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RANCAPINO: HEREDERO DE
LOS SONIOS NEGROS
por Carlos Arbelos.
Cuando Federico García Lorca
habló de los sonidos negros en el arte flamenco, Rancapino aún no habia nacido y la
principal referencia del poeta para imaginar y describir esa forma del cante era Manuel
Torre. Hoy sin el poeta y sin el cantaor en cuestión, debemos imaginar nosotros como
hubiese calificado Lorca a Rancapino. Cuanto menos lo consideraría legítimo heredero de
aquellos sonios negros que él había descubierto en la voz rota, desgarrada, que
acarreaba consigo siglos de dolor, de Manuel Torre. Porque, sin duda, Alonso Nuñez Nuñez
(Chiclana, 1945) tiene un rajo de voz flamenca que al oirse suena a sonidos negros y sabe
a azúcar cande cuando enciende la luz de su memoria genética para traernos las
malagueñas del Mellizo, tal como se las enseñara su maestro, Aurelio de Cádiz.
Pero cuando ya mediada la madrugada, con la voz no importa como -empapada por el alcohol y
el tabaco-, se arranca por siguiriyas su cante duele jondo y rompe el pecho y la camisa.
Duele, porque arrastra sentimientos que conocieron los caminos por los que circularon
todas las caravanas de gitanos, las primeras que hace tantos siglos salieron de la India
hasta las de hoy en las que viajan los probecitos gitanos de Kosovo. Caminos que si
pudieran hablar testificarían acerca del dolor de los que tienen que abandonar una y otra
vez la tierra hostil en busca de una nueva, donde vivir el tiempo de la libertad.
¿Y qué diremos de las cantiñas de Rancapino? Si hasta parece que el vaporcito de la
bahía y la sal de los esteros, le han hecho nacer. ¿Porque quién mejor que él para
mecer un cante por alegrías?
Cantaor grande de tamaño pequeño, pero de una humanidad enorme, crecida en la humildad
de saber escuchar a los maestros de Cádiz y de Jerez, a Manolo Caracol y a su hermano
Camarón. Humanidad crecida desde su más tierna edad en las mil y unas humillaciones de
aquellos trenes que iban de Cádiz a Sevilla, donde se arrancaba a cantar para luego pasar
la mano pidiendo algo. Humildad crecida en la espera en la Venta de Vargas "¿Que
esperamos primo?"
Lo que traiga el tiempo, lo que la vida quiera traernos. Pero nadie puede saber lo que
ambos traerán, porque el tiempo es una leyenda y la vida no es buena, ni justa ni
hermosa, al decir del propio Federico. Y sigue Rancapino esperando que el tiempo no se
escape como arena entre los dedos, mientras crecen los hijos que ya han llegado a la edad
de regalarle nietos.
Será por eso, porque sabe de cante, porque es una gran persona, que los artistas cuando
están hartos de mentiras propias y ajenas recurren a la verdad: escuchan el cante de
Rancapino.
Rancapino.

Carlos Arbelos.
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