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EL PIYAYO. Nornbre artístico de Rafael Flores Nieto, de origen familiar. Málaga, 1864-1941. Cantaor y guitarrista. En su juventud estuvo en Cuba, al parecer durante la guerra, y posiblemente en prisión, según se desprende de las letras de algunos de sus cantes. Alternó su dedicación al flamenco con la venta ambulante de diversas mercancias. Su nombre se hizo célebre a través del poema que le dedicó José Carlos de Luna, repetidamente publicado y declamado por numerosos rapsodas. Su biógrafo Eusebio Rioja, nos ofrece de él la siguiente semblanza: «Su aportación al patrimonio del flamenco fue tan acertada que nada más que por una creación se le recuerda a menudo por los aficionados. Se trata de unos tangos que se conocen con su nombre o con el de cantes de El Piyayo, por sus peculiaridades, que hacen a muchos desligarlos del género para otorgarle denominación propia. Si van a compás de tangos, la verdad es que sus tonos varían la 7, mi 7, re en lugar de mi, la, sol, fa-y el ritmo se hace algo más lento. Pero lo particular es la melodía. Se aparta de las características de tangos para, sobre su base, apuntar ecos de guajiras, rumores caribeños y lograr, en definitiva, un estilo genuino, agradable y pegadizo. Y tanto o más que la melodía, lo son sus letras. Por su temática, con frecuencia las hay de motivos jocosos y divertidos, con alusión a situaciones carcelarias, de extrema pobreza, absurdas y ridículas. También las hay con lírica jaculatoria del terruño, las que aluden a las posesiones cubanas y al mundo de la picaresca que pululaba por el puerto y que debió frecuentar Rafael. En ellas se aprecia una fina capacidad de captación de ideas y situaciones, síntesis exquisita para encerrarlas en sus estrofas y un sentido poético de calidad. Pero como techo de originalidad, figuran sus composiciones en décimas. Es la única vez en todo el género flamenco que se utiliza esta métrica nada popular, distinta por completo a las habituales y que no sabemos de dónde las sacaría El Piyayo. No obstante, aun a pesar de su feliz obra, no habría trepado a la cima de la fama, de no haber sido objeto del poema que con su nombre compuso José Carlos de Luna. Otra creación con estrella. Lo malo es que El Piyayo no salió muy bien parado de él. José Carlos de Luna se permitió una serie de licencias poéticas tan amplias, que en realidad inventó un Piyayo que muy poco tenía que ver con Rafael Flores. Así por ejemplo, sí era reseco y renegro pero no chicuelo, disfrutaba de una talla más que mediana. Parece ser que jamás vivió en el Altozano ni que tuviera bajo su custodia a ningún nietecillo. También creemos falsa la imagen de borrachín con que nos lo pinta. Y sobre todo, ni era tomado tan a chufla por la gente, ni su arte era tan extraño, ni pedía limosna por tangos. Muy mal le cayó a Rafael esto último, Dicen que lo primero que objetó es que el no pedía limosnas. Hacía pagar su arte, simplemente. No era, pues, una especie de curioso tiritítero. Era sólo un cantaor profesional, con dejos profundos de artista poco afortunado en cuanto a su trayectoria. Un personaje habitual en los círculos flamencos de Málaga, entrañable, simpático y querido. En el rastro de su personalidad, además de ser un solitario recalcitrante, surge siempre el recuerdo de sus extraordinarios sentimientos. Alfredo Arrebola, comenta así su figura y su arte: «Se ha dicho, entre algunos llamados flamencólogos, que el cante del Piyayo no llegó a tener calidad cantaora, y menos jondura. Debería analízarce detenidamente tal afirmación. Fue, al menos, un creador. Algo que tanto falta en esta época pródiga de cantaores y no tanto de artistas. Nadie podrá negar que su cante tenía la impronta personal, individual e inaudito. Él creó un cante: el cante del Piyayo. Su cante no fue, como alguien lo ha calificado, tangos del Piyayo, aunque así esté recogido en la discografía de sus seguidores, Se trata, efectivamente, de un tango de estructura irregular, que lleva, y nos recuerda a cada momento, los ecos de la carcelera y de la guajira. Esta forma de cante la empleaba El Piyayo para cantar letras de carceleras como también para los romances, aunque no perdiera nada de su esencia creadora .. Es tradición oral- porque todavía hay testigos oculares- que El Piyayo fue un buen cantaor de soleares y siguriyas. Y debemos pensar y admitir que estos cantes tendrían un eco especial en la voz del gitanísimo Piyayo... El Piyayo fue una verdadera y auténtica personalidad en el flamenco, pero da pena saber que los malagueños no han conocido bien a este celebre gitano, que pasó la vida cantando. El que los malagueños no hayan conocido bien al Piyayo es debido- sin la menor duda- a la confusión de un poema que compuso José Carlos de Luna sobre un gitano, pero de circunstancias totalmente distintas a las de El Piyayo. El gitano que retrata Carlos de Luna era el Rabúo, que por un error del poeta denominó El Piyayo. Por su parte, Juan Ballesteros Moreno, opina de El Piyayo: «Tenía una manera muy peculiar de interpretar su cante y se acompañaba él mismo con una vieja guitarra: algunas de sus coplas tenían cierta nostalgia de sus tiempos como soldado en la campaña de la guerra de Cuba... Poseía un vasto repertorio de coplillas que según afirmaba, el mismo componía... Un pintoresco gitano malagueño, viejo y simpático, que se ganaba la vida cantando por bares y colmaos como también si le solicitaban para actuar en algunas juergas flamencas». José Luque Navajas, califica el cante de El Piyayo como un tango irregular y ligero que aglutina ecos de carceleras y de guajira; lo mismo la empleaba su autor para cantar escuetas letras de carceleras que para ensartar largos romances, sin que por ello perdiera nada de su esencia». Gustavo Garcia Herrera, comenta con las siguientes palabras el cante de El Piyayo: «Las letras, producto de su calestre (a fe que era buen poeta). La música improvisada, como debía ser en un guitarrista genial y único en su género. Todo con un sello tan personal, que llegó a constituir peculiar estilo, tan suyo, que con su vida se perdió en la huesa». En 1978, el Ayuntamiento de Málaga le dedicó un festival homenaje, con la participación de El Camarón de la Isla, Chano Lobato, El Beni de Cádiz, Alfredo Arrebola, El Boquerón, Carmen Juan, Carmen Dios, Mari de la Trinidad, Juan Habichuela, Juan El Africano y Manolo Cómitre.
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