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Destaca por combinar raíces y modernidad
IÑAQUI MARQUEZ UN BAILAOR
PARA EL PRÓXIMO SIGLO
por Carlos Arbelos.
A quienes nos gusta disfrutar del baile masculino estamos de
enhorabuena, porque el baile flamenco está en un período de apogeo y el baile masculino
más aún. Estamos terminando el siglo XX con grandes nombres en el campo del baile:
Antonio; Vicente Escudero; El Farruco, Rafael El Negro; Antonio Gades; El Güito; José de
la Vega; Ciro son nombres que han hecho trascender el baile jondo más allá de un tablao,
paseándolo por todo el mundo. No se quedan atrás otros más jóvenes como Antonio
Canales; Javier Latorre; Javier Barón; Antonio El Pipa; Israel Galván y hasta el mismo
Joaquín Cortés .cuando quiere, baila muy bien por derecho.
Todos ellos han hecho que el siglo XX culmine de una gran forma y con una dignificación
que en sus primeras décadas era difícil predecir. Las academias de baile flamenco se han
multiplicado; algunos espectáculos se han llevado al cine y a la televisión con singular
éxito y la cantera está llena de jóvenes con ganas de aprender y hacer trascender lo
que sienten con el arte gitano andaluz a través del baile.
También este siglo supuso una gran evolución para el baile. Esta evolución vino dada de
la mano de Vicente Escudero. Hasta él los bailaores no sabían que hacer con sus manos.
El movimiento de brazos y manos estaba solamente en poder de las bailaoras y era raro el
hombre que levantase las manos más allá de la barbilla. Con Vicente Escudero esto se
rompe. Vicente levanta los brazos y mueve las manos, ya no están quietas cogiendo los
bordes del chalequillo y de esa forma el baile masculino gana en estética y armonía, las
composiciones casi de simetría geométrica le aportan a la danza flamenca masculina algo
que le faltaba.
Todo esto, descripto muy sucintamente, ya está incorporado a la memoria colectiva del
baile flamenco y son los jóvenes quienes lo proyectarán hacia el siglo XXI. Serán ellos
los responsables de darnos otro siglo de baile flamenco, plagado de triunfos e
innovaciones que seguirán haciendo crecer está disciplina artística que hace conmover,
casi como ninguna, a propios y extraños.
En este camino se encuentra Iñaqui Marquez. Su forma de bailar lo
coloca en la cabeza de quienes luchan por ganar un puesto en el difícil mundo del
espectáculo artístico.
Iñaqui es un extraordinario artista joven dotado con una exquisita sensibilidad,
con unas formidables facultades para el baile y con una personalidad propia que queda
reflejada en cada una de sus interpretaciones. No solamente que ya posee una técnica
depurada, sino porque esta queda al servicio de los sentimientos y esto en el baile
flamenco es tremendamente importante. Su manera de expresarse nos hace sentir las
vibraciones que el cante y el toque producen en él. Él rompe con las mistificaciones que
tanto daño han hecho al arte flamenco, avanza por un camino en el que raíces y esencias
se encuentran con el sabor contemporáneo del baile.
En su baile conjuga actitudes y replantes viejos, llenos de donosura y sabor, con esos
aires nuevos que dan la aceleración de los compases en los cantes más rítmicos. Además
tiene una gran capacidad histriónica para dramatizar en su rostro los sentimientos que
está bailando. Podemos decir que su baile es música, agilidad y ritmo.
Baile por alegrías o por tarantos, por siguiriyas o bulerías, Iñaqui
siempre nos regala un desplante nuevo, un torbellino de jondura pasional. Y sabe no perder
la masculinidad en bailes en que la mujer destaca más. Sus zapateados con la guitarra en
silencio, sobrio de actitud, con solo la punta y el taco de la bota son en sí mismo una
conmoción estética de sonidos que nos retraen a lo más profundo de los inicios del
baile y su braceo, sutil y de graciosa plástica, ejemplo de clasicismo y modernidad,
hacen el aire más limpio y puro.
Iñaqui es un bailaor que llenará el baile del próximo siglo de jondura
flamenca, más allá de tópicos fraudulentos e innovaciones anecdóticas.
Iñaqui Marquez

Carlos Arbelos - abril / 2000.
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