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Por Carlos Arbelos Inmaculada Aguilar es de las bailaoras más solicitadas para los festivales de verano en Andalucía. Su doble condición de licenciada en historia y artista la transforman en una bailaora singular y única. Nacida en Córdoba en 1958, además de sus estudios de historia, obtuvo el título de profesora de danza española en el Conservatorio de Arte Dramático y Danza de su ciudad natal. El baile además de llevarlo en la sangre, lo estudió con Pepe Ríos, La Tati, Paco Fernández, Merche Esmeralda, El Güito y Mario Maya. Su capacidad de comunicación en un escenario es enorme y posee una elegancia y elocuencia fuera de lo normal. Por encima de su gran hacer en sus movimientos, giros y desplantes, destaca su saber estar en cada circunstancia y en cada escenario.
C.Arbelos: ¿Qué fue antes, la bailaora o la licenciada en historia? Inmaculada Aguilar: Primero fue el baile, después el flamenco y luego la historia. Comienzo a bailar a los tres años y lo hago a través de la danza clásica, a los ocho estoy en el Conservatorio en el que una de las vertientes era el flamenco. Cuando acabo la carrera ya estoy convencida que lo mío debe ser el flamenco. Por ello le pido a mi padre que me permita ir los sábados a Sevilla a estudiar flamenco, porque de los profesores que había en Córdoba por ese entonces ninguno me llamaba la atención. Así estuve yendo y viniendo de Sevilla a Córdoba durante ocho años. En Sevilla de la mano de Pepe Ríos entre en el mundo del flamenco que para ser sincera desconocía. El mismo año que ingresé como profesora en el Conservatorio de Córdoba, tome la decisión, porque había terminado el colegio, de seguir estudiando en la universidad, por lo que me matriculé en historia y así bailando y dando clases completé la carrera...
C.A.: Resulta extraño una intelectual en el mundo artístico del baile flamenco... I. A: No, yo no me considero una intelectual. Estoy muy contenta con haber terminado mi carrera de historia, me es de mucha utilidad a la hora de enseñar a mis alumnos y conocer al ser humano. Pero insisto yo no me considero una intelectual, soy una persona de lo más normal a la que le gusta leer con asiduidad, a la que le gusta todo lo que tenga que ver con el ser humano. Por eso elegí Historia: porque es el trabajo del ser humano a lo largo de los tiempos. No pienso que una cosa esté reñida con la otra, aunque haya sido así en la historia de nuestro pueblo. Lo que ocurre que el flamenco ha estado inserto en una parte del pueblo andaluz que no tenía posibilidades económicas de desarrollar una cultura académica, aunque como dijo Federico: llevase la cultura en la sangre...
C.A.: Tú cuando bailas, te expresas con las manos, con tus pies, con todo tu cuerpo y también tu cara expresa dramáticamente lo que estás haciendo ¿Es natural o fruto de tu formación? I. A.: Todo es consecuencia de lo que sientes y de lo que has vivido. Toda la historia que yo he tenido es en definitiva lo que pongo encima de un escenario. Cuando enseño a mis alumnos les digo que el público es una persona a la que debemos seducir o enamorar con nuestro arte. La expresión lo que hace es interpretar el cante y el toque y tú lo que debes lograr es que el espectador viva contigo lo que estás sintiendo. Si además de mí cuerpo, utilizo algo tan llamativo como mi rostro mejor aún. Yo no lo concibo de otra forma...
C.A.: ¿Qué piensas del baile en el marco de los festivales flamencos de verano en los pueblos de Andalucía, crees que se tiene en cuenta de igual forma que el cante? I. A.: De ninguna manera. Es más estoy en contra del baile en esos festivales. Los presentadores dicen que el baile es la corona del festival. ¿Pero qué corona? Una corona de espinas. Para mí es tan profesional un cantaor como un bailaor o bailaora. Cada uno de ellos tiene muchas horas de trabajo detrás, muchas horas de estudio que nadie valora, pero en el caso del cante es distinto. Yo creo que ahora mismo, se nos considera el patito feo del flamenco y no se nos presta la atención que merecemos. Por otra parte, hay que señalar que generalmente los aficionados que asisten a los festivales, cuando aparece el grupo de baile sobre el escenario, ellos se disparan al bar, entonces tú sientes que no hay interés por lo que estas haciendo, sea solea o siguiriya. Tenemos que luchar con muchas cosas en contra, sobre todo que el tablao de los escenarios nunca está en condiciones, la megafonía suena para cualquier parte, la iluminación no suele ser la adecuada y no te digo nada de camerinos y servicios... De todas maneras para mí bailar es el sumun, bailar sobre un escenario es lo mejor que me puede pasar, si es en óptimas condiciones, mejor.
Carlos Arbelos.
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