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Pericón
de Cádiz
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PERICÓN
DE CÁDIZ. Nombre
artístico de Juan Martínez Vílchez. Cádiz,
1901-1980. Cantaor. Empezó su vida artística cantando
en los pescantes de los coches de caballos, a los diez años
de edad, dado que en aquella época se estilaba la costumbre
de organizar fiestas flamencas recorriendo las calles en los citados
vehículos.
Su primera actuación fue en Puerto Real. Después actuó
en el Café X, de San Fernando, y en una venta gaditana,
para pasar seguidamente al Olimpia de Sevilla. Su primera gira artística,
antes de 1936, la realizó con la compañía
de Pepe Marchena, que terminó con una actuación
en la plaza de toros de Cádiz, alcanzando, según
apreciación propia, una de las mejores de su vida.
En 1936, se presentó al concurso celebrado en el Circo
Price de Madrid, obteniendo el premio de siguiriyas y soleares,
dotado con mil pesetas. Después realizó una gira
por las provincias de Cádiz y Sevilla, con el elenco formado
por los destacados en el citado concurso. La guerra civil le sorprendió
en su ciudad natal y al terminar la contienda formó parte del
espectáculo Las calles de Cádiz,
con Conchita Piquer, y junto a La Niña de los Peines, Pepe
Pinto, La Macarrona, La Malena, La Ignacia, La Albaicín, Mari
Paz, Luis El Compare, Pepe El Limpio, Pablito, Rafael Ortega, Caracolillo,
Josele, Melchor de Marchena y Niño Ricardo, entre otros artistas,
recorriendo toda España.
De regreso a Cádiz, se dedicó a cantar en reuniones
y fiestas íntimas, y en el 1 Concurso Nacional de Alegrías
obtuvo el segundo premio. En 1952 se trasladó a Madrid, frecuentando
el Colmao Villa Rosa, dedicándose también a cantar en
fiestas y reuniones, hasta que firmó un contrato para actuar
en el Tablao Zambra, durante un mes, con motivo de su inauguración,
pero que se fue extendiendo hasta un total de trece años, realizando
con su elenco viajes a diversas capitales europeas. Ganó, en
1948, el premio de siguiriyas del Concurso Nacional de Arte Jondo,
que tuvo lugar en el Monumental Cinema, y en 1976, la Cátedra
de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces te
concedió el Premio Nacional a la Maestría.
Sus primeras grabaciones discográficas datan de los años
cuarenta, destacándose, posteriormente, las que realizó
para la histórica antología de la firma Hispavox, siendo
su discografía de gran interés en su totalidad. En 1969,
organizado por el Ayuntamiento de Cádiz y la Tertulia Flamenca
de la Cadena SER, se le tributó un homenaje en el Teatro Municipal
José María Pemán, consistente en un festival
flamenco, cuya recaudación en un generoso gesto destinó
a beneficio de los niños subnormales, en el que actuaron José
Menese, El Chocolate, Fernanda y Bernarda de Utrera, María
Vargas, Curro Malena, Luis Caballero, La Perla de Cádiz, Merche
Esmeralda, El Farruco, Manolo Caracol, Pedro Peña, Manuel Morao
y Parrilla de Jerez; realizando la presentación del homenaje
el escritor Manuel Barrios; seguidamente se descubrió una lápida
en la casa donde nació, en la calle Vea Murguía, 5.
La Diputación Provincial gaditana, emisoras de radio y peñas
flamencas también homenajearon a Pericón de Cádiz
en diversas ocasiones, y al cumplirse un año de su muerte,
por acuerdo municipal, se rotuló una calle del barrio de, La
Viña con su nombre . Sus recuerdos fueron recogidos por José
Luis Ortiz Nuevo, en el libro titulado Las mil y una historia
de Pericón de Cádiz, amenísimo tanto
por la riqueza de anécdotas de su vida en torno a su arte y
al ambiente flamenco que siempre vivió con toda intensidad,
como por su lúcida y graciosa capacidad de fabulación.
Cantaor general, y muy especialmente maestro de los estilos genuinos
de su Cádiz natal. Manuel Ríos Ruiz ha escrito sobre
su personalidad humana y artística: «Y qué decir de
sus cantes, de sus alegrías, de sus cantiñas, sus bulerías,
sus soleás, sus malagueñas, sus tanguillos, sus chuflas...
Se nos quedan aquí, al menos impresionados en los discos, con
su tarareo, su gracejo, sus ayeos, sus respingos flamenquísirnos,
con sus melos, con su dulcedad, con sus músicas prehistóricas
columpiadas, periconeando para siempre la gaditanería intrínseca,
ya inmortalizada en su voz... La gracia flamenca, sí, se llama
Pericón». Y el poeta Luis Rosales ha escrito el siguiente retrato
del cantaor gaditano: «¿Conocéis, en la vida moderna, compostura
más grave que la del cantaor que, en el cuadro flamenco, está
esperando que le toque su turno? Pues bien, de atrás le viene
el pico al garbanzo. Recordamos a uno de nuestros cantaores preferidos.
Viste siempre de negro, como vestía la nobleza española
en tiempos de los Austrias. Lleva camisa de chorreras y zapato de
tacón alto. En su atuendo muestra arcaísmo, señorío
y un cierto dejo sacerdotal. Se mueve lento y parsimonioso, y al moverse
deja ver sus asomos de camisa en los puños. No hay compostura
como la suya. Su gravedad es tal que únicamente al sentarse
advertimos que es grueso. Tiene los ojos claros, impasible, semientornados,
y aunque le llamen "Arsa, Pericón", no mueve la cabeza, no
gira el cuerpo, mueve los ojos solamente. Parece un buda. Canta hierático,
quietísimo y garboso, como si no moviera un solo músculo
de la cara. Aun en su mismo silencio hay sorna. Tiene algo de ritual,
pero condescendiente, y mueve las manos de una manera tan precisa
que nos encanta y nos alegra verle sacar el pañuelo. Cuando
se sienta se sienta completamente bien, igual que el agua llena el
vaso. "Arsa, Pericón", y entonces, al levantar el brazo para
cantar, deja la mano quieta y alta como si le doliera. Tiene un brillo
perlado en la piel y el sudor no le moja la cara. De cante en cante,
pestañea. Éste es su único movimiento. Sí,
es cierto, en el mundo actual no hay compostura como la suya».
El Niño de la Albarizuela
Datos extraidos del Diccionario Flamenco
de Jose Blas Vega y Manuel Rios Ruiz
Cinterco - 1985.
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