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Triste y Azul

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EXALTACIÓN DE LA SAETA EN JEREZ 2005
Iglesia de SAN MATEO

Por José Luis Gálvez

   Sr. Cura Párroco de la Parroquia de San Mateo

 Dignísimas autoridades

 Sr. Hermano Mayor de la Venerable y Real Hermandad Sacramental de Nuestro Padre y Señor de las Penas y María Santísima del Desconsuelo, San Juan Evangelista y San Blas

 Sr. Presidente y Junta Directiva de la Peña Flamenca de la Buena Gente

 Sras., Sres., queridos amigos

 Quiero decirles que me siento muy honrado con el ofrecimiento que se me ha hecho para presentar la exaltación de la Saeta este año en éste bello templo de San Mateo.

Ofrecimiento que he tenido la osadía de aceptar agradecido, pues estoy unido a ésta ciudad por muchos lazos de amistad, de familia y también por el embrujo con que Jerez envuelve a todos los que la visitan con frecuencia, como es mí caso.

En ésta primera parte de la exaltación, que será tan breve como la segunda, pues creo que el protagonismo se lo debemos dar a la música y a las saetas, trataré de exponer algunas ideas sobre el origen tanto de la celebración de la Semana Santa como el de los cantos religiosos, que posteriormente derivaron en las Saetas.

Hay noticias de que fue en Tierra Santa donde tuvieron lugar las primeras conmemoraciones de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, allí se crearon liturgias específicas con las que los peregrinos cristianos celebraban las citadas conmemoraciones.

También allí se originaron las procesiones paseando solamente reliquias de la pasión, sin imágenes todavía.

Muchos creen que la Iglesia celebró éstos misterios desde sus orígenes, pero es desde los Santos Lugares de donde proceden las primeras noticias.

Ya en el siglo IV, una peregrina gallega relata las ceremonias litúrgicas y las procesiones de reliquias por las calles de Jerusalén y alrededores.

El hecho probablemente decisivo para empezar  a fomentar el culto público y privado a las imágenes, se dio en el siglo VIII con el Concilio de Nicea, en el que se reconoció la encarnación de Dios en Jesús Nazareno.

Éste hecho sin duda permitió el culto a las imágenes, y por tanto procesionarlas, en contra de los iconoclastas de aquella época que defendían todo lo contrario.

Ésta proliferación del culto a las imágenes desembocó en la creación de múltiples Hermandades y Cofradías con el objeto de reverenciar a multitud de advocaciones de nuestro Padre Jesús y de su Madre la Virgen María.

Algunas de estas Cofradías han pervivido hasta nuestros días, en Jerez mismo hay Cofradías cuyas primeras fundaciones se remontan a los siglos XV (dos de ellas), al XVI (siete de ellas) y al XVII (solo una).

En cuanto a la aparición de los cantos religiosos acompañando a las procesiones, se cree que son herederos directos de los cantos nocturnos que los franciscanos y dominicos hacían durante su labor misionera y mendicante en los siglos XV al XVII, posiblemente ellos a su vez los tomaran de los antiguos cantos de ánimas.

En el año 1691, el franciscano Fray Antonio de Escaray relata los vía crucis que sus hermanos, con sogas y coronas de espinas, hacían acompañándose de cantos penitenciales.

Así mismo no son ajenos a los orígenes de estos cantos los de los campanilleros y los del Rosario de la Aurora, uno de estos cantos (ya con cuatro versos) apunta la estructura de las entonces futuras Saetas:

 

Vivir mal y acabar bien

¿Como lo vas a conseguir?

Pues, si la vida es la muerte

Si mal vives, ¡ay de tí!

 

Por otra parte también podrían estar en los orígenes de las Saetas primitivas, los textos de Jeremías que la Iglesia incluyó en el Oficio de Tinieblas, o Maitines de Semana Santa, y que se cantaban en forma de “lamentos”.

También se adaptaron las Lamentaciones de Jeremías a la muerte de Jesús en el Oficio litúrgico de Viernes Santo.

Igualmente Fray Isidoro de Sevilla, en 1741, y Fray Diego de Cádiz, en 1791, recogen en sus obras letras que ellos llaman “Saetas Penetrantes”.

Así aparecen, quizás por vez primera, los cantos religiosos denominados como “Saetas”, que según una acepción de nuestro Diccionario significa: “Coplas breves que, para excitar a la devoción o a la penitencia, se cantan en Iglesias o calles durante ciertas solemnidades religiosas”, o como popularmente podríamos definir: “Oraciones breves que van, directas y veloces, del corazón del que las canta al de Jesús o al de su Madre María”.

Además de éstos orígenes litúrgico-religiosos, hay quién ve el origen de las Saetas en los cantos que los almuédanos árabes entonaban desde las mezquitas convocando a oración , ó también en los que los judíos conversos hacían para demostrar su devoción.

En cualquier caso estos cantos religiosos, o primitivas Saetas, que no eran más que salmodias monótonas, pausadas, de entonación grave, dejando en suspenso la cadencia final, se podrían clasificar según el tipo de canto o según la localidad donde se hacían, o se hacen todavía.

Recordando el estudio de la Saeta hecho por Rafael Infante y María José Zafra, esta clasificación es:

 

Según el tipo de canto:

-Las Penitenciales del Arrepentimiento: De las hermandades de las Ánimas, cuyo ejemplo sería:

De parte de Dios te aviso

Que trates de confesarte

Si no quieres condenarte

 

-Las Penitenciales Franciscanas: Cantadas por monjes franciscanos y dominicos durante sus procesiones, aquí el ejemplo podría ser:

 

Los tormentos y las penas del Divino Redentor

Son efectos del pecado

Con que el hombre le ofendió

 

Respecto de la localidad, las más significativas son:

-Las de Puente Genil: Saetas Cuarteleras, dialogadas entre los hermanos cofrades en sus cuarteles o lugares de reunión

-Las de Castro del Rio: Saetas Samaritanas, cantadas en la noche de Jueves Santo

-Las de Cabra: Saetas del Prendimiento, con caracter cláramente narrativo

-Las de Lucena: Saetas de Santería, dialogadas entre los costaleros de la misma hermandad, o de hermandades distintas, que cantan improvisando las letras

-Las de Marchena: Tienen diez tipos que naturálmente denominan desde Primera a Décima, siendo las Molederas las más conocidas

-Las de Arcos: La Saeta Vieja de Arcos, con reminiscencias de canto gregoriano

-Las de Utrera: Saetas de la monjas de la Consolación, que muchos creen que, junto a

-Y las de Mairena del Alcor: Principalmente la Saeta de Marín con sabor netamente gregoriano y la Saeta Revoleá que, aunque de origen marchenero, arraigó en Mairena.

 -Las cuarteleras de Puente Genil, son las más auténticas

Y como colofón a ésta primera parte, permítanme que cite dos letras de Saetas Molederas de Marchena donde se hacen de una forma llana, sin melismas y con aires de pregón:

 El que todo lo creó

El que adoraban los Reyes

El que al hombre redimió

Entre tormentos crueles

En la Cruz Santa expiró

 Y ésta otra:

 Cargado con el madero

Y coronado de espinas

Hacia el Gólgota camina

El inocente cordero

En la tercera caida

Y con movimiento del suelo

Las piedras se conmovían

Y se estremecen los cielos

 Hasta aquí ésta breve semblanza acerca de la genealogía de la Semana Santa y de las Saetas primitivas, en la segunda parte trataré de centrarme en la Saeta actual y más concretamente en la jerezana

Ahora dejemos paso a los verdaderos protagonistas de ésta exaltación, los cantaores.

2ª Parte

En ésta segunda parte de la Exaltación, como ya mencioné en la primera, trataré de centrarme en la Saeta moderna, o si lo prefieren en la Saeta flamenca.

Como en tantas cuestiones del flamenco, establecer la genealogía o la cronología de las cosas entraña bastante riesgo y el caso de la Saeta flamenca no es una excepción.

Ya mencioné que una de las acepciones que nuestro diccionario recoge para la palabra Saeta es, permítanme que la repita: “Copla breve y sentenciosa que, para excitar a la devoción ó a la penitencia, se canta en las iglesias ó en las calles durante ciertas solemnidades religiosas”.

 Pues bien, esta acepción está relacionada diréctamente con los cantos franciscanos, en las procesiones penitenciales, y se recogió en el año 1803.

Esto indicaría que la Saeta flamenca es posterior a éste año.

Por otra parte el jerezano padre Luis de Coloma escribe, en su novela “Juan Miseria” de 1873, que al paso del Cristo de la Expiración por la cárcel vieja, los presos cantaban “esas extrañas y lúgubres melodías que llaman en Andalucía Saetas”.

Esto parece indicar que antes del 1873 ya existía la Saeta flamenca.

Éste intervalo de 1803 a 1873 es reducido por otros estudiosos del tema de las Saetas.

Tema que obviamente necesita de más investigación.

En cuanto a las varias razones que explicarían la evolución de la Saeta primitiva hasta la actual, creo que las fundamentales son éstas dos:

-         Primera, el conocimiento que ya se tenía, a partir del segundo tercio del siglo XIX, de las formas flamencas que la Saeta moderna ha adoptado

-         Y segunda, la tendencia popular, que en Andalucía es casi una necesidad, de expresar públicamente la devoción por las diversas advocaciones de Nuestro Sr. Jesucristo y de su Madre, la virgen María.

En efecto se puede decir que aproximadamente desde el segundo tercio del siglo XIX es cuando los primeros profesionales del flamenco sacaron los cantes por Tonás y Seguiriyas de los ámbitos reservados donde habían estado recluidos hasta entonces.

A partir de esa época estos cantes se desarrollaron gracias a la gran cantidad de creadores e interpretes geniales que surgieron en aquellos tiempos dorados del flamenco y en posteriores generaciones.

Además está la necesidad de las buenas gentes de Andalucía de celebrar su Semana Santa, que se evidencia en el hecho de que cuando prácticamente todo el orbe católico se entrega al dolor de la Semana de Pasión, recogiéndose en si mismos, en Andalucía sacan a Dios a las calles para aclamarle, jalearle y cantarle Saetas.

 

Parece como si el cante fuera necesario para llegar a Dios, sentirle más cercano y considerarlo como un hermano al que confiar duquelas y alegrías.

 

Tan cerca de Él se llegan a sentir que hubo un tiempo en el que se le hacían coplas excesivamente confianzudas como:

Viendo Cristo que su muerte

La tenía tan cercana

Se echo la chaqueta al hombro

Y se fué pa Dos Hermanas

Esto no creo que fuera irreverencia sino un acendrado sentimiento de cercanía a Jesús en su faceta de “hombre verdadero”.

Si alguien nos pidiera una descripción de la Semana Santa podríamos decirle, tras explicarle el hecho fundamental del mundo católico que en ella se conmemora, que es (acordándonos de un artículo de Carlos Colón) una amalgama de lo medieval, lo barroco, lo romántico y lo religioso que resulta en algo que podemos apreciar con todos nuestros sentidos: La vista, con un derroche artístico de bellísima imaginería; el olfato y el gusto, con los aromas del azahar, del incienso, de las flores de los pasos y de la cera fundente; el tacto, con el roce del terciopelo de las túnicas nazarenas y el aire templado de primavera; y el oído, con las marchas procesionales, el ruido de los varales de los palios, los aplausos al buen hacer de los cargadores y capataces y sobre todo el eco emocionado de las Saetas.

Saetas que más que cantes son rezos (San Agustín decía que quién reza cantando reza dos veces) y que se hacen por todas las variedades conocidas de Tonás y por Seguiriyas. Como cosa curiosa esporádicamente también se han hecho por Soleá, Polos ó Cañas.

También se hacen mezclando las Seguiriyas con Martinetes o Carceleras, ¡y con Cabales a veces!

Un caso especial es la Saeta por Seguiriyas rematada con un espectacular Martinete redoblao, que se hace en Málaga.

Les voy a decir algunas letras de Saetas creadas por el inagotable ingenio de Jose Vargas “el Mono de Jerez”

 

Al Cristo de la Expiración:

 Negro como tu pelo negro

Negra como tu agonía negra

Negro como fue tu quebranto

Negra como la noche negra

A la Buena Muerte:

 Hasta las lágrimas de tus cirios

Están sintiendo tu muerte

Santiago te gime y llora

Y hasta se viste de negro

Cuando amanece la aurora

 Al Dulce Nombre:

 Tu te llamas Dulce Nombre

Y yo tengo amarga la boca

Viendo a tu hijo morir

De pena te vuelves loca

 Al Prendi y a la Buena Muerte:

 Entre Prendi y Buena Muerte

Mi cariño repartío

Prendimiento mi corazón

Buena Muerte mi sentío

 A la Virgen de la Piedad:

 Madre mía de la Soleá

¡Que cara de pena llevas!

¡Que no se te pueé aguantar!

Porque a tu hijo lo llevan inerte

En una cajita de cristal

Con el natural respeto por todos los estilos y opiniones en ésta materia, creo que la Saeta por Seguiriyas es la que reúne las condiciones de una verdadera oración ya que puede decirse que es una plegaria emotiva, directa, conmovedora y corta.

Corta como debe ser una oración, ¡así Jesús o María pueden atender los ruegos de más fieles!

Con tales características tenía que tener su cuna en Jerez, donde más se aprecian los cantes cortos por lo enjundiosos y la dificultad que encierran, un cante corto evidencia sin remedio el más mínimo fallo de ejecución.

Ya el mismo Antonio Mairena dejó escrito que la Saeta por Seguiriyas es un “forma jerezana”, y fue en la calle Álamos del barrio de San Miguel de Jerez donde vio la luz el mejor intérprete de éste tipo de Saeta.

Y es en Bórboreo también donde sigue habiendo los mejores intérpretes de ésta saeta de ecos “torreros”.

Por cierto que entre la escasa docena de nombres de grandes saeteros de la historia de la moderna Saeta, en los que coinciden todos los estudiosos del tema, casi la mitad son jerezanos.

Con ésta tradición no es extraño que el visitante primerizo de Jerez en Semana Santa, vuelva a casa con múltiples recuerdos de experiencias difíciles de olvidar, experiencias vividas casi en cualquier lugar por donde un paso ó es sacado de su iglesia ó desfila por las estrechas calles ó es encerrado de vuelta en su parroquia.

Naturalmente todos tenemos imborrables recuerdos de la Semana Santa jerezana, ligados a esos momentos en los que todo se confabula para que la magia de una Saeta te golpee las entrañas.

Permítanme que comparta con Vds. algunos de esos momentos que tuve el privilegio de presenciar:

Uno podría ser ese paso de Nuestro Padre Jesús del Prendimiento, ya de recogida, encontrándose con su Madre la Virgen de la Soledad a la entrada de su iglesia de la Victoria y saludándola mecido hacia atrás, adelante, de costado y de través, subiendo y bajando la acera,  ¡y todo a compás de Bulerías!, ¡esto es solo posible en Jerez!

Ó cuando, recién desaparecido el irrepetible Curro de la Morena, esperaban varios de sus amigos en la calle Ancha la recogida del Cristo de la Buena Muerte para dedicarle unas Saetas. Inexplicablemente el paso no se detuvo y tuvo que ser su hermano Fernando quien de un salto lo paró con el pecho y le “lloró”, más que cantó, una estremecedora Saeta.

También ese año el patriarca de los Moneo, Manuel, le dedicó en la calle Larga, otra Saeta a Curro que apenas pudo acabar entre lágrimas, teniendo que ser rematada por su hijo Manuel.

Ó ese Santísimo Cristo de la Expiración asaeteado por cuatro cantes que, sin preparación alguna surgieron inesperadamente de un balcón inusitado de la Cruz Vieja y de las gargantas de Diego Rubichi, Antonio Agujetas, Manuel “Gordo de Tío Juane” y de su sobrino Pedrito, dejándonos sin lágrimas a los que estábamos a su vera.

Igualmente inolvidables resultaron las Saetas que José y Ángel Vargas Vargas cantaron a Nuestro Padre Jesús del Prendimiento y a María Santísima del Desamparo, en la misma iglesia de Santiago, agradeciendo la curación de un nietecito de Ángel.

Y tantos otros cuyo relato sería interminable.

 Para acabar me atrevería a recomendar a los que visiten por primera vez la Semana Santa de Jerez que presencien tantas salidas de pasos como les sea posible y que se preparen para un largo Viernes Santo lleno de acontecimientos:

La madrugada en la calle Larga con el paso de las

seis cofradías que prosecionan temprano ese día,

la mañana en la calle Ancha con la recogida del Cristo de la Buena Muerte,

la tarde en la esquina de las calles Mariñíguez y Sol al paso

del Cristo de la Expiración y la Virgen del Valle

y la noche en la Cruz Vieja con la recogida de éstas dos mismas

 advocaciones camino de su casa, la Ermita de San Telmo.

 ¡Por cierto!, un año más San Juan echará de menos las Saetas que

el Chozas le cantaba en exclusiva

¡Ah!, y despues no dejen de recorrer el barrio de San Miguel o de Santiago porque podrían encontrarse con algún grupo de flamencos que, en algún local ó peña estén “aliviandose” por Soleá ó Bulerías de las tensiones emocionales que conlleva una Semana de Pasión vivida intensamente.

 

Muchas gracias por su amable atención

José Luis Gálvez Cabrera

 REFERENCIAS

Carlos Colón. El País Semanal, 23 de Marzo de 2002

Rafael Infante y María José Zafra. flun.cica.es/mundo_flamenco/revista/n008/salida11.html

 

Comentario escrito especialmente para la Asociación Triste y Azul "Cabales en la Red", totalmente prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de su autor. Reservado Derechos de Ley.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 
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