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LA
NIÑA DE LOS PEINES. Nombre artístico de Pastora Pavón Cruz, originado
en sus comienzos artísticos por cantar la copla de tangos que empieza
diciendo «Péinate tú con mis peines ... ». Sevilla, 1890-1969. Cantaora.
Hermana de Tomás y Arturo Pavón y casada con Pepe Pinto. De
nuevo en Madrid, se presenta en el Circo Price, y es contratada
para el festival celebrado en el Palacio de Carlos V de Granada,
alternando con Manuel Torre. El año 1924, también actúa en
el citado festival y en el Teatro Novedades de Madrid. Durante
1925, aparte de sus actuaciones en otros escenarios españoles, cantó
en los madrileños teatros Pavón, con Pepe Marchena,
El Cojo de Málaga y Manolo Caracol; Romea, junto a Imperio
Argentina, y Maravillas. Y en 1926, después de reaparecer en el
Teatro Pavón de Madrid, emprende una tournée con una compañía
formada por el empresario Vedrines. Los del Monumental Cinema y
Fuencarral, son los escenarios teatrales de sus actuaciones en
Madrid, en 1927, y en 1928, con don Antonio Chacón, vuelve
a viajar por toda la geografía española, encabezando una de las llamadas
óperas flamencas. Con Ramón Montoya a la guitarra, actúa en
1929 en el Circo Price madrileño, y durante este año y los
siguientes, hasta 1935, se suceden sus giras por toda España, junto
a otras destacadas figuras del momento, entre ellas Pepe Marchena.
Terminada
la guerra civil, retorna a estos espectáculos itinerantes, alternando
principalmente con Canalejas de Puerto Real y El Sevillano,
en los años 1939 y 1940. Seguidamente ingresa en el espectáculo Las
calles de Cádiz, de la cancionista Concha Piquer. Se retira
durante unos años, reapareciendo en 1949, en compañía de su marido,
con el espectáculo España y su cantaora, que se estrena en
Sevilla, con excelente acogida crítica, y continúa por Málaga y otras
ciudades durante unos meses, para volver a retirarse. En 1961, se
le tributa en Córdoba un homenaje nacional, consistente en un festival
en el que intervinieron Antonio Mairena, Juan Talega, Manuel Morao,
Eduardo de la Malena, Terremoto, Tío Parrilla, El Laberinto, Tía Juana
la del Pipa, La Chicharrona y Tomás Torre. Promovido por el programa
radiofónico La Tertulia Flamenca de Radio Sevilla, en 1968
fue inaugurado un monumento en su honor, erigido en la Alameda de
Hércules sevillana, obra del escultor José Illanes. Después
de una larga enfermedad, y padeciendo enajenación mental a causa de
una aguda afecciónde arteriosclerosis, falleció el 26 de noviembre
de 1969, veinte días más tarde que su esposo. Considerada la más completa
y destacada cantaora de toda una época, fue amiga de Manuel de
Falla y Federico García Lorca -autor de las coplas llamadas lorqueñas,
que ínterpretó por bulerías-, así como del pintor Julio Romero
de Torres, que la reflejó en uno de sus lienzos. Su figura y su
arte ha sido cantada por numerosos poetas, entre ellos Antonio
Murciano, Pablo García Baena, Juan de la Plata y Rafael Belmonte.
Su discografía, muy amplia, más de ciento setenta cantes, con las
guitarras de Niño Ricardo, Ramón Montoya, Antonio Moreno, Currito
el de La Jeroma, Luis Molina y Melchor de Marchena, da idea de
su popularidad, dejando en ella registrada una gran gama de estilos
desde las sevillanas a las saetas. Entre las opiniones que se han
emitido de su arte, seleccionamos las siguientes: Fernando el de Triana:
«Cuando empezó la decadencia del cante andaluz en la mujer, empezó
el reinado de La Niña de los Peines, porque se encontró siendo
muy buena artista, pero casi sola, pues La Antequera, Carmen La
Trianera, Paca Aguilera y alguna que otra de esas que no acaban
la guerra, pronto desaparecieron del mapa artístico y quedó Pastora
completamente sola como cantaora, sin más competidores que Antonio
Chacón y Manuel Torres; el primero firme en su trono y el segundo
con su ingenioso y enigmático clasicismo. En los tres se concentró
lo que quedaba del arte, que no era poco. Murieron los dos competidores,
y ya tenemos a Pastora sola y exclusiva representación de un
arte que siempre contó por veintenas los artistas consumados en todos
los sistemas de cante. Entre tanto, salió pegando fuerte El Cojo
de Málaga y Manuel Escacena, dos taranteros clásicos, y otros,
que Pastora con su gran arte supo postergar para seguir, como
sigue, siendo el ama, además de ser la mejor festera que se ha conocido
hasta hoy, únicamente imitada por Manuel Vallejo». Ricardo
Molina: «Pastora es la encarnación misma del cante flamenco,
como Bach lo fue de la música. Genios de la talla de esta gitana aparecen
en la historia muy de tarde en tarde. Pastora es una figura
pontificial que une a través de su personalidad el pasado ilustre
con el presente renacimiento, Pastora es, como Azorín, supervivencia
preciosa de una generación de titanes. Pastora es puente vivo
y sonoro por el que llegan a nosotros las grandes sombras de El
Nitri, de La Serneta, del Loco Mateo, de Enrique El Mellizo. Por
eso puede tener en la historia del cante futuro, significación auroral
de punto de partida para nuevas generaciones de auténticos cantaores...
Yo canto, amigos míos, como el hombre que respira, escribió Lamartine.
Pastora Pavón podría decir lo mismo de tal manera cantar es
su destino y su vocación. Como milagro fue saludado el arte de La
Niña de,los Peines cuando irrumpió como astro de luz propia a
principios de siglo, y el milagro seguimos proclamándolo cuantos tuvimos
la suerte y el privilegio de haberla sentido hace unos meses -escribe
en 1961-, en la cordial intimidad del sotanillo famoso del Bar Pinto
sevillano; de ese bar que pasará a la historia del cante al lado del
Burrero y de los más insignes cafés cantaores del siglo XIX... No
es posible calcular el tesoro de cantes de los que Pastora es maravillosa
depositaria. El estudioso siempre aprende algo valioso hablando con
ella. Ya evoca el raro y sorprendente recuerdo de un cante de siguiriyas
de Frijones de Jerez o revive con arte mágico la venerable
reliquia de una toná olvidada o trae a nuestro tiempo el prestigio
de la malagueña de La Trini, o salva del olvido una dramática
siguiriya de Tomás El Nitri, o nos transporta a primitivos
aires de tarantas y cartageneras de remoto abolengo. Esta mujer extraordinaria
es como un mar sin fondo y sin orillas. Ella sola es toda la historia
flamenca. Ella abarca todo el misterioso legado de nuestros cantes.
Ignoramos lo que habían sido en su tiempo La Andonda, La Serrana,
María Borrico, Merced La Serneta y tantas otras cantaoras famosas,
pero parece imposible que ninguna superase a Pastora Pavón
en vastedad de repertorio, frescura de voz, rajo gitano y vitalidad
contagiosa». Juan de la Plata: «Como artista genial, Pastora Pavón
lo cantó todo -soleares, siguiriyas, tientos, fandangos, malagueñas,
etc.-, pero donde dejó su impronta de gran creadora fue en las peteneras,
los tangos, los bamberas y las bulerías lorqueñas». Manuel Ríos Ruiz:
«Hay algo muy importante, importantísimo, en la personalidad artística
de La Niña de los Peines, en lo que hasta ahora no se ha reparado.
Algo que afecta tanto a su cante como al cante de Sevilla. Se trata
de una evolución en las formas más tradicionales trianeras, debidas
a las influencias de los aires jerezanos y gaditanos que se destacaron
en su voz. La Niña de los Peines, sin olvidar nunca los giros
cantaores más añejos de Triana y el magisterio de su hermano Tomás
Pavón, descubre la brillantez y el ritmo de los cantes de Jerez
y los puertos, sobre todo por la magia buleaera de El Gloria,
y tiene la capacidad de engarzar toda una riqueza de matices flamencos,
perfilando su propio estilo. En ello radica la clave de su originalidad
artística, junto a los dones de su voz y de sus facultades. Estilizó
así y aligeró los sones de su tierra, cantando con un compás que hasta
ella no se había dado en los intérpretes sevillanos. Por otra parte,
su enciclopedismo es realmente asombroso, y hay que destacar el gran
mérito que supone popularizar la petenera, las bamberas o la zambra
por soleá». El
Niño de la Albarizuela
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