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La
Niña de los Peines: su legado artístico
Pronunciada en el Centro Mediterráneo de la Universidad de Granada el 31-7-2004
Por
Carlos Arbelos
Muchos de nosotros no hemos tenido el privilegio de escuchar a
“La Niña”
en vivo y en directo –como se dice- y debimos conformarnos con
escuchar sus grabaciones en discos antiguos de 78 RPM en que a su voz,
su sumaban innumerables ruidos y lo que comúnmente se llaman
“frituras”; sin embargo a pesar de esas dificultades, nos dábamos
cuenta de la enorme dimensión artística de ella. Por otra parte,
estaban los artistas que sí había compartido tiempo con ella y
recreaban sus cantes, y de esa forma volvíamos a darnos cuenta, que la
figura de Pastora, tuvo una importancia descomunal en la historia del
arte flamenco.
Hoy
gracias al esfuerzo de la Consejería de Cultura y del Centro de
Documentación de Flamenco disponemos de una colección de 12 CD que
recogen más de 250 cantes de la Niña de los Peines, que han sido
tratados digitalmente y de esta forma –gracias a los avances tecnológicos-
se pueden escuchar esas grabaciones tal como fueran realizadas, sin
“frituras” y sin ruidos añadidos.
Junto
con esta obra discográfica que Pastora ha
legado, también están los múltiples testimonios que durante su
vida se produjeron y que contribuyen a que nos hagamos una idea de la
importancia de ese legado.
Comenzaré
mi relato con el pensamiento y sentimiento que Federico García Lorca
tuvo de ella.
Él dijo en su conferencia sobre “El duende”....
“Una vez la cantaora
andaluza Pastora Pavón, La Niña de los Peines, sombrío genio hispánico,
equivalente en capacidad de fantasía a Goya o Rafael el Gallo,
cantaba en una tabernilla de Cádiz. Jugaba con su voz de sombra, con su
voz de estaño fundido, con su voz cubierta de musgo; y se le enredaba
en la cabellera o la mojaba en manzanilla o la perdía por unos jarales
obscuros y lejanísimos. Pero nada; era inútil. Los oyentes permanecían
callados.
Allí
estaba Ignacio Espeleta, hermoso como una tortuga romana, a quien
preguntaron una vez:
‘¿Cómo,
no trabajas?’; y él, con una sonrisa digna de Argantonio, respondió:
‘¿Cómo voy a trabajar, si
soy de Cádiz?’.
Allí estaba Elvira la Caliente, aristócrata ramera de Sevilla,
descendiente directa de Soledad Vargas, que en el 30 no se quiso casar
con un Rothschild, porque no la igualaba en sangre. Allí estaban los
Flor¡das, que la gente cree carniceros, pero que en realidad son
sacerdotes milenarios que siguen sacrificando toros a Gerión, y en un
ángulo el imponente ganadero don Pablo Murube, con un aire de máscara
cretense. Pastora Pavón terminó de cantar en medio del silencio. Solo,
y con sarcasmo, un hombre pequeñito, de esos hombrines bailarines que
salen de pronto de las botellas de aguardiente, dijo en voz muy
baja: ‘¡Viva París!’, como diciendo: ‘Aquí no nos importan las
facultades, ni la técnica, ni la maestría. Nos importa otra cosa’.
Entonces
la ‘Niña de los Peines’ se
levantó como una loca, tronchada igual que una llorona
medieval, y se bebió de un trago un gran vaso de cazalla como
fuego, y se sentó a cantar, sin voz, sin aliento, sin matices, con la
garganta abrasada, pero... con duende. Había logrado matar todo el
andamiaje de la canción, para dejar paso a un duende furioso y avasallador,
amigo de los vientos cargados de arena, que hacía que los oyentes se
rasgaran los trajes, casi con el mismo ritmo con que se los rompen los
negros antillanos del rito lucumí apelotonados ante la imagen de Santa
Bárbara.
La
“Niña de los Peines” tuvo que desgarrar su voz porque sabía que
la estaba oyendo gente exquisita que no pedía formas sino tuétano de
formas, música pura con el cuerpo sucinto para poderse mantener en el
aire. Se tuvo que empobrecer de facultades y de seguridades; es decir,
tuvo que alejar a su musa y quedarse desamparada, que su duende viniera
y se dignara luchar a brazo partido. ¡Y cómo cantó! Su voz ya no
jugaba, su voz era un chorro de sangre, digna, por su dolor y su
sinceridad, de abrirse como una mano de diez dedos por los pies
clavados, pero llenos de borrasca, de un Cristo de Juan de Juni”.
Bien, esto es lo que pensaba y sentía el poeta asesinado en Fuente
Vaqueros sobre “La Niña de los Peines”, pero ustedes podrán
estimar que esta es la opinión de un poeta y ya se sabe que los poetas
cuando algo les gusta tienden a agigantar su fantasía y dan rienda
suelta a su imaginación –con perdón a todos los poetas-.
Entonces, supongamos que el juicio de Federico no es fiable....
Frente
a esto localicé otro juicio que genera menos dudas. Éste es el de una
periodista, también contemporánea de “La Niña”. Se trata de
Carmen de Burgos una de las primeras mujeres periodistas que tuvo éste
país, que firmaba sus articulos con el seudónimo de “Colombine” y
que ha tenido el honor de ser la primera mujer periodista especializada
en el arte flamenco.
Ella dice en un reportaje sobre Pastora en el año 1932:
“Así
como a la belleza japonesa, le basta con su venus de ojos oblicuos,
chata y de pómulos
salientes, hay otra belleza frente a la belleza evidente. ‘La Niña
delos Peines’ es muy morena, chata, de boca grande y de ojos rasgados.
Es de una juventud desgarradora, profunda, por lo avatares de su canto.
Le dan una gran seriedad esas cejas suyas, reflexivas sobre sus cuatro
ideas de pasión. En el tablado, sentada en su silla como una
reina dominadora dejando que
la guitarra se entone para entrar a cantar. “La niña de los Peines”
se eleva sobre sí misma; los golpecitos del pie con que acompaña a la
guitarra son elocuentes e imperiosos, "tín-tipitín--tipitín".
Mira hondamente a la sala, mira como se mira
al vacío cuando se está loco de pena o de amor, cuando se piensa en
otra cosa o en algo gravísimo que turba el corazón. Son largos los
solos de esa guitarra que la acompaña. Ella, llena de importancia, se
deja esperar mucho, mucho, y al fin dice la primera queja de su cantar.
Es un alarido, primero desgarrado, muy desgarrado, casi ritmo, pero al
que salva una cadencia profunda con que ella lo ordena
y lo armoniza de un modo inevitable. Así se ve que el grito
salvaje, desacertado y sincero,
era necesario a la belleza
del cantar para darle unas entrañas vivas y conmovedoras.
Esto es lo maravilloso, de este flamenco que canta
‘La Niña de los Peines’, del verdadero flamenco que es la
prosa, el grito desesperado, bronco, cortado, espontáneo, de una altura
inaudita, la salida brusca, la ocurrencia estupenda, convertida en un
canto de clavijas apretadas, de medida precisa, de admirable enlace con
la música.
Nada más serio que este flamenco de “La Niña de los Peines” y a la
vez nada más gracioso cuando ella lo acaba, lo salpica con esos
triquitraques de palabras, con esos estribillos arbitrarios y cortados
en que se olvida y se burla de su dolor haciéndolo más agudo, en que
juega y jinetea con su pena, con el malabarismo admirable de su voz,
siempre llena de una sensibilidad sangrienta.
Me será inolvidable cómo
he visto a ‘La Níña de
los Peines” de litúrgica, de erguida, pestañeando mucho sus ojos
como esas estrellas que titilan nerviosas algunas noches, su boca
abierta negramente abierta
y torcida, para dar toda su voz, respirando ávidamente el mucho aire
que necesita su cantar. “La
Niña de los Peines” es, frente al cante académico, el canto libre,
que sorprende con matices desconocidos de la voz en honduras
desconocidas del alma, ecos misteriosos y combinaciones extrañas de una
cadencia áspera a la par que dulce.
Movida por la curiosidad de ver de cerca
a esta mujer tan genuina representante del alma andaluza, de ese alma
elegíaca, apasionada, consumida en su propia pasión, he ido a ver de
cerca a “La Niña de los Peines” para oírla hablar como la he oído
cantar, como si deseara se completase en mí su figura”.
Y sigue “Colombine” con un reportaje, en la que más habla es la
madre de la Niña...
Bien, ya tenemos dos juicios, el de un poeta y el de una periodista, sin
embargo ante ellos ustedes
podrán decir, pero es que estos juicios no los podemos confrontar con
sus autores porque ambos están muertos. Y es cierto, desgraciadamente
no podemos hablar con ellos para que nos amplién y nos maticen esas
opiniones...
Entonces he buscado el
juicio de personas que sí han
estado con nosotros y también valoran el legado artístico de “La Niña”.
La primera que he recogido es la de Antonio Reina, que además de
ser un gran aficionado y coleccionista de discos, escuchó cantar a
Pastora muchas veces y quien sostiene
“No ha existido una cantaora más fecunda ni más enciclopédica que
Pastora. Nadie ha tenido su aroma,
ni nadie se le ha podido igualar”.
Y también he recurrido a la opinión de un artista, por todos nosotros
conocido, que sabe hacer gala de sobriedad y es poco dado a los juicios
elogiosos, Se trata de Calixto Sánchez que así opina sobre “La Niña”.
“Pastora recoge toda la herencia de los cantaores anteriores
y añade sus propias aportaciones pero, para poder realizar esa tarea,
es necesario tener una condiciones vocales extraordinarias. No se trata
de ‘repetir’ lo que los demás han cantado como si de una máquina
se tratase. ¡No! Se trata de conocer las músicas como son , de
hacerlas con todas sus dificultades y además darle a cada cante su
‘personalidad’, su ‘aroma’ ”.
Y añade: “En conjunto la voz de Pastora se puede definir como una voz
natural , sin impostación,
femenina, sin apoyaturas falsas de nariz o de cuello y sin estridencias. No tuvo la conocida entre los flamencos ‘voz de nariz’
cuya técnica consiste en cerrar la salida nasal y apoyar la voz en la
nariz , ni tampoco ‘la voz de cuello’ o ‘garganta’ en la que la
apoyatura se produce en la faringe produciendo un sonido rasposo y trágico
pero con una voz cautiva, que que hace que todos los cantes suenen de
forma parecida. Tampoco fue la suya una ‘voz estridente’
en la que el intérprete canta al límite de sus facultades
buscando sólo un sonido , de modo que la estructura musical
queda sacrificada a esta idea”.
Pero si esta opinión nos resulta un poco fría y técnica he
buscado la opinión de un periodista, también conocido por todos
nosotros y a quien podemos recurrir en cualquier momento que es Alfonso
Eduardo Pérez Orozco quien en un programa radial para la
ciudad de Sevilla, de los primeros años de la década de 1960,
dirigido por Romualdo Molina decía de ella:
“Asombra la agudeza de su mirada, la nobleza de su mentón, el dibujo
de su boca que abre el camino de la más fabulosa caja de producir
sonidos que es su garganta, capaz de producir mujer. Pero quizás lo que
más nos admira es el recatado e intuitivo sentido de servidora de otro
mundo que ella posee. Nunca ha querido comprender toda su grandeza. Ella
en la vanidad propia de los genios, podía haber cercado el cante y
haberlo hecho un coto cerrado, suyo y personal. Podía haberse servido
del arte y de los hombres. En cambio ha comprendido que todo lo que
llevaba dentro era para maravillar a los que la rodeaban, y adoptado la
más generosa de las actitudes, la de vivir para los demás , vivir para
cantar , y no la habitual, en todas las épocas de cantar para vivir”.
Y tras escuchar unos cantes de Pastora en la emisión radial
vuelve la voz Alfonso
Eduardo y dice:
“Del
mundo entero, desde el Japón a California, llega el eco del triunfo
perenne que conquista la Niña de los Peines. Es posible que en Sevilla,
porque es la cuna de tantos artistas impares, de tanta figura insigne,
de tanta gloria rotunda y mundial, es posible que en Sevilla donde menos
se la conoce y reconoce”
Y
concluye “ Cuando, de prisa y al paso, eludiendo el bullicio de las
horas punta pasa el sevillano delante del “Bar Pinto” ahí en La
Campana, no vuelve la cara hacia la butaca metálica donde está sentada
Pastora, con su empaque de reina. Ese sevillano, no sabe que cruza
delante de una de las más grandes cantantes de todos los tiempos,
delante de una de las glorias de España, en lo que de siglo corre”.
Pienso que con estas cinco
opiniones podemos comenzar
a hacer un retrato de lo que Pastora nos dejó y comenzar a tener en
claro cómo se valoraba y valora el legado artístico que nos ha dejado.
Legado que, curiosamente en el mundo flamenco fue y es unánime Todos
opinan que fue una genial
cantaora, creadora indiscutible y de amplios y enciclopédicos
conocimientos sobre la base de lo que habían construido
Manuel Torre y Antonio Chacón –por cierto contemporáneos de
ella- enriqueciéndolo y recreándolo musicalmente. Tal vez la única
voz discordante haya sido la de Juan Talega, quien considerándola una
gran artista tenía sus dudas, en un momento,
sobre sus cantes por siguiriyas, según expresa Anselmo González
Climent en su correspondencia reproducida en la revista “Candil”.
Pero por lo visto Talega, luego se habrá convencido del conocimiento de
la artista, porque nunca luego vuelve sobre el tema.
Podemos
decir sin equivocarnos que
en todos los tiempos se coincide en que sus cantes poseen ricos matices,
combinaciones melódicas y rítmicas, que su voz era musical y templada,
muy dulce y nada estridente, capaz de engrandecerse en los cantes ‘ad
libitum’ –o libres- y de conmocionar al oyente con sus ‘sonidos
negros’ . A la vez que saber jugar con los recursos y garbo personal
en los estilos festivos. En definitiva su gran conocimiento de los
cantes, que la hacían una cantaora larga, su amplio juego de matices
del blanco al negro fueron los elementos y recursos con que provocaban
esa gran inquietud y conmoción en quienes la escucharon personalmente e
incluso en quienes la oímos a través de las grabaciones, hoy
recuperadas.
Y
sobre ese legado artístico existen cosas que son archi-conocidas por
los artistas y aficionados, y otras que no lo son tanto. De todas ellas
vamos a hablar, no ya basándonos en opiniones personales como lo hemos
hechos con los cinco juicios que he volcado al comienzo de ésta charla,
sino con el análisis de la discografía que hoy tenemos a nuestra
disposición.
Una de las cosas más
difundidas de “La Niña” son sus famosos tangos que le valieron el
apodo de “Niña de los Peines”, estos tangos creados por ella, los
han cantado casi todo los artistas y no hay joven que empiece a hacer
sus pinitos en el mundo del cante que no los conozca. Si bien son los
que la catapultaron a la fama, entiendo que no es la obra musical de más
envergadura que ha legado. Sin embargo, son los que más difusión han
tenido, de los que más éxito comercial le han brindado.
Es como el caso de Paco de Lucía con la rumba “Fuente y
Caudal” de su disco “Entre dos aguas”, que es el tema
más ha vendido en toda su historia, pero no es –ni por asomo-
una de sus mejores creaciones:
Los tangos de Pastora en cuestión son aquellos de:
Peinate tú con mis peines,
mis peines son de canela,
quien con mis peines se peina,
canela fina se lleva.
Unos tangos que según los estudiosos tienen su origen en coplas que interpretaban "La
Antequerana" y Carmen "La Trianera" y que fueron grabados por primera vez por "La Rubia de las Perlas" en 1911.
De todas manera sobre ellos hay dos versiones más que la misma "Niña" interpretaba según su estado de ánimo o su memoria en aquel día.
Una es:
Peinate tú con mis peines;
mis peines son de canela;
quien se peina con mis peines,
salero lleva de veras.
Y la otra dice:
Peinate con mis peines:
que mis peines son de azúcar,
quien con mis peines se peina,
hasta los dedos se chupa.
Hasta ahora, he hablado de cosas intangibles, valoraciones, recuerdos y todo lo que conforma la memoria oral, que en los artistas se transforma en cante.
Todos hemos escuchado a algún cantaor en una reunión decir "Pues mira, fulano cantaba de esta manera" y nos reproduce una copla o un estilo. Si la persona a que hace referencia está muerta esto contribuye a su prestigio y decimos "Fulano hace los cantes de mengano" que muy pocos lo escucharon y esto enaltece su figura.
Pero entendamos que la memoria y sobre todo la memoria oral, no es un bien con una estructura lógica, ni con una formula técnica perfecta. A veces recordamos unas cosa y a veces otras, y otras veces nuestra memoria es selectiva: recordamos lo que queremos y otras se nos olvidan, o también ocurre, que nuestra memoria se va transformando, y hechos que ocurrieron de una manera, nuestra memoria los va adaptando a nuestra sensibilidad, cuando no a nuestras necesidades, y resulta de esto que el último cuento que contamos no es igual al primero que relatamos.
Todos estos elementos y muchos más, que se encuentran en cualquier tratado de sicología, me hacen poner en tela de juicio el valor de la memoria oral. ¡Atención! No digo que no exista.... sino que no es cien por ciento fiable.
Hace sólo unos días, hablando con un cantaor ya mayor, me decía con absoluta convicción que "La Niña" -a quien había escuchado muchas veces- era la que más desafinaba del mundo y me reproducía en su cante esas faltas de ortografía en la afinación de "La Niña".
Obviamente yo puse entre paréntesis su comentario, pero por respeto a su edad y a sus blancas canas no entré en discusión, porque habiendo escuchado los
más de 250 cantes que acaba de reproducir la Junta de Andalucía no escuche ningún desafinado. Tiempo habrá para que yo le haga escuchar los cantes que él recuerda desafinados, porque algunos de ellos tenemos la suerte de que están grabados.
Ello me afirma en que la memoria oral no siempre es fiable. Y para mayor abundamiento tenemos el caso paradigmático de Antonio Mairena, quien decía que con un
hilito de cante que había encontrado, reconstruía un paño entero. Y ese paño, que su capacidad musical había creado -atribuyéndole poderes mágicos a su memoria- se lo atribuía a fulano o zutano.
Pero dejemos el tema de la memoria oral, que es trabajo para antropólogos, etnógrafos y psicólogos y centrémonos en lo que tenemos de verdad en el cante de Pastora Pavón, que son sus cantes recogidos en cerca de 400 placas, de las cuales se han recuperado 258 cantes.
Ya metiendonos en la discografía de la que hoy disponemos, conviene en principio señalar varias cosas. En primer lugar no todo lo que un artista interpreta queda recogido en sus discos, ni siquiera en una discografía -como veremos más adelante- tan extensa como la de "La Niña".
Yo mismo poseo, una colección de 19 recitales-conciertos de Camarón de la Isla, grabados en directo. En ésta colección -por cierto que no la presto- aparecen muchas estilos que no se encuentran en su extensa discografía que alcanzó los 23 discos de larga duración entre long plays de vinilo y los más modernos CD's.
En segundo término lo que queda registrado, y sobre todo en los años que Pastora Pavón grabó no se corresponden con su verdadera capacidad vocal y el expresivo sentimiento que ponía en sus actuaciones. Hay una famosa anécdota que es muy conocida, pero que no me resisto a incluirla aquí a cuenta de lo que estoy analizando.
Quienes escucharon personalmente a la Niña de Los Peines -que por cierto, aún quedan muchos que han disfrutado de ella- insisten en que las grabaciones son incapaces de
fidelisar la calidez de su voz, sus imperceptibles temples y sus matices sonoros de gran musicalidad. Cuentan que cuando Tomás Pavón -aún adolescente- escuchó las primeras grabaciones de "La Niña" exclamó "¡Esa no es mi hermana!".
También hay que resaltar la confusión en el etiquetado de los cantes en las placas grabadas, ya que por aquel entonces el artista grababa y
adiós, se iba. Hoy en día, el artista participa en todo el proceso de producción y esas confusiones son menos frecuentes. Las casas discográficas de la época además poseían una imaginación prodigiosa. Así por ejemplo en una grabación de Pepe Marchena aparece en los créditos "Tango argentino al estilo gitano", porque jamás he escuchado cantar a un gitano un tango criollo, otra cosa es lo que hace Chano Lobato con el "Volver" de Carlos Gardel por bulerías. En fin un
disparate propio de algún ignorante!
En cuanto al caso de Pastora, Romualdo Molina relata una sabrosa pero no menos disparatada anécdota en relación a un cante que grabó en junio de 1929. Cuenta lo siguiente: "canta la copla que comienza 'De noche y día', Sería cartagenera del Rojo el Alpargatero para Piñana, taranta cartagenera para José Luis Navarro, cartagenera clásica para Miguel Espín, fue grabada por don Antonio Chacón como taranta y José Blas Vega se la atribuye a Antonio Chacón como cartagenera propia, como un propio aporte personal".
¿Qué será lo que cantó Pastora? Ni los más doctos doctores se ponen de acuerdo.
Y a esto hay que añadir, que la duración de las grabaciones en las placas tenían un tiempo determinado, casi siempre inferior al que los artistas de la época utilizaban en sus actuaciones en directo, lo que supone la pérdida de coplas o el añadido de
algún otro estilo, sobre todo en los remates.
Con estos elementos presentes, voy a intentar que nos acerquemos al legado
artístico de "La Niña de Los Peines" y en esto voy a tomar como referencia un trabajo realizado por la doctora en antropología y buena aficionada y amiga Cristina Cruces Roldán de la Universidad de Sevilla, que si bien es un trabajo reciente ya es
considerado un 'clásico' entre los estudiosos que han tenido acceso a él.
La primera aproximación a los estilos registrados y recuperados digitalmente nos permite encontrarnos con las siguientes formas anotadas en los discos grabados entre 1910 y 1950. Nada más ni nada menos que 40 años de su dilatada vida artística:
34 bulerías,
30 soleares,
28 tientos,
23 cartageneras,
23 siguiriyas,
20 sevillanas,
18 fandangos,
16 peteneras,
12 tarantas,
8 alegrías,
7 farrucas,
7 malagueñas,
6 garrotines,
5 bulerías por soleá
5 saetas,
4 tangos,
3 granainas,
2 rumbas
y uno de cada uno de los siguientes estilos: caracoles, asturianada flamenca, bamberas, colombiana, guajira, milonga y vidalitas.
Pero la doctora Cristina Cruces, no se queda conforme con esta descripción y busca ahondar más en esos palos y estilos y rebusca -con paciencia infinita-, una a una las coplas que aparecen en ellos. El resultado como ella misma dice "es formidable":
Nos encontramos con que:
De las 174 coplas por bulerías, 152 corresponden a bulerías cortas, 12 a cuples por bulerías, y 10 a canciones folclóricas, villancicos y otras adaptaciones al ritmo de las bulerias
Por tientos son 84 coplas.
En las soleares encontramos 73 coplas, de las cuales 26 corresponden a El Mellizo, 17 a La Serneta , 13 a Frijones, 8 a Alcalá y 6 a Triana, dos jilicas de Pepe Marchena y una de Teresita Mazzantini.
En las sevillanas aparecen 60 coplas distintas.
En los fandangos de 51 coplas, 36 corresponden a la provincia de Huelva o a lo que se dio en llamar fandango artístico, y 15 son
abandolaos incluyendo uno de Lucena.
Otro capítulo importante son las siguiriyas, De las 32 coplas por este palo grabadas, 12 corresponden al Viejo de la Isla, 9 a Manuel Molina, 2 a Joaquín Lacherna, dos a Manuel Torre y otras dos a Francisco La Perla. De El Tuerto de la Peña, del Loco Mateo, el Marrurro, Paco La Luz y de ella misma hay incluidas una copla de cada uno.
Por tangos aparecen 28 coplas y 30 de garrotín. En cuanto a las 28 coplas por cartageneras 15 son del estilo clásico y 13 corresponden a la creación de
Don Antonio Chacón.
Por peteneras se encuentran 25 coplas, mientras que 21 son por alegrías, dos de ellas rematadas con coplas por cantiñas, y por farrucas son 21 tercios.
De las 16 tarantas siete son de La Gabriela, seis generales, una de Pedro El Morato, y otras dos, una de El Pajarito y otra conocida como taranta-malagueña de Fernando El de Triana.
En las bulerías por soleá utiliza 15 coplas, mientras que de las siete coplas por malagueñas tres son de don Antonio Chacón, otra de Gayarrito -también atribuida a
Chacón - y el resto hasta completar las siete son de La Trini, El Canario y La Peñaranda, que por cierto esta última es en aire de granaína.
Luego -siguiendo el análisis por coplas- siete por saetas, seis por rumbas, tres por granaínas, tres por vidalitas, dos por guajiras, dos por milongas, dos por colombianas y una por caracoles.
En total, la friolera de 691 coplas...
Destacan en ellas la enorme cantidad de coplas por bulerías que suman 174 en total. No casualmente Pastora Pavón es considerada como una de las principales creadoras de la bulería moderna- como la conocemos hoy- y que hasta ese entonces se conocían como jaleos.
Paradojícamente más conocida por sus tangos, en realidad es en las bulerías donde encontramos su mayor legado artístico. Aunque muchas veces se han considerado sus cuplés y la popularización de canciones -sobre todo sudamericanas- como de falta de buen gusto musical. Sin embargo hay que entender que ella no hacía otra cosa que darle el cuerpo rítmico y a compás a cantes que eran del agrado del gran público que la escuchaba. Pero hay que tener en cuenta por otro lado, que supo mantener el origen de "burleria" a estas coplas que en muchos casos rozaban las chuflas, lo cómico o tragicómico. Hoy en día quizás el mejor heredero de esta modalidad sea el jerezano Diego Carrasco, que
por burlerias a compás, sabe burlarse de hasta si mismo.
Para ser justos con la historia hay que decir que en esto de la transformación de los antiguos jaleos en las modernas bulerías, también Manuel Vallejo fue pionero.
Don Antonio Reina dice en relación a las bulerías, que les imprimía una velocidad imposible: "juega con ellas y las impregna se su gitanería única. Todo lo mete por bulerías y en todo resulta inimitable".
Otro de los palos en que dejó su impronta han sido las soleares que van desde el cante de Enrique El Mellizo hasta los de La Serneta, pasando por los estilos de Alcalá de los Panaderos, o Triana o los casi desconocidos de Teresa Mazzantini. Con relación al cante por soleares dice también Antonio Reina que en algunas coplas realiza una mezcla entre Triana y Cádiz, "como si Pastora quisiera afirmar que el cante por soleá nace en Triana y que desde allí se extiende a otros lugares, donde se modifica para alcanzar su sello propio". Teoría a su vez propiciada también por Antonio Mairena y otros investigadores del arte flamenco.
En las cartageneras, así como en el resto de los estilos de Levante, en que tanto recurre a los estilos de
Don Antonio Chacón, en su voz adquieren una característica propia, ya que los tamiza por la forma de hacerlos de Manuel Torre,
así que en sí, ella realiza una síntesis entre voces tan distintas como la de Chacón y Torre, dándoles su sello propio.
A finales de los siglos XIX y principios del XX estaban de moda -en relación al flamenco- los cafés cantantes, y en ellos uno de los palos que más éxitos tenía eran los tangos, que en las etiquetas discográficas de la época aparecen como lo que hoy conocemos como tientos, errores de los que ya he hablado sobre la discografía de la época.
Pastora desde su comienzo como artista incorpora esta modalidad de tangos
para los lentos, y ya también he hablado del tema en relación a su apodo, que procede de una de estas interpretaciones. Pero quizás lo más destacado como señala Cristina Cruces en los tangos de Pastora se puede hallar la impronta cubana que resuman tanto en su músicas como en las letras.
Entiendo que no vale detenerse en esto, porque sobre ello hay una opinión unánime. Sus tangos eran personalísimos y su forma de hacerlo insuperable.
En cuanto a las siguiriyas, cante que le cuestionaba el patriarca Juan Talega, de los 32 estilos recuperados en esta antología corresponden a 10 artistas distintos, incluso un estilo se lo atribuye como creación ella misma. De esos 10 creadores las formas que más destacan son las de Manuel Molina y El Viejo de la Isla.
Es muy probable que el juicio negativo de Juan Talega esté más relacionado con la sensibilidad expresiva -todos tenemos nuestros gustos, y eso nunca "es la verdad"- o con la feminización del cante que hacia Pastora, tema con el que terminaré esta charla, o quizás simplemente no le gustase como hacía sus cantes por soleá. Ya se sabe... caprichos tenemos todos.. y estoy seguro que Juan Talega no estaba exento de ellos.
En relación a otros estilos hay que señalar algunas recuperaciones que hizo Pastora como por ejemplo en el cante por peteneras, en que recreó cantes de Medina el Viejo a través de la relación con el hijo de este. Un cante que no está exento de polémica en el mundillo flamenco pero que ha quedado fijado para la historia por Pastora, así por lo menos me lo relató el cantaor Naranjito de Triana -que en gloria éste- que los solía hacer con mucho gusto.
Con las farrucas, el garrotín y las bamberas cumplió igual papel, su manera de hacerlo han sido y siguen siendo ejemplo para las generaciones que le sucedieron.
Sin embargo no ocurre así con las saetas, siendo una gran saetera, muy solicitada en su tiempo, sus formas quedaron ancladas en el pasado y es Manuel Centeno quien las desarrolla y las fija en los estilos y formas que hoy perviven.
Con esto considero que he hecho un repaso, no exhaustivo por cierto al aporte de Pastora Pavon "La Niña de los Peines" al arte flamenco. Sin embargo me queda por tratar otro elemento que no se encuentra en las grabaciones y que es lo que llamamos valores intangibles.
Este es el año que la Junta de Andalucía ha dedicado a "La Niña de los Peines". "La Niña" fue una excepción en el cante flamenco, porque el cante hasta ese entonces era cosa de hombres, de machos, y las mujeres que intentaron triunfar en ese campo debían adaptarse a ello. Y entonces nos aparece un cante de mujeres hombrunas, de voz ronca y aguardentosa, de puñal en la liga y hasta feas de mirarlas....
"La Niña" tímidamente comenzó a romper con ello haciendo gala de feminidad, pero quien finalmente rompe con el mito del cante macho es Carmen Linares, afirmando toda la feminidad en el cante.
Ella ya no canta como un hombre, ella usa su timbre femenino profundamente jondo y flamenco y su postura es la de una mujer cabal.
Ella es una señora en el escenario, ni hace buches con whisky ni se aclara la garganta con aguardiente, y eso le costó muchos desprecios y disgustos. Pero su esfuerzo le ha valido un premio, hoy son muchas las muchachas de la nueva generación que siguiendo su escuela, se atreven con el cante, pasando de aquello -ya de tiempos pretéritos- que "el cante es cosa de machos", y lo están hacen bien, con dignidad y flamencura, y ya no se las desprecia, y hasta son bonitas y guapas y todas recuerdan a "La Niña" con respeto, y se esfuerzan por seguir o recuperar su escuela.
Pastora ha trascendido mucho más allá que sus cantes.
Estés donde estés, muchas gracias por todo lo que has hecho por el arte flamenco querida Pastora Pavón
Carlos Arbelos. Almuñecar, 30 de julio 2004.
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