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Triste y Azul

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Chacón, Torre y Mojama,
un toque de atención al
Jerez Flamenco de hoy

por José María Castaño.




                    Como jerezano estoy muy agradecido por este homenaje a mi ciudad, uno de los centros flamencos más importante en la historia del género jondo, que no el único desde luego. Como aficionado e hijo de esta bendita tierra, que no puede ni debe eludir sus compromisos con ella, este reconocimiento debe servirnos para la serena y siempre productiva reflexión, más aún cuando se brinda tan cabal tribuna para ello. Intuyo que esta Sociedad de Amigos del Cante Grande de la hermana Algeciras ha pretendido un doble fin al evocarnos tan significativos nombres. No puede ser de otro modo cuando en los tiempos que corren, Soler, Vargas y los demás han tirado de las mangas a una ciudad recordándole su excelso pasado. O sea, reconocimiento y aviso para navegantes.

Y ha tenido que ser Algeciras con la admiración y respeto que tienen a esta tierra, quien le haga un guiño a mi ciudad con tan sólo nombrarle a Antonio, Manuel y Juan, tridente indiscutible de unos valores flamencos intemporales. Como ejemplos sonoros para, al menos, propiciar el encuentro con la verdad suprema. Jerez es demasiado orgullosa y engreída para avisarse a sí misma que necesariamente ha de volver la vista atrás, a su imponente historia, si quiere conservar el puesto de privilegio que le corresponde. El que no puede mantener recurriendo cada vez más, junto a sus valores innatos de siempre (cada vez más escasos), a una pataíta por bulerías, vendiendo desafinados cantes "de bautizo" como denominación de origen y entregando su alma al diablo de la comercialidad más vacía, sin medir las consecuencias. Esto dicho, como es lógico, con todo el respeto, el riesgo y la injusticia que supone generalizar.

Y esto está ocurriendo en el pueblo cantaor por excelencia entre otras cosas por su amnesia colectiva, por no querer mirar a su pasado, por preocuparse más hacia donde va que de dónde se viene. Y aquí no sirve únicamente el "España - Jeré" por mucho compás que se tenga como pócima de un todo vale. Jerez es mucho más, es un patrimonio vivo, inmaterial, junto a otras ciudades. Una riqueza que si no se vela por sus legados ella misma se condena al fracaso. 

A través de Don Antonio Chacón, debemos los jerezanos (y los que no lo son) romper esas absurdas barreras con los que nos rodea. El "papa" viajó y viajó a otras zonas cantaoras, algunas muy lejanas, para extraer de ellas la riqueza y dejar las suyas. Jerez debe abrirse, como siempre lo hizo. Dando y recibiendo valores jondos y no creyendo que lo mejor está en casa y punto, por muy buenas cosas que tengamos. Eso es empobrecer y mi Jerez nunca fue así. Como tierra de vinos generosos su universalidad es reconocida en todos los puntos del planeta. Como tierra cantaora debe ser igual. ¿Cuántos años llevamos si permitir que artistas de otros sitios actúen en Jerez? Eso no es justo, ni cabal, ni nada por muy cuna que se sea. Esto no es un euskadi del flamenco, ni el integrismo fue nunca, como hoy, una característica de un pueblo cantaor que recibió de otros sitios, cuanto dio. Don Antonio, aparte del "gran gachó" para los muchos jerezanos, es una pancarta extraordinaria donde tiene cabida la diversidad de formas, la riqueza musical, el amor por lo bien hecho sea de donde sea. Lo hermoso es la diferencia. ¿O acaso no lo es que en apenas los cien metros de Álamos a Sol no nacieran el mejor cantaor gitano y no gitano de la historia de nuestro arte sin discusión? Las conductas excluyentes a nada conducen y aquí ya escuecen.

Si no detenemos en Manuel Soto Leyton "Torre", la reflexión se reconduce hacia terrenos muy resbaladizos, los de la genialidad. Escribir o hablar de algo tan metafísico es tan complicado como imposible. Yo voy a otros lagares. Por ejemplo, el que se puede cantar lo más gitano del mundo con un buen repertorio. ¿A qué estamos reduciendo el repertorio de Jerez? Prefiero no contar. Manuel, siendo tan diferente a Don Antonio en concepciones estilísticas, nos sorprende en sus grabaciones (no tan malas como se dice) como una gama impresionante de siguiriyas, de soleás, de fandangos, tangos, saetas, taranto, malagueña, farruca, petenera etc... En tierras borbóreas se constata una falta de preocupación por estos registros impresionante. Le duela al que le duela, dos letras de bulería por soleá, dos fandangos (en Jerez algunos se pagan cada uno a 300.000 pesetas de las antiguas) y una vuelta por bulerías... y soy el mejor del mundo porque soy de Jerez. Por ahí no entramos ya ni los de aquí. Y no digo nada si bajamos al terreno de la aristocracia genealógica. Si vienes de Paco la Luz o Marruro, por ejemplo, eso no es una patente de corso, es una responsabilidad y una obligación por buscar tus raíces. Ahí está Manuel Torre, se es genio porque se nace, se es y se hace. 

Y llegamos a "Mojama". Juan Valencia Carpio, nacido en el antiguo barrio flamenco de la Albarizuela, compendia las figuras de Manuel y Antonio. Este adelantado a su tiempo en tantos conceptos, si que tiene filón para las reflexiones más sinceras. Él mismo reivindica que "todo" es hermoso y grande, compatible y necesario en el flamenco. Desde el nacer con una voz pellizcante y gitanísima por sus genes y enriquecerse de los grandes maestros, como Chacón, buscando una sonoridad única, donde tiene su sitio la lacerante siguiriya y la musical granaína, sin que ello suponga un conflicto, ni enfrentamiento de las dos escuelas. Él demuestra, desde su humildad artística, que el sumar siempre es más positivo que el dividir en esto del arte. Resulta entonces increíble que Mojama estuviera (¿está?) condenado al más vil ostracismo y hasta que Jerez no le dé el sitio que merece seguirá sin encontrar su norte. Aquí tienen peñas hasta los aficionados, monumentos los de segunda o tercera, ciclos flamencos las que acancionan. Mojama debiera tener el suyo para recordarnos en cada momento como se puede compendiar la emoción y el conocimiento, la ciencia y el corazón, el llanto y la afinación, el compás (en ello superó con creces a sus dos homónimos del homenaje) y la solemnidad...

Tendríamos todos que abundar en estos conceptos, ampliándolos a otras soleras flamencas de otras zonas cantaoras, para contribuir en lo posible a que este patrimonio inmaterial e inmortal que es el Cante Grande siga su natural cauce, no se pide más. Para ello, hay que mirar al pasado, no como un intento de fosilizar nada, ni pedir que ahora se cante como entonces, no. Sólo para que se conserven los valores flamencos esenciales, aún cuando por imperativos inexorables del tiempo se vayan actualizando y renovando del mismo modo que en Jerez regamos los vinos nuevos con las soleras madres. Y éstas, por encima de otras muchas, están hoy representadas por Don Antonio Chacón, Manuel Torre y Juan Mojama. ¡Que bien afinan por Algeciras!. Gracias por el homenaje, gracias por el aviso de quien ama.

José María Castaño Hervás
Jerez, festividad de la Merced 2003

Artículo publicado en el número 11 de la revista Al Yazirat de la Sociedad del Cante Grande de Algeciras, en su número de noviembre con oportunidad de dedicar la palma de plata al CAF, haciendo mención especial a Don Antonio Chacón, Manuel Torre y Juanito Mojama




 

 

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