El primer Festival de Internacional de
Flamenco, no podría haber tenido mejor cierre. Incluso, mejor que
el soñado. En la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe de la
República Argentina, en el teatro Municipal La Comedia, el día 8 de
Diciembre de 2002, y ante un marco excepcional, Enrique Morente hizo
docencia. Acompañado por Manolo Parrilla a la guitarra, el Granaíno,
pleno de facultades, conocimientos y sentimiento, nos regalò una velada
histórica. Hago mención a las circunstancias, ya que todo fue parte
de un marco insoslayable.
Si entendemos que no hay mayor pureza que lo que se hace desde el alma con el corazón y con sentimiento artístico, eso fue lo que tuvimos en la noche rosarina. El Maestro Enrique Morente, quien tiene una elevada lucidez y conciencia sobre su actividad, se mostró creativo, rompedor, ensanchando el horizonte del flamenco. Trascendiendo el arte a través del que se expresa, y al que de todos modos, nunca abandona. El sabe que el flamenco está vivo.
Es muy difícil en cualquier disciplina artística lograr una identidad definida.
Sonar con voz propia. Y Morente suena. Comenzó templándose por
una caña, y logró en el arranque mismo, conmovernos, apretar nuestras
manos. Siguió por alegrías, despojado, libre de ataduras, de imposturas,
nos hizo llorar. Parrilla estuvo a la altura de los hachos, sabe
lo que hace y a lo largo de la noche encontrará sus lugares, los
momentos justos para demostrar y deleitarnos.
Luego de las soleares, vinieron las malagueñas rematadas por fandangos de Frasquito el Yerbagüena.
En los tientos aparece Federico y su: "Como canta el alba como canta, que témpanos de hielo azul levanta". Enrique Morente nos devuelve la poesía de Federico García Lorca al mundo, dándole una presencia física, contundente, haciendo que la sintamos en el cuerpo, y haciéndonos creer que su música es el único vehículo posible para tanta belleza.
Habrá más Lorca en los tangos con "El lenguaje de las Flores" ("Llévame a los campos..."), y Manuel Machado ("...vino como viene..."). Su voz y su musicalidad hacen el prodigio de volver copla popular la poesía culta que musicaliza.
El final de la primera parte fue por seguiriyas de Silverio. Es tan
jondo el Cante de Morente, como el lugar del que proviene. Nos
lo trae de los siglos, atraviesa el tiempo, se embaraza de arte y nos
lo canta hoy. Lo que pasa por su garganta, sale de su corazón y nos
llega directamente al espíritu. Nos estimula, nos modifica, nos hace
mejores, como toda obra de arte cabal.
Así lo entiende el público que despide al Maestro con un aplauso de reconocimiento
y gratitud. Luego de un breve intervalo, regresan los dos artistas
al escenario y el público a sus lugares, como si de una ceremonia
religiosa se tratase. Esta segunda parte se abre con unas guajiras
airosas, para continuar por alegrías, con letras populares alternando
con las de Rafael Alberti y José Bergamin.
Otros tangos, y para finalizar, una nueva creación, un nuevo mestizaje (¿que otra cosa es el flamenco que la suma de mestizaje y tiempo?). Así nos regala "La Canción del Bongó", del poeta cubano Nicolás Guillén, por bulerías.
El Teatro de La Comedia en pleno, se puso de pie para agradecer el alto privilegio
de haber sido testigos de el hecho creativo en el preciso instante
en que está ocurriendo.
Morente derribó barreras con su arte lleno de música, de expresión,
de conocimientos, inteligencia, y fundamentalmente de sentimientos
(No redunda el repetirlo). Nos libró de ataduras, abrió vereas, y como
dijera el mencionado poeta cubano: "Despedazando el Silencio".
Cuando los hervores de la sangre se apacigüen y decanten las emociones y las turbulencias, todo est serà un glorioso recuerdo, templado al calor de la fragua, del grito desgarrado y la libertad.
Gracias Maestro.
Jorge F. Pinamonti.
El Ciruela.
Al Sur del Flamenco
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