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XII Festival de Jerez



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- CRÓNICA 29.02 -



Acotaciones al programa

“Mujeres”, un espectáculo triunfal

Manuel Ríos Ruiz
ESTA noche en el Teatro Villamarta, se engalana el XII Festival de Jerez. Sí, posiblemente sea “Mujeres” el mejor espectáculo en su género de los que actualmente están en los carteles de los festivales. Desde un perfecto dinamismo escénico hasta la calidad de sus intérpretes, pasando por la excelente dirección de Mario Maya, “Mujeres” despierta la más fija atención del público inmediatamente de ser alzado el telón. Y ha puesto un brillante colofón al tradicional festival madrileño. En su estreno en Madrid, los asistentes aplaudieron todas las escenas con fuerza y salieron del teatro entusiasmados, como sale el público tras una buena tarde de toros, haciendo corrillos y comentando él éxito de Merche Esmeralda y de todos los componentes de la compañía.

Merche Esmeralda, es una verdadera deidad flamenca. La bailaora sevillana, primera figura desde que tenía doce años, poseedora de los más importante premios que se conceden en su arte, puso de relieve una vez más su majestad, su elegancia, su gracia y la amplitud de su dominio estilístico, su soleá con bata de cola, puede considerarse un ejemplo para los anales flamencos. No se puede bailar mejor ni con más personalidad. Es una rutilante estrella del firmamento jondo. Como se ha escrito: “Su cuerpo baila a corazón abierto”.

Con ella, otras dos bailaoras consumadas. Tanto Belén Maya, por tangos, como Rocío Molina, por siguiriya, demostraron su valía, además de interpretar un espléndido y sutil paso a dos al aire romancero. Y las tres juntas, en una estampa por caracoles, conjugan una armonía coreográfica bellísima. Con ellas, triunfa también Diana Navarro, que con cierta originalidad les acompaña con sus cantes y canciones, y en una como esculpida saeta. Igualmente hay que reseñar la justeza y vibración de las guitarras y las voces cantaoras. Espectáculos como
“Mujeres”, son los que mantienen y crean afición.

Merche Esmeralda, después de su importante actuación en los madriles, donde recibió en Galardón Flamenco Calle de Alcalá, una distinción más en su colección de premios, ha triunfado igualmente en Nueva York y varias capitales de los Estados Unidos. Aquí en Jerez, siempre contó con la admiración de los aficionados y la Cátedra de Flamencología le otorgó el Premio Nacional de Baile en mil novecientos setenta y dos. Como se lee en un soneto dedicado a su figura: “Es la gracia alada que bien suena/ desde los pies repiques hasta el pelo”.


NUESTRA CRÓNICA - PRENSA

TRES MUJERES NOS LLEVARON AL CIELO

INOLVIDABLE NOCHE DE BAILE EN JEREZ


Bajo la batuta del Maestro Mario Maya, Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina,
nos regalaron con su obra “Tres Mujeres” una memorable noche de baile sensacional por el lado que se le busque, acompañamiento musical, cante, coreografía, iluminación, seriedad y profesionalidad.

Es difícil relatar lo que anoche se vivió, bastaba con ver las caras de los espectadores a la salida del Villamarta, su expresión hablaba por sí sola, la satisfacción era compartida por todos, no les faltaba razón, la noche fue mágica, desde el comienzo hasta el final, esas tres mujeres pusieron un brillo especial y un arte flamenco que ralló a gran altura.
Tres mujeres, tres edades, tres grandes artistas bajo la mano maestra de Mario Maya demostraron que el BAILE –con mayúsculas- flamenco sigue vivo y seguirá por siempre porque el verdadero arte no tiene limites.


Festival Jerez Mujeres

La propuesta al comienzo con una evocación lorquiana, Adán, sirvió para que el firmamento se empezara a poblar de estrellas, turno de Belén Maya que por tangos le hiciera de puente a la entrada de Merche Esmeralda y Rocío Molina las que hicieron Granaínas, uno de los palos que no se escuchan muy a menudo y menos en espectáculo de baile, la más veterana con la más joven de las tres, pero ninguna diferencia, grandes artistas para un mismo fin, el baile.

Antonio Campos y Jesús Corbacho tuvieron a su cargo el intermedio musical haciéndolo por Serranas y cantes de Trilla, una mezcla un poco rara la que tampoco desentonó y abrió su paso a la soleá de Merche Esmeralda, genial con esa bata de cola blanca, la escuela sevillana se hace ver en todo su esplendor y el público comienza a volar y a perder la noción del tiempo, los movimientos suaves de Merche, bordando su baile con sentidos movimientos, evitando los bruscos desplantes, esa postura de espaldas doblada hasta la misma cintura, sin perder el compás, sencillamente increíble, todo en forma elegante que el público a su culminación premia con aplausos encendidos.



Festival Jerez Mujeres

La gran señora deja su sitio a las más jóvenes que hacen un paso a dos, baile más contemporáneo del que participan todo los músicos y voces, un número más moderno pero hecho con gusto y el arte da entrada al romance para que Belén Maya y Rocío Molina se abandonen a su placer y el paso a dos lo logran con perfección y maestría.

Rocío Molina, si algo le faltaba para terminar de triunfar en Jerez, hace tres años que es figura infaltable del Festival, fueron las seguiriyas que interpretó anoche, extraordinarias, ejecución perfecta hasta lo infinito, sus manos que vuelan y pies sigilosos, vueltas a sus muñecas, movimientos perfectos llevando el drama de la música por donde ella quiere, sinceramente imponente.


Festival Jerez Mujeres

Tamara Tañé pone su cuota de arte con bulerías al golpe, guitarras de José Luis Rodríguez, Paco Cruz y Manuel Cazás y una muy buena y discreta, -sin estorbar- percusión de Sergio Martínez completaron el cartel de artistas.

Culmina el espectáculo con un colorido espectacular, p-r-e-c-i-o-s-o- cuadro, por caracoles, la coreografía de Manuel Líñán dio luz para ver un cuadro sencillamente hermoso, tres mujeres vestidas de blanco con rojos en tres diferentes modelos en sus trajes, el Viva Madrid quedó bordado, Merche con mantón, Rocío con castañuelas y Belén con el abanico también rojo fueron tres artitas envidiables para la finalización de un espectáculo de esta jerarquía, en uno de los desplantes interpretando los caracoles, la posición en que quedaron fue un digno cuadro de Goya, hermoso.


Festival Jerez Mujeres

Ovación y aplausos interminables y como es de norma aplausos por bulerías, las que tampoco faltaron a la despedida del escenario de los artistas y hasta el gran maestro Mario Maya dio su pataita. INOLVIDABLE NOCHE.
Manolo Chilla
Triste y Azul






NUESTRA CRÓNICA - PRENSA



Tres bailaoras de oro y platino

Por Luis Román Diario Información
Hay noches que se recordarán durante mucho recordaran tiempo como por ejemplo la de ayer. Momentos épicos, geniales, sencillamente sublimes que los grandes aficionados, aquellos que se desplazaron al Villamarta, tendrán en el archivo de sus emociones más profundas. No se ven todas las noches bailes así; no hay momentos en nuestro tiempo para sentir con una sentida jondura una obra flamenca de esa naturaleza. Cuando parecía que ya todo estaba hecho, dicho e inventado, aparecen tres bailaoras de ensueño y conectan hasta el tuétano con el respetable. Episodios gratísimos de puro arte, como para que a alguien se le olvide lo de anoche, vamos.

QUE SIGA UN POQUITO MÁS, POR FAVOR
¡Ay, qué poco tiempo duró Mujeresl En buena lógica, eventos de esa índole deberían prolongarse... siquiera una semana. No exagera nadie -por si se escucha algo al respecto- si dice que el paroxismo inundó el aire del coliseo. Más de uno quedó extasiado con Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina. Era una simbiosis de épocas distintas, de generaciones diversas que se agruparon, se complementaron a la perfección como sólo lo hacen las grandes.De entrada, la expectación por ver qué obra se vería, qué tipo de espectáculo se desarrollaría en las tablas del Villamarta era una interrogante lógica a tenor de números anteriores más bien bajitos. Pero la duda, que en realidad no cabía, se disipó con celeridad y pronto las tres bailaoras regalaron quilates de supremo arte.

Entre los muchos momentos destacados están los bailes de Merche Esmeralda en la soleá y el de Rocío Molina en la seguiriya. Es que mejor no se pudo hacer, con más gracia, con más arte... y andaría uno agotando los términos del Diccionario Académico de la Lengua y no encontraría un vocablo que precisara lo bien que estuvieron ambas. Pero, ojo, que Belén dio más de una pincelada de maestría, como que se apellida Maya. Casi ná.

Merche Esmeralda bailó con la sabiduría propia de quien lo da todo en escena, de quien nada escatima. Lo más llamativo de la noche, por lo que a su actuación respecta, fue la contorsión del cuerpo echado hacia atrás, en una postura realmente inverosímil, manteniendo el equilibrio y el compás. ¡Qué arte! El romance fue otro instante épico, de mucha magia, entre Belén Maya y Rocío Molina. Hasta que llega el instante más poderoso, el que cautivará el imaginario colectivo del pueblo flamenco por mucho tiempo: el de la seguiriya de Rocío Molina. Destapó el tarro de las esencias y se puede confirmar que, si pocos resquicios existían para albergar dudas, ayer se disiparon con su enorme talento. ¡Qué lujo!

Y el camino de Mujeres se iba aproximando a su fin, cuando llegan los cara coles con las tres en el escenario: Belén con el abanico, Rocío con las castañuelas y Merche con el mantón. ¡Mayestático!

Al final, en los saludos al respetable, en un fin de fiesta de categoría, hasta Mario Maya, el director de la obra, acabó bailando. Mejor imposible. Tres bailaoras de oro y platíno.







Triunfo del eterno femenino.'Mujeres', bajo la dirección de Mario Maya, logra la apoteosis en el Teatro Villamarta

JOSÉ MARÍA CASTAñO –La Voz
La sabiduría del maestro Mario Maya dispuso el espacio escénico adecuado para que las tres elegantes gracias, representadas por Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina, pudieran expresar lo mejor de cada una. En todo momento se sugiere y se dialoga con la expresión bailada. Tres mujeres. Tres edades. Tres estéticas al servicio del gusto y la exquisitez. Un planteamiento secuencial al servicio de las protagonistas sin más guión que el puro placer de bailar bien y ofrecer las posibilidades escénicas para ello. La palabra podría ser la justa coordinación de elementos al servicio de la brillantez, de la calidad, del arte grande, o sea.

La puesta en escena se abre con una evocación lorquiana, el Adán, para que Belén Maya seduzca por tangos y abra la veda para la primera comparecencia de Merche Esmeralda y Rocío Molina en clave de granaína, rematada por jaberas. Hay un gran salto generacional, pero también una comunión de ideas para que las dos se posicionen en terrenos comunes.

Viene un interludio musical, algo anacrónico, evidenciando el tronco común entre la serrana y el cante por trilla. Pero sólo es un pretexto para la aparición estelar de Merche Esmeralda que enamora con la soleá, toda de blanco. Es la escuela sevillana, el barroquismo gestual que busca el más alto sentido de la elegancia, con movimientos aterciopelados y sin bruscas concesiones para cautivar sin remisión. El público premia con palmas incendiarias a esta señora del baile flamenco.

Su clasicismo deja paso a las más jóvenes que juegan con conceptos más contemporáneos en un paso a dos. Para ello, se forma un micro espacio por la agrupación cuadrangular de las guitarras y las voces. Dentro de él, se sucede el encuentro con claras intenciones renovadoras. Es el turno de Belén Maya y Rocío Molina, dos talentazos abrumadores. Suena el romance de Bernardo El Carpio y Zaide que provocan que las artistas se abandonen a la inspiración, logrando momentos de una intensidad grandiosa.

Llega otro instante álgido en la soberana interpretación de la siguiriya a cargo de Rocío Molina. La malagueña ofreció una diversidad de registros al alcance de muy pocos. Giros, juego de muñecas, velocidad, drama. Saca su versión más clásica, se para a oir la queja del cante. Manda. Dicta. Y sentencia con un final originalísimo. Rocío Molina se doctora en Jerez cum laudem.

El broche de oro lo ponen las tres, con batas de cola y bailando por caracoles con coreografía de Javier Liñán que emocionaron desde el eterno femenino. Hay garbo y diálogos generacionales. Y ahí un diez inmenso para Merche Esmeralda por el esfuerzo, desde su clasicismo para adaptarse, sin desmerecer y aportando al aluvión técnico y de calidad de las más jóvenes. Sin duda, una de las más brillantes noches del Festival de Jerez. Pero de toda su historia. Y van doce años.






Tres estrellas iluminan el Villamarta . Antológico baile de Merche Esperalda, Belén Maya y Rocío Molina en el teatro.

DAVID FERNANDEZ – DIARIO DE JEREZ
Tres bailaoras de mucha categoría deslumbraron anoche al Villamarta bajo un ambiente de gala con Mujeres, un grandioso espectáculo de baile flamenco con el toque maestro de Mario Maya que rezumó arte a cada instante. Imposible relatar todo cuanto aconteció y el cúmulo de sentimientos que se adueñó del teatro desde la misma presentación lorquiana con Adam, un anticipo de lo que se vería a continuación con los palillos ya en manos de Rocío Molina, el mantón para mayor lucimiento de Merche Esmeralda y el abanico en posesión de Belén Maya, tres estrellas que ya tienen plaza fija en el firmamento flamenco.

La música y el cante, las luces y el vestuario, las transiciones, la puesta en escena, el equilibrio y la potencia controlada, la combinación de elementos y la elección de las variantes flamencas lograron una gala redonda sin más argumento que el ba-i-le, lo que se dice una lección magistral exquisita y con aquello que los cabales denominan pellizco.

Fue Belén Maya la primera en ofrecer un solo por tangos que cautivó al patio de butacas con su cuerpo cimbreante y sensual al tiempo. Contemporáneo. Nadie mejor que ella para representar a la generación que abandera el presente de la danza flamenca. Marcó el cante y bailó al eco del tercio que se apaga cuando sus pies lo autorizan de la misma manera que se viene arriba cuando su fuerza y temperamento así lo indican. Y se comunicó con la guitarra usando la cabeza, los hombros, las caderas, los brazos y los dedos. Todo el cuerpo lleno de vida. Y más sensacional estuvo a la entrada y la salida, cual preciosa muñeca.

El baile añejo de Merche Esmeralda se exhibió por soleá como una bella imagen del tiempo detenido. Parece que Jerez le alegra la vida o sencillamente es así. Cambió el negro habitual de la soleá por el blanco puro de una bata de cola que gozó de corazón propio con sus movimientos y curvas imposibles para la mayoría. Hasta el tronco se hizo junco cuando la bailaora dibujó en el aire su propia silueta ya inmortal. Al no ser esclava de las urgencias y tampoco de lo anecdótico, fue más fácil adivinar su verdadera personalidad bailaora y quedar atrapados por su espíritu de artista. Y todo ello en apenas unos minutos, sin repetir una sola estampa. Gracias a su trayectoria, en la soleá pudimos contemplar cómo bailaban las antiguas con un discurso que llega con nitidez y pleno de elegancia. El público rompió a aplaudir por bulerías.

Uno de los momentos más mágicos de la noche lo protagonizaron Belén Maya y Rocío Molina en el paso a dos que compartieron con letras antiquísimas para narrar el romance. Del todo imposible disfrutar de los mil matices que las dos exhibieron. De hecho, los aficionados no sabían a quién dedicarle su admiración. Fue brutal y alucinante este impagable regalo porque su dominio de la danza unido a sus genes flamencos lograron una pieza que quedará grabada en la retina de la afición por años. Hacía tiempo que en Villamarta no subía la temperatura de manera tan rápida y no es fácil. Ambas hicieron que lo complicado parezca lo más sencillo del mundo. Acariciaron el cante con su baile recogido, silencioso y muy expresivo, para meter los pies a medida que el cante invitó a ello, inventando mil giros y siluetas en los cruces y las poses. De la palabra ruido nadie escuchó hablar anoche.

La energía que proyectó Rocío por seguiriyas fue algo extraordinario para los sentidos. Bailó como y cuanto quiso, eclipsando cualquier otra propuesta mientras estuvo en el escenario. Ni el vuelo de una mosca se le habría pasado por alto. Vestida de negro, sus fulgurantes y endiabladas manos y su expresivo gesto en la cara lo dijeron casi todo, con un baile a doble tiempo sobre el toque de guitarra inalcanzable para el resto. Tan joven como es, ya sabe lo que quiere en el futuro y cómo exponerlo. Clavó todos y cada uno de sus precisos remates con los pies más rápidos y musicales que han pasado por el teatro. Y su repertorio fue también muy hondo, haciendo por ejemplo del vestido un capote para demostrar que contar con una velocidad más que el resto, no significa carecer del temple y la sapiencia necesarias para parar cuando es preciso. Igual bailó como una fiera, que a continuación derrochó gracia y compás con los palillos en los caracoles, una variante emblemática para Merche que las tres compartieron casi en la despedida. Para saludar al público eligieron las bulerías.

Injusto sería pasar por alto el gran trabajo de cantaores y músicos, ya que cumplieron a la perfección su cometido. De la misma manera que hay que anotar el baile que compartieron Merche y Rocío en la granaína y la jabera. Un simple adelanto de lo que vendría. Sin duda, la representación de las tres generaciones dejó un mensaje para el optimismo: el futuro del baile está garantizado. Y el público aún se frota los ojos.


 

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Artistas con todas las letras


Fran Pereira – Diario de Jerez
Entendemos el término música como el 'arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente. Con esta sencilla definición, aunque eliminando lo de tristemente por su puesto, puede resumirse lo que ayer se pudo presenciar en Los Apóstoles, donde la recién creada banda Ultra High Flamenco puso patas arriba a la sala.

Sin demasiados alardes, sin rizar el rizo y haciendo las cosas con cordura, este joven grupo de músicos, Alexis Lefévre (violín), Paquito González y Ángel Sánchez 'Cepillo' (percusión), Pablo Martín (contrabajo) y José Quevedo 'Bolita' (guitarra), llenaron de sonido la siempre imponente bodega aportando frescura al flamenco y adentrándose en terrenos del buen gusto.

La hora y cuarto que duró su actuación no fue ni mucho menos monótona pues cada uno introduce en el caldero en el que se cuece Ultra High Flamenco su experiencia y conocimiento de su propia parcela, no en vano acumulan una trayectoria importante en esto del flamenco y de la música.

Cuesta creer, tal y como está hoy y día esto del flamenco, que en ningún momento se pierda la tensión durante la actuación, principalmente porque en el instante justo aparece algún arrebato de inspiración de algunos de los presentes, ya sea musicalmente hablando o me- diante ciertas dosis de humor que o bien aporta Cepillo, siempre tan espontáneo, o bien Bolita, atento a cualquier detalle, que acaban por acaparar al distraído.

Destacar individualmente algún aporte sería injusto porque en los nueve temas que interpretaron, los nueve grabados en el disco Ultra High Flamenco, hubo de todo. Sin embargo, particularmente llamaron la atención por distintos motivos dos de ellos. El primero, cuando José Quevedo 'Bolita' sacó lo mejor de sí en el tema Taxdirt ("un ligaillo de soleá", dijo textualmente), que dedicó a su familia y especialmente a su padre, presente ayer.

Del guitarrista jerezano poco se puede decir a estas alturas, porque ya hace mucho tiempo que confirmó que aquel niño prodigio que dio sus primeros pasos con Balao y El Carbonero, es una realidad. Conoce a fondo la sonanta y ha absorbido todo lo musical que ha acontecido a su alrededor, y el resultado es un artista como la copa de un pino. Domina los tiempos, le sobra el compás, su técnica es excelente, matiza donde debe hacerlo y lo que es más, toca con limpieza.

El segundo momento especialmente intenso lo puso el violinista Alexis Lefévre en la interpretación del tema 'Alexiada', donde puso de manifiesto su capacidad para evolucionar sus sonidos. Y es que tanto él, francés de nacimiento, como el vitoriano Pablo Martín, parecen que han vivido toda su vida en Santiago con un compás arrollador y una facilidad para llegar al espectador fuera de lo común.

"La Bulería de los 10 huevos" puso colofón a una aparición espléndida que volvió a dejar claro el concepto de banda que maneja Ultra High Flamenco: el espíritu del protagonismo conjunto.

UHF
Guitarra: José Quevedo 'Bolita. Contrabajo: Pablo Martín. Violín: Alexis Lefévre. Percusión: Ángel Sánchez 'Cepillo' y Paquito González. Lugar: Los Apóstoles. Día: 29 de febrero. Aforo: Tres cuartos de entrada.



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Tributo al baile parado


Francisco Sánchez Mágica – Diario de Jerez
Sorprende su madurez artística, pese a sus escasos 18 años, así como su singular modo y manera de reivindicar el baile parado, pese a su incontinencia en determinados momentos para el giro y la pirueta fácil y efectista. Patricia Guerrero, albaicinera para más señas, bailó el pasado viernes, ya entrada la madrugada, dentro de la sección Los novísimos de la duodécima edición del Festival de Jerez. Y la granadina, última vencedora del Desplante Minero a la mejor bailaora en el Festival de Las Minas de La Unión, no defraudó y ni decepcionó en absoluto. Especialmente lució en los números más trágicos y expresivos que ejecutó, la seguiriya y la minera, donde hizo gala de una insospechada templanza y buen gusto por el reposo y el esmero en la vertebración de la forma en toda su dimensión. Sin prisas pero sin pausa. Eso, a pesar de que en la escobilla y macho de la seguiriya abusó de la pirueta, un recurso que ciertamente tiene muy logrado pero que pierde belleza por reiterativo. Son esas cuestiones básicas que hay que pulir en una carrera artística que recién comienza, que acaba, como quien dice, de ponerse realmente seria.

Con una imagen que retrotrae a la estética de Carmen Amaya, Patricia Guerrero bailó la seguiriya con fuerza y vehemencia, luciendo una aceptable variedad de recursos con sus extremidades. Metió los pies y no desagradó. Especialmente bien acompañada por la voz y el toque de sus paisanos Antonio Campos y Luis Mariano, respectivamente, la granadina desarrolló diversas poses inverosímiles y aguantó la verticalidad pese a introducir varios giros novedosos y escorzos donde quedó demostrado, a pesar de su insultante juventud, el sobrado talento que ya atesora. Tras el lamento doliente de la seguiriya, un intervalo estéril exclusivamente protagonizado por el atrás estuvo dedicado a la soleá por bulerías, se supone que para dar tiempo a la bailaora para enfundarse la bata de cola con la que posteriormente encaró con arte las alegrías.

En los aires de Cai siguió por los mismos derroteros, sin desentonar y con buen gusto. La bajañí de David Carmona y el cante de Juan Ángel Tirado (granaíno también) y El Galli se sumaron a la fiesta. Patricia Guerrero movió con soltura la bata, se agarró a ella y se desenvolvió como si llevara décadas bailando en el más alto escalafón. Lógicamente, no hubo olas de la mar como las que consigue en su mirabrás la Yerbabuena, pues aún queda mucho por recorrer para alcanzar ese nivel, pero lo cierto es que la joven granaína promete y ahí quedó para certificar esa proyección una minera que remató por tangos. A éstos sí, le sobró algún remate acelerado y diversos movimientos con menos ángel, aunque casi todo lo que realizó tuvo pies y cabeza.

Baile; Patricia Guerrero. Cante; Antonio Campos, Juan Ángel Tirado, El Galli. Guitarra: Luis Mariano y David Carmona. Lugar: La Compañía Día: 29 de febrero. Aforo: Lleno.



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