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Diego
el
del Gastor
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DIEGO
el del GASTOR, Nombre artístico de Diego Flores Amaya. Arriate
(Málaga), 1908-Morón de la Frontera (Sevilla), 1973.
Guitarrista. Vivió desde niño en El Gastor (Cádiz),
hasta 1923, año que se avecindó en Morón de la
Frontera, donde tuvo como maestros a su hermano Pepe y a José
Naranjo Solís. Su trayectoria artística se desarrolló
principalmente en reuniones de cabales, salvo esporádicas actuaciones
en público y en programas de televisión, lo que no fue
impedimento para que su fama llegara a ser universal, dadas las características
personalísimas de su toque, con el que acompañó
a grandes figuras del cante, pertenecientes a distintas generaciones.
Su arte ha suscitado poemas de José Bergamín y Alberto
García Ulecia entre otros autores, así como glosas exaltativas
de numerosos flamencólogos, entre las que seleccionamos los
siguientes párrafos: Francisco Ayala: «El toque de Diego contiene
más alma -más duende- que el toque de cualquier otro
guitarrista flamenco hoy día. Diego no se adhiere a la corriente
moderna de la velocidad y el lucimiento personal, admitidamente necesarios
para aquellos que deben competir en el ambiente comercial del flamenco.
Por el contrario, retiene tenazmente la sencillez de los tiempos pasados,
antes de que la guitarra flamenca se convirtiera en un instrumento
de virtuosismo, cuando todavía era fundamentalmente un medio
genuino y primitivo de expresar lo hondo... Otras facetas que contribuyen
a la grandeza del toque de Diego son su exquisito talento para acompañar
el cante -especialmente el cante gitano- y el hecho de que mucho del
material que toca es de su propia creación, el cual, en la
actualidad, forma el núcleo de una auténtica escuela
y estilo. Pero lo más importante de todo no es lo que toca,
sino cómo lo toca. Diego posee el corazón y el talento
de convertir, incluso la falseta más anodina, en una red que
va tejiendo, hasta capturar la más pura expresión de
un arte, que no es simplemente un aluvión de notas, sino una
expresiva combinación de música y alma».
Juan J. García López: «En el Japón su estilo
está pedagógicamente sistematizado en los conservatorios;
en Nueva York existe una escuela de guitarra que estudia sus formas
y modos artísticos. Esta escuela lleva su nombre. Por España
e Iberoamérica el mensaje lo portan sus sobrinos, fieles traductores
a la casa y al noble empeño de Diego: Un sello que no se vende».
Fernando Quiñones: «Su clase guitarrrística correspondía
a una personalidad humana, simultáneamente poderosa y delicada.
Su toque, abundante en variaciones muy originales y flamencas. Con
él pierde la guitarra una de sus mejores figuras». Julio Vélez:
«Al final de sus actuaciones en público a las que Diego tenía
tanto miedo, y tras los aplausos, no inclinaba la cabeza en señal
de agradecimiento, sólo mostraba la guitarra, y con una mirada
especial parecía recordarnos que sólo hacía lo
que la guitarra le dijese que hiciera. En estos festivales, Diego
era bien distinto a las reuniones de amigos. Lo que en éstas
eran el valor y la entrega, en aquéllas eran el miedo y el
respeto.
Diego no gustaba del aplauso y el ruido, sólo pertenecía
al silencio, y al final, el ruido pudo más que él mismo.
El silencio que alrededor de su persona quiso construir fue roto por
comerciantes y vendedores de música. Cintas con grabaciones
de Diego atravesaron las fronteras y fueron vendidas a precios desorbitantes.
Mientras Estados Unidos podía oír el toque de su guitarra,
en muchas comarcas españolas continuaba completamente ignorado.
Mientras más contratos rechazaba, más venían.
Mientras más se ocultaba, más buscado era» El mismo
año de su muerte, 1973, la Cátedra de Flamencología
y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera, le
otorgó el Premio Nacional de Flamenco, correspondiente a la
enseñanza y la maestría. Participó en la antología
discográfica Archivo del cante flamenco, y el programa televisivo
Rito y geografía del flamenco tiene por sintonía su
guitarra.
Al morir, fue suspendido el tradicional festival El Gazpacho de Morón,
y en 1974, en Morón de la Frontera se rotuló una calle
con su nombre y tuvo lugar el 13 de julio, en los Jardines de la Alameda,
la inauguración de un monumento a su memoria, consistente en
un busto obra de Juan B. Britto, con la asistencia de las autoridades
locales y la presencia de numerosos artistas, entre ellos Antonio
Mairena. Fernanda y Bernarda de Utrera, Joselero, El Andorrano y Ansonini,
gran cantidad de aficionados, miembros de tertulias y peñas
flamencas y flamencólogos.
El Niño de la Albarizuela
Datos extraidos del Diccionario Flamenco
de Jose Blas Vega y Manuel Rios Ruiz
Cinterco - 1985.
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