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El
Chocolate |
EL CHOCOLATE.
Nombre artístico de Antonio Núñez Montoya. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1931.
Cantaor. Desde muy niño vivió en Sevilla, dedicándose a cantar en reuniones y fiestas a
partir de los nueve años, en los locales de la Alameda de Hércules y en las ventas de
las afueras, alternando con Juanito Mojama, El Gloria, La Moreno, Tomás Pavón, La Niña
de los Peines, Vallejo. Caracol, La Pompi, etc. Uno de sus primeros maestros fue El
Sordillo de Triana, vendedor ambulante de caramelos y una de sus primeras actuaciones en
público, después de deambular por ferias y fiestas de las provincias de Sevilla y
Huelva, tuvo lugar en Melilla, en el Teatro Zorrilla, junto a El Niño de Azuaga. Después
formó parte del elenco del sevillano Casino de la Exposición, con un sueldo fijo de
sesenta pesetas diarias. Su trayectoria profesional ha estado marcada por su
participación en los festivales andaluces, desde que estos tomaran esplendor en los
últimos años cincuenta, con esporádicas actuaciones en tablaos y elencos flamencos.
Igualmente ha ofrecido numerosos recitales en peñas flamencas y centros culturales.
Tiene una apreciable y valiosa discografía y, entre otros, los siguientes galardones:
premio Pastora Pavón, por tangos y tientos, en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de
Córdoba; placa de plata del VI Festival de Cante Jondo de Mairena del Alcor; Premio
Nacional de Cante de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces,
otorgado en 1969; y el premio Il Giraldillo del cante de la IV Bienal Ciudad de Sevilla,
celebrada en 1986. Entre sus actuaciones más destacadas en los últimos años, figuran su
participación en el homenaje a Federico García Lorca, en el Teatro Español de Madrid,
en 1985, y su contribución al éxito del espectáculo Flamenco puro, en Nueva York, en
1986, junto a Fernanda de Utrera, El Farruco. Juan y Pepe Habichuela, Manuela Carrasco y
Adela La Chaqueta, entre otros intérpretes.
Manuel Ríos Ruiz, ha glosado así la personalidad cantaora de El Chocolate, con motivo de
su triunfo en el certamen El Giraldillo del Cante:<< Es una voz torrera,
manueltorrera: pero con un deje personalísimo que la distingue en el ámbito cada vez
más enriquecido del panorama del cante flamenco.
La he escuchado muchas veces y en distintas latitudes, en variados ambientes, en teatros y
recintos al aire libre, en tablaos y en reunión, siempre inquietante, y expresiva,
reveladora de una casta y de un sentimiento transido, prieto y acongojado, furibundo
también, muy difícil de sacar del cuerpo, pero que cuando se configura y relata siempre
lastima, incluso en las noches de menor inspiración. Me estoy refiriendo a la voz gitana
de FI Chocolate de Jerez. Esa que dicen que ha sonado días pasados en Sevilla en toda su
dimensión artística, haciendo posible la crujía de los huesos. Y ha sido aclamada y
premiada, ¿enaltecida? Puede que sí. Pero el dueño de esa voz, de esa laína voz
estremecida, tan llena de picos como cuajada de jondura, ese hombre trajinado por tantos
trances vitales en su trayectoria flamenca, seguramente estaría anímicamente por encima
de toda aclamación, más adentro de si mismo que nunca, más arrecogido en su fuero
interno que jamás lo estuvo. ¿Por qué? Es una intuición, pues el verdadero artista, el
legítimo creador, aunque aparentemente reciba el éxito con efusión, el aplauso con la
sonrisa, el estímulo con alegría, sigue pensando para sí que su capacidad aún no ha
dado su mayor medida, que todavía le queda dentro picón por encender con el rescoldo de
su sangre.
Y El Chocolate es un artista inconforme, un ser sacudido por su propia naturaleza. Es de
esas personas que se saben un enigma, que se sienten pozo sin fondo, incoda raiz.
Cincuenta y cuatro años tiene El Chocolate. Y se podría decir que todos ellos han sido
añoscante. No ha conocido otra razón y desazón en su vida. Desde niño transitando
entelerido por las ventas y tabancos de Sevilla, por los bares de Huelva, por los festejos
de Morón, Utrera, Lebrija, por los alcores y algarves bajoandaluces, clamando los
fandangos de El Bizco Amate, de Pepe Aznalcóllar, del Gloria o de Rengel. alentado por el
vino peleón y el puñao de aceitunas zapateras, amojamao v menúo, apretando las
túrdigas para hacerse cantaor. Una vez estuvo siete meses dando tumbos por los pueblos,
sin quitarse la ropa del cuerpo ni para dormir. Lo que se dice una turné sufría. Su voz,
pues, junto a los dones de la raza, se ha forjado en la desesperación y el llanto, por
eso tiene intrínseca en su duende un trompicón de algo más que sufrimiento, un
culebrón de martirio. Y se hizo figura, aprendió todos los cantes en las madrugadas de
la Alameda de Hércules. en el Pasaje de la Europa, en la Venta de Antequera y en los
bujíos de Triana. cantándole a los señoritos y a las guñís. La noche que atrincó
cinco duros por vez primera es para él inolvidable. Ahora le han pagado un millón de
premio, pero ¿se le ha pagado su cante? Su cante no tiene precio, su cante es algo más
que cante, es la vida de un hombre hecha mixto, saliéndose a borbotones por la boca cada
vez que se queja y cierra los ojos. En la voz laina de El Chocolate el cante adquiere un
acerado cuchillo, una penetrante rasgadura o desgarradura, entre lo sonoramente brillante
y lo dolorosamente oscuro, que lo señala distinto. Y como todo buen cantaor, o mejor
dicho, como todo flamenco legitimo y cabal, El Chocolate, sin olvidar las matrices y las
lindes de cada estilo, sabe entregarse a la inspiración, dejarse llevar en la búsqueda
de nuevas emociones, verdaderamente enamorado de su arte, en un encomiable deseo de
superación siempre y de autenticidad gitana».
De los numerosos comentarios que ha suscitado su arte, recogemos también los siguientes:
Miguel Acal: «El cante de Chocolate puede no ser exacto, medido hasta la millonésima
parte, pero su cante es la entrega de un hombre a un arte. Chocolate no canta con la
garganta, canta con el corazón, con los ojos, con las manos... Todo en él canta, no
sólo su voz cuando canta, valga el retruécano. Gitano hasta el tuétano, mezcla en su
alma la gracia de haber nacido en Jerez y el duende de haberse criado en la Alameda dc
Hércules, de Sevilla, en la época de oro del cante... Chocolate viene de lejos y va a lo
lejos. Pasa angustiosamente, tocándonos con el duende de una pena o el ángel de una
tremenda alegría . . . Azúcar cande derrama Chocolate. El duende inefable del cante, se
apodera de su alma, haciendo vibrar. Quizá ésta sea la definición más perfecta de
Antonio Núñez. Genio: éste es Chocolate» Antonio Reyes: «su cante es expresión viva
de su deber contenido. Sus siguiriyas son grito antropológico, el eco milenario de un
pueblo atormentado. En este cantaor se cumple ese dicho de que no hay cante grande ni
chico y que el lo canta todo bien a su manera gitana. Sus fandangos poseen esa jondura,
esa angustiosa expresión de quien vive el cante. Si a veces se desequilibra, es porque su
temperamento artístico su valentía para sacar el máximo a sus tercios, lo lanzan a
darlo todo Estos desequilibrios, estas pequeñas maneras de salirse de método ortodoxo
del cante, es permisible en cantaores de la talla del Chocolate; porque si vamos a
cuentas, no pueden considerarse como faltas, pues como lo hacen con inteligencia, con
facultades de elección, agrandan el cante.
Además de todo esto, este gitano no cae en el error de llevar al máximo su estado
anímico de manera falsa,». luan de la Plata: «El Chocolate es un profesional
responsable, consciente de su valer y de las obligaciones que tiene contraídas con el
público. En toda España son legión los seguidores de El Chocolate como cantaor de
flamenco, porque el fino artista gitano conoce y domina todos los cantes. E. López: <
Chocolate es uno de esos fuera de serie de lo jondo. Por sus venas correrá sangre roja,
suponemos, pero a golpe de martinete. Bastará su tiritití preludial para poner al rojo
vivo cualquier ambiente. Tiene el secreto de los sonidos negros que decía García Lorca
en su voz. en la mas recóndita de sus entrañas». Ricardo Molina: «Es un cantaor largo,
pero tiene sus especialidades. Todo buen aficionado las tuvo y ellas lo distinguieron
perfilando su personalidad artística. Las especialidades de Chocolate son los cantes
gitanos: soleá, siguiriva, martinetes, bulerías y tangos, aunque domine otros muchos...
Chocolate me explicó sus afanes creadores y me apuntó varios cantes por soleá acuñados
por él con plena conciencia de su dificil empresa. No tuve más remedio que aplaudir su
propósito. Sus cantes no son fortuitos engendros, sino verdaderas obras personales. Con
extraordinaria habilidad ha sabido coordinar la novedad con la tradición sin salir del
camino recto que es tradicional. En la personalidad inquieta, a la vez respetuosa y
rebelde con la tradición, de Chocolate, encarna uno de los problemas vitales y
fundamentales del cante: el de su evolución dentro de un cauce tradicional».
El Niño de la Albarizuela
Datos extraidos del Diccionario Flamenco
de Jose Blas Vega y Manuel Rios Ruiz
Cinterco - 1985.
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