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Tesoros del cante antiguo gaditano
Un monumental trabajo de recopilación
Dos docenas de cantes y decenas de estilos reunidos en 'Tesoros del cante antiguo gaditano'
Afirma Antonio Barberán que el presente trabajo es sólo una muestra y que, con el estudio realizado, se podían grabar algunos discos más. Por lo pronto, uno opina que, con éste, el aficionado tiene para un buen rato nada más que con aplicarse a una simple escucha detallada. Pero, en los dos Cds que componen la obra hay cante para muchas horas añadidas, pues no vale una única audición. En todos ellos ha puesto su voz la cantaora gaditana Carmen de la Jara, de la que el investigador destaca la calidad y el esfuerzo de su enorme trabajo: "Lo que Carmen ha hecho, no lo hace nadie. Meterse esa cantidad de letras y siempre con unas ganas de aprender… Le ha aportado, además, muchísima personalidad". Destaca igualmente Barberán la fidelidad con que interpreta cada uno de los estilos: "Hace falta que uno recoja los cantes, pero otro los tiene que interpretar fidedignamente, y para eso ella tiene una virtud especial".
La cantaora, por su parte, reconoce "el trabajito" que le ha costado meterse tantas letras en la cabeza y, sobre todo, el plegarse a las exigencias de cada uno de los estilos. Por ello admite que su voz quizás sea lo único que ha podido dejar de su cosecha. "Eso, mi voz, porque desde luego no tengo la de esos señores, más algún que otro quejío o sentimiento es lo que se puede calificar de mi cosecha. En lo demás -admite- me he tenido que ceñir a la musicalidad de cada cosa y estar siempre supeditada a lo que estaba escuchando". Algo que, sin embargo, le tiene a su vez satisfecha: "Es verdad que me he tenido que sacrificar y que he tenido que ser fidedigna, pero es que, si no hubiera sido así, no se habría conseguido lo que se perseguía, un trabajo de estudio".
Barberán, quien repite que está contentísimo con el trabajo de la cantaora, justifica todas esas exigencias afirmando que "los estilos musicales se basan en melodías, que son las que los definen". Y, para estilos, los recogidos en la grabación, que, en sus veinticuatro cortes, reúnen referencias a casi todos los nombres legendarios de la escuela gaditana de cante. Por ejemplo, en seguiriyas se ofrecen las de El Viejo de la Isla, Tomás El Nitri, Curro Dulce, Juan Feria, Francisco La Perla y Enrique El Mellizo. De soleares, las de Paquirri, Enrique y Antonio El Mellizo y Aurelio; de malagueñas, la de Fosforito El Viejo, la doble de El Mellizo y la chica de este cantaor con la entrada por granaína de Aurelio; fandangos los hay de Gabriel Macandé y de María La Sabina; tanguillos de Los Anticuarios y de Piñata gaditana… y así sucesivamente. Pero quizás, de lo que más orgulloso se muestre Barberán es de algunos rescates y unos recorridos que él califica de inéditos. Entre los primeros, señala las bulerías "Periconeando", escritas por Pedro Bancalero Niño del Mentidero y que provienen de una actuación en directo de este último cantaor, o la montañesa, tomada de El Niño de La Isla. Entre los recorridos destaca el dedicado a la petenera donde se reúnen estilos tan distintos como el de la cantante sefardita Haim Effendi, una grabación de pizarra de 1907, el del romance La Monja contra su gusto, versión gaditana de la familia portuense de Los Cepillos, junto a la petenera folclórica y la de Medina El Viejo. Otro recorrido original y muy interesante es el de las bulerías "de las madres": Juana Cruz, madre de Camarón; María la Sabina, de Donday; y Rosa La Papera, de la Perla. Pero hay mucho más.
En el libro que acompaña el doble CD. están comentarios sobre la excelente investigación de Antonio Barberán de los críticos especializados Luis Suárez Ávila, Manuel Martín Martín y Ramón Soler Diaz.
INTUICIONES Y APROXIMACIONES
Luis SUÁREZ ÁVILA
Al día de hoy, en esto del flamenco, hay que caminar con intuiciones y aproximaciones a los modelos y en cualquier caso, huir del mimetismo discográfico que es, al fin y al cabo, el espejo que queda donde mirarse.
Si en los años 60 y 70 del siglo pasado algunos, entre los que me encuentro, no hubiéramos emprendido un serio trabajo de campo y sobre todo,
pensado las cuatro imprescindibles hoy Fiestas de Cante de los Puertos que organicé, pinté sus carteles y con los que yo llamaba los Últimos de Filipinas, fui dando a la
luz, documentados y fijadas las líneas transmisoras, ciento sesenta y cinco cantes que se tenían por perdidos o eran totalmente desconocidos, hoy no se hubiera hablado de las cantiñas de las Mirris, ni de los corridos, ni de las siguiriyas de Perico Frascola, del Brujo, de Bochoque, de Miguel de Pepa, ni de las tonás de Perico Frascola, del Brujo, de los pajaritos, ni de los torrijos, ni de las gilianas o de infinidad de formas buleaeras de Cádiz y los Puertos, por poner unos ejemplos.
Sin duda lo que yo, en algún ensayo, he llamado la tradición atípica mediata es lo que hoy, desaparecidos el hábitat, la gente y los condicionantes para la supervivencia del flamenco, puede ser una tabla de salvación. Es cierto que todavía quedan sagas del llamado sector intimista que han recibido materiales valiosísimos y los conservan. Pero esas familias están acabando por abandonar, incomprendidas.
Por tanto, la labor recopiladora llevada a cabo por estudiosos que supone, al fin y al cabo, una subjetiva forma de escoger lo que se entiende por mejor y trasladarlo al ejecutor final -en este caso la labor de Antonio Barberán Reviriego y su eco en Carmen de la Jara- constituye un claro ejemplo de cómo la tradición atípica mediata nos trae, hoy, un amplio florilegio de cantes escogidos de entre los que, en otros tiempos, quedaron en los testimonios discográficos de maestros antiguos. Es decir que el resultado que contemplamos en estos dos Cds es el trabajo de un estudioso recolector y su trasmisión a la ejecutora final. A ello se une una impresionante búsqueda de bibliografía y hemerografía con la que Antonio Barberán ha hecho hallazgos dignos de tener muy en cuenta y llegado a conclusiones muy certeras.
Llevar a cabo esta labor con materiales tradicionales, aunque procedentes de una única fuente, la discográfica, acaso pueda resultar un tanto fija, pues proceden de un solo acto cantaor, la performance del disco, y no de una sucesiva, diversa e inculcada memoria que, al fin y al cabo eso es el meollo de lo tradicional, es un empeño encomiable. Más si se da en un medioambiente cantaor hostil y adverso, poblado de intentos espurios en que los temitas de autor, por muy geniales que sean, han retendido suplantar al cante y subiéndose a su prestigioso carro para, al fin, poner la mano en la S.G.A.E.S. que, en realidad, ese es su fin último.
Desde la aparición de los cilindros de cera, las placas de pizarra y hasta los discos de vinilo, nos ha quedado el testimonio fidedigno de cómo se ha cantado en cada época desde los albores del siglo XX o algo antes. La oralidad y la memoria, sin embargo, han sido el vehículo de trasmisión ordinaria, en el que potentes agentes creadores, como el olvido involuntario e incluso la heterodoxia inconsciente, han ido creando nuevas formas de expresión. Tal es el caso de muchas de las siguiriyas o soleares impropiamente tenidas por de Jerez o de Triana, que no son sino heterodoxas versiones de cantes legítimamente gaditanos o de los Puertos, por poner unos solos ejemplos. Eso sin contar otras muchas atribuciones gratuitas.
Cádiz y los Puertos (la Isla de San Fernando, Puerto Real, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda) son territorio fundador del cante y además con una enorme fuerza expansiva demostrada.
Por eso, poner sobre la mesa una muestra, aunque no exhaustiva, de los cantes de esta riquísima escuela es un intento saludable, incluso recurriendo a la tradición atípica mediata. De aproximaciones e intuiciones como las que se ensayan en los dos Cds que van en este álbum puede
nutrirse la posteridad; pueden ser testimonio valioso, en cualquier caso.
Luis SUÁREZ ÁVILA
I.U. Seminario R. Menéndez Pidal
Universidad Complutense. Madrid
LAS PARTITURAS DEL CANTE GADITANO
Ramón SOLER DÍAZ, Málaga, marzo de 2009
Se simplifica al usar la expresión 'cantes de Cádiz' para referirse solo a las alegrías y cantiñas, cuando realmente Cádiz y los Puertos constituyen una de las principales cunas del cante y quizás la más antigua. Ya Pericón lo expresó a su forma cuando dijo que al puerto gaditano llegó una goleta en 1512 -ni antes ni después, fíjense qué tino- que traía un fardo con 'las partituras flamencas' y ellos se quedaron con las mejores antes de seguir
rumbo a otras tierras.
En este solar del sur peninsular se han ido acrisolando desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días una cantidad de sones flamencos sin parangón a las demás zonas cantaoras: tonás, martinetes y saetas;
romances, gilianas y alboreás; playeras, siguiriyas y cabales; polos, cañas y soleares; livianas y serranas; rosas, jotillas y juguetillos; torrijos, aranditos y mirabrás; romeras, alegrías y toda la gama de cantiñas; tientos y tangos; tanguillos y rumbas; jaleos y bulerías; nanas, pregones y villancicos; peteneras, malagueñas y fandangos, y hasta aires montañeses e indianos. Eso es el cante de Cádiz.
Las tres generaciones que hay entre el Niño de la Isla y Aurelio Sellés hasta Juan Villar nos han dejado testimonio sonoro del cante con diversidad de
matices, desde el duende reconcentrado de Santiago Donday al ángel de Pericón y Chano Lobato, pasando por la justeza expresiva de Manolo Vargas, la voz terrosa de Ramón Medrano y la almibarada de Canalejas, y cómo
no, la luminosa elegancia de Antonia la Perla y el genio de Camarón. Todo ese inmenso legado es preciso conocerlo ahora más que nunca para recrearlo y vivificarlo, ya que, como dije antes, la ignorancia lleva a creer que los cantes de Cádiz son solo la gama de las cantiñas y algunos aires festeros más. Pero para enamorarse de esta tradición cantaora es necesario estar familiarizado con ella. Y en estos tiempos de tanta información dispersa y confusa se necesitan personas que clarifiquen la situación, una Ariadna que nos dé el hilo para orientarnos en el laberinto antes de que nos devore el minotauro de la oscura mediocridad. Afortunadamente existen
quienes pueden hacer esta labor con absoluta solvencia, y son de la tierra gaditana: un investigador riguroso, Antonio Barberán, y una cantaora de amplios registros, Carmen de la Jara. Cada uno, desde el sitio que le corresponde, ha conseguido que este Tesoros del cante antiguo gaditano con seguridad sirva de referencia en la discografía del género. Veamos por qué. Antonio Barberán lleva años indagando la historia del flamenco con especial dedicación al área de Cádiz y los Puertos. Sus estudios y su afición le han llevado a poseer un conocimiento profundo del asunto.
Se ha preocupado de investigar los orígenes y el posterior desarrollo de los estilos netamente gaditanos y averiguar datos de quienes lograron el milagro del cante de Cádiz. La tarea de plasmar todo ese tesoro musical en un trabajo discográfico es ardua y se hubieran necesitado muchísimas horas de grabaciones para dar cabida a todo este acervo. Necesariamente
Barberán ha realizado para este trabajo una cuidada selección en la que ha dado prioridad a aquellas músicas poco divulgadas con el fin de darlas a conocer a las nuevas generaciones de aficionados y artistas. Además, ha
tenido el acierto de no ponerles letras nuevas a esta colección de cantes sino rescatar las coplas con que se han interpretado tradicionalmente dichos estilos, muchas de las cuales son desconocidas y de una gran belleza.
No es fácil encontrar una voz que lleve a buen puerto esta goleta cargada de la mejor mercancía. Se necesita a alguien que conozca bien el cante de la tierra, valor para encarar tan ambicioso reto, y afición, mucha afición,
y además poseer una voz con flamenquería y con dominio del compás. Esas condiciones las reúne sobradamente Carmen de la Jara. Las voces que ha dado Cádiz tienen un denominador común. No son de una potencia
arrolladora como podría pasar en Jerez o Sevilla pero tienen un regusto de salitre enredado en las gargantas que confieren un carácter especial. Esas voces rozadas recuerdan a los desconchones de las paredes de la Viña y Santa María, que nos remiten siempre a la mar océana. Oír a Carmen deshacerse a vivísimo compás en la siguiriya del Viejo de la Isla, resucitar la enigmática giliana y la soleá de Antonio el Mellizo, o interpretar la hermosa petenera sefardita nos causa una gran emoción.
El mundo del flamenco está de enhorabuena con este trabajo que puede sentar las bases para otros posteriores que sigan ampliando nuestro horizonte en el conocimiento y disfrute de los cantes de la hermosa bahía
gaditana. Afortunadamente Antonio Barberán y Carmen de la Jara aún dejaron en los recovecos de la bodega de su nao algunos fardos que contienen más partituras con las que sorprendernos. Mientras, sirven para que los habitantes de la Atlántida sigan en su eterna fiesta.
Ramón SOLER DÍAZ, Málaga, marzo de 2009
LA FONOTECA
DE LA MEMORIA
Manuel MARTÍN MARTÍN
LA FONOTECA
DE LA MEMORIA
En un tiempo en que a los nuevos divos no les interesa el entendimiento más íntimo de lo jondo o aluden con desdén a las obras musicales que registra nuestro patrimonio musical, Carmen de la Jara enciende nuestros sentidos con la luz de sus Tesoros del cante antiguo gaditano, una antología que, aparte de meditar sobre los verdaderos valores del cante de Cádiz, propone guiar a los aficionados nuevos a la reflexión.
Atinado propósito, pues, el de estas grabaciones por las que se cuela la voz interior de esta gaditana de La Viña que lo mismo evalúa la calidad cantaora
de sus vivencias, que rescata aquellos sones que fueron recluidos en el olvido y/o el silencio por parte de la memoria popular, con lo que, entre otros objetivos, va a permitir a los melómanos a enriquecer su formación a fin de fortalecer su espíritu y prosperar sus relaciones con los demás.
Obvio es señalar que la transmisión oral ha sido, desde el comienzo de la historia del flamenco, la más tradicional forma de conservar la memoria colectiva.
Pero la tradición no responde de igual forma ante las diversas generaciones, de ahí que reseñemos, igualmente, el papel recolector de Antonio Barberán, joven investigador que ha recurrido a la memoria viva del pasado tanto para no dejar omisiones en una entidad productora de cultura como Cádiz, cuanto para señalar las líneas que marcan sus respectivas identidades.
Es esa fuente sonora de información a la que acude solícita Carmen de la Jara, una voz de una gran especificidad en la recuperación musical que,
con los sentidos vinculados a la emotividad, a la historia y a todo lo que considera propio y fundamental para sus intenciones, va plasmando personajes, testimonios, imágenes y paisajes de forma similar al que genera un relato, a partir del cual accedemos a la realidad de la Cádiz intemporal con sus barrios, plazas y rincones, lugares sacralizados por ilustres flamencos que fueron tutores de sus propias vidas y custodios de su libertad.
Estos elementos, que son fundamentales para comprender las formas en que se escenifica la memoria gaditana, Carmen los renueva conciliando
sensibilidades conservativas y evocativas, los transcribe con la singularidad de su ideal estético y hasta los engarza no sólo con diferentes ritmos, sino también generaciones, con lo que viene a poner de manifiesto por qué el flamenco en Cádiz es un género que se reinventa, que recupera historias de vida y que, por tanto, es siempre materia prima para futuras aportaciones.
Nos situamos ante un legado que, por ser intangible, es siempre frágil, pero si la memoria, en sentido lato, es la capacidad para conservar lo heredado,
estos Tesoros del cante antiguo gaditano albergan los contenidos históricos de forma eficaz y rigurosa, salvaguardan los fines expresivos de sus hacedores y
contribuyen a mantener la memoria colectiva merced a Carmen de la Jara y a Antonio Barberán, que nos exhortan ante posibles peligros: un pueblo puede perder la memoria si los depositarios del pasado no transmiten ese legado a las generaciones futuras.
Hay, empero, una última consideración que no puedo pasar por alto. La música si no suena no existe, por más que muchos sean los ecos que pretendan revalorizar los aspectos esenciales del repertorio gaditano. Pueden llegar voces a las que incluso de manera diletante se las califica de excepcional, qué duda cabe, pero si no nos representan no son las voces del pasado.
Ahí radica, a mi entender, el mérito de esta obra.
Cádiz está repleta de nombres legendarios que crearon obras maestras, tesoros que son las joyas de la corona del cante gaditano y que no podían dormir el sueño de los justos en la fonoteca de la memoria. Si ahora tras su escucha, el oyente descubre que cada pieza es en si todo un hallazgo como brisa de aire fresco o que en cada tercio se respira ese espíritu ingenuo no corrompido aún por la humanidad, llegaremos a la convicción de que Carmen, al abordarlas, se ha colocado como parte de la historia que ella misma canta.
Manuel MARTÍN MARTÍN
COMENTARIOS SOBRE LOS ESTILOS
JOSÉ LUIS GÁLVEZ
TESOROS DEL CANTE ANTIGUO GADITANO
Cantaora: Carmen de la Jara
Guitarristas: Juan José Alba, Rafael Trena, Víctor Rosa y Antonio Carrión
Dirección y coordinación: Antonio Barberán Reviriego.
El incansable investigador Antonio Barberán Reviriego, nos da la extraordinaria oportunidad de tener en dos CDS una antología, que creo imprescindible, del mejor cante de Cádiz y Los Puertos.
Antonio ha rebuscado en el fardo de partituras flamencas que, según Pericón, dejó una goleta en Cádiz y ha sido capaz de juntar un hermoso ramillete de cantes de la zona.
Junto a estilos y letras conocidas, esta obra muestra letras y estilos poco, o nada, conocidos. Es el resultado de un trabajo de investigación hecho con cariño y minuciosidad por un gran aficionado.
Además se ha tenido el acierto de elegir a una cantaora gaditana, ¡faltaría menos!, con una bella y flamenca voz y una capacidad de asimilar cantes que le han permitido engrandecer su repertorio con los hallazgos de Antonio: Carmen de la Jara.
Acompañan a Carmen cuatro más que solventes guitarristas: el gran Antonio Carrión,
Juan José Alba, Rafael Trena y Víctor Rosa.
Podemos escuchar desde los frescos e ingenuos cantes de María la Sabina y Juana Cruz hasta la gran seguiriya de Pedro Fernández Fernández “Viejo de la Isla”( también conocido por Perico Piña) pasando por las más representativas soleares, cantiñas, alegrías, bulerías, entrañables fandangos, malagueñas, tanguillos, tangos y hasta peteneras, romances, gilianas, la caña y cantes de ultramar.
Pero veamos los cantes con algún detalle:
CD 1.-
1.- Periconeando.
Empieza el CD homenajeando a Pericón con unas bulerías creadas por el buen cantaor Pedro Bancalero “Niño del Mentidero”, que Carmen dice con gracia y arte.
2.- Alegrías de los creadores.
Aquí Carmen hace siete estilos de alegrías poco frecuentes en los repertorios actuales; del Mellizo, del Tío José el Águila, Gabriela Ortega, juguetillo del mataero, Ignacio Espeleta, macho por alegrías y del Niño del Mentidero.
Algunas atribuciones de estos cantes pueden ser un descubrimiento para algún aficionado.
3.- Soleares de Paquirri y Aurelio.
En éste corte, la cantaora se faja con tres estilos de Paquirri y uno de Aurelio. Es evidente que el cuarto estilo de Paquirri no encaja en ésta obra por ser del grupo de soleares apolás trianeras.
4.- Fandangos de María la Sabina.
Es un placer escuchar el cante fresco y sin artificios de la madre del enjundioso Santiago Donday en boca de Carmen de la Jara.
Estos fandangos ya se pudieron escuchar, y ver, en la histórica obra “Rito y Geografía del Cante” y son creación de Josefa la de Toyos, según Antonio Barberán
5.- Cantiñas de mi bahía.
Ahora Carmen nos ofrece cinco bellas cantiñas, tres de las cuales con letras antiguas y, por tanto, casi desconocidas hasta ahora; de Luisa la del Puerto, de Rosa la Papera y
una de Sanlucar. Las dos restantes son la romera de Pericón y un fragmento de la rosa.
Es curioso encontrar una variante del fragmento de la rosa, “Rosita la confitera, que me da dulces, pa que la quiera”, cantada por bulerías en Jerez, fundamentalmente entre la familia Agujeta y también en el repertorio de Diego Rubichi.
Según la tradición era una letra que Domingo Rubichi, gran cantaor jerezano y padre de Diego, hacía con frecuencia..
6.- Giliana.
Aquí Antonio hace “arqueología flamenca” y averigua, a través del experto Luís Suárez, que éste cante se conservó gracias al testimonio escrito de un erudito que se lo escuchó a los hijos el Mellizo, en el 1922.
Es un romance morisco rematado con alboreá. Una delicia.
7.- Tanguillos de Los Anticuarios y de la piñata gaditana
En cualquier repertorio gaditano no podían faltar los tanguillos. En éste CD Carmen canta, con mucho arte, los de las murgas del Tío de la Tiza y de Manuel López Cañameque. En ambos casos con letras prácticamente desconocidas hasta ahora
8.- Malagueña de Fosforito el Viejo y doble del Mellizo.
Ambas malagueñas suenan muy bien en la voz de Carmen.
La de Fosforito es un bello y sentimental cante dicho fundamentalmente en tonos bajos.
La otra es la versión de la doble del Mellizo del Niño de la Isla, cantaor no suficientemente valorado, ésta malagueña es una de las preferidas por la familia Agujeta y también por su pariente Diego Rubichi, que la hacía con un dramatismo especial.
9.- Seguiriyas del Viejo de la Isla, Nitri y Curro Durse.
Tres cantes fundamentales por seguiriyas muy bien asumidos por Carmen.
Y con letras muy originales
La del Viejo de la Isla es, como se sabe, un cante matriz pues en él están basadas las creaciones de seguiriyeros eminentes como Francisco la Perla, Juan Feria, Paco la Luz, Marrurro, Lacherna y Tío José de Paula.
La del Nitri es de otro corte, pero también fundamental con sus aromas de liviana.
Y la de Curro Durse también lo es por si misma, además de por haber inspirado al gran Manuel Torre una de sus mejores creaciones.
10.- Tientos-Tangos gaditanos.
Seis hermosos cantes, pues de la segunda estrofa se podrían separar los versos desde “La casita donde yo habitaba….” y constituiría otro cante aparte.
El quinto es de inspiración chaconiana y el sexto tiene aires del Mellizo.
Todos bien dichos, y con ligazón, por Carmen.
11.- Montañesa del Niño de la Isla.
De nuevo otra feliz resurrección para el flamenco; el cante por montañesas.
Carmen canta la versión de José López “Niño de la Isla”
12.- Recorrido Petenero
Antonio hace un hallazgo más y encuentra una petenera grabada en pizarra y cantada por el sefardíta Haim Effende. Nos la ofrece en éste corte junto con un romance típico del Puerto de Santa María y dos peteneras más; a una la considera folklórica y la otra es la Medina el Viejo y que popularizara la gran Pastora Pavón.
CD 2.-
1.- Bulerías de Juana Cruz, María la Sabina y Rosa la Papera.
Es un verdadero placer escuchar éstas bulerías creadas por las mujeres que les dieron sus genes a tres genios del flamenco, son un modelo de frescura y ritmo gaditano.
Carmen borda éstos cantes, cuyas letras no están, salvo las últimas estrofas del cante de Rosa la Papera, nada extendidas.
2.- Soleares de los Mellizos.
Cuatro joyas por soleá, que Carmen matiza con gusto; las correspondientes a los tres estilos del Enrique el Mellizo y la de su hijo Antonio.
3.- Recorrido por Cantiñas: Mirabrás, Romeras y Torrijos.
Tres hermosos ejemplos de cantiñas; un mirabrás con letra clásica (pregón incluido), una romera con una letra muy original y la versión del Niño de Barbate de la cantiña de Torrijos, de inspiración política.
4.- Guajira de la Niña de Chiclana.
Entre los cantes gaditanos no podía faltar la guajira, uno de esos bellos y un tanto melancólicos cantes llegados de rebote desde las américas de habla hispana.
Carmen nos dice la de la Niña de Chiclana. La letra es otra “rara avis” del flamenco.
5.- Romance de Bernardo El Carpio.
Por el mismo conducto que en el caso de la giliana, Antonio consigue saber del testimonio escrito por el mismo erudito, que escuchó éste cante a los hijos del Mellizo en el 1922, con el nombre de Nana Moruna. Por ésta razón debemos creer que ésta versión es una de las más auténticas.
6.- Fandangos de Gabriel Macandé.
Dos cantes de ese loco genial que fue Macandé, al que dicen iba Caracol a escuchar al manicomio, no sé si esto es solo leyenda, en cualquier caso es emocionante.
Dos perlas del cante por fandangos que Carmen hace con arte.
7.- Tangos de Cádiz y Los Puertos.
Cuatro conocidas letras por tangos de la costa gaditana.
Creo que, en éste caso, la auténtica primicia es la atribución de los estilos escogidos; a Manuela la Gitana de Sanlucar, al Mellizo y dos al Puerto de Santa María.
Preciosos cantes en los que luce Carmen.
8.- Caña de Curro Durse.
En éste corte Carmen nos dice la caña atribuida a Curro Durse, de la que Rafael Romero “El Gallina” grabó una magistral versión.
Algún experto en flamenco ha dicho que ésta caña es la versión más parecida a la que arregló Don Antonio Chacón.
9.- Granaina de Aurelio y malagueña chica del Mellizo.
De Aurelio se dice que fue el mejor transmisor de los cantes del Mellizo.
Aquí Carmen hace uno de esos cantes; la malagueña chica del Mellizo, precedida de una granaina creación de Aurelio, que le servía de preparación para la malagueña,
Ésta malagueña, sin las subidas y poderosos ayeos que caracterizan a la doble, creo que resulta más flamenca.
10.- Bulerías gitanas del barrio de Santa María.
Los cantes que Carmen hace con solvencia aquí, son unos estilos de bulería atribuidos a “El Pata”, padre de Ignacio Espeleta, al mismo Ignacio, a Rosario la Mejorana, al Nitri y a Manolo Vargas.
Son cantes que rezuman auténtico salero gaditano. Para mí, confieso, la sorpresa es la atribución de un estilo de bulería al Nitri.
11.-Seguiriyas de Juan Feria, Francisco la Perla y Enrique el Mellizo.
De nuevo la cantaora se duele con tres seguiriyas importantes; las de Juan Feria y Francisco la Perla, ambas de la amplia familia derivada de la gran seguiriya de Perico Piña y otra muy personal, como todos sus cantes, del Mellizo.
12.- Recuerdos indianos. Milonga de Pepa de Oro y Rumbas de Pericón y Cojito Pavón.
Se cierra ésta obra con tres preciosos cantes de los que tenían billete de vuelta cuando emigraron a la América hispana.
Del primero hizo una original versión Pepe de la Matrona y los otros dos tuvieron en Pericón y el Cojo Pavón, como reza en el título del corte, sus más graciosos interpretes.
Carmen de la Jara siempre se luce en éste tipo de cantes, y aquí lo vuelve a hacer.
COMENTARIOS SOBRE LOS ESTILOS
JOSÉ LUIS GÁLVEZ
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