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“Romancero Gitano”

Crónica poética

 Por  Laura Moss

El Ballet Flamenco de Andalucía, bajo la dirección de Cristina Hoyos, presentó su espectáculo el “Romancero Gitano”, dentro del marco de la XX Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2006,  en la que Andalucía fue la Invitada de Honor.

Dado que este trabajo escénico fue presentado en dos foros y en dos fechas diferentes dentro de dicho evento cultural, deseo aclarar que, en esta crónica sólo me referiré a la función dada en el Foro de la Explanada del Centro de Exposiciones de dicha ciudad, el 25 de noviembre de 2006.

Función que inauguró el vasto programa de espectáculos que, para este importante recinto, han organizado la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y  la Universidad de Guadalajara.

Por tales motivos, esta representación del “Romancero Gitano” contó  no sólo con miles de espectadores, sino también con la presencia de las principales autoridades de dichos organismos oficiales.

 

Apreciaciones y versos

 Este es, a mi criterio, un espectáculo donde la obra poética de García Lorca, el guión, la dramaturgia y la dirección escénica de José Carlos Plaza, la interpretación  y la coreografía de Cristina Hoyos con la asistencia del primer bailarín “El Junco” y la música de Pedro Sierra, generan una sólida y rica estructura que, junto con el vestuario de Pedro Moreno, la escenografía y el despliegue visual de efectos y proyecciones,  dan  sostén y gran  relieve al área interpretativa.

 A saber; el cuerpo de baile conformado por Susana Casas, Rosa Belmonte, María del mar Montero, Rocío Alcalde, Cristina Gallegos, Lucía Guarnido, Zaira Santos, Jesús Ortega, José Luis Vidal, Javier Crespo, Jacob Guerrero, Abel Arana, Daniel Torres y Juan A. Jiménez.

Al cante, las voces de Reyes Martín, Vicente Gelo y Miguel Rosendo.
Al toque Andrés Martínez y Ramón Amador con la percusión de Roberto Carlos Jaén.

Un espectáculo, donde los diez romances escogidos, son tratados plástica y escénicamente, de manera autónoma, pero a la vez donde se percibe un manejo sumamente cuidadoso y sensible de las transiciones y un sentido de unidad contundente.

Una propuesta escénica donde el texto lírico original, no sólo constituye la letra de los cantes o el recitado en algunos momentos, sino también es trabajado por el director y la coreógrafa  como un material poético sometido a un proceso de dramatización, convirtiéndose entonces, en acciones teatrales y en secuencias de movimientos como parte  de la escritura escénica y del discurso coreográfico.

Un  trabajo que peyisca, simultáneamente, desde distintos flancos; ya que  sus artistas han sabido involucrarse en una visión de conjunto, construyendo un complejo y singular tejido.

Así entonces, es posible disfrutar la estrecha vinculación que existe entre las tonalidades, diseños, texturas del vestuario, las proyecciones y la  iluminación, lo que genera atmósferas e imágenes de gran belleza, integrando, visualmente, los personajes al fondo.

Podemos observar,  cómo la composición coreográfica de Cristina Hoyos se apoya  tanto  en  patrones meramente dancisticos como de orden dramatúrgico, dando como resultado un espectro de combinaciones que considero superior al logrado en “Viaje al Sur”.

De igual manera, es posible notar, como enriquece al trabajo de los intèrpretes las pautas de dirección emitidas; acercándolos a las situaciones dramáticas planteadas y a las circunstancias y motivaciones de sus personajes para que puedan  integrarlas a su baile.

En relación a este aspecto,  cabe mencionar que, con independencia de los grados de resolución interpretativa,  he visto a los integrantes del Ballet Flamenco de Andalucía, profundamente comprometidos e identificados con esta propuesta. En suma, una Compañía que posee, hasta el momento, frescura, calidad y entrega.

El baile masculino muestra su furia y jondura en la “ Reyerta”, sin duda, uno de los cuadros más intensos del montaje.

Dentro del baile femenino se lucen  los trabajos de Susana Casas  en el “Romance de la luna, luna”  y  de  María del Mar Montero en “ La monja Gitana”.  Pero sobre todo quiero destacar la interpretación de  Rosa Belmonte, bailando unos verdiales, “Preciosa y el aire” con una calidad de movimientos exquisita y  transitando con sentido de verdad  los distintos estados internos de su personaje.

 Una mención aparte, para el “El Junco” primer bailarín de la compañía, quien, con su presencia escénica y su  notable técnica, encarna a  Antonio el Camborio a lo largo de los  respectivos romances.

Irradiando su luz, por alegrías, cargando su propia sombra, por tarantos o simplemente siendo una caña de  maíz... quebrada

Este artista gaditano tiene mucho para dar dentro del baile flamenco.

Y por supuesto decir que ha sido un  privilegio para mi, ver por primera vez en vivo, a  Cristina Hoyos. Ella puede cambiar su energía escénica con una ductilidad sorprendente, nunca es la misma, sabe ser una más de las gitanas que palmean y jalean desde su silla de mimbre, convertirse en verde rama bailando por bulerias en ese final de fiesta o simple y sencillamente ser la Soledad Montoya que baila su “Pena negra” por bamberas, densa como un toro herido, haciendo sonar palillos y con su bata de cola “en las sierras de aceituna, bajo el rumor de las hojas”

Regresando a la puesta en escena, es muy grato comprobar como la misma  es favorecida por la presencia del flamenco a través de los diseños coreográficos que surcan el espacio, de la energía que proyecta el baile y de la particular manera en que la  estupenda musicalizaciòn de los versos, la selección y  variación de los cantes y la hermosa interpretación de los cantaores y músicos, incide en el tempo escénico y apoya el tono dramático de cada cuadro.

¡Ay¡ sentir esas voces y esas cuerdas meterse en las texturas del drama...
En este territorio deseo destacar especialmente, el bellísimo cante  y  la solvencia escénica de Reyes Martín, en un excelente trabajo.

Y por último decir que fue un autentico deleite ver al cuadro flamenco integrado a la acción dramática y ocupando un lugar fuerte dentro de la composición escénica, un lugar que se  convierte en símbolo, un lugar que es punto de partida y de llegada porque...

Allí comienza este rito,
en un fogón encendido.
Allí emergen los sonios,
allí canta la guitarra.
Allí calan los bastones,
la “Reyerta” es anunciada.
Allí se alivian las penas,
en el calor del convivio.
Allí recuperan fuerza
los que han sobrevivido
a las furias inhumanas
Allí el verde se hace vida,
la luna se vuelve llena.
Allí vive la esperanza.

 Por eso a mí  no me importa saber si lo que he sentido
es la voz de  Federico o el canto de  la guitarra.
Si el quejìo de las sombras viene del cante o del aire.
Si ese baile femenino es el que me hace flotar
o tal vez es el espacio, que se dilata, se achica
o se vuelve tan inhóspito que necesito treparme
en veloces taconeos para huir de ese lugar.

No es preciso para mí desmenuzar al detalle
lo que viene como un todo, indivisible, jadeante.
Y aunque prefiera una estética sin tanto efecto visual.
Aunque añore, por momentos, ver no sólo picardía
en los deseos prohibidos que  humedecen el silencio.
Aunque tenga otra visión sobre “La casada infiel”.

No puedo dejar de oír de los yunques su compás,
ni  puedo dejar pasar el blanco de luna, luna,
infinito hacia los cielos como floreos de espuma.

No puedo dejar de oler el aroma de la mar
mientras se desgaja el aire
y la luna se hace chica,
sólo un punto de congoja,
un remedo de si misma.

O recordar esa monja,
desdoblada en tantas otras,
que baila sola por tangos
lo visible de su historia.

Para luego desprenderse
el claustro de sus vestidos,
dejando pasar el aire
por sus deseos prohibidos

¡Ay¡ qué nudo tengo ahora,
es el compás que taladra
ya nada tiene regreso,
los zapateados no paran.

Son gallos embravecidos,
con espolones sangrientos.
Y cuando todo se acaba...
un llanto por seguiriyas
para cantarle a los muertos.

Me quedé cerca del río,
los ví bailar por farrucas,
pero un gesto de desprecio
me dejó con amargura.

Y luego me fui corriendo
a sentir las alegrías,
que baila Antonio El Camborio
en su camino a Sevilla

No sé que pasó después,
ya no me acuerdo de nada,
sólo sé que había puñales
y una bravura humillada.

 ¡Qué jondo se ha puesto el cante¡
 Han matado ya al clavel.
La noche, toda de piedra,
era tan gris y tan seca.

Qué más les puedo decir
si tenia la garganta agujerada por los sables
¡Eran tantos¡ Retumbaban
- Qué siniestra es la barbarie-

Eran presencias sin rostro,
tricornios endurecidos
aplastándole las alas
a los pájaros del aire.

“¡Oh, ciudad de los gitanos
¿Quién te vio y no te recuerda?”
¡Bulerias de Jerez para
ahuyentar las miserias¡

Una vida de contrastes
de negras penas, de cante,
y un alegre fin de fiesta
con mucho verde en el aire.

 Laura Moss

 



 

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