un montaje basado en su propia experiencia: 'Puertas adentro'.

David Fernández , Diario Jerez
El Pipa se desquitó anoche. Puso al público en pie como antaño en el Villamarta con un montaje basado en su propia experiencia: Puertas adentro. Murió su madre... y nació su hijo. Sentimientos encontrados que plasmó Miguel Hernández en el poema Con tres heridas.

La obra, más lograda que las últimas, encuentra el ritmo idóneo en la música de Montón—limpia y sugerente— y goza de unidad escénica, que no es poco. No decae en momento alguno y propone escenas brillantes, sobre todo cuando toca vivir con alegría que son dos días, a pesar de que el duelo esté aún presente por la pérdida de un ser querido. El guión se limita a esto último, a recordar que es justo la muerte la que le da sentido a la vida, sin más. Y una vez dicho esto, el resto es pura fiesta, la fiesta de estar vivo y de poder amar y ser amado.


Antonio El Pipa

El cante soberbio de Montse Cortés eleva el telón por peteneras. El Pipa, de negro luto vestío, baila alrededor de la muerte en un viaje al interior del alma. Pocas veces antes recorrió esta variante, la principal novedad. Se para y se acuerda. Y aparece su madre (Tía Juana) bregando con él cuando aún era un niño. Las bulerías proponen la fiesta en el patio de vecinos y Christian de los Reyes reencarnado en el bailaor jerezano forma el taco en un santiamén. Los cantaores Enrique El Extremeño, El Kini y José de Joaquina le llevaron en volandas. El Pipa sabe lo que le gusta al público y ofrece lo que quiere sin hacerse esperar.

De nuevo en su soledad, el recuerdo de su madre inunda todo el espacio. Sus inalcanzables brazos se elevan majestuosos al son de sus palillos. Si a esto se une su insuperable planta..., ya tiene al personal en el bolsillo. Es entonces cuando la seguiriya hace acto de presencia. En apenas tres minutos subraya Antonio sus hechuras sobre las tablas, pero deja patente su renuncia al zapateado. También se ahorra algunos gestos gratuitos de cara a la galería. Esto no quiere decir que no sigan siendo efectistas sus obras. Para ello basta con ver cómo obtiene el máximo partido de Christian y Macarena Ramírez, dos niños prodigiosos que dan espectáculo de principio a fin. Como la bulería.

La vida se reencarna de blanco en forma de una preciosa nana parida por DeMaría, que se ajusta como un guante a los registros de la impagable Cortés. Qué punzante y tierna a la vez. De repente, Tía Juana resume con un par de tercios el misterio de lo jondo. ¿De dónde sale ese grito ahogado si no del fondo de la tierra? Es la voz negra del cante, el cante desgarrador, el cante que encoge corazones. No se puede cantar más gitano. A la fiesta se une María del Mar Moreno, que se cruza de nuevo con Antonio años más tarde para dar lo mejor de sí misma. Lo más reseñable del cuerpo de baile llega en forma de guajira. ¿Qué es la vida si no un viaje de ida y vuelta? Macarena Ramírez arranca las sonrisas del público y, por lo visto en el escenario, de seguir así no habrá quien le pare en el mundo del baile.

El Pipa da lecciones magistrales y Christian aprende rápido. El desenlace, por soleá. Esta vez marcando el cante de El Extremeño, el bailaor jerezano lo apuesta todo definitivamente a su tremenda flamenquería. Sus seguidores se quedan con ganas de más y entusiasmados le despidieron porque el espectáculo gustó.

En la misma medida que presentó una obra renovada y de buena factura, es paradójicamente el baile de El Pipa el que da un paso atrás sencillamente porque sigue sin querer arriesgar para ganar.

FICHA ARTÍSTICA
Baile: Antonio El Pipa. Colaboración especial: Mª del Mar Moreno, Juana La del Pipa, Macarena Ramírez, Christian de los Reyes. Cuerpo de baile: Claudia Cruz, Beatriz Morales, Natalia Meiriño, Sandra Rosan, Ana Utrera. Artista invitada: Montse Cortés. Cante: Enrique El Extremeño, José de Joaquina, Joaquín Flores ‘Kini’. Guitarra solista: José Luis Montón. Guitarra: Pascual de Lorca, Juan A. Gómez. Palmas: Joaquín Flores.

EQUIPO ARTÍSTICO Y TÉCNICO
Dirección y coreografía: Antonio El Pipa. Música: José Luis Montón. Colaboración especial: David DeMaría en ‘Nana’. Espacio escénico: Antonio El Pipa, Gaspar Campuzano. Realización de escenografía: Redekora - Museo Caserío San Benito (Antequera). Iluminación: Marcos Serna. Iluminador: Jero Zambrano. Vestuario / Sastrería: Faly - Antonio El Pipa. Regiduría: Laura Oliva. Zapatería: Gallardo. Asesoría escénica: Gaspar Campuzano. Producción, equipo técnico, promoción, imagen y administración. Fernando G. Guerrero / Mercedes Moreno, Danzalucía Producciones. Coproducción / Colaboración: Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco y Junta de Andalucía.

Aforo: Lleno







Érase una vez el baile de ‘El Pipa’

Por Luis Román
Las comparaciones, según dicen, son odiosas. Máxime si no se establecen con nadie, sólo consigo mismo. La carrera de un artista se ve sometida a todo tipo de actividades creativas, luego de ahí no cabe colegir que la obra de anoche adoleciera de propuestas, porque la función tuvo interés en cuanto a la alternativa que Antonio suele dar a los noveles, como fue el caso ayer de Christian de los Reyes, jovencísimo bailaor de muy buenas maneras, y Macarena Ramírez, otra novel con aspiraciones de encumbramiento. Claro que todo esto es aún muy pronto para decirlo, pero, de momento, ahí están, demostrando un gran hacer en las tablas de un teatro como el Villamarta –cuyo nivel de exigencia del público asistente no es demasiado elevado– y en un certamen como el Festival de Jerez, que mira con lupa, precisamente, estas facetas del arte flamenco.

Las tres heridas de ‘puertas adentro’
Parecía que, a tenor del inicio del espectáculo, Puertas adentro sería una obra bastante intismista... y en cierto modo lo fue. Ocurre que las tristezas iniciales del cortejo fúnebre quedaron pronto disipadas en los aires ágiles de las bulerías. Especialmente grato y emotivo fue el recuerdo que siguió acto seguido, con El Pipa sentado en la mecedora junto al evocador gramófono. Los recuerdos transitan por su mente y él siente muy de cerca el desarrollo del compás, que como la materia, ni se crea ni se destruye, sino que se transforma.


Antonio El Pipa

De entrada, los que tenemos en un laico pedestal poético a Miguel Hernández sentimos una emoción muy honda al escuchar la voz de Montse Cortés, artista invitada en la parcela del cante, cantando el poema del de Orihuela que dice: “Llegó con tres heridas: la del amor/ la de la muerte/ la de la vida”. Todo hacía indicar que los acentos fúnebres, remarcados además por el tañer doliente de una campana, impregnarían de compunción y dolor la noche.

La vida trae la fuerza inherente a toda la gama de sentimientos a los que una persona puede llegar. Los caminos para conseguirlos transitan desde los cantes de ida y vuelta, que sonaron con discreta precisión y, sobre todo, las bulerías para escuchar, en las que una porfia, lógicamente en clave de humor, entre los miembros de la mesa, dejaron paso a los soníos negros de una cantaora de rancia estirpe: Juana la del Pipa. Apenas quedan señales, someros vestigios siquiera de aquellos profundos quejíos que han dado lugar a esta pasión de duendes llamada arte flamenco. En el corazón de los grandes aficionados, incluso en el de los que ahora se inician transitando estos caminos, estará siempre reservado ese manantial de voz, ese eco profundo y jondo, como el que tiene la veterana intérprete. Ésa es una de sus cualidades: sembrar en el imaginario popular el entusiasmo embriagador de un cante por derecho. Ayer dio de nuevo la medida cabal de sus posibilidades. Tampoco le fueron a la zaga los demás miembros del elenco, con una María del Mar Moreno que veinticuatro horas antes participó en la obra inaugural ¡Viva Jerez! Su aparición fue menos constante en cuanto a lo temporal respecto a la noche anterior, pero la entrega fue la misma.

Más tarde, El Amor se encargó de disipar cuál es el motivo que alienta la pulsión de un artista. No cupo más gestos elegantes y pulcros que los de este apartado donde brillaron en general todos.

En la sección de jóvenes cabe hacer mención de dos futuros bailaores con garbo: Christian de los Reyes y Macarena Ramírez. Mucho empaque tuvieron ayer, expresándose con gracia y soltura en los palos que bailaron. Se dice que Antonio se escuda en los niños para completar obras a las que a lo mejor les falta una chispa, un mínimo punto de arranque para que el triunfo sea absoluto. Cabría discutirlo. Hasta cierto punto puede ser cierto, pero de lo que no cabe duda es de la oportunidad que supone para algunos artistas –que, en puridad, estos dos muchachos aún no lo son, al menos desde el punto de vista de una carrera ya consolidada– estas actuaciones. La experiencia se nutre de de acumular tanto actos brillantes como mates. Anoche, en Puertas adentro, Christian de los Reyes y Macarena Ramírez completaron con nota su paso por el coliseo jerezano.

Es verdad, por otra parte, que Antonio El Pipa ha calcado prácticamente los patrones estilísticios de un año para otro. Se podría decir aquí que, en realidad, lo que consigue el artista es trazar y definir una personalidad, cosa bien difiícil en un mundillo donde lucen más los epígonosque los creadores. El Pipa ha demostrado siempre una seriedad en sus planteamientos, una creación positiva que le ha dado un merecido prestigio. Si sus números se parecen, estimo que es una cuestión menor. No quiero, en cambio, que estas líneas parezcan un panegírico sin fondo, porque tampoco podemos pasar por alto que nos es oro todo lo que reluce en los números de Antonio El Pipa. Entiendo que a veces –y es una impresión subjetiva, que a lo mejor ni es así– su baile queda difuminado, ensombrecido en un segundo plano. Deja intervalos amplios entre bailes que, en determinados momentos, simplemente se rellenan.

Pero la rúbrica de este análisis debe incidir en el pundonor de El Kini, Enrique El Extremeño, o la delicadeza del timbre de Montse Cortés. Naturalmente, las guitarras de José Luis Montón, Pascual de Lorca y Juan A. Gómez pusieron el compás melódico a gran altura emocional. Las coreografías del cuerpo de baile estuvieron poco sujetas a lo que es habitual en este tipo de grupos, por lo que lucieron con cierta espontaneidad en la noche de ayer.

Trazos de unas profundas circunstancias vitales que, como dejara expresado el inmortal poeta Miguel Hernández, se manifiestan con tres heridas: la del amor, la de la muerte y la de la vida. Entretenida función la de Puertas adentro anoche en el Teatro Villamarta.
Por Luis Román JEREZ INFORMACIÓN



La belleza de las pequeñas cosas.

La sala Compañía acogió la representación de Deóperaflamenco, una estimulante obra a cargo de la coreógrafa madrileña Lola Greco

Francisco Sánchez Múgica, Diario de Jerez
La expresión máxima de la belleza puede germinar a partir de las cosas más pequeñas, de los detalles más insignificantes: los pies descalzos de una mujer, una silla, un abanico, una mantilla, unas castañuelas, una falda vaporosa... La belleza, empleando la máxima borgiana, es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. Y retórica vacía hubo poca en Deóperaflamenco, el estimulante espectáculo, con ciertas reservas, que la bailarina y coreógrafa madrileña Lola Greco, todo un nombre de peso en el universo de la danza contemporánea, estrenó en la tarde de ayer en el XII Festival de Jerez.

La heterogénea gama de registros de Greco se movió entre la estampa diechiochesca del número goyesco, basado en la composición de Enrique Granados y en el que empleó palillos, y el paso a dos, con un imponente Francisco Velasco vestido de esmoquin, al son de Hable con ella. La partitura para la película del mismo nombre que elaboraron Alberto Iglesias -esta misma noche nominado por segunda vez al Oscar- y Vicente Amigo. Score, además, en el que también se oyó el desgarro de El Pele mientras la pareja de bailarines desplegó un pas de deux de los que marcan época: preñado de erotismo y sensualidad en adagios y variaciones, y en una coda trágica de la que salió airoso el bailarín y en la que Greco, plástica hasta el paroxismo, quedó desolada en medio de la escena. Exquisitez estética, técnica y una coreografía capaz de expresar un mundo de infinitas sensaciones partiendo de los planteamientos formales más básicos hasta alcanzar las poses y movimientos más complejos y rebuscados.

Pero el montaje dio más de sí, por suerte para un público entusiasta y ávido de engullir la selecta oferta que propone un año más el certamen. De nuevo Lola, delicada y grácil, apareció en el escenario. Con un tutú de su madre, Lola de Ronda, bailó clásico y español en La Traviata de Verdi, que interpretó, mediante una grabación de los años 40, su tía Norina Greco en el Metropolitan neoyorquino.

Abrazada a una silla, como si ésta fuera el Alfredo al que ama Violeta en la obra del compositor parmesano, la bailarina consiguió escorzos imposibles, capaces de reflejar estados de ánimo entre melancólicos y angustiados. Unos instantes de color que retrotrajeron a Las zapatillas rojas de Powell y Pressburger. Todo belleza, todo armonía y expresivo lenguaje corporal que logró absorber al espectador en un pasaje cadencioso. De nuevo, menos es más. De nuevo triunfó lo minimal frente a los delirios faraónicos de tanta propuesta prescindible y olvidable.

El piano de Cristina Alba-Padial surgió por momentos como gran aliado de las transiciones del espectáculo, con notas de Debussy y con excelsa elegancia, pero el espacio escénico y lo que en él se movió no consiguieron esa agilidad necesaria para obtener la atención plena, el abrazo fundido que consagra la comunicación entre emisor y receptor. Fue el gran 'pero' de la propuesta. La falta de ritmo propia del estreno y cierta incoherencia en su desarrollo narrativo, pues que un montaje carezca de hilo argumental no es óbice para que aquél no encierre cohesión en su planteamiento.

Es plausible esa idea de Lola Greco de volcar su multidisciplinariedad y la de los suyos sobre las tablas, pero, a decir verdad, ante tamaño caudal exhibido en la parte lírica de la producción, el apartado flamenco quedó algo diluido, hasta el punto de que en muchos casos fue absolutamente innecesario y artificial -cf.: las canciones por bulerías y las propias bulerías sin bailarines sobre el escenario-. Eso, a pesar de que Carmela Greco bailó con temperamento y efusividad en el taranto, y con mucha gracia y desparpajo, abanico en mano, en los compases de la guajira. Su presencia y dotes como bailaora son innegables, aunque probablemente por factores ajenos a ella sus mudanzas no terminaron de atrapar.

E irrumpió la farruca, paso a tres mediante, que devolvió parte de la redondez perdida en los momentos anteriores. Y puso de nuevo en órbita al espectador ante un trío de intérpretes absolutamente convincentes y entregados. Elegancia, carisma y versatilidad para un niño, como lo consideró Lola Greco en la rueda de prensa previa al espectáculo, que "tiene que crecer". Por el momento, es un bebé más que encantador.

FICHA
Baile: Lola Greco, Carmela Greco y Francisco Velasco. Cante: Tony Maya. Guitarra: Antonio Gabarri. Piano: Cristina Alba-Padial. Coreografía: Lola Greco y Ricardo Cue. Música original: Antonio Gabarri. Letras: Tony Maya. Diseño de sonido: Raúl Guerra. Diseño de iluminación: Juanjo Beloqui. Día: 23 de febrero. Lugar: Sala Compañía. Aforo: Lleno.



TyA



Flamenco viejo cargado de futuro

FRANCISCO SÁNCHEZ MÚGICA, DIARIO DE JEREZ
Menese es un racionalista cartesiano, canta luego existe. Y es manierista, aunque no en el sentido peyorativo del término usado en el Renacimiento para designar a aquellos artistas que pintaban 'a la manera de'. De una personalidad inconfundible, pese a ser mairenista a más no poder, el de la Puebla de Cazalla es maestro por acumulación. Muy pocos en el arte jondo tienen en su haber tantas publicaciones discográficas como él -una treintena de discos-. Menos son aún los que se han preocupado por reescribir la partitura cantaora, al tiempo que él creaba versos quiméricos con su paisano, ojo derecho y letrista de cabecera, Francisco Moreno Galván. O cuando decidió rescatar toda la lírica del Siglo de Oro para cantar a Lope de Vega, Calderón, Quevedo, Góngora…

También hay escasez de compromiso en este tiempo y en otros anteriores. En cambio, Menese es un hombre comprometido con su momento vital y artístico. Enfrentado al franquismo, logró que no le censuraran haciendo de la necesidad virtud, y empleando el método del lenguaje en clave, metafórico, sólo inteligible para el receptor de alma pura. De igual modo, introdujo y difundió el flamenco en las universidades y entre un nutrido grupo de intelectuales -en lo último hay otra conexión con Mairena-. Y pese a todo ello, es cierto que a nivel institucional no se ha reconocido y valorado en su justa y amplísima medida la contribución que viene haciendo, desde hace más de cuarenta años de trayectoria artística y exploración arqueológica, al mundo del flamenco, en particular, y del arte, en general.

La noche del pasado sábado Menese retornó a Jerez, a Los Apóstoles, para dar su lección magistral que no por vista y oída deja de resultar siempre interesante. Con humildad, con inherente didactismo, con sobrado talento, deleitando a quienes no se conforman con el sota, caballo y rey imperante, y a quienes siempre quieren dejarse sorprender. Para obtener ese objetivo, desplegó y ejecutó el itinerario básico de sus recitales clásicos e introdujo nuevamente algunos de los cantes en desuso que ha conseguido recuperar en todo este tiempo.

Melancólica queja de los tiempos centelleantes que corren en el taranto Como en volanda (La pureza del cante, 2002) que sirve de pórtico de entrada al recital. Continuidad con la mariana de Miguel Vargas, Entorna la puerta (A Francisco, 2005). Compás binario y botón de muestra del conocimiento que atesora de los cantes atávicos, "cantes que están perdíos, y hay que mantenerlos porque son cantes hermosos", según dijo. Los caracoles Tocan a leva y la rondeña Como llegaron a arder, ambos incluidos en La puerta ronda (1995), condujeron el recital hasta desembocar en el cante grande, en la pureza suprema de la soleá y la seguiriya que imprime la voz límpida de Menese.

Antes, hay que hacer mención especial al acompañamiento exquisito de Antonio Carrión, que lució especialmente en ese palo tan agradecido para el toque como es la rondeña, pero que se mostró impecable durante toda la noche. Afinada, rauda y enérgica, la del tocaor sevillano es una de esas sonantas de relieve, que merecen por sí solas un espacio propio. Su dominio y contención le hacen ideal para el acompañamiento, pero las falsetas de Carrión dibujan un clima cálido y corpóreo individual.

El núcleo duro de la velada fue nuevamente la soleá seguida del imperio seguiriyero de Menese, "el cante más difícil que hacía como nadie uno de aquí: Manuel Torre". Que tu corazón y el mío pusieron a repicá… Moreno Galván en unos versos dolientes, en los que se mastica desamor y nostalgia. Cierre mairenero bajo el compás de la bulería por soleá y paso a la máxima expresión de la tragedia jonda. Su ya tradicional seguiriya con remate por toná liviana, aquellos míticos Caminos de Bollullos... que compusieran, probablemente al alimón, Mairena y Juan Talega.

En la vida, y más en el mundo de las artes, da gusto comprobar cómo aún sobreviven personas, creadores, artistas, que se mantienen fieles a unos principios de forma inquebrantable, incapaces de traicionar a sus ideales y que mantienen la evolución desde dentro, desde lo que se conoce y mediante la recuperación o rescate de lo que se desechó siglos atrás. Menese sigue reivindicando su derecho a expresarse libremente, a desprenderse del rigor mortis de la comercialidad y la dictadura de lo efímero, del consumo rápido. Y como artista inquieto que es, no se conforma con un repertorio de letras y palos estereotipados, sino que va más allá. Y eso que agradecemos. Porque con conocedores y portentos como Menese, el flamenco, el que se conoce y el que está por descubrir, puede ser un arma cargada de futuro. Un arma, a la forma de Celaya, con la que Menese te apunta al pecho. Poesía como el aire que respiramos y el cante que espacia cuanto lleva dentro.

FICHA

Cante: José Menese. Guitarra: Antonio Carrión. Día: 23 de febrero. Lugar: Bodega Los Apóstoles. Aforo: Casi lleno.


TyA


El pipa se reinterpreta de nuevo.

Diario La Voz
Antonio El Pipa quiso mostrar una faceta más intimista con la obra Puertas Adentro. Pero al final terminó contando lo mismo de lo mismo. Y hace bien porque nadie le negará que sabe sacar partido de sus habilidades a la hora de ganarse al público. Y no sólo con su baile. Tiene experiencia en ello y colorea sus empresas al gusto de la mayoría. La puesta en escena giraba en torno de los tres grandes argumentos de la poesía; el amor, la vida y la muerte. Articulando así los pasajes de este nuevo montaje que tienen su origen en los versos de Miguel Hernández Las tres heridas. Dos catalanes de renombre, Montse Cortés y José Luis Montón, abren las secuencias vivenciales dando paso la presencia de la muerte resueltas en forma de petenera con una interpretación bastante singular por la abrumadora presencia del braceo, quedando algo corta de cintura para abajo y demasiado almibarada, restando algo de dramatismo.

El bailaor recuerda de esta forma el reciente fallecimiento de su madre, una herida, la primera de la obra, que aún no ha supurado. El guión inicial invita a la retrospectiva, la voz negra de Juana la del Pipa avisa del juego entre la vida y la muerte, como un visceral contraste que resume toda la primera parte. Destaca el especial dramatismo de este eco insondable y todo un regalo. Cristian de los Reyes mostró un gran talante.

La segunda estampa quiere agarrarse a la vida tras la muerte. El ying y el yang de la existencia. Extraordinario en todo momento, el gran músico José Luis Montón regala armonías creativas y con peso para que Monste Cortés asuma el papel de madre con una nana compuesta por David de María. La escena nos lleva al Barrio de Santiago y todo se vuelve colorista y colectivo. Aparece la jovencísima Macarena Ramírez con un desparpajo sin igual y una buena colocación interpretando la guajira. Otro paso a dos de Antonio y Cristian quiere demostrar el mecanismo de aprendizaje natural sobre el fondo de la mítica bulería que cierra el disco Canta Jerez.

La última herida es la del amor. Antonio ha recuperado a su paisana María del Mar Moreno que se encontró con un papel más adecuado a sus características que en la noche anterior y supo sacarle un mayor partido.

El color rojo de la pasión y el blanco lo envuelve todo pero el frágil guión va desapareciendo por momentos por mor de una continua reiteración de conceptos y que nos recuerda en exceso escenas de otras obras de Antonio de las que ha cogido muchos retales para la que se representaba anoche. El bailaor remienda y remienda para vender nuevas creaciones con demoninador común.

El archirrepetido número de la soleá, que a Dios gracias nos trae de nuevo la voz gitanísima de Juana, nos muestra las constantes de Antonio El Pipa. Un bailaor que sabe muy bien el margen de sus posibilidades, aunque a veces recurra al ciertas poses efectistas.

El montaje de Puertas Adentro tuvo todas las características de su obra; todas se adeudan entre sí. Es la gran habilidad de contar siempre la misma historia en siete estrenos distintos. Con arte y muy buenas colaboraciones.


TyA

 

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