Acotaciones al programa
Nuevas figuras en el Festival
Manuel Ríos Ruiz
UNA de las propiedades del Festival de Jerez se cifra en la inclusión de nuevos nombres flamencos en sus carteles. Un aspecto del acontecimiento que deja patente que el género sigue aportando jóvenes artistas, muchos de ellos con el ánimo y la entrega de mantener la tradición. La jornada de hoy se caracteriza por este hecho tan positivo en torno al género. Hay que felicitar a la organización, por lo que consideramos un acierto indiscutible.
En la Bodega de los Apóstoles, la afición tiene la oportunidad de escuchar el cante de la gaditana Encarna Anillo, una veinteañera que pese a su juventud tiene realizado un recorrido profesional sorprendente. Desde los doce años viene apareciendo en los escenarios alternando con los maestros y formando parte de compañías en gira, entre ellas las de Antonio Canales, los Farruco, Israel Galván, Rafael del Carmen, Rafaela Carrasco y Andrés Marín. Una trayectoria que le ha permitido recorrer el mundo y que ha podido combinar con sus recitales en peñas flamencas y en festivales importantes, cantando “alante” y demostrando su conocimiento de los estilos.
El crítico Jacinto González comento así su reciente actuación en los madriles, donde goza de la valoración de los cabales: <<Un cante que se le da bastante bien a esta cantaora es la malagueña, como demostró comenzando por la de El Canario (…) Soleares largas y completitas viajando por muchos estilos, como también resultó enciclopédico el cante por tientos que terminó derivando en tangos. Ya para rematar la tremenda faena, final por bulerías en el que hubo de todo, incluida aquella letrita de “Voy a perder la cabeza por tu amor” original del compositor jerezano Manuel Alejandro>>.
Con su espectáculo “Barcas de Plata”, título de su reciente disco, Encarna Anillo ha triunfado también en la Bienal de Málaga, dejando razón de su rutilante trayectoria, bajo la tutela inspiradora de la inmortal Perla de Cádiz. Porque la nueva artífice tiene por guía la escuela de su comarca cantaora, con el añadido de haber asumido un repertorio extenso, como corresponde a toda voz que desee alcanzar un lugar de privilegio en la práctica de su arte.
Lo dicho, el Festival de Jerez, junto a la programación de grandes espectáculos, nos brinda la oportunidad de conocer a los nuevos valores del arte flamenco. Y hoy, en uno de sus escenarios, queda testimoniado así. Que cunda el ejemplo.
Cambio de escenario, presentación de nuevo sello discográfico.
Encarna Anillo, Jesús Torres y David Lagos, artistas de esta nueva discográfica, tuvieron a su cargo la velada de anoche que se incluyó en el programa de la Bodega Los Apóstoles dándole descanso al Teatro Villamarta, coliseo jerezano.
Al colectivo de aficionados al flamenco no nos conforma nada, nos quejamos porque los cantaores no se renuevan en sus repertorios y cuando alguno de ellos lo hacen ya lo defenestran. Decimos que siempre los mismos palos, es así, yo lo he dicho muchas veces, que no se escuchan nada más que seguiriyas, soleá, malagueñas, fandangos y martinetes, salvo raras excepciones en todos los festivales esos son los palos dominantes. ¿Cuantos palos hay en el flamenco?, muchos y cuando algún cantaor hace algo nuevo ya le dicen flamenkito.
Justamente hoy en la tertulia de prensa, Juan de La Plata y Manuel Ríos Ruiz hicieron una charla sobre el libro “Los Café cantante de Jerez” que escribiera el primero de ellos y presentado hace pocos días, a raíz de una pregunta sobre los cantes que se hacían por aquellas épocas dijeron que en aquel entonces ya en los programas decía que era lo que el artista iba a interpretar y precisamente era mucha la variedad de palos que se hacia, como el polo tobalo, la caña, milongas etc. y los artistas de la época, por nombrar a dos, Don Antonio Chacón y Manuel Torre, éste último gran seguirillero, eran ¡seguiriyas¡ lo que menos cantaba, es decir que en los orígenes la variedad de palos que se hacían en los cafés cantantes, era amplio el repertorio y poco a poco se han quedado en lo que se dio en llamar “Sota, Caballo y Rey”.
Yo estoy completamente de acuerdo en que se cambie y se vuelvan a cantar estos palos antiguos y muy flamenco, por supuesto que no estoy de acuerdo en las mezclas que ya algunos hacen, sinceramente eso queda como una patada en el trasero, justamente en la charla de la tertulia de prensa del día de ayer, Calixto Sánchez decía que eso de los gitanos de no cantar las petenera achacándole al malfario eran mentiras, que no cantan la petenera porque es un cante difícil, no soy cantaor y sí, lo veo difícil pero la verdad tampoco me creo lo que dice Calixto, si que es un palo muy bonito.
Pasando a comentar lo que escuchamos anoche en el mágico escenario de la Bodega, a Jesús Torres lo busqué pero no lo encontré por ningún lado, excesivas mezclas lo que dice de él que es buen músico, irá a mejor con el tiempo, no tengo dudas, donde más lo destaco es en las bulerias por solea en donde lo acompañó al cante Inmaculada Bueno, de todas maneras su primera vez en un Festival como el de Jerez es comprometedor para todos los artistas por grande que sea, lo dicen ellos, no lo digo yo, esperemos otra oportunidad para poder valorarlo mejor.
Encarnita Anillo, en su cante no está tampoco muy flamenca, a lo mejor son las exigencias del sello discográfico con el que debuta, se esforzó mucho y según ella estaba un poco tocada de la garganta, muy bien en su comienzo con esas Alegrias de Cai también hizo unas Malagueñas de la Trini con el remate abandolao, soléa, milongas marcheneras, y acordándose de sus raíces terminó con bulerias de La Perla, aunque con ciertos matices ¡cumplió!, nada más que eso.
Para terminar se presentó el jerezano David Lagos al que considero más buen aficionado que cantaor, pero justamente eso hace que su cante guste y llegue, que se meta en palos diferentes a los demás, como en la milonga del sevillano con la que dio comienzo a su actuación, humilde como es, hablándole al público con llaneza y simpatía y teniendo a su lado a su hermano Alfredo Lagos está muy requetebién arropao, toque demasiado bueno, gustándose hizo cantiñas, acordándose del Chano a quién se las dedicó, hasta de Aurelio Sellés, en seguiriyas se dolió con ganas y nos recordó cantes de Don Antonio Chacón, dedicándolo a Poveda, allí presente, unos Tangos del Piyayo, letras totalmente nuevas, diferentes, por supuesto terminó por bulerias y para poner fin a la noche como dijo, aquí se termina por bulerías e invitó al escenario juntamente con todos los compañeros de cartel, a Miguel Poveda e Isabel Bayón como dije -estaban presentes-, a bailar y cantar las bulerias, participaron todos, la Bayón con su pataita y Miguel entonandose por bulerías, sin palabras.
Bienvenido y esperemos muy buen hacer flamenco a Flamenco Wordl-Music.
Manolo Chilla
Triste y Azul
Diario LA VOZ
Los gustos sobre el flamenco están cambiando. Se percibe desde hace unos años a esta parte y las preferencias estéticas del personal están dando un giro copernicano.
De lo visto y escuchado hasta el momento, se colige que el movimiento de la nueva ópera flamenca hace, cada día, un mayor desembarco. Muchos de los principios que abanderaron aquel movimiento artístico de la posguerra española se van sucediendo. Partiendo del predominio de las voces blancas, el empleo de lo melódico por encima del cante corto, la mezcla de estilos, la resurrección de algunos artistas, injustamente denostados que todo hay que decirlo, como Pepe Marchena, Juan Valderrama o El Sevillano, sin ir más lejos. Y sobre todo, la constante presencia de estilos flamencos derivados de la gama estilística del fandango y del espectro hispano-americano. Vidalitas, guajiras, tangos del Piyayo y milongas, entre otros, ocupan cada vez mayor espacio. El pañuelo al cuello deja paso a la pajarita, el cante de tabanco al flamenco de cámara, que bautizara con certeza el compañero Fermín Lobatón.
Y que conste, esto no es una valoración, sino un intento descriptivo. Esto no es malo, ni bueno, ni todo lo contrario. Sí me parece que es harto positivo para el Festival. Si la muestra internacional se erige en un calidoscopio de las tendencias flamencas, nos está dando la soberana posibilidad de afirmar cuanto decimos. Y esto es interesante porque está acertando en su vocación de escaparate mundial del movimiento flamenco contemporáneo.
Realizadas estas valoraciones previas, la noche de cante y toque de Los Apóstoles tuvo en David y Alfredo Lagos las más destacadas notas de calidad. El jerezano se inició homenajeando al Sevillano con aires por milongas para proponer una aventura personal: fundir la malagueñas de tintes chaconianos con los tangos aguajirados del Piyayo. Don Antonio siguió presente en la siguiriya, en la versión de éste de los cantes de Manuel Molina y de Curro Durce, si bien con algunas modificaciones en el final. Culminó su brillante actuación por alegrías y mirabrás y bulerías en homenaje a La Paquera, el Chozas y El Gloria. Muy bien por los dos.
Encarnita Anillo se fue rozando por momentos. Es el suyo un decir más cercano en la exposición a la canción que al cante. Se inició bien por alegrías y secundó con la malagueña de La Trini y abandolao. Se sumergió en soleá de Alcalá y Triana para seguir con milonga con acento marchenista y un homenaje a La Perla que salvó su raíz gaditana. Muy bien escoltada por Requena y Juan Diego Mateos.Gustaron y mucho los conceptos del guitarrista Jesús Torres por original y por la exhibición de una gran técnica de elegante pulsación y honestidad expositiva en todos los órdenes.
El sello de Flamenco World nace con muy buenos mimbres.
Los jóvenes más cabales del mundo
DAVID FERNÁNDEZ – DIARIO DE JEREZ
Pletórico, la voz limpia y poderosa, acompañado por su hermano Alfredo a la guitarra, el cantaor jerezano David Lagos lo cantó por bulerías como si le fuera su existencia en ello: ¡Viva Lola Flores, oooooole!, ¡viva La Paquera, aaaanda! Aunque los nervios afloraron, desde el principio demostró que no iba a dejar escapar tamaña ocasión y la aprovechó como mejor sabe: regalando las letras de su propia cosecha durante un original recital en el que se permitió el lujo de rescatar variantes olvidadas. Se acordó el cantaor jerezano de El Serna, El Chozas, Tío Borrico, Terremoto, Aurelio, Chano Lobato, El Tate, Camarón, Pericón, El Sevillano...
El artista jerezano prometió entregar "el corazón" a los presentes y a poco más y se le sale por la boca: "Al dos, Alfredo", le indicó al hermano tras vaciarse, al cinco, por el camino que inauguró Chacón por seguiriyas. Puso el alma -sus pómulos a punto estuvieron de estallar- y con su ímpetu obtuvo el oxígeno necesario en cada tercio, aunque cada vez el reto fuese mayor. Por muchas cotas que encontrase de categoría, siempre resolvió con autoridad.
Punto y aparte es su afición por el cante. A la serrana la acompañó desde Málaga a Cartagena para invitarla a bailar los tangos del Piyayo. ¿Quién dijo miedo? Fue un regalo que le hizo a "Miguel Poveda" -presente en la sala- que definió como "una cosita", humilde como él sólo. En la cantiña, las alegrías... En todo momento dio vida a sus letras y las supo encajar con naturalidad. A su lado, Alfredo ejerció como seguro de vida. Por momentos, parecía que contaba con ventajas extras cuanto tocaba, como si tuviera siete dedos en cada mano para abarcar tantos matices. Si la limpieza de su toque es un regalo para los oídos, sus rasgueos y melodías no se quedan atrás. Profundo y virtuoso a la vez, reivindicó su guitarra flamenca desde la seriedad y una flamenquería que le ahuyentó el virus de la gripe que traía desde casa.
David Lagos esbozó lo que será su primer trabajo: El espejo en que me miro, que saldrá a la venta en otoño con el sello discográfico Flamenco World Music. Antes que él, el guitarrista vizcaíno Jesús Torres y la cantaora gaditana Encarna Anillo presentaron sus primeros trabajos, Viento del norte y Barcas de Plata, respectivamente, también bajo el mismo sello.
A Torres le tocó romper el hielo y poco a poco llenó la bodega con sus acordes. Ya lanzado, invitó a subir a la cantaora Inmaculada Rivero, con la que interpretó Rincón de los perdíos, a ritmo de soleá por bulerías. Gran flamenco y mejor músico, introdujo en cada variante unas melodías en total libertad, desde en el tema libre rematado por tangos como en la taranta, pasando por el zapateado y llegando a las bulerías con las que puso el colofón. Fue de menos a más y en esta última variante demostró estar sobrado de técnica, aunque quizá le sobrara un pelín de agresividad. También ofreció composiciones propias que ha tejido en el atrás de las mejores compañías de baile durante lustros.
Anillo compareció atenazada por los nervios y ni las letras que borda por alegrías cuando la velada le viene sublime le ayudaron a superarlos. Como si tuviese la garganta tomada, se vio obligada a tirar de oficio y mucho coraje para presentar su disco con dignidad.
Escoltada por Juan Requena y Juan Diego -otro guitarrista sutil, con hondura y cabal-, se adentró en la malagueña de La Trini para continuar con una preciosa verdial. Su voz, poco a poco, cobró naturalidad y por soleá se peleó con el cante con un puño al aire y la otra mano sobre el pecho. Tal vez se exigió demasiado alargando algunos tercios, pero como dijo, "somos humanos", y bien que se desquitó por bulerías, las que le dedicó a La Perla para regocijo del personal. De su talento y dulzura a raudales dio cuenta en la milonga. Con David llegó el fin de fiesta al que se sumaron Isabel Bayón y Poveda. Chapeau.
FICHA ARTÍSTICA
Guitarra: Jesús Torres. Segunda guitarra: Arcadio Marín. Percusión: Antonio Coronel. Palmas: Carlos Grilo, Lúa.
Cante: Encarna Anillo. Guitarra: Juan Diego, Juan Requena. Percusión: Chispa. Palmas: Rocío Soto, Marisa Gallardo.
Cante: David Lagos. Guitarra: Alfredo Lagos. Palmas: Carlos Grilo, Lúa.
Una simple noche de transición
Por Luis Román - Información Jerez
La verdad, no salió casi nada. No creo que sean culpables los artistas, cuando sobre ellos, en cambio, va a recaer, como y es lógico, todo el peso de esta crítica, que no pretende, sin embargo, hacer leña del árbol caído. Porque a lo mejor interesa este discurso esnobista más que otros y por favor, dejemos aparte las controversias puristas y vanguardistas, que eso no nos lleva a ninguna parte ya que quizás, en virtud de cánones comerciales, los nuevos aires del flamenco, no necesariamente mejores como se vio anoche, se aclimatan más a una gustativa menos exigente. Pero, ¿acaso desmerecen los cantaores y guitarristas del Flamenco World Music?
La cuestión debe plantearse desde otro prisma. El desarrollo del espectáculo fue ininteligible, simple y llanamente. Uno cree que va a contemplar un evento jondo... y apenas fue superficial. ¡Cuidado! No en los sentimientos -¿quién osa juzgar el fuero interno de nadie?-, sino en las formas expresivas, demasiado alejadas de estilos que puedan llamarse flamenco. De tanto ser generosos y tolerantes, de haber aguantado tanto los aficionados improperios de los neocons este arte, con sus ideas proclives al flamenkito, este río está haciendo el camino al revés: del mar a la montaña. Porque no creo, con todos mis respetos hacia Jesús Torres -que estuvo muy bien la noche anterior con Isabel Bayón que lo que hizo ayer fuera flamenco. ¡Hombre, él debe saberlo mejor que nadie! De acuerdo: no está habituado a tocar en solitario y venir al Festival impresiona. No hay persona que ignore eso. Pero claro, el enfoque va por otros derroteros. Quiero decir: un evento, si se anuncia como flamenco, debe prepararse para que así suene. Y música tiene, conste. Pero la ejecución falló un poco, no fue demasiado pulcra y el elenco tampoco contribuyó a subsanar el tinglado.
Los artistas pasan por todo tipo de vicisitudes, algunas afortunadas, otras más adversas. Pero es un poco triste -y no le reprocho nada a Encarna Anillo- que la cantaora venga a jerez a interpretar su repertorio con la voz un poco mermada de facultades, como reconoció ella misma. Por lo demás, el relato expositivo de los cantes no alcanzó cotas muy elevadas. Algunos aires de las alegrías sí dejaron -más o menos- ciertos destellos. Luego, la malagueña de La Trini sufrió lo que a mí juicio está dañando más al flamenco: el intercambio de papeles en el escenario entre cante y guitarra, ya que, por momentos, parecía que la voz de Encarna, en algunas modulaciones, era la que tenía que dar el tono que marcaba la sonanta y no al revés. Habrá gente que estime que está creando. Lo respeto, pero no lo comparto. La creación busca, indaga, persigue, nunca se conforma a los dictados de la moda. Pero el conformismo del talonario se impone a las leyes naturales de una cultura andaluza de siglos, como es el flamenco, realmente machacada en nuestros días.
La intervención de los Lagos no tuvo más historia que la que dictó Alfredo con su magnífica guitarra. El cante de David supo a poco. Menos mal que por allí estaba Miguel Poveda para arreglar las cosas con una gran intervención en el fin de fiesta por bulerías.
Elogio de la inteligencia
Francisco Sánchez Múgica – Diario de Jerez
Hay quienes piensan que lo importante ya no es la mirada, sino la presencia. Y valoran únicamente que la presencia sea lo más cuidada y perfeccionista posible. Importan los movimientos, no los pensamientos y la manera en que éstos moldean la realidad. Pero lo cierto es que sólo los que tienen ideas pueden desecharlas. Y De tablas, el espectáculo que la experimentada bailaora sevillana Manuela Ríos ha estrenado en el XII Festival de Jerez, está hecho con mirada, sentido, sentimiento y una idea de partida inteligente que da coherencia al corpus general del montaje. Luego, obviamente, hay aspectos descartables, que deben pulirse, y matices a resolver para futuras comparecencias, aunque la base es sólida y el trabajo hecho hasta ahora debe servir como punto de partida, nunca como meta o línea de llegada.
Mediante una estructura circular, al final, la ecuación siempre se resuelve de la misma forma: una bailaora y una guitarra. Una frente a la otra, rodeadas de claroscuros. terciadas y distanciadas por lo apolíneo y lo dionisíaco. Qué poco hace falta para hacer pequeñas grandes cosas cuando lo que prima por encima de todo allí arriba es el talento. Un guitarrista y una bailaora. Tour de forcé de dos almas condenadas a entenderse, sin sumisión por una u otra parte, sin solapamientos a merced delego. La sobria y austera puesta en escena se suple con imaginación y con detalles baronianos que nos retrotraen, por ejemplo, a Meridiana, lo último que el sobresaliente bailaor alcalaíno presentó en la muestra con su compañía, de la que ha venido siendo primera bailaora la protagonista de la madrugada de ayer. De ahí la influencia evidente.
Lo más logrado de la propuesta, sin lugar a dudas, fue el hecho de que estuviese fraguada a partir de una naturaleza musical fuera de lo común. Con un guitarrista, Rafael Rodríguez, que actuó como hombre-orquesta, se supo introducir una gama de sonoridades que fueron de la escala de grises a una paleta decolores muy cálidos. El versátil tocaor emocionó y logró desempolvar el corte más clásico fundiéndolo con un recital brioso y absolutamente renovador. Como si fuera por momentos un bajo lo que tenía entre manos, Rodríguez rebosó arte en sus arpegios para Albéniz, pizzicatos al límite y en una suprema fantasía para seis cuerdas. Una guitarra y una cabeza muy bien amuebladas. Un cantaor. De repente. De la oscuridad emerge Antonio Campos y aborda con capacidad la malagueña de Chacón. Es el número coreográfico más breve y de nuevo triunfa el minimalismo, el decir más contando menos. La bailaora frente al cantaor, de bata de cola roja sangre, como una especie de paso a dos entre voz y baile. Sensualidad y genio. Escorzos, recortes y variaciones elaboradas con la solvencia que proporciona el dominio pleno de la técnica pero también el buen gusto y la libertad creativa. Rojo fulgurante precipitado por los acordes de un tocaor que sirve de preámbulo virtuoso. Pequeña desazón en las transiciones. Se puede subsanar.
El rajo de Rubio de Pruna se intenta lucir en el patetismo de los tientos. Pero también destacan Miguel Rosendo y el propio Campos. Manuela Ríos, tras el negro romance baila de salmón, con cadencia y entrega aunque algo encorsetada de principio a fin. Los tangos de La Niña, con la buena garganta de Inmaculada Rivero, la empujan a aligerar sus mudanzas, pero da la sensación de precipitarse. La salida gradual de escena de los cantaores, con parsimonia, es otro detalle que revela la exquisitez de planteamiento del espectáculo. En cambio, esto contrasta con la decisión a todas luces desacertada, y que se repite en dos momentos, de fundir las cuatro voces para que canten al unísono. Decisión que hace descarrilar el buen gusto general de la propuesta y que supone un pulso entre cantaores que desemboca en una especie de riña que irrita los oídos del más pintado. Las alegrías y el cierre por bulerías de Cai no desentonaron, pese a que el baile de Manuela se mantuvo con esa aceleración propia de una puesta de largo y de la asunción de la responsabilidad de cargar con el peso de un montaje hecho a su medida. Hubo que lamentar ahí la poca sal de su bata de cola que, aunque preciosa, apenas se movió como cabría esperar.
Sea como fuere, se trató de un espectáculo digno, donde destacó una pareja de intérpretes, guitarrista y bailaora, a tener muy en cuenta. Un montaje del que también gustó esa utilización de la sencillez como valor añadido para un trabajo hecho desde la modestia y la sensibilidad, no desde el virtuosismo, exhibicionista y narcisista que tanto abunda en la escena actual'DE TABLAS'
'DE TABLAS'
Baile: Manuela Ríos, Cante: Antonio Campos, Miguel Rosendo, Inmaculada Rivera y Rubio de Pruna. Guitarra: Rafael Rodríguez. Día; 26 de febrero. Lugar: Sala La Compañía. Aforo: Lleno.