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MARIO
MAYA FAJARDO, 1937. Bailaor. Desde muy niño vivió en Granada,
iniciándose en su arte en las cuevas del Sacromonte, bailando para
los turistas. La pintora inglesa Josette Jones le hizo un retrato
al óleo, con el que obtuvo en un concurso un premio, cuyo importe
de 200.000 pesetas le envió desde Londres, para que estudiara su arte
en Madrid. Después de asistir dos semanas a la academia de El Estampío,
en 1955, frecuentó el madrileño Colmao Villa Rosa, hasta realizar
unas actuaciones con Manolo Caracol y seguidamente ingresar en el
cuadro del Tablao Zambra, junto a Rosa Durán, Pericón de Cádiz, Perico
el de Lunar, Rafael Romero, Juan Varea, El Culata y otros destacados
intérpretes. Su personalidad
artística a merecido los comentarios de los más destacados críticos
y flamencólogos, entre los que seleccionamos los siguientes: Enrique
Llovet: «Mario Maya es un bailaor excepcional. Su sistema coreográfico
-deliberadamente frío y nada sensual- está pulido como el cobre. Su
enervante y, si puede decirse así, pausada forma de zapatear, recuerda
el eterno compromiso andaluz entre los bailes profanos y los religiosos.
Sobrio y casi trágico de gesto, Mario Maya zapatea purificadoramente.
Su giro de muñecas, de dentro a fuera y con los dedos juntos, la quietud
de sus caderas y la armonía de sus pies y sus manos, también parecían
una defensa de la dignidad». José Luis Ortiz Nuevo: «Lo de Mario,
el delirio. La caña y los tangos, y las propinas; que fueron muchas
para demostrar una vez más que Mario Maya no es que baile como los
propios ángeles, vamos que los tiene de alumnos en su academia. Porque
Mario vuela e interpreta, transmite desde el tacón a las gotas de
sudor que despide su pelo, dice el baile con sus tiempos de drama
y de gloria, y lo dice desde la perfección y el alarde de un cuerpo
privilegiado para la danza y curtido para la afición y el amor a su
oficio, sublime». Lorenzo López Sancho: «Mario Maya es un bailairín
hondo y jondo. Esta reduplicación, esta redundancia, pretende diferenciar
la hondura sincera del jondismo típico del tablao. Lo que él baila
no es baile de colmao, de juerga flamenca; es un modo de manifestación,
una proclamación vital que viene ya de lejos y que tiene sus escalas
previas». Ángel Álvarez Caballero: «Mario Maya es hoy, sin duda alguna,
una de las personalidades más destacadas en el baile flamenco. Es
un bailarín-bailaor excepcional, con clase, que conjuga perfectamente
en su concepción del baile flamenco el rigor de la técnica con un
profundo sentimiento de lo jondo».
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