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Artistas Flamencos

 

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Aurelio de Cadiz

JUAN TALEGA

JUAN TALEGA, Nombre artístico de Juan Agustín Fernández Vargas, Dos Hermanas (Sevilla), 1891-1971. Cantaor. Hijo de Agustín Talega y sobrino de Joaquín el de La Paula. Tratante de ganado de profesión, solamente cantaba en reuniones y fiestas íntimas, hasta que animado por Antonio Mairena y presentado por él, inició sus actuaciones en público en la segunda mitad de la década de los cincuenta, obteniendo en 1959, el primer premio del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, por tonás, siguiriyas y soleares. 

A partir de entonces participó en diversos festivales flamencos andaluces, como primera figura junto a Antonio Mairena, destacando sus intervenciones en los de Sevilla, Jerez de la Frontera y Córdoba, entre otros. Realizó grabaciones discográficas y en 1970, se le tributó un homenaje en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, en convocatoria firmada por los siguientes poetas, escritores, periodistas y artistas de distintos géneros: Vicente Aleixandre, Luis Rosales, José Luis Cano, Rafael Alberti, Igor Markevitch, José Manuel Caballero Bonald, José Caballero, Carlos Castilla del Pino, Fernando Rey, Francisco Rabal, Adolfo Marsillach, Antonio Mairena, José Luis Alonso, José Monleón, José María Moreno Galván, Antonio Saura, Fernando Quiñones, Francisco Almazán, Francisco Montes, Antonio Valdivieso, Manuel Rivera, José Luis Barros, Ángel González, Blas de Otero y Ángel Acal. 

El homenaje consistió en un festival en el que actuaron los artistas flamencos Enrique Morente, Rafael Romero, Juan Varea, Merche Esmeralda, Antonio Mairena, José Menese, Curro Mairena, Manuel Mairena, El Camarón de la Isla, El Lebrijano, Manuel Cano, Fernanda de Utrera, Tomás Torre, Alejandro Vega, Pilar López, Perico del Lunar, Juan Cantero, Paco de Antequera, Manolo Sanlúcar, Miguel Funi y Paco Valdepeñas. 

Considerado un auténtico maestro de los cantes trianeros y alcalareños, su personalidad artística ha sido glosada ampliamente por poetas, escritores y flamencólogos. Manuel Ríos Ruiz: "Era un león gitano, un goliá del cante levantando el pecho hasta la papá. Y el cante le encendía la cabeza, la blanca cabellera, los años y los saberes bajo andaluces. Y Mairena lo escuchaba embobao. Juan Talega era toda una representación de un mundo, de una música, de una gente y su poesía dolorida. Hay que recordarle, hay que evocarle, hay que rendirle pleitesía... Aquella voz caliente como olivos quemándose merece un paraninfo y mil poemas, un salterio de cantes, porque él, aquel tratante de Dos Hermanas, repartió su sabiduría popular cuando hizo falta que lo hiciera, se sentó ante el público a cantar para dejar razón de unos estilos básicos, para que no se perdieran los sones de una sangre, los sentimientos ancestrales de una ralea única... Quienes le conocimos entovía le vemos con la mano mandando los tercios y la jondura subiéndole a la cara, como jierve un mineral". 

José Manuel Caballero Bonald: "Juan Talega ha supuesto el más remoto punto de referencia para conocer un repertorio cultural gitano -un modo de vivir el cante-, cuyas raíces humanas y artísticas se nutrieron en los más dramáticos hondones del pueblo bajo andaluz. Su íntegro e indeclinable magisterio es el último. testimonio de esa preclara dinastía gitano-andaluza que floreció en la casa de los Talega, de Alcalá, desde hace más de un siglo, y donde se forjaron no pocos de los más ilustres intérpretes de la historia del flamenco. Juan Talega recogió toda esa recóndita e inmemorial herencia, la enriqueció con su propia sabiduría popular y luego la repartió con humilde magnificencia entre quienes acudieron a él en busca de perdidos eslabones del flamenco". 

Francisco Moreno Galván: "Allí, a Dos Hermanas, en las calientes noches del sur, Juan Talega solía sentarse en la puerta de su casa, en una silla baja, con una vara de acebuche en la mano, con la que apuntaba, indefectiblemente, un ritmo de solear. Allí llegaban muchas veces, para sentarse junto a él, los grandes del cante. Iban para recoger algún retazo de su magisterio, para que les iniciase en su gran secreto... Igual que los antiguos iban a las grandes cuevas sibilinas para impregnarse de los viejos secretos. La voz de Juan era la voz de los padres antiguos, Juan Talega, generosamente, iba dándole a cada uno lo que podía".

Domingo Manfredi Cano: "Hay quien dice que Juan Talega es un cantaor frío, un cantaor sabio, un cantaor a quien los duendes rehúyen, porque está siempre vigilante de sí mismo; un cantaor precavido, que no da un paso en el cante sin estar seguro del terreno que pisa; un cantaor que se sabe todas las veredas de los cantes; un cantaor capaz de orientarse sin estrellas y sin brújula en la noche oscura de los cantes primitivos, pero también un cantaor incapaz de lanzarse al río sin saber nadar, de arrancarse del alma ni una brizna más de las justas en cada tercio de la soleá. Es decir, que se le acusa de saber demasiado, pero yo le defiendo y digo que su aparente frialdad es la consecuencia de su largo vivir, de su experiencia, de su saber que sólo hay un modo de hacer las cosas y que haciéndolas de ese modo, nunca podrá uno ser reprochado". 

Anselmo González Climent: "Como cantaor, Juan Talega es denso, intenso, formal, pero a la vez impresiona como esencialmente prudente, corto, sistemático. Es decididamente un avisado. Lo que gana en equilibrio y fragilidad (¡fragilidad que nunca llegó a la exquisitez!), lo pierde en pellizcos y valentía. Es más jondo por pasivo añejamiento que por tensión personal. Le falta a su genio un definitivo toque de maestría y la rotundez vital... Muchas vallas temperamentales no ha podido sobrepasar Juan Talega para alcanzar el vértigo de tope que distingue a los cantaores de época. Carece de esa decisión -¿fecundación? interna que lleva al libre vuelo de la expresión. Su caso no es tan curioso como ejemplar: un cantaor que reúne casi definitivamente las condiciones más difíciles del flamenco, que entra en sabrosísima madurez, pero que -y aquí no importan los años- no recibe los aguijonazos del duende. Es incapaz de saltar al vacío. Talega no sabe perderse porque sencillamente no quiere perderse a sí mismo".
                                                     

El Niño de la Albarizuela
Datos extraídos del Diccionario Flamenco
de José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz
Cinterco - 1985.

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