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Antonio, joven.
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Antonio, con Rosario.
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Antonio |
ANTONIO, Nombre
artístico de Antonio Ruiz Soler, Sevilla 1921, Sevilla, 1998.- Bailarín y bailaor. A los
seis años empieza su aprendizaje en la academia del Maestro Realito, que le inició
especialmente en los bailes de palillos. Destaca como niño prodigio y al año siguiente
le asignan de pareja a una niña de sus mismas características, la que más tarde se
consolidaría como su pareja estable de baile bajo el nombre de Rosario. El maestro les
lleva a bailar en fiestas y teatros donde actúan profesionales. La primera actuación de
este tipo fue en 1928, en el Teatro Duque de Sevilla, a los siete años. Por este mismo
año bailó en el Pasaje de Oriente, en una fiesta que se daba en honor del infante D.
Carlos, y también dentro del mismo año efectúa su primera salida al extranjero,
bailando en la Feria Internacional de Lieja (Bruselas). En 1929 bailó ante los reyes de
España Alfonso XIII y Victoria Eugenia, cuando fueron a presidir la Exposición Mundial
de Sevilla. Alternando con las actuaciones teatrales, baila en los cafés concierto, en
fiestas privadas y en fiestas tradicionales andaluzas como las Cruces de Mayo. Es la
primera etapa infantil sevillana, en la cual termina de formarse con los maestros de baile
Otero, Pericet y se especializa en flamenco con el maestro Frasquillo. Enseguida empiezan
a trabajar fuera de Sevilla, por el resto de Andalucía, otras provincias y Madrid, donde
les llaman Los Chavalillos Sevillanos. 1937, es fecha clave para la futura consagración
de Antonio; están actuando en Barcelona y Francia, cuando el empresario de variedades
Marquesi contrata a la pareja para ir a América, donde entre éste y otros nuevos
compromisos, permanecerán doce anos. La primera actuación es en Argentina, en 1937, en
el Teatro Maravillas de Buenos Aires, con el espectáculo Las maravillas del Maravillas.
De Argentina pasan a Chile, Perú, Colombia, Venezuela, Cuba y Méjico. En un interim
vuelven a Argentina, para actuar en el Teatro Esplendid y en el Teatro Ateneo de Buenos
Aires, donde dan el primer Concierto de Danza. Rematan la gira sudamericana en Brasil, en
1939, y son contratados para la Sala de Fiestas del Walforf-Astoria de Nueva York. Con
ello se les abren las puertas de Norteamérica. Permanecen allí siete años alternando
temporadas largas en esta sala con viajes a Hollywood, donde participan en varios filmes.
En 1943, de vuelta a Nueva York, se presentan en el Teatro Carnegie Hall, con un grupo
algo más numeroso y Antonio escenifica el Corpus Christi en Sevilla, de Albéniz.
Durante los años 1944 a 1946, las actuaciones se extienden por todo el país. Antonio
vuelve sobre sus pasos en segunda gira por Sudamérica, ya con el nombre artístico
Antonio y Rosario, impuesto por necesidades de traducción al inglés. Van a Méjico,
donde estrenará, en el Teatro Bellas Artes, el famoso Zapateado de Sarasate. Coreografía
maestra de baile individual, pieza de gran éxito que quedará incorporada establemente a
su repertorio. Esto es en 1946. Sigue por Cuba, Uruguay, Perú, Chile y, en 1948, actúa
por segunda vez en la Argentina, en los Teatros Municipal y Colón de Buenos Aires. Es
justo diez años después de su primera actuación allí y la crítica compara y reseña
ya la madurez de su baile y su concepto intelectual coreográfico. En estos doce años de
permanencia en América la labor coreográfica y representativa de esta pareja es
extensísima. Además del Zapateado, la jota Viva Navarra de Larregla, y el Zorongo
gitano, son dos piezas fundamentales en su carrera. De Granados tienen una selección de
Goyescas y las Danzas Numero IX y VII (Valenciana), de Turina, el Sacromonte, la
Malagueña y Sevilla de Albéniz. El Café de Chinitas, con letras de García Lorca. De
danzas de escuela: Seguidillas manchegas, Panaderos, Bolero, Sevillanas y Fandangos de
Huelva. Llevan también selecciones del El amor brujo y del Sombrero de tres Picos, de M.
de Falla, sin haberlo resuelto todavía en forma de ballet. Y por último el testimonio de
la inspiración americana y caribeña en los bailes El manisero y Jarana Yucateca, 1949:
Otra sacudida ascendente en la carrera de Antonio, la vuelta a España y por extensión a
Europa.
Tienen cierta dificultad para actuar, pero el empresario Lusarreta les contrata para
hacerlo en Madrid. El 27 de enero de 1949, debutan en el Teatro Fontalba, encabezando el
programa con sus dos nombres, aunque añaden en caracteres mas pequeños el titulo de Los
Chavalillos Sevillanos. Tiene un gran éxito de público y crítica, con una estancia
imprevista de casi dos meses. Pasan a Sevilla y en Semana Santa se presentan en el Teatro
San Fernando. El éxito es rotundo en esta ciudad, Salen por primera vez a Europa, en una
gira que se inicia en primavera, en el Teatro de Champs Elysées de París. Continúan por
Italia, Suiza, Dinamarca, Suecia, Inglaterra, Bélgica, Escocia en los Festivales de
Edimburgo en 1959 y en el Festival Internacional de Holanda. Pasan a Israel y vuelven a
recorrerse Europa por segunda vez: teatros Palais Chaillot, la Pérgola, Cambridge. Vuelo
a Tánger. Son requeridos para bailar en fiestas de hombres de estado: en España, Franco,
en Egipto, Faruk. Tres años de gira sin descanso, siempre triunfantes.
1952 será para Antonio un año marcado por dos acontecimientos decisivos y otros dos si
no tanto, por lo menos muy importantes en su carrera artística, Primero: la pareja
Rosario y Antonio, después de haber trabajado juntos durante veintidós años, se separan
definitivamente como consecuencia de desavenencias anteriores. Termina una etapa
especialísima de arte joven, fresco y gran actividad creadora. A las coreografías
reseñadas de su estancia en América, se añaden otras nuevas paseadas por Europa, que
forman en su conjunto el bloque impresionante de creación de la pareja. Aumentan el
repertorio de Albéniz con las siguientes piezas de la Suite Iberia; Granada, Triana,
Puerta de Tierra, El Puerto, Asturias y Navarra. De Granados el Fandango de Candil y las
Danzas V, X y XI (Sortilegio de los collares). De Turina el Zapateado y Sacromonte; la
Jota aragonesa de Falla; Serenata de Malats, Intermedio de la boda de Luis Alonso de
Giménez; La Revoltosa de Chapí; Danza de la gitana de Halffter; Las lagarteranas de
Guerrero; Selección del Capricho español de Rimsky-Korsakof. Garefa Lorca adquiere ya
una dimensión especial dentro del repertorio de Antonio, que se acusará a lo largo de
toda su creación posterior. Aquí se reseñan: Debajo de la hoja, Anda jaleo y Los cuatro
muleros. Se les ve actuar en danzas americanas que bien pudieran haber sido creadas allí:
Huayno, danza de la provincia de Cuzco con dos secuencias, a) Choclo frutero, b) Danza
incaica y Carnavalito. Nuevas versiones de bailes de palillos como el Bolero robado,
Boleras de medio paso, Malagueñas boleras. En flamenco: tanguillo, alegrías, farruca,
tango de Cádiz, taranto, serranas, siguiriyas gitanas, soleares, caracoles, fandangos por
verdiales, y hay que reseñar de una manera especial la caña, creación que
perfeccionará a lo largo de lo años, para llegar a ser uno de los números más
perfectos de técnica y sabor flamenco conjuntados. Monta también el inicio de lo que
será más tarde un ballet. Ahora solamente son dos Sonatas de P. Antonio Soler, la
número 5 en Re mayor y la 11 en Sol menor, por ahora en coreografía individual.
Rota la pareja, Antonio en este mismo año saca adelante el proyecto de crear una gran
compañía. Empieza a madurarlo en solitario en Sevilla y le da forma en Madrid en los
estudios de baile de la calle Montera. Tercer acontecimiento de este mismo año es la
creación del baile el martinete, estilo flamenco que hasta entonces sólo estaba
reservado al cante. Lo interpreta en la película Duende y misterio del flamenco. Por
último, como reconocimiento mundial de Antonio y de la danza española, está el hecho de
que Leónidas Massine le propone bailar como primera figura en su coreografía de El
sombrero de tres picos en el Teatro de la Scala de Milán, santuario de la danza reservado
a muy pocos. Se hará realidad al año siguiente, junto al Capricho español de
Rimsky-Korsakof. El año 1953, está marcado por la presentación al público de la
primera Compañía de Ballet de Antonio y el consiguiente estreno de las nuevas obras que
lo componen. Quizá sea para él, el año que más valore dentro de su carrera artística.
Se presenta el 20 de julio de 1953, en el Festival Internacional de Música y Danza de
Granada, con estreno también de escenario: los Jardines del Generalife. Nombre de la
compañía: Antonio Ballet Español. Lo componen treinta y cinco bailarines, con Rosita
Segovia como primera figura femenina. Es un ballet bien presentado, disciplinado y sin
fallos técnicos que obtiene un éxito rotundo. Como consecuencia, ya desde ahora este
Festival incluirá habitualmente una parte de baile español, que en la mayoría de los
años está representado por la compañía de Antonio. Bien es verdad que él responderá
a esta distinción creando nuevos ballets para tal acontecimiento. Las obras que estrena
son: Llanto por Manuel de Falla, de Vicente Asensio. Es un montaje en atención a Granada
y su músico más genuino. Presenta también Allegro de Concierto de Granados, y piezas
flamencas como las alegrías y fandangos por verdiales en versión nueva.
También agrupa otra serie de piezas del mismo estilo en Serranos de Vejer de García
Soler. Pero las dos obras más destacadas del estreno son la Suite de Sonatas de P.
Antonio Soler, de las que ya tenía un antecedente en el repertorio de sus bailes con
Rosario donde las bailaba él solo. Ahora son ocho sonatas realizadas por toda la
compañía en distintos cuadros. Tiene escenografía de gran espectáculo de la que
incluso forman parte alabarderos, infantas y otros personajes palaciegos que no bailan,
son figuras decorativas. Otro estreno es la Suite de danzas vascas, con música
tradicional y danzas tan populares como el aurrescu, ezpatadantza y arín arin. Por
último el ballet El segoviano esquivo de Matilde Salvador, con un argumento que da forma
a bailes castellanos. A partir del estreno en Granada, Antonio va al Teatro Español de
Madrid y desde allí ya es una gira constante e imparable por ciudades españolas, otras
de Europa, América e incluso África, como El Cairo y Johanesburgo. Salta continuamente
de un lugar a otro con un sin número de actuaciones. De ellas tiene en común el éxito
obtenido, por ejemplo cuando debuta su compañía en el Teatro Empire de París, le sacan
a hombros. En el Teatro Stoll de Londres se gana a un público que miraba con reserva al
nuevo coreógrafo. Son estas dos capitales europeas los puntos más visitados por él y
donde más estrena, lo mismo que en América el punto de referencia artística siempre es
Buenos Aires. Allí, en 1954, estrena una serie de danzas: Almería de Albeniz, Andaluza
de Falla, Danzas fantásticas de Turina y renueva la famosa jota Viva Navarra. 1955 es un
año de estrenos importantes en Londres. En el Teatro Palace, la Rondeña y el Álbaicin
de Albéniz, con formas modernas de escenografía y baile.
Pero el estreno más señalado es el Amor brujo en el Teatro Saville, ballet que le
consagra como coreógrafo y donde según la crítica, se compenetra con el espíritu mismo
de Falla. Es obra de gran éxito que pasa directamente al Teatro de Champs Elysées de
Paris y luego a la Scala de Milán durante un mes, además de dos funciones en el Piccolo
Scala donde se oyó cantar flamenco por primera vez. Ni que decir tiene que aumenta el
número de bailarines en la compañía por exigencia de nuevos montajes. El Festival
Internacional de Música y Danza de Granada es, como se apuntó antes, el escenario de
presentación de nuevas obras de Antonio. En 1956 se entrenan allí nada menos que seis;
Fantasía galaica, ballet de Ernesto Halffter, basado en una leyenda gallega sobre la
Santa Compañía, con temas de bailes populares como la muñeira. Paso a cuatro de Pablo
Sorozábal, son seis danzas inspiradas en melodías de compositores del siglo XVIII y
Sonatina, obra basada en la poesía de Rubén Darío La princesa está triste. El Polo de
Albéniz, Cerca del Guadalquivir, ballet flamenco sobre el poema de García Lorca
Prendimiento de Antoniño El Camborio. 1957 es una fecha señera para la historia de la
danza española por la actuación de Antonio en la Ópera de Viena. En 1958 realiza la
coreografía del ballet más interesante de todos cuantos ha hecho, El sombrero de tres
picos de Falla. Las versiones anteriores, incluso la de Massine, quedan chicas al lado dc
ésta, con unos figurines de Muntañola que no desdicen en nada de los de Picasso. La
farruca del molinero es un acierto de coreografía e interpretación, Rosita Segovia
contribuye con su buen hacer danza-actriz al éxito general de este ballet. Siguen otras
coreografías, en 1964 en cl Teatro Liceo de Barcelona estrena más obras de Albéniz y
Jugando al toro de E. Halffier. Es esta una época de evolución en el concepto creativo
de Antonio. Busca temas simbólicos de contenido recargado como sucede en la obra citada y
en Eterna Castilla, aunque los decorados sean estilizados, el baile no lo es. En 1962 es
el reencuentro con Rosario. Antonio la presenta como artista invitada dentro de su ballet,
dejando que aparezca sola en el escenario bajo una luz central. Vuelven a bailar aquellas
danzas sencillas, encantadoras, que no han pasado de moda y que el público acoge con gran
entusiasmo; en Madrid tiene que repetir el zorongo tres veces, También bailan dentro de
la estampa flamenca La Taberna del Toro que Antonio estrenó en el Teatro Palace de
Londres seis años antes. En 1964, vuelve a reunirse la pareja por última vez, para hacer
una tourné con etapas en España en Inglaterra, en los Teatros Ópera House y Royal Drury
Lane de Londres; van a Rusia por primera vez y actúan en Leningrado, Kiev y Moscú, donde
triunfaron como en el resto de los países; siguen por Estados Unidos y Sudamérica,
donde, en Chile, Rosario termina con el compromiso.
En 1965, Antonio cambia el nombre de su Compañía llamándola desde ahora Antonio y sus
Ballets de Madrid. Bajo este nombre o con el anterior y durante más de diez años toma
parte muy activa en los Festivales de España del Ministerio de Información y Turismo y
sigue estrenando nuevas obras como Concierto andaluz de J. Rodrigo, ballet en un acto y
tres movimientos, donde sigue la tónica de sus últimas creaciones jugando con
simbolismos en la danza. En el VII Festival de la Ópera de Madrid de 1970, se consideran
estreno mundial las piezas Torre Bermeja y Córdoba que dedica a Albéniz y Danza de la
gitana y Primera de La vida breve, a Falla. También la estampa colonial del siglo XIX
llamada Cubana. En 1978 ya piensa retirarse de la vida profesional. Prepara una gira de
despedida con un espectáculo al que llama Antonio y su Teatro Flamenco, formado por un
grupo reducido de artistas. Comienza por Sevilla en el Teatro Nacional de Lope de Vega.
Lleva una selección de flamenco en sus dos versiones, popular y teatral. El espectáculo
se inicia con uu preludio entre guitarristas y cantaores, sigue el mirabrá, tarantos
bailados, La sangre derramada, carcelera, En el puerto, tangos de Málaga, martinete,
bulerías, la caña, granainas, Resurrección de la Petenera, La casada infie y concluye
cpn alegrías, tanguillos de Cádiz, tangos rocieros y se despide por sevillanas.
Continúa la gira y, en 1979, hace su retirada profesional como bailarín en la ciudad
japonesa de Sapporo, justo cuando se cumplen sus Bodas de Oro con la danza.
En marzo de 1980, por su largo y brillante historial como bailarín y coreógrafo, es
nombrado director artístico del Ballet Nacional Español del Ministerio de Cultura. El
repertorio que presenta es variado con obras de otros maestros, alternando con las más
famosas suyas. Después de dos años largos de actividad, el 9 de mayo de 1983 es cesado
en el cargo por razones muy controvertidas en su día. Antonio deja por el momento toda
actividad relacionada con la danza. 1987, se presta a hacer a María Rosa una coreografía
sobre la Romería del Rocío que presenta en ese año en el Teatro Monumental de Madrid. A
lo largo de su vida, Antonio ha intervenido también en cierto número de películas,
algunas veces como protagonista total, en otras actor-bailarín, otras simplemente
bailarín, interpretando sus ballets y en una ocasión, solamente como coreógrafo.
Primera década de los cuarenta: Zigfield Girl, Sing Another Song, Hollywood Canteen, y
Panamerican en llollywood. Década de los 50: Carrusselll napolitano y Universo de noche,
en Italia. En España, José María El Tempranillo, primera parte, y El rey de Sierra
Morena, segunda parte. Niebla y Sol, Duende y Misterio del flamenco, Todo es posible en
Granada, Noches andaluzas, Pan,, amor y Andalucía, Luna de miel, Sinfonía española, Ley
de raza, La nueva Cenicienta, El sombrero de tres picos y en 1973, El amor brujo. Está en
posesión de las siguientes condecoraciones y distinciones: Cruz de Isabel la Católica (
1950). Medalla de Oro dcl Círculo de Bellas Artes (1952), Medalla dc Oro Extraordianaria
Círculo de Bellas Artes (1959-60), Medalla de Honor de las Naciones Unidas (1963),
Medalla de Plata al Mérito Turístico (1964), Medalla de Oro de la Real Academia Inglesa
de la Danza (1962), Comendador del Mérito Civil (1964), Medalla de Oro de la Real
Academia de la Danza de Suecia (1964), Medalla de la Feria Mundial de Nueva York (1964),
Medalla de Oro de la
Escuela de la Danza de Moscú (1966), Medalla dc Oro de la Scala de Milán (1967), Placa
Conmemorativa del Ministerio de Información y Turismo al Primer Bailarín Español en
conmemoración del X Aniversario de su participación en Festivales de España (1967),
Llave de la Ciudad de San Francisco (California), Premio Nacional de Flamenco de la
Cátedra de Flamencología de Jerez (1966), Comendador de la Legión de Honor de Francia
(1971), Medalla de Oro al Mérito Turístico (1972), Medalla de Oro del Spanish Institute
de Nueva York (1979). Primer Premio de la Academia de la Danza de París (1963), Premio
Internacional de Danza Vicente Escudero, de Valladolid, años 1957, 58 y 60, Premio
Nacional al mejor Ballet (1972). Tiene una obra escrita por él, Antonio, Mi diario en la
cárcel. Libros que tratan de él expresamente: el de Elsa Brunelleschi en Inglaterra,
Lido en Francia y uno muy interesante por el crítico inglés Cyrile de Beaumont, Antonio
Impressions of the Spanish Dancer. Otro de fotografías de Gyenes, con tres ediciones:
Antonio el bailarín de España. Precisamente del libro de Gyenes se pueden recoger
dedicatorias y comentarios hacia la figura de Antonio El mismo Gyenes dice en el prólogo:
«Desde que debutó jamás fracasó. ¡Oh!. Dios del Arte Sagrado, tú sabes que fácil es
fracasar y caer verticalmente». Sergio Lifar dice de él, en forma poética, la realidad
de su danza y de su personalidad, con estas palabras: «Antonio El Brujo posee una magia
que filtra y nos hechiza. Nos lleva consigo en esta lucha de Amor, de Celos y de
Seducción. que viven en una sola persona. Es toro y matador, la arena y el público. la
muerte y la vida, es el vencedor y el vencido en sí mismo, el instinto. la armonía, la
geometría, el acento ordenado, la vida de este instrumento divino: el hombre. Este hombre
esta- cerca de la Oración como de la Brujería en el acto de un Brujo donde el espíritu
y el cuerpo están en conflicto perpetuo. Antonio es rico en todos estos elementos y nos
transmite sus encantamientos. Antonio el hijo del Sol y de las hadas nocturnas. Es
danzarín». Jean Cocteau en un dibujo que le dedica a Antonio en 1957, se expresa así:
«Un fuego que se empeña en morir para renacer, es el estilo flamenco». Edgar Neville
escribió de la creación que hizo Antonio del martinete: «Pocas veces se ha visto algo
más bello, más emocionante. que el baile por martinetes de Antonio debajo del Arco del
Tajo de Ronda. Mi película Duende y Misterio del Flamenco recorrió el mundo entero, y
gentes de las razas más alejadas de la nuestra, de la sensibilidad más remota y
distinta, se levantaban del asiento en un momento dado, enloquecidas por el baile de
Antonio, y gritaban, como lo hacían también el público de Jerez y Sevilla. Si no
supiéramos que Antonio es un superdotado, un dios de la danza, su martinete hubiera
bastado para atestiguarlo». Federico Mompou dice:« ..Antonio es la Danza». Y Ernesto
Halffter.'«... posee una extraordinaria imaginación creadora, lo que le lleva a
realizaciones de altísima categoría artística ya montajes que sorprenden por su
originalidad, buen gusto y fidelidad al espíritu de las obras que interpreta. Nunca
olvidaré lo que Antonio hizo con mi Fantasía galaica de tantas bellezas en el detalle y
en su conjunto y con aciertos tan singulares como el paso a dos, armonioso y poético, con
el sonar de las vieiras contrapunteando el trenzar de los pasos... Antonio sabe hacer
plásticas las ideas musicales con entera servidumbre y autenticidad al espíritu y a la
letra de cada pentagrama».
Después de una cruel enfermedad, en su Sevilla natal, dejó de existir en el año 1998,
dejando toda una vida dedicada al arte de la Danza y paseando su majestad de artista
español por todos los escenarios del mundo.

El Niño de la Albarizuela
Datos extraidos del Diccionario Flamenco
de Jose Blas Vega y Manuel Rios Ruiz
Cinterco - 1985.
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