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Artistas Flamencos

 

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Pepe
de la
Matrona

PEPE el de LA MATRONA. Nombre artístico de José Núñez Meléndez, originado por la profesión de su madre. Natural de Sevilla, 1887-Madrid, 1980: Cantaor. 'I'ambién conocido en su comienzos como Niño de La Matrona. Influido por el ambiente de su barrio natal, Triana, se inició en el arte flamenco desde muy niño, cantando en fiestas y reuniones íntimas, Sus primeras actuaciones en público tuvieron lugar en una taberna de Burguillos, el año 1899, cuando tenía doce años. En 1901, unido a un grupo de torerillos, viaja a Villamartín (Cádiz), con motivo de su feria y actúa en un café cantarte, junto a Juan Feria, Cristóbal Cocoroco, El Garrido, Félix El Mulato, Antonio El Enano y Monterito. El mismo año recorrió la comarca de Almería, formando parte de un elenco flamenco encabezado por Juan Breva.

Seguidamente se relaciona con don Antonio Chacón y participa con él en diversas fiestas flamencas, en el Pasaje del Duque y otros establecimientos sevillanos. Durante seis meses, en 1906, canta en un café cantante de Córdoba, trasladándose a Madrid al año siguiente, para debutar en el nuevo Café del Gato, de donde pasa al Café de Naranjeros, y después al Café de Adornos, para iniciar una larga etapa, en la que solamente actuaba en reuniones de cabales. En 1914, decide repentinamente embarcarse para La Habana, permaneciendo en Cuba nueve meses. Viaje que repite en 1917, con extensión a Méjico, donde le sorprende la revolución. De vuelta a España, realiza una serie de actuaciones en Barcelona, a lo largo del año 1918. Otra vez en Madrid, en el Colmao los Gabrieles, mantuvo su costumbre de cantar solamente en los cuartos.

Participó en la película La hermana San Sulpicio; y en 1936, asesoró, en unión de Fernando el de Triana, al jurado del Certamen Nacional de Cante Flamenco celebrado en el Circo Price. La guerra civil la pasó entre Madrid y Barcelona, y al terminar retornó a Madrid, tras una breve estancia en Sevilla. De 1939 a 1955, sus actuaciones se centraron el el Colmao Villa Rosa y cantó para documentales cinematográficos sobre Andalucía, así como en la primera antología discográfica de Hispavox, interpretando serranas y soleares. A raíz de estas grabaciones, viajó a Francia, Bélgica y Holanda, con un elenco formado por Vicente Escudero, Rosa Durán, Rafael Romero, Juan Varea, Pericón de Cádiz, Perico del Lunar, Andrés Heredia y otros artistas. Seguidamente, en unión de Vicente Escudero y María Márquez, actuó en diez estados de los Estados Unidos y en localidades de Canadá. Su tercera gira internacional la hizo con la pareja de baile Susana y José, recorriendo varias veces casi toda Europa. En París realizó grabaciones para dos importantes firmas y actuó en la capital francesa con los componentes del Tablao Zambra, elenco con el que igualmente trabajó en Argel y Túnez, así como en las televisiones francesa y española. En 1960, participó en el Magno Festival de Carne Grande y Puro, organizado por Vicente Escudero, en el Teatro de La Comedia de Madrid, a beneficio del Hospital Provincial, en compañía de Jacinto Almadén, Jarrito, El Pili, Juan Varea, Pericón de Cádiz, Rafael Romero, Manolo Vargas, Pepe de Badajoz, Vergas Araceli y Andrés Heredia. En 1961, ofreció un recital de cante, con Jacinto Almadén y el guitarrista Antonio Arenas, con motivo de la exposición, en Madrid, del pintor Miguel Herrero. En 1962, dio un recital en la Universidad de París, concretamente en el aula magna de La Sorbona, con el guitarrista Pedro Soler; recital que se repite en 1963, con Jacinto Almadén y la bailaora La Joselito, alcanzando una amplia repercusión, por lo que se te tributó un homenaje, consistente en un almuerzo, cuya convocatoria firmaron entre otros admiradores y amigos los escritores Antonio Amado, Anselmo González Climent, conde de Colombí, Emilio González de Hervás, César Jalón «Clarito», M. Jiménez Quesada, Antonio de Olano, Jorge Ordóñez Sierra, Manuel Sánchez Camargo, los pintores Chumy Chumez, Miguel Herrero, A. Martínez de León, los musicólogos Manuel García Matos y Mauricio Ohana, numerosos artistas flamencos y las entidades Sociedad Amigos del Cante Flamenco y la Peña Flamenca Charlot.

Con motivo de los festivales, en 1964, actuó en Córdoba; y, en el mismo año ilustró, acompañado a la guitarra por Rafael Nogales, una conferencia sobre su cante, pronunciada por José Blas Vega, en el Colegio Mayor Hispanoamericano Nuestra Señora de Guadalupe de Madrid. A partir de esta fecha y después de una estancia en el Hospital del Rey, por enfermedad, prosigue con sus intervenciones en reuniones y fiestas privadas, y preparando y grabando su antología Tesoros del Flamenco antiguo, que apareció acompaña de la monografía Conversaciones entre cante y cante, original de José Blas Vega, productor de la obra, que obtuvo el Premio Nacional del Disco de la Cátedra de Flamencología en 1970. Este mismo año, actúa en el 'I'heatre de la Cite Internacionale de París, durante tres días, dentro de los llamados Reencuentros Internacionales, en compañía de La Joselito y Pedro Soler. Al año siguiente se le dedicó una sesión del programa de televisión Estudio abierto, y en 1972, preside el concurso del cante organizado en Granada, para conmemorar el célebre de 1922, y asiste, como invitado y asesor del jurado, al Festival del Cante de las Minas de La Unión (Murcia). Con motivo del décimo aniversario del Theatre 347, de París, ofrece un recital, en el citado recinto, con el tocaor Pedro Soler, en 1973; y en 1974, otro, con clamoroso éxito, en el Wigmore Hall de Londres, recibiendo a continuación un homenaje de la Peña Flamenca de Jaéin, que le impuso su insignia de oro, en un acto en el que intervinieron los flamencólogos Fernando Quiñones y José Blas Vega, homenaje que se repite en Cádiz, dentro del ciclo cultural Alcances. En ambos actos, Pepe de La Matrona, con la guitarra de El Sevillano, ejecutó una serie de viejos estilos. Al siguiente año, se le tributa un nuevo homenaje, ahora en Córdoba, donde se le dedica el III Festival Rincón del Cante, con participación de los artistas Fosforito, Menese, Luis de Córdoba, El Lebrijano, Pansequito, El Chaparro, Manuela Carrasco, Ricardo El Veneno, Manolo Sanlucar, Paco Cepero y Pepe Sacristán.

1975, es también el año de su recital en la Casa de Velázquez de Madrid, y el de la publicación de sus memorias, recogidas por José Luis Ortiz Nuevo, en el libro Recuerdos de un cantaor sevillano, que agrupa junto a las múltiples anécdotas de su vida, su ideario artístico y su trayectoria cantaora. En el Teatro Monumental, el 3 de marzo de 1976, se le rinde un nuevo homenaje, consistente en un gran festival, convocado por los escritores, músicos y artistas siguientes: Francisco Almazán, Moncho Alpuente, José Blas Vega, José Manuel Caballero Bonal, El Pericón de Cádiz, Pablo Corbalán, Grupo La Cuadra, Agustín Gómez, José Antonio Gómez Marín, Félix Grande, Jose Heredia Maya, Rocío Llosent, Víctor Márquez Reviriego, Antonio Martínez Menchén, José Menese, Serranito, José Monleón, Francisco Moreno Galván, Enrique Morente, Jesús Munárriz, José Luis Ortiz Nuevo, Jtian Pedro Quiñonero, Fernando Quiñones, José Romero, Manuel Ríos Ruiz, Manolo Sanlucar, Pepe El Culata, Perico del Lunar, Rafael Romero, Juan Varea, Miguel Vargas, María Vargas, Germán Cobo, Arcadio Larrea, Carmen Linares, El Lebrijano, El Sordera, la revista Mundo Pop, y las entidades Peña Flamenca Juan Breva de Málaga, Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos de Jerez y Tertulia Flamenca de Ceuta. En este festival actuaron Menese, Morente, María Vargas, El Sordera, Carmen Linares, Serranito, Paco Cepero, Enrique de Melchor, Pepe Habichuela, Rafael Romero, Juan Varea, Miguel Vargas, Pepe El Culata, Perico el del Lunar, Mario Maya, Concha Vargas, Gómez de Jerez y El Piki. Los últimos cuatro años de su vida siguió manteniendo la practica de su arte entre cabales y amigos, hasta que una afección bronquial aguda le produjo la muerte, el día 8 de agosto de 1980, a los noventa y tres años largos de edad, en la Ciudad Sanitaria de Madrid.

En 1981, la revista Candil, de la Peña Flamenca de Jaén, le dedicó un número monográfico, en el que colaboraron numerosos estudiosos del arte flamenco. El cante de Pepe el de La Matrona, su personalidad humana y artística ha sido comentada por gran cantidad de críticos y flamencólogos: Fernando Quiñones: « Cantaor, Pepe de La Matrona, de reuniones y no de teatros, salvo muy contadas ocasiones, su personalidad artística y humana lo configuran para muy largo como un andaluz y persona de primerísima, del que serán muy pocos, entre los que lo conocieron y lo escucharon, los que van a olvidarlo». Antonio Escribano: «¿Saben que Pepe de La Matrona grabó toda esta diversidad de estilos?: alegrías,, caracoles, romeras, rosas, cantiñas, bulerías, tangos de Triana, tangos de Cádiz, soleá petenera, soleares primitivas, soleares de Triana, soleares de Alcalá, soleares de Utrera, soleares de Cádiz, soleares de Paquirri, caña y macho, caña de José El Granaíno, polo y soleá apolá, polo de Tobalo con macho Primitivo, petenera, siguiriya primitiva de 'I'riana, siguiríya de Frasco El Colorao, siguiriya de Cagancho, siguiriya de Manuel Molína, siguiriya de Silverio, siguiriya de Curro Dulce, siguiriya del Loco Mateo, siguiriya de Tomás El Nitri, síguíriya de los Puertos, malagueña del Canario, malagueña de Gayarrito, malagueña del Perote, malagueña de Chacón, murciana, taranta, taranto de Pedro El Morato, liviana primitiva, serrana con el macho y siguiriya, de María Borrico, rumbas, milonga de Pepa de Oro, canciones cubanas, fandangos camperos, toná del Cristo, toná, chica y toná grande y debla... No fue continuador de ninguna escuela. Tampoco siguió tradición familiar ni local; y sin ser un Pavón, un Caracol o un Talegas, fue de los hombres de su generación cantaores y hasta el día de su fallecimiento, el que más erudición flamenca poseyó».

Claude Couffón: «último superviviente de la edad de oro del flamenco, Pepe de La Matrona, interpreta, sentado, a sus setenta y cinco años, la soleá y la siguiriya con una solemnidad casi religiosa. Artista espontáneo, se deja envolver por lo que él canta, e insensiblemente sumerge a su público, que siente sobre él una alucinación extraña». Mauricio Ohana: «La presencia de José Núñez como figura central del acto celebrado recientemente en el aula magna de La Sorbona, es un acontecimiento del que todos los defensores y amantes del cante popular andaluz guardaremos un recuerdo inolvidable. Sabido es cuanto peligra desde muchos años la continuación de este tesoro de arte vivo que se mantiene como una fuente amenazada por desastrosas influencias, y que ha llegado a veces a punto de extinguirse. Figuras como la de nuestro admirado Pepe el de La Matrona han servido en defensa e ilustración de este tesoro artístico, durante una vida entera. Gracias a ellos, y son poquísimos los grandes maestros del flamenco, el cante popular andaluz es hoy uno de los terrenos en que músicos y aficionados del munlo entero se encuentran en una comunión rara vez lograda por el arte. Este fue el sentido esencial y capital que cundía por La Sorbona al sonar las clamorosas ovaciones que saludaban al gran cantaor. Con él, aquella noche, el cante flamenco ha conquistado definitivamente su rango entre las fuentes más nobles y verdaderas de la cultura humana. Y es justo que así sea. Y para nosotros que, junto al amor al cante y al estudio de la música clásica, podemos contemplar los dos perfiles, el genial y el sabio, de este arte, no cabe la menor duda: si La Sorbona representa un templo de toda sabiduría, fue sin embargo la ilustre Universidad que recibió una nueva consagración al saludar con un triunfo al genio vivo, en perpetuo estado de recreación, quiero decir a Pepe el de La Matrona».

José Blas Vega: «Matrona es el único cantaor que se pasea por el puente de los ciento sesenta años de cante conocido, con auténtica vivencia, por lo que es hoy por hoy la fuente de estudios de nuestro pasado musical flamenco, desde sus técnicas, rituales, giros, formas y expresiones que reflejan el carácter y el sentir de los pioneros y forjadores del cante. Si queréis, un mundo difícil de penetrar y comulgar, ya que la misma evolución y estética en el tiempo lleva obligadas transformaciones -ajenas, a la sensibilidad del agente receptor, valedera siempre en cualquier momento y época- a un mundo flamenco, que no es el momento de analizar, con matices distintos, o por llamarlo de alguna manera, con una serie de condiciones y cualidades que rompen algunas de las características del cante actual, en parte momificado, rutinario, e impersonal, y que también captara el crítico Agustín Gómez al ver en el cante de Pepe esa diferencia entre cante aprendido y cante vivido... En el cante de Pepe observamos y palpamos la esencia y la pureza de sus expresiones que por sus circunstancias personales ha sabido mantener con las condiciones necesarias, siempre fiel y recto en la religiosidad a su arte, escaso ejemplo junto a un Chacón, un Aurelio Sellé o un Tomás Pavón de un mundo que pese a quien pese es de y para una minoría». Félix Grande: «Debajo de la tierra están ahora los huesos de Matrona. Durante noventa y tres años, esos huesos caminaron sobre la tierra, escucharon las canas de los cantes y cantaron con canas, porque el viejo aprendió con los huesos, y con ellos y las canas cantaba. Y hoy todas esas canas (oh, la cabeza blanca de Matrona, su cabellera de enhebrado siglo) se nos enredan en el cuello porque no las veremos más, porque no las oiremos, más. Y misteriosamente es sólo ahora cuando de pronto vemos las canas de Matrona de un modo tan urgente como un susto y tan grande como una lágrima. Precisamente ahora, que se nos ha marchado con los suyos, nos saltan sus canas y sus huesos, la vejez y la fuerza de su cante, la edad y la energía de su memoria y de su dignidad (ha muerto conversando con la pobreza y viviendo de su trabajo hasta tres décadas más tarde de la edad de la jubilación), precisamente ahora y sólo ahora vemos de modo mágico y brutal que las canas y los huesos del cante no son de nadie y son de todos, y que en ellos el pasado y el hoy y la vida y la muerte están juntos y prietos como un grito. El grito del desconsuelo que nos consuela al escuchar el cante. Y ese grito que no acaba de salir de nosotros ante el hueco de don José, el grito de esta deuda que ya está abierta para siempre que, no nos deja decirle adiós. Pepe el de La Matrona fue nuestro privilegio y ahora tenemos que pagarlo, así, con esta pena incomparable, esta alegría rabiosa de no saber cómo decir adiós a lo que ya no muere nunca mientras se nos va para siempre».

Ricardo Molina: «Por la vastedad de sus conocimientos, por su personalísimo arte de cantar en todos los estilos con pureza tradicional, por su dedicación plena al arte flamenco, a Pepe el de La Matrona lo estiman todos los buenos aficionados como una de las raras fuentes donde se puede uno ilustrar sobre los cantes auténticos sin mixtificaciones ni impurezas». Agustín Gómez: «El gran mérito de Pepe el de La Matrona es que toda su persona, su vida, su cante, es un documento vivo que atestigua la diversidad del cante... Tiene Pepe una firma, un sello, un carácter, demasiado fuerte para cantar Por éste o aquél, esto o aquello sin cine sobre todo no pueda definitivamente su personalidad, su vida, su propia materia. Vuelvo de nuevo a repetir que no aprendió, sino que vivió». José Luis Ortiz Nuevo: «Y era, en verdad, de puro escalofrío contemplar la batalla que el viejo sostuvo contra todos sus años... Y era en verdad terrible y harinosa la pelea, y era la arrogancia de todo su coraje desplegado, y era la sabiduría, y era la experiencia cabalgando por los tercios, alzando la voz hasta arriba cuando se hacía precisa y conveniente su presencia, y era también la maestría recogiendo los gritos, apagándolos en función del bien decir el cante, completo y minucioso hasta el último tono necesario, incluso ya sin voz, incluso ya perdido el eco, pero presente en el gesto y en la voluntad de llegar al fondo, en la sobrecogedora expresión de una boca que deja rastros de pureza, y una cara y rictus de profundidad insondables, y unas manos que señalaban los compases y el camino». Manuel Gallego Morell: «Y camino del siglo, alegre, juvenil y seguro, marcha este maestro del cante flamenco, que anoche volvimos a oír. Al filo de la madrugada le dejamos caminando, solo, lleno de pureza, de años y de historia, con su cruz al hombro, que es su cante, dispuesto a levantarla en cualquier otro lugar, abriéndose de nuevo en su cuerpo las cinco llagas del cante jondo». Manuel Ríos Ruiz: «Pepe de La Matrona, es además del decano del cante jondo, su maestro indiscutible». Juan de la Plata: «Un cantaor con mucho oficio, con una larga experiencia, que ha rodado mucho por el mundo, siempre cantando, como un ruiseñor. Fiel a su arte, a su tierra sevillana, a su noble ejecutoria flamenca. El hombre que lleva en su corazón como un fichero de vivencias, todos los cantes y todas las coplas que han sido y que son».


El Niño de la Albarizuela
Datos extraidos del Diccionario Flamenco
de Jose Blas Vega y Manuel Rios Ruiz
Cinterco - 1985.

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