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AURELIO DE
CÁDlZ. Nombre artístico de Aurelio Sellés Nondedeu. Cádiz, 1887- 1974. Cantaor.
También conocido como El Tuerto Aurelio. En su primera juventud quiso ser torero, con el
nombre de El Gaditano, y de hecho actuó en varias novilladas sin éxito. Después de
trabajar en diversos oficios, decidió dedicarse al cante flamenco, como ya lo hiciera su
hermano El Chele Fateta. A partir de los veinticinco años es cuando empieza a destacar
Aurelio en los ambientes flamencos, cotizándose económicamente altas sus actuaciones en
fiestas y reuniones íntimas, ya que nunca quiso actuar en tablaos y teatros, salvo
durante una gira con Pastora Imperio, los años 1925 y 1926. Manuel Ríos Ruiz: «Aurelio pasa a la historia del flamenco como un payo maestro del cante puro, especialmente en los estilos genuinos de su tierra. Ha sido una especie de institución, en una época que precisaba de cantaores como él, de conservadores de unos aires flamencos inconfundibles y antiguos». Manuel Martín Martín: «Su quehacer flamenco, decisivo y pedagógico, constituye el foco iluminado de una generación gaditana que parece dormitar por el peso de la historia y, sobre todo, por la talla de los hombres que la forjaron. El basamento que subyace en la obra de Aurelio es la genialidad recreadora o la intuición musical de un gitano andaluz llamado Enrique El Mellizo». Evaristógenes: "Lo metió en un alambique y le puso el péndulo de su voz. Así este cante nuestro, las alegrías, recuperó su pureza y su exacto compás". Jesús del Río: «Manolo Caracol le profesaba una devoción rayana con el delirio. Y con respecto al cante, Aurelio conocía todos los estilos y era un excelente siguiriyero, alén de sus soleares que tenían una fuerza inconfundible. Pero lo que mejor se conocen de él son sus excelentes malagueñas. De las de Enrique, que cantaba con emoción profunda, como si de un ritmo litúrgico se tratara». Juan Luis Manfredi : «Es una fuente inagotable de historia del flamenco, una pagina viva de ese libro no escrito donde se recogen las alegrías y las desgracias de los artistas Es quizás el cantaor más viejo y el único sobreviviente de aquella época heroica y confusa, cimentada en las mesas de una venta o en la salida de un palacete». Fernando el de Triana; «Este gran cantaor no debiera cantarle más que al verdadero inteligente. Y dirán mis amables lectores: ¿por qué? Pues muy sencillo, porque la voz de Aurelio no es bonita aunque sí muy cantaora, y como en los principios de sus actuaciones casi siermpre tiene la voz rozada, a quien no le haya oído nunca le da la sensación de que no es quien es . Una vez entonado no hay quien aguante sin sentir algo extraño en los nervios. Establece la lucha de las pocas facultades con el arte supremo y le hace unas cosas a los cantes que tiran pellizcos en el alma. Además, puede decirse que es el más fiel mantenedor de la famosa escuela gaditana a cuyo frente figuró, como maestro de maestros, el glorioso Enrique El Mellizo». Fernando Quiñones: «En toda época, desde aquélla tan distante de su juventud, hasta las de más rotundo desconcierto y degeneración del cante flamenco, Aurelio ha impartido y repartido la firme pureza en la que se apoyan las verdades mejores del cante. Nos encontramos de un lado, con el intérprete sosegado, sabio, de gran dominio técnico y equilibrada consciencia, que en ningún caso pierde la cabeza cantando y cuyo atenimiento a las más tradicionales virtudes de la escuela gaditana y de sus capitales creadores es ordenado, canónico, ejemplar. Pero, por otra parte, se da también en Aurelio Sellés una profunda garra que él exterioriza, sobre todo, en aquellos cantes con los que se siente más a sus anchas; soleares, malagueñas y alegrías, el específico género gaditano que él revitalizó y rescató de la más triste decadencia. Es Aurelio, asimismo, sobrio y excelente siguiriyero. Más el rajo y la fuerza de sus soleares -cuyo caudal melódico ha aumentado con un valiente remate de su invención- y de sus malagueñas del Mellizo - a las que suele prolongar con una hermosa introducción por medias granainas - son verdaderamente indespintables, así como el enternecedor velo de melancolía con que envuelve, delicadamente, su cante por alegrías ... Tenemos, pues, a un Aurelio del orden y a otro del misterio y de la pasión.. Se ha reiterado que lo mejor de su venerado Mellizo eran los tonos altos, y que es en los bajos donde Aurelio logra sus más plenas calidades». Anselmo González Climent: «Una vez cortada la coleta, Aurelio se volcó de lleno sobre el cante. Así, el medroso novillero llegó a convertirse en una de las glorias más valientes y significativas del flamenquismo.... Aurelio sabe todo lo que hay que saber en materia de cante... Hoy Aurelio es el asidero firme e inexcusable para los que sigan pretendiendo vivir y convivir con el cante jondo,, el de verdad. Posiblemente, y sin posibles, sea Aurelio la última figura perteneciente a la época de oro del cante... Aurelio forma parte indispensable de la llamada Escuela de Cádiz. En ella se ha nutrido y a ella le ha prestado importantes desorrollos artísticos». Auguto Butler; «Ejerce su magisterio impar, sordo e insensible a perniciosos cantos de sirena que a tantos otros logran subyugar actualmente, sin querer saber nada de otra cosa quede los cantes imperecederos, legados preciosos de los viejos maestros».
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