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Por Carlos Arbelos Querido amigo: Pienso que te debo una fotografía, un problema técnico en la cámara de retratar impidió, que las fotos que te eché a ti y tus amigos en el hotel y luego durante la actuación, vieran la luz. Nunca mejor dicho... no sabes cuanto lo siento. Aprovecho la circunstancia para expresarte mis sentimientos con relación al concierto que presencié en La Paloma a pie de escenario el pasado 26 de enero. Hasta hoy tengo metido dentro de mi cabeza, de mi corazón y en todo mi cuerpo la música que tú nos regalaste esa noche y estoy seguro que pasará tiempo hasta que otras cosas vayan escondiendo en lo más hondo mí el arte jondo que aquel día me regalaste. Como apasionado del arte flamenco sentí que estaba asistiendo al nacimiento de una forma nueva de comunicar-interpretar-transmitir el arte gitano andaluz y esto también contribuyó a que lograra ese punto de exaltación, del que a veces hablamos: nos ha penetrado el duende. Pero esta vez no sólo fue el duende, sino que fue el duende y todos los ángeles del mundo, traidos de tu mano los que poblaron mi ser. Y no creas que me dejé impulsar por el delirio colectivo que generaste en la sala desde el comienzo con el homenaje a Rafael Alberti, yo conozco tu hacer y soy consciente que todo un pueblo -Andalucía-, siguió tarareando durante días y días el "Donde estas tú?" que inventaste-interpretaste hace ya más de 10 años en un fin de año en Canal Sú. Entonces no me asombró que una sala repleta enloqueciera con tu arte. Lo tuyo es un algo nuevo que tiene olor a Tía Anica, a pescado del estero, a Tio Borrico, al barrio de Santiago, a sueños de adolescente, al sur del Bronx, a azahares de Sevilla, a comida de brothers en Nueva Orleans, a cante y baile de Terremoto, en definitiva a toda tu cultura milenaria. Y en un instante desdramatiza lo dramático del cante, sin perder su escencia. Que importa -o importa mucho!- que pases de la solea, al rap, del rap al fandango, del fandando al blues y del blues a la siguiriya, si todo esto lo haces a compás, expresando en todo y con todo, todo el sentimiento de tu vida. Además y como valor añadido te rodeaste de los mejores: Jorge Pardo, Enrique Pantoja -él solo es un mundo aparte-, Carles Benavent, Diego Morao, Tino di Giraldo, la Amaya, el Bola, Kelly ... y que se yo cuanta gente, si erais apenas una decena y parecian una multitud en el escenario. Y que bien que sonaron... por momentos el saxo de Pardo me encogía el corazon porque traía ecos de Charlie Parker...y si éll era the bird tu eras el Dizzie -el loquito- Gillespie, moviendote en el escenario... dialogando con tu público, amando la escena, riéndote con tus músicos, disfrutando de tu familia, trasmitiendonos a nosotros tus inmejorables ganas de vivir. Así entre juguetillo y juguetillo Gillespie y Parker revolucionaron el jazz con el be-bop. Lo tuyo me parece de un paralelo asombroso y mira que ellos tuvieron detractores. Siempre lo nuevo, lo diferente, lo distinto acarrea las peores críticas, pero como dijo Camarón cuando le cuestionaron La Leyenda del Tiempo, "que lo vuelvan a escuchar"... Gracias por haberme dado esa noche. Creo que ha nacido algo importante, no lo perderé de mi memoria. Barcelona, 31 de enero de 2001. Carlos Arbelos.
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