| El fuego del dolor cantaor |
| lunes, 08 de febrero de 2010 | |
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‘JUEVES FLAMENCOS’ MANUEL MARTÍN MARTÍN / Sevilla / Diario El Mundo de Sevilla Abrió la noche por soleá como si marcara los acentos en un tiempo distinto, esto es, como si buscara la eternización de las formas desde Alcalá a Triana. Luego concretó su experiencia por seguiriyas pero a lo gitano, en las que buscó silencios abrasadores, con matices -Frijones, Talega, Marrurro y Juan Junquera- que hirvieron en lo profundo de las heridas históricas. También afrontó el desconsuelo de la malagueña de La Trini y la taranta minera de El Muela con la cartagenera de El Rojo, pero con una congoja teatral que El Pele convierte en lamento cuando no se escucha, con lo que no nos sanaba ni nos mataba, pero nos encendía con el alarido de su entraña rota. En contraste, hay que reseñar que el viento de su voz se sobrepuso a la tos impertinente hasta esparcirse sobre la hoguera de sus alegrías y bulerías caracoleras, mostrándose como el agradecido sol del invierno, que calienta pero no quema. El cante de El Pele era, empero, fuego, el del dolor, consiguiendo la transferencia del calor a través de la exquisita guitarra de Patrocinio hijo, que permitió que la música se desplegara y desenvolviera poco a poco, infundiendo esa respiración tan característica de los gitanos viejos. Y a esta guitarra rítmicamente contundente y contagiosa, con un júbilo extremo en el fraseo de sus cuerdas, asociamos la gitanería triunfal de El Pele, con características propias de un avezado cantaor, exagerando los matices de intensidad expresiva, jugando a su antojo con segundas voces y dominando el tempo a su capricho, a más de mostrarse sensual en la melodía libre y anguloso y aristado en los estilos complejos. |