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EL NIÑO DE LA HUERTA
![]() En reunión de la Junta Directiva de 20 de abril de 2007, al cumplirse el 25 aniversario de la inauguración de la sede social de la Peña y coincidir así mismo este año con el centenario del nacimiento de Francisco Montoya Egea, se aprueba por unanimidad la celebración de estas efemérides "dada la importancia que tuvo El Niño de la Huerta en el mundo flamenco de su época llevando por toda España el nombre de nuestro pueblo". Para ello se van a organizar una serie de actos (conferencias, exposiciones, recitales flamencos,...) que evoquen la figura de este inolvidable “loreño” que tantas aportaciones hizo en el azaroso mundo flamenco. Y como colofón de estos actos conmemorativos, se decidió recopilar y volver a grabar toda la producción artística de este cantaor, puesto que en buena parte se encontraba dispersa y casi perdida. Fruto de esta labor es la presente edición de la obra discográfica de Curro Montoya. El Niño de la Huerta nació en Lora del Río en 1907. Lora, pueblo de la Vega Alta, a unos 57 kilómetros de Sevilla y a una altitud de 38 metros sobre el nivel medio del mar, con una población próxima a los 20.000 habitantes, es un viejo núcleo, heredero del Mumcipium Flavmm Axatitanum que describiera Plinio el Viejo, que se encuentra emplazado junto al río, allí donde el valle del Guadalquivir se estrecha, haciendo que goce de una estratégica posición que ha contribuido a ser un cruce importante de caminos entre Córdoba y Sevilla, así como entre la Campiña y Sierra Morena. Vega, Campiña y Sierra forman pues sus tres diferentes terrazgos aportando esta variedad paisajística una peculiar personalidad a este lugar que vendría dada por la diversidad de actividades agrarias que ello conlleva. Actualmente Lora sigue conservando, dentro del predominio agrorural en que se basa su economía, esta complejidad social pese a los movimientos homogeneizadores producidos desde mediados del pasado siglo. Huertas en el valle, dehesas y olivares en la sierra, y cereales en la campiña explican gran parte de los comportamientos socioculturales y hasta artísticos de este pueblo. Figuras del cante como El Niño de la Huerta, Anita Rosa, Gracia Montes, Pepe Núñez "El Loreño" o Pepe Suero; poetas, pintores,... son algunos “loreños” que han fraguado su arte entre las blancas calles de este pueblo sevillano. A finales del siglo XIX Lora sufrió una serie de cambios importantes (llegada del ferrocarril, abastecimiento de agua, instalación de la luz eléctrica,...) que dieron paso al pueblo moderno que inició la nueva centuria con un potencial de crecimiento relativamente alto. Su población, cuya actividad era abrumadoramente agraria, en estos momentos rozaba los 6000 habitantes. La feria, que se celebraba a finales de mayo, y la romería dedicada a su patrona la Virgen de Setefilla, el día 8 de septiembre, constituían los grandes acontecimientos festivos de la población que los vivían con gran intensidad. Y va a ser en esta Lora que describimos, cuando el 6 de agosto de 1907 nazca en la calle de las Morenas, actual Tetuán, Francisco Montoya Egea, el futuro Niño de la Huerta, siendo hijo y nieto de familias loreñas antiguas y, por ello, apegadas a las más antiguas tradiciones del pueblo. Su padre, Luis Montoya Medrano, jornalero agrícola de profesión, trabajaba en una huerta que la familia tenía arrendada por la carretera de Alcolea, en las tierras de la Vega. Su madre, Mercedes Egea López, se dedicaba "a las ocupaciones propias de su sexo". Andando el tiempo, el padre de Curro pudo comprarse su propia huerta, situada igualmente en las faldas de la Sierra, junto a los arroyos Churre y Gómez, por la carretera de Constantina. Fue en la primera huerta donde trabajó el joven Curro Montoya, y según oímos a algunos testigos, allí comenzó a hacer sus primeros "pinitos" en el cante y a adquirir fama de buen cantaor entre sus vecinos, quienes, debido al carácter tímido del joven artista, tenían que esconderse por la huerta para lograr escucharle cantar mientras éste hacía sus faenas agrícolas. En esta época el joven Curro, debido a su timidez, algo que nunca llegó a perder por completo, rehuía cantar en presencia de gente. Cuentan aquellos que lo conocieron joven que fue un día en el campo en que Curro, con unos once años de edad, oyendo cantar a los gañanes mientras éstos hacían su labrantío, cuando aquellos sonidos flamencos ganaron su interés hasta tal punto que a partir de entonces todas sus labores las realizaba tarareando las nuevas melodías. Poco a poco su dulce voz empezó a adquirir fama por aquellos contornos y, venciendo esta enorme timidez, a asistir algunas fiestas familiares donde a instancia de los presentes Curro terminaba cantando y dejando admirados a sus convecinos. Precisamente, como sabemos, el sobrenombre artístico elegido por el cantaor: Niño de la Huerta, hace referencia al trabajo de Curro en esta huerta en su edad juvenil. Hay que tener en cuenta que en aquellos momentos, el panorama artístico del mundo flamenco estaba lleno de "niños" y "niñas" (hemos contabilizado unos cien de estos nombres artísticos) que utilizaron este sobrenombre seguido del nombre de su pueblo, o de su apellido, o de la actividad que ejercían, como por ejemplo; Niño de Alcalá, Niña de la Alfalfa, Niño Isidro, Niña Romero, Niño de los Talleres, Niña del Columpio,... Y si volvemos a la geografía, a la tierra, para explicar el carácter y las aficiones de Curro Montoya, ya tenemos unas huertas, la primera junto al río, a la Matallana y a las tierras de Los Majadales; y a la vera del "Montón de Trigo" y la "Mesa Chiona", junto al Camino de Constantína, la segunda. La niñez de Curro va a ser más "serrana" que "campiñesa". Sus ojos juveniles van a recibir la impronta de unos paisajes duros, y al mismo tiempo atractivos, como van a ser los del mundo de la Sierra. Tal vez sus largas estancias y su retiro posterior en las Mesas del Carril, mirador ya en plena serranía, que le proporcionaba además la visión permanente de su Pueblo y de la Ermita de su Virgen que a él tanto le gustaban, se expliquen por este recuerdo juvenil. ¿Y cuál era el panorama del flamenco en nuestra Andalucía en esta época? El Flamenco, en la época del nacimiento del Niño de la Huerta, no vivía una etapa brillante. Durante el siglo XIX el flamenco se había desarrollado esplendorosamente en los llamados café-cantantes, pero éstos habían iniciado una decadencia continuada ante la competencia que les estaban empezando a hacer: a)por un lado, el cuplé, de origen francés, que empieza a renacer, cobra valores artísticos españoles, y resucita la clásica tonadilla, que va a culminar en lo que hoy conocemos como copla andaluza o copla española. Surgen entonces ya las primeras figuras copleras: La Goya, a la que pronto se sumarán Amalia Molina, Pastora Imperio o La Argentinita. b)Los gustos musicales del público empiezan a cambiar. Se empiezan a imponer ahora los espectáculos de varietés, que arrasaban por los escenarios. c)Las casas discográficas empiezan a actuar imponiendo unas políticas comerciales que no siempre coincidían con las débiles estructuras del mundo flamenco. d)Y finalmente, podríamos hacer referencia al invento del siglo: el cinematógrafo, que pronto va a suponer una dura competencia para el resto de los espectáculos. Ante este panorama, el flamenco empieza a hacer incursiones en los teatros y en las grandes salas de espectáculos, como espacios alternativos, pero todavía de forma tímida. La vida flamenca se empieza a desarrollar cada vez más en fiestas y juergas por espacios heterogéneos según ocasiones: cabarets, colmaos, ventas, tabernas, ferias, casas privadas,... y normalmente con precarios resultados económicos para los artistas. Los café-cantantes, donde estaban refugiadas las más señeras figuras del flamenco, ante la crisis y los cambios de gustos del público, entran en una sonora decadencia, y poco a poco van transformándose en otro tipo de locales y, finalmente, uno tras otro, terminan por cerrar sus puercas. A superar la crisis de los café-cantantes vino la llamada Ópera Flamenca jQué era esto? -La Opera Flamenca era un espectáculo flamenco de cante, baile y guitarra, que tuvo su época de esplendor entre los años 1920 a 1936, en una primera etapa, y desde 1940 a 1955 en una segunda etapa, por toda la geografía española -Su nombre se debía, al decir de los cronistas, a un intento de esquivar a Hacienda, tributando sólo un 3 % (Ópera) frente a un 10 % que pagaban los espectáculos de Variedades. Sin embargo, se considera que la Ópera Flamenca resultó negativa para el desarrollo y la pureza del arte flamenco, porque buscando agradar a un público numeroso y heterogéneo, se decantó por los cantes más "populares": -fandangos y fandanguillos -cuplés aflamencados - y los cantes de ida y vuelta (guajiras, vidalitas, colombianas,...) Los artistas, organizados en troupes flamencas, se plegaban a los gustos del pueblo y presentaban cada temporada una serie de "programas" o "espectáculos", muy variados artísticamente, que salían de gira recorriendo las principales ciudades y pueblos de España. Pero... volvamos al Niño de la Huerta. Lo hemos dejado, ya jovenzuelo, trabajando en la huerta paterna, donde ya le gustaba cantar y gozaba de una cierta fama entre sus vecinos. ¿A qué artistas admiraba Curro? Evidentemente la genial figura de don Antonio Chacón tuvo un gran predicamento en los primeros años del joven cantaor. Los aportes artísticos de Paco el Americano también dejaron su huella en él. Junto a éstos habría que citar al gran Manuel Torres, Manuel Vallejo, Llave de Oro del Cante en 1926, Niña de los Peines, la más completa y destacada cantaora femenina de la época, Pepe Pinto, quién gozaba de gran popularidad y coincidió con El Niño de la Huerta en diversos espectáculos, y Pepe Marchena, una de las figuras más discutidas del siglo XX, fue un gran conocedor del cante y recreador de todos los palos que cantaba, teniendo gran influencia en numerosos artistas y poniendo de moda los llamados cantes de ida y vuelta, considerándose el creador de la colombiana flamenca. Dicen los entendíos que si bien en sus comienzos, El Niño de la Huerta siguió la escuela estilista de Chacón, muy pronto adoptó formas más cercanas al estilo de Pepe Marchena, especialmente en sus milongas y fandangos. Y esto era lógico puesto que tanto uno como otro cantaor siguieron los estilos de Don Antonio. En 1923 Curro canta en el Olimpia de Sevilla, junto al Niño de Utrera y los hermanos Fregenal. Animado por familiares y amigos, se presenta en Córdoba (1925) a un Concurso de Cante Flamenco y lo gana. Tenía 17 años. A partir de aquí puede decirse que se inicia su vida artística. Vida artística que en un principio no contaba con la total aprobación de sus padres debido a su excesiva juventud. Sin embargo, Curro se marcha a Madrid. Allí adopta, dicen que a iniciativa de Chacón, como nombre artístico El Niño de la Huerta, tanto por el recuerdo del lugar donde trabajaba, como por la moda, a que hemos hecho referencia, de llamar niños" o "niñas" a todos los cantaores que empezaban jóvenes. Don Antonio Chacón, convencido de sus inmensas dotes artísticas, lo convierte en uno de sus discípulos predilectos. En Madrid, en 1927, participa en la Copa que organizaba el Monumental Cinema, y que premiaba a los mejores cantaores flamencos del momento. En 1928 vuelve a actuar en Madrid, ahora en el Teatro Avenida. Y a partir de estos años empieza a formar parte de los espectáculos flamencos, muy variados artísticamente, en gira por toda España, llamados frecuentemente Ópera flamenca, que solían dirigir los empresarios Vedrines y Montserrat. De entre estos espectáculos en los que actuó El Niño de la Huerta, podríamos destacar: A)Antes de la Guerra Civil -"Fiesta de Ópera Flamenca, en 1934, con Angelillo y los Chavalillos Sevillanos (los futuros Antonio y Rosario), a los que acompañaban El Americano, Niño de Alcázar, Guerrita, El Divino Palanca y El niño de la Huerta II ( un cantaor de San Fernando (Cádiz), José González, que ante el éxito del “loreño”, había tomado su nombre artístico como reclamo). -Gira con los ganadores del Certamen Nacional de Cante Flamenco, del Circo Price de Madrid, en 1936. B)La guerra civil lo sorprendió trabajando en la provincia de Jaén, donde actuaba en la Compañía Arroyo junto a Juanito Valderrama y otros artistas. -En la Plaza de Toros de Jaén actuó en un Festival a beneficio del Frente Popular junto a un gran número de artistas (Valderrama, Marchena, El Sevillano, Niño de Barbate,...). -En el Teatro Circo Villar, de Murcia (1937), con el "Espectáculo de Ópera Flamenca Montserrat", en cuya cartelería se anunciaba al Niño de la Huerta como el ruiseñor humano. C) Después de la Guerra Civil -Ópera Flamenca, de Monserrat (1940/41). Con el Sevillano, Pepe Pinto, El Peluso, Blanquita España, Juan Montoya, Rafael Ortega, Maruja Heredia y Niño Caracol. -El espectáculo Los Mejores (1941), organizado por el empresario Alberto Montserrat, donde cantaban Manolo Caracol, El Sevillano, Antonio el de La Calzá, Juanito Valderrama y El Niño de la Huerta. Bailaban: Terremoto y Rafael Ortega. Guitarristas: Niño Ricardo, Ramón Montoya y Merchor de Marchena. -Con Canalejas de Puerro Real, en 1944. -Con el elenco de Fantasía Andaluza, en 1948, donde destacaban, junto al Niño de la Huerta, El Malagueño, José Cepero, El Sevillano, El Cojo de Huelva y El Niño de Almadén, entre otros. -El sentir de la Copla, (1950/51). Con José Cepero y Manuel Vallejo como figuras estelares. -Noche de Coplas (1951), con Manuel Vallejo, Niña de la Puebla, El Sevillano, Cojo de Huelva, Adelfa Soto, Luquitas de Marchena,... -En 1951, con el espectáculo Toros y Cante. -Noche de Coplas, en 1953, con La Niña de Antequera, Niña de La Puebla, Niña de Dos Hermanas, Niño de Barbate,... -Coplas y Falsetas (1960/61). Fue su último espectáculo. Lo acompañaban, entre otros, La Niña de Antequera, Rerre de Los Palacios y un jovencísimo Pepito Núñez "El Loreño". Y en estas giras...¿qué cantaba El Niño de la Huerta? Buceando en su discografía, hemos encontrado que a lo largo de su vida artística grabó: •34 fandangos (incluyendo los dos "republicanos" y un fandango por media granaína) •13 fandanguillos "6 milongas, aparte de las dos versiones de la Romería Loreña, que aparecen como cantiñas "5 guajiras *4 medias granaínas •! granaína *3 malagueñas *5 soleares *2 tarantas *2 seguirillas • 1 vidalita * 1 colombiana y unos caracoles. Pero, sabemos que aunque Curro grabó esta gran variedad de palos del flamenco, cantó muchos más, sobre todo en la intimidad con sus amigos y conocidos, pese a que a la hora de actuar y/o grabar lógicamente eligiera aquellos para los que él se sabía mejor dotado. Con la casa Odeón grabó 37 discos, de los cuales 31 fueron acompañados a la guitarra por Manolo Badajoz, uno por Antonio Serrano (los fandangos republicanos) y 5 por Juanito el Chufa. El Niño de la Huerta parece ser que grabó por primera vez La Romerta Loreña en abril de 1935, acompañado a la guitarra por Juanito el Chufa.. Se trata de una recreación personal de una milonga, que en la grabación original se la llamó cantiña, que pronto se convirtió en un éxito a nivel nacional. La milonga era un cante de origen argentino que la cantaora Pepa de Oro había introducido en España hacia finales del siglo XIX. Paco El Americano le dio a la milonga un estilo aflamencado que obtuvo un enorme éxito, influyendo en el Niño de la Huerta que hizo suyos aquellos cantes adaptándolos a su estilo. Dicen que hasta que no grabó La Romería loreña el Niño de la Huerta era considerado sólo un seguidor de Marchena, como tantos otros de su tiempo. A partir de este enorme éxito, Curro pasó a ocupar un lugar destacadísimo en la historia del flamenco llegando a grabar diversas versiones de esta composición.** Así, en 1945, en un NODO sobre Lora y su romería, sonaba como música de fondo el tema de la romería loreña pero con una letra bastante cambiada sobre la primitiva grabación. Finalmente, en 1961, en la discográfica Hispavox, el Níño de la Huerta grabó su última versión de esta celebérrima composición. ** Romería Loreña Escribía el escritor y columnista Don Antonio Burgos en el Diario El Mundo, con motivo de la colocación del busto del Niño de la Huerta en la Placita de Santa Ana de su pueblo, en enero de 2006 : "...La Romería Loreña ha sido el mejor cartel que nunca ha tenido los cultos en honor de la Virgen de Setefilla. España entera supo que existía Lora del Río en la voz del Niño de la Huerta...". Efectivamente, esta composición se hizo en poco tiempo el himno casi oficial de la anual peregrinación setefillana. Desde estos primeros años no ha faltado nunca aficionados al cante que, tras los cultos en el Santuario,
Y ¿Qué había cambiado en Lora cuando se graba La Romería Loreña? -La Plaza de Abastos, finalmente diseñada por el equipo de Aníbal González, se terminó de construir en 1925, pasando entonces los puestos de verduras y otras mercancías que diariamente se instalaban en la Plaza del Ayuntamiento, a este nuevo edificio. -La construcción del Puente sobre el Río Guadalquivir, totalmente de hierro, por la Sociedad Metalúrgica Duro-Felguera, en 1928, acabó con los puentes de barcas y supuso la próxima desaparición de la figura del barquero. Uno de los cuáles, Javier Rosa, que cuando joven quiso ser torero y que llegó a torear algunas novilladas con caballos, fue inmortalizado por el celebre pasodoble Barquerito de Lora, que con letra de Román y Villafranca y música del maestro Segovia, fue interpretado con gran éxito en toda España por las tonadilleras de la época, especialmente Dorita la Algabeña y la madrileña Marisol Reyes. -La población de Lora, que a principios de siglo estaba estacionada, como hemos dicho, en unos 6000 habitantes, va a iniciar un lento pero imparable crecimiento: 1920 (6.751 habitantes), 1936 (10.752), 1955 (18.722) Este crecimiento demográfico tendrá como consecuencia inmediata una serie de importantes cambios urbanísticos que modelarán una nueva fisonomía del pueblo. -Y con respecto a Setefilla, tras los desgraciados sucesos acaecidos en la guerra civil, se empiezan a producir una serie de cambios en el interior de la Hermandad que la llevará a un espectacular crecimiento en número de hermanos, y a popularizarse tremendamente las romerías y tradiciones setefillanas. En el año 1953, el Niño de la Huerta decide retirarse de los escenarios. Su pasión por la vida sencilla y placentera en su finca serrana, Las Mesas del Carril, le tiraba fuertemente. Los paseos a caballo, la caza del pájaro con los amigos, las monterías, el disfrutar de su familia,... Sin embargo, pronto volvió a cantar, recorriendo de nuevo, en interminables giras, los pueblos y ciudades de gran parte de la geografía española. En 1960 actúa varias veces en Barcelona, acompañándole La Niña de Antequera y su paisano Pepe Núñez "El Loreño". Vuelve a actuar en Melilla y en Marruecos, hasta que finalmente se retira en 1961. El Niño de !a Huerta, el artista Hacer una valoración artística del Niño de la Huerta no es fácil, pues aunque la bibliografía que lo estudia no es demasiado abundante, si que presenta, sin embargo, una notable disparidad de criterios. Y las opiniones de aquellos familiares, amigos y aficionados que lo conocieron, no siempre coinciden con las noticias impresas. Nosotros vamos pues a reproducir algunas de las opiniones que hemos leído u oído sobre él y que creemos que más se ajustan a la realidad. En primer lugar la iniciamos con la del gran flamencólogo Anselmo González Climent, quién se ocupó extensamente de analizar su estilo y escribió: la singularidad del Niño de la Huerta resulta clara y honesta; apreciable mantenida; y sin altibajos, salvándolo de la mediocridad de aquel maremagnum de "niños" y "niñas" que tanto pululaban en el panorama flamenco de la época. Don José Núñez, "Pepito Núñez el Loreño", amigo y compañero de Curro en su última etapa, nos contaba como éste era un artista especial; su voz poderosa, natural, laina y dulce era “única" su privilegiada garganta, su nítida dicción y la dulce cadencia de su voz" le hacían tener "una maravillosa naturalidad para decir los cantes". Tenía una extraordinaria facilidad para pasar de los altos a los bajos, al igual que poseía una gran capacidad de movimiento con una misma sílaba. En el escenario podía, a veces, perderse un poco, pero en un cuarto, rodeado de amigos, en su ambiente, se crecía enormemente hasta hacerse grandioso, sobre todo por serranas y bamberas, que, aparte de los fandangos, eran, según familiares y amigos que le conocían bien, los palos que mejor se le daban. Evidentemente Curro Montoya fue un artista que conectaba maravillosamente con el público de la época. De las relaciones personales con sus compañeros tenemos pocas noticias. Sabemos, por ejemplo, como en un principio Don Antonio Chacón lo arropó y lo convirtió en uno de sus discípulos más apreciados. Pero a quien hemos oído hablar con frecuencia de Curro Montoya fue al genial Juan Valderrama, y siempre bien, lamentándose el cantaor de Torre del Campo que el loreño no ocupara el lugar preferente que por sus méritos le correspondía en la historia del flamenco.. Juanito, evidentemente, le tenía un enorme aprecio, especialmente después de los años de la guerra que vivieron juntos en Jaén. Pasados los años, cambiados los gustos musicales flamencos, el cantaor loreño sufrió un olvido nunca justificado que, afortunadamente, ahora empieza a cambiar reconociéndose su excepcional valía y su destacado papel en la historia del flamenco. El Niño de la Huerta actuó con todas las grandes figuras de la época. No tenemos noticias de que hubiese tenido problemas con ninguna de ellas. Entre sus más asiduos compañeros podríamos destacar: Niña de La Puebla, Niña de Antequera, Angelillo, Canalejas, Niño de Barbare, Carbonerillo, Caracol, El Sevillano, Manuel Centeno, El Rerre,... -Qué influencias recibió El Niño de la Huerta? En sus comienzos, siguió evidentemente la escuela de Don Antonio Chacón, figura mítica del flamenco que alcanzó una extraordinaria fama y éxito en los más importantes café-cantantes de la época (Sílverio, Burrero, Chinitas, Gabrieles,...), siendo un gran creador de estilos e intérprete genial, que dominaba todos los palos. Chacón generó una gran escuela flamenca donde se pueden encontrar diversas tendencias. Aquella corriente flamenca más barroca y melodiosa de la escuela chaconiana fue la seguida entre otros por Pepe Marchena, Porrinas de Badajoz y El Niño de la Huerta. Muchos críticos han señalado al Niño de la Huerta como un seguidor fiel de Pepe Marchena. Creemos que es una verdad a medias. Marchena fue un gran creador de estilos que conectaron estupendamente con los gustos del público de la época. Muchos artistas se vieron obligados a seguir esta tendencia marchenera para poder sobrevivir en los escenarios; algunos consiguieron elevarse sobre los demás merced a una calidad artística finalmente reconocida por el público. Este fue el caso de Curro Montoya que incluso antes de grabar La Romería loreña, ya contaba con grandes éxitos populares como fue, por ejemplo, El soldao herido, que le habían catapultado a la categoría de primera figura del cante del momento. Curro Montoya, un hombre honrado y cabal Curro Montoya, según cuentan los que le conocían y que tuvieron algún trato con él, era básicamente un hombre bueno. Hombre formal y de costumbres honestas. Su naturaleza tímida no la llegó a perder nunca; salía al escenario, se agarraba a la silla, junto al guitarrista, y comenzaba directamente a cantar. Tuvo tres hermanos y una hermana que también poseían buenas voces. De ellos, dos, Juan Antonio y Manuel, llegaron a actuar con él. Se casó con Isabel León Guerra, con la que tuvo una única hija, María Mercedes Montoya, a quien todos conocíamos cariñosamente por Nena, quien también cantaba muy bien, aunque sólo lo hiciera en la intimidad familiar. Oficialmente Curro siempre tuvo su residencia en Lora, en la actual calle Juan Quintanilla 2, donde venía siempre que le era posible, cuando estaba de gira. Por el contrario, los inviernos, cuando él casi siempre procuraba no tener actuaciones, los pasaba en la serranía, en las Mesas del Carril, cazando o paseando a caballo, sus grandes pasiones. Su carácter humano y cristiano ha quedado señalado ampliamente en multitud de hechos y anécdotas acaecidos a lo largo de su vida. Extremadamente devoto de la Virgen de Setefilla, favoreció largamente a la Hermandad, actuando también en espectáculos y galas benéficas. Esta actitud de humildad y extraordinario humanismo cristiano demostrado por Curro especialmente en su última etapa, va a ser correspondida por el pueblo de Lora que, en 1956 le rindió un masivo homenaje popular, donde acudieron algunos de sus compañeros de profesión, como por ejemplo, La Niña de Antequera. Su muerte, en 1964, debida a un cáncer galopante de maxilar, sorprendió a todos. Ya en el Santuario de Setefilla aquel 8 de septiembre se había extendido la noticia de su gravedad. Un día después fallecía en Sevilla el que fuera llamado el ruiseñor humano. Su cuerpo recibió cristiana sepultura en Lora. Miguel CASTILLO GUERRERO Junio de 2009
Discos que contiene el estuche homenaje.- Discografía completa de 78 rpm. – Digitalizada Temas del 1 al 12: Grabados en Enero de 1929, Niño Ricardo a la guitarra. Temas del 13 al 20: Grabados en Junio de 1929, Manolo de Badajoz a la guitarra. CD2. Temas del 1 al 4: Grabados en Junio de 1929, Manolo de Badajoz a la guitarra. Temas del 5 al 6: Grabados en Marzo de 1930, Manolo de Badajoz a la guitarra. Temas del 7 al 16: Grabados en Abril de 1930, Manolo de Badajoz a la guitarra. Temas del 17 al 20: Grabados en ¿? de 1930, Manolo de Badajoz a la guitarra. *Tema cantado a dúo por el Niño de la Huerta y su hermano Antonio Montoya Temas del 1 al 8: Grabados en ¿? de 1930, Manolo de Badajoz a la guitarra. Temas del 9 al 21: Grabados en Mayo de 1931, Antonio Serrano a la guitarra. CD4. Temas del 1 al 12: Grabados en ¿7 de 1932, Manolo de Badajo? a la guitarra. Temas del 13 al 18: Grabados en Abril de 1935, Juanito el Chufa a la guitarra. Tema 19 extraído de una grabación realizada por NODO en 1945.
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