Inicio

Triste y Azul

Crónicas

 

  ..

 

1907-2007. Honores a Melchor Jiménez Torres “Melchor de Marchena” en su centenario.

Norberto Torres Cortés

(publicado en El Olivo nº 153, enero-febrero 2008).

 

Centenario de un trío de ases andaluces

2004 fue el centenario de Manuel Serrapí Sánchez “Niño Ricardo”, 2007 lo ha sido de Melchor Jiménez Torres “Melchor de Marchena” y 2008 lo será de Diego del Gastor. Tres nombres emblemáticos que culminan en el siglo XX toda la evolución de una larga tradición de guitarra popular andaluza, conocida reciente y artísticamente como toque flamenco. Si los actos para celebrar esta efeméride han sido escasos con Ricardo, aunque entrañables y a iniciativa de la peña “Niño Ricardo” y de la Federación de Peñas de Sevilla principalmente, con Melchor han vuelto a tener el mismo carácter local. Solo nos consta las III Jornadas de Estudios Flamencos de Mairena del Alcor que le han dedicado su contenido, una iniciativa en Arcos de la Frontera, y un homenaje en Marchena, a iniciativa una vez más del presidente de la Federación sevillana, ahora también presidente de la confederación, José María Segovia. Es curioso observar en este sentido cómo desde esta confederación se le dedica un circuito titulado “8 provincias” con 120 recitales de cante sobre todo, y algo de baile. ¿Y la guitarra se preguntarán nuestros lectores, si el circuito va dedicado a Melchor? Y yo me pregunto si no tiene el bueno de Melchor los méritos suficientes para que la afición de este país que tanto ha disfrutado y disfruta de su toque, tenga algún tipo de recuerdo hacia su arte y su persona, hacia sus aportaciones al género. ¿Dónde está Melchor en las revistas del género, en las páginas web, en los actos culturales del género en este año 2007? Ya sé que, aunque hipotecados hasta las cejas, somos un país de nuevos ricos, y que cualquier mirada al pasado, a la memoria histórica, es demasiado desagradable y estorba para vivir plenamente este sueño de riqueza, que sueño es. Parece que solo interesa un presente de vértigo falsamente aúreo, encerrado en su propio muro de ladrillos vistos.

Marchena, 17 de noviembre del 2007

El pasado 17 de noviembre nos fuimos precisamente a Marchena para asistir a la clausura que este pueblo de la campiña sevillana dedicaba a uno de sus paisanos más ilustres. Acabando de realizar un trabajo sobre Melchor para la revista francesa Flamenco Magazine, y en cartera a finales de enero 2008 una conferencia sobre “Melchor de Marchena y el toque de acompañamiento” en el Festival de Nîmes, nos interesaba sobremanera asistir a este acto. La jornada prometía ya que anunciaba a Antonio Reyes acompañado por Antonio Higuero, y como colofón, Enrique de Melchor en concierto. La víspera y en el mismo lugar, la Sala municipal de Cultura, José Menese con Antonio Carrión y Milagros Mengíbar, habían prologado los “honores” del centenario. Me fui muy ilusionado hacia Sevilla, persuadido que iba a vivir un momento histórico. En el hotel Ponce donde me hospedé, un cartel del acto confirmaba que todo el pueblo de Marchena sabía del homenaje. Llegué a la casa de cultura una hora antes y una vez acreditado, no tuve ningún problema por parte de los organizadores para colocarme donde quería y realizar una breve entrevista a Enrique de Melchor sobre la efeméride y los actos celebrados en 2007, destacando particularmente el de Arcos de la Frontera. En los camerines me encontré también a José Galán y a Manolo Franco. Sin que se supo el porqué, Antonio Reyes y A. Higuero habían caído del cartel.

Un homenaje desangelado

Desgraciadamente el público no respondió y una cien personas disfrutamos de una velada artísticamente correcta, pero fría en su desarrollo. Primero el lugar, una enorme sala que debe ser una nave industrial reconvertida en salón, preparada para unas mil personas. La frialdad de las sillas vacías acompañaba la de una noche de invierno en temperatura. El concejal de cultura presentó el acto y ya dió las quejas a sus conciudadanos por esta escasa respuesta a la vez que, como desgraciadamente sufrimos todos los que organizamos actos culturales, incidió en esta verdad como el templo: la verdadera cultura en este país es la del fútbol. El Real Madrid que jugaba esta noche por la tele pudo más que toda una vida dedicada al toque andaluz de guitarra, con el nombre de Marchena. A pesar de ello, José Galán y Manolo Franco demostraron una profesionalidad a prueba de bombas futbolísticas y convirtieron rapidamente el lugar impersonal en una entrañable peña andaluza. Enrique de Melchor también expresó su decepción, argumentando que esperaba más gente esta noche, sobre todo a las autoridades locales y provinciales que brillaron por su ausencia. Pero él y su grupo demostraron que tienen otro sentido de la responsabilidad y de la profesionalidad que los políticos, y nos ofrecieron un recital cómplice, disfrutando del trabajo musical colectivo.

Marchena y el toque de Melchor

Al día siguiente paseé por Marchena, recorriendo y fotografiando los lugares que tanto gustaban a Melchor, con este orgullo de pueblo que manifiesta en la colección “Rito y Geografía del Cante”, imaginando el sonido de su bajañí en el delicioso silencio de piedras centenarias que rodean el “Rincón de Melchor”, cerca del museo Lorenzo Coullaut Valera, puerta de entrada a la Marchena islámica milenaria. La huella de lo musulmán es evidente por todos los rincones de la medina del barrio de San Juan, donde se mezcla en el pueblo con lo cristiano en la rotunda presencia de numerosas iglesias y conventos, como el de los padres mercedarios descalzos. Cerca del barrio gitano que parece un inmenso patio de vecinos, pude oir las campanas en esta mañana soleada y silenciosa, y recordar aquellos bordones que tanto inspiraron los quejidos morunos de Caracol, o el eco afillado de Antonio Mairena. Melchor de Marchena, aquella persona afable y aparentemente sencilla, como la gran mayoría de los tocaores, sigue siendo un gran desconocido. Su centenario, una vez más, ha sido una ocasión frustrada para conocer mejor su personalidad y su aportación al toque, a pesar de las honorables muestras locales de recuerdos. Una guitarra que supo unir todo el color, el olor y el sonido de un lugar de la campiña sevillana con seis cuerdas simples y un mueble de ciprés, todo el pasado multicultural esparcido por doquier en rincones sorprendentes de este pueblo llamado Marchena, y que tuvo un día a su rey Melchor para recoger en fragancias sus perfumes musicales. Melchor de Marchena, sin lugar a dudas un patrimonio musical a descubrir, preservar y dar a conocer a todos aquellos que gustan de los valores artísticos, lentamente fraguados en torno al diálogo de lo que la Historia nos ha querido presentar como antagónicos.

 


Norberto Torres Cortés

..  

 

 

Inicio

¿Quieres escribirnos? Por favor, escribe a
tristeyazul@tristeyazul.com

¿Errores? Por favor, escribe a
webmaster@tristeyazul.com