XII Festival de Jerez
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| .. | ¡¡POVEDA HACE VIBRAR LAS FIBRAS MÁS INTIMAS DE NUESTROS CORAZONES!!Rodeado por auténticos artistas cabales, Luis “El Zambo” , Moraíto Chico, Chicuelo y Diego Carrasco. Este escrito en parte se parecerá a una confesión más que a un comentario sobre un evento flamenco, la culpa es porque desde anoche que siento mucha paz y satisfacción por haberme atrevido a mis setenta y tres años a la aventura de retornar a mi Jerez. A los diez y ocho años emigré, cuando el flamenco en mí no era una cosa de sangre, de familia o de barrio, la necesidad espiritual de tener algo que me mantuviera en el recuerdo mis orígenes en lejanas tierras, fue lo que me acercó al flamenco, lo suficiente para aguantar cincuenta y cuatro años lejos de aquí, hace un año que estoy de nuevo en mi Jerez, feliz, escuchando todo el flamenco que las circunstancias me lo han permitido, he visto muchas y buenas cosas, pero lo que presencié anoche ha sido el colmo de lo sublime, lo que en mis sueños en tierras lejanas mantenían vivas mis esperanzas del retorno, lo de anoche fue más de lo que yo esperaba, algo soñado que si mi emoción interior me lo permite trataré de narrárselos con toda mi alma. Hacer el flamenco como hace un siglo, un antiguo tabanco y en él un cuarto de cabales, tres mesas de madera y siete sillas de enea, nada más y eso es suficiente y lo que necesita el buen flamenco para expresarse, nada de grandes producciones, coreografías, vestuarios y lo que es peor, inventos raros, delirios ni nada de nada, en el flamenco está todo inventado, las cosas raras huelgan, con esos elementos solamente se pueden hacer grandes cosas y llevar al flamenco por el mundo seguro que lo entenderán por más rara que sea la lengua que se hable donde se valla, lo único necesario es flamenco por derecho, en su ritmo y compás, y en nuestra tierra, en toda andalucía y en gran parte de España hay artistas capaces de cantar y bien, la prueba la tenemos en lo que estoy comentando, ninguno somos dueño de nada y tampoco de la verdad. Miguel le puso de nombre a su presentación Sin Frontera, queriendo decir precisamente eso, el cante flamenco no tiene fronteras, pero sus vivencias más fuertes en el flamenco las tuvo desde muy joven, cuando siendo un chiquillo que acababa de salir de la mili, vino a Jerez y aquí se lo recibió y acunó como un hijo natural de esta tierra, su humildad de niño bueno, que por suerte todavía conserva y me lo imagino siempre con la misma condición, -esa impresión me causó cuando tuve el gusto de hablar con él-, hizo que en Jerez tuviera otra familia, la calle Nueva y sus gitanos lo adoptaron, por ese motivo dijo que el flamenco no tiene fronteras y su capital es Jerez de la Frontera. ![]() En ese cuarto de cabales se instaló el duende desde principio al fin, la noche la abrió Luis “El Zambo”, bulerias al golpe, marcando el compás con los nudillos sobre la mesa Moraíto, A.Peña, C. Grilo y Cantarote, el principio para romper el hielo y empezar a calentar el ambiente, sin palabras señores, en el extremo del escenario, sentados en sus sillas, Miguel y Chicuelo, se arranca por mineras, impresionantes, su voz se alargaba y cortaba los tercios de manera más flamenca imposible, cante gitano puro de Jerez, de verdad que no fue Lámpara Minera por suerte, lo fue por categoría, nuevamente Luis, soléa, que barbaridad amigos, sus versos se vinieron y se instalaron muy dentro nuestro, un silencio que se rompía únicamente con los olee que premiaban los jipíos de Luis, la soleá la acompañó al baile Andrés Peña, nuevamente nos vamos al otro extremo donde esperaba Miguel que nos regaló unas malagueñas estupendamente ejecutadas y rematadas por cantes abandolaos acordándose de Cartagena que terminó con Miguel acercándose a la mesa y convirtiéndose en una gran reunión, la realidad del flamenco señores, y se vino la tanda de Martinetes, los dos Luis y Miguel, Miguel y Luis. ![]() El cante se convierte en una celebración por la unión de las mesas y parroquianos y se arranca la bulería, nada menos que la llamada “Que borrachera”, la sonanta de Moraíto con ese compás increíble por bulerias de Jerez y los dos artistas cantando, repartiéndose los tercios, una barbaridad. A continuación Miguel con el arte del toque de Chicuelo se arranca por tientos-tangos, demostrando su sabiduría ya que cualquier palo lo canta y a conciencia, comprometiéndose y no para salir del paso, y se viene el lamento plañidero de la seguiriya, que cante de Luis “El Zambo”, los olee del público siguen brotando espontáneamente como ocurrió durante toda la noche, que cante templado, pausa donde tiene que ser, fantástico amigos, cambiando el tercio se arranca Miguel por cantiñas, que ritmo que compás y nuevamente se arranca Andrés Peña con el baile, muy bien por los dos, número intensamente aplaudido. ![]() Al tener en el tabanco a dos grandes guitarristas no podía faltar el dúo de guitarras, bulerias, las empieza Moraíto y le toma el pulso Chicuelo, que sonoridad, que melodía, parecían una sinfónica, grandioso dúo, que toque señores, y seguidamente Miguel nos hace otro regalo, bulería –Lola-, que barbaridad amigos, no tengo más palabras para calificar y llega el fin de fiesta como no podía ser de otra manera por bulería con el cante que Miguel sacaba hasta de sus entrañas y donde Luis “El Zambo” descubría su cuna sin mencionarla, todos los artistas, se hicieron su pataita con arte y simpatía, ninguno de ellos se tiró atrás y el público disfrutando como nunca, la gala termina como empezó, Poveda y El Zambo haciéndose son con los nudillos en la mesa y unos tercios por soleá. ![]() Ovación y aplausos hasta el cansancio, el público como es norma en Jerez con palmas por bulería, pidiendo otra, una canción un tango, lo que fuese pero que cantara otra y claro al postre le faltaba la guinda y se aparece Diego Carrasco en escena, que gran momento, la propina y se arrancan los dos por el cuplé torero Alfileres de colores, tema que incluye Miguel Poveda en su último disco, magnifico bis que el público agradeció y se terminó, para desgracia, espero que no falte otra oportunidad de volver a ver y escuchar a este gran artista que va a mayores , si es que todavía no está en los primeros puestos del escalafón, se lo merece por ser cabal por el lado donde se lo mire.
NUESTRA CRÓNICA - PRENSA Poveda triunfa y ‘muere’ con JerezMiguel Poveda pone el Teatro Villamarta ‘patas arriba’ con ‘Sin Frontera’, un espectáculo flamenco con el que deja patente que Jerez es más centro que frontera del cante David Fernández – Diario de Jerez Como cuando lo adoptaron en la calle Nueva. Por muchas vivencias como éstas, por muchas juergas en El Colmao, anoche le rindió en Villamarta un homenaje con Sin Frontera a una ciudad que considera la capital del cante, no la frontera. Que no enciendan las luces, que no amanezca. El público, aún embriagado con tanto arte, se rindió a los pies de todos los intérpretes. Pero la fiesta que se representaba, la que hace años vivió Poveda con ‘El Zambo’ en Los Juncales, origen de la obra y tema estrella de su disco Zaguán, tocaba a su fin. De propina apareció en escena Diego Carrasco para reventar el teatro junto a Poveda al son de Alfileres de colores, el cuplé torero que incluye el artista catalán en su último disco, el magnífico bis que regaló al público. Ole. La obra resultó una propuesta brutal en cuanto a las buenas sensaciones y sencilla y coherente en lo teatral. Poveda sólo quiso sellar su pasión por esta tierra. Y lo hizo, de partida, al son de las bulerías al golpe de El Zambo. Moraíto, Andrés Peña, Carlos Grilo y Cantarote le hicieron compás con los nudillos y de la garganta del cantaor se pudo escuchar el timbre más gitano de los tiempos que corren. Tres tercios le bastaron para volver la piel del público como un calcetín, y lo más notable es que pellizcó al personal con aparente e insultante facilidad. Con registros que giraron desde la gravedad y el puro gesto ritual hasta lo más hondo y racial, rozando lo litúrgico en ocasiones y lo borde y lo burlón, cuando se retorció la letra por bulerías. Todo un repertorio el suyo, todo un portento. A su lado se descubrió a Poveda —que dedicó la obra a Miguel el del Candela— invitando al diálogo desde Levante, dueño absoluto de las armonías y de los tonos que ponen los vellos de punta, alargando y recortando el cante. Parando sin dejar de cantar, a su antojo en las mineras y elevándose majestuoso en las malagueñas y los cantes abandolaos. La soleá de Luis se intercaló como un puñal que taladró el patio de butaca y que paró el tiempo. El reloj puesto en escena carecía incluso de las agujas. Fue el suyo un cante desgarrador que llamó al ole con el que tantas fatigas han mitigado los flamencos. Y contuvo el aliento de la afición como Paula con su capote, con una templanza sobrenatural. Hasta Andrés Peña rompió a bailar. La toná y el martinete fundieron a los dos artistas en la mesa que presidió el soniquete de Jerez y ambos sellaron su amistad. Muy pronto celebrarían el ‘bautizo’ de Poveda con fino de la tierra y a compás de las bulerías con las que narra sus vivencias en la calle Nueva. Al poco rato, ambos tenían la impresión de conocerse de toda la vida. Por tientos Poveda volvió a dejar claro que tiene un don para absorber cuantas propuestas llegan a sus oídos hasta convertirlas en algo propio tras imprimirles su sello. Y por tangos volvió a cantar pletórico en la voz y la emoción. Inmenso y fuera de serie, Moraíto, gitano cabal y artista de los pies a la cabeza, abrió entonces la puerta de su corazón para proyectar unas bulerías soberbias en comunión total con Chicuelo, otro que tal toca. Y en esto que El Zambo se vino arriba por seguiriyas confesando ¡VIVA EL CUARTO DE LOS CABALES!Una noche de genio sublime con el arte de Miguel Poveda, Luis “El Zambo, Moraíto Chico, Chicuelo, Andrés Peña, Carlos Grilo Luis Cantarote y Diego Carrasco. El homenaje a Jerez fue una auténtica delicia. Luis Román – Diario Información Jerez De entrada, estaba claro que la noche de Sin Frontera, poderoso y exquisito homenaje a jerez de un cantaor nacido en Badalona, estaría marcada por la sobriedad en los utensilios desplegados en el proscenio. Sin más aditamentos que los verdaderamente imprescindibles, como una mesa larga y varias sillas, el desfile de arte fue dando motivos . a la algarabía de los aficionados que agotaron las localidades del coliseo. Con Luis El Zambo está garantizada la continuidad de una línea de entender este flamenco que tanto paladean los sibaritas de la jondura. Su metal de voz, unido al compás que atesoran sus giros por cualquier cante, son argumentos capaces de poner la sal a este guiso flamenco hecho con la fuerza que emana directamente de la tierra, como le ocurre a Manuel Moreno Junquera Moraíto, guitarra made in Slimy. Andrés Peña al baile dejó la confirmación de su progreso imparable, demostrando que los desplantes sutiles y el arranque sin hipérbole pesan más que los artificios si alma de otros que por ahí pululan. ¡Vamos allá, maestro! Miguel Poveda recoge el atavismo de los siglos oscuros y las transforma en torrente desbordante a través de un timbre de voz que resuena con ecos sublimes. Da igual por lo que cante, ya que su magisterio interpretativo da magníficas lecciones a los insensatos que miran con lupa el DNI. Miguel es de la patria flamenca, la única que sólo exige el visado de la verdad, el compromiso inquebrantable con la esencia. La tierra es para quien la trabaja y el señor Poveda es de este pueblo porque ha labrado con su talento artístico las feraces campiñas del Marco, regándolas con el honrado sudor proletario de un gran vendimiador de uvas flamencas. Y acompañado por Diego Carrasco -presencia tan inesperada como agradable-amaneció en Jerez un nuevo día pleno de genialidades.
Temporal de canteReferentes de lujo en los cantes de Reyes y MoneoANTONIO CONDE – DIARIO LA VOZ Despedida a lo grande del cante más puro. Cante Jondo. La bodega de Los Apóstoles echó el cierre de sus puertas y finalizaron las sesiones que allí se han celebrado a lo largo de estos últimos quince días. El privilegio y la responsabilidad recayó en el chiclanero Antonio Reyes y el archijerezano Manuel Moneo. Juventud versus experiencia de encontraron. Reyes, que estuvo custodiado por Antonio Higuero, ejerció el derecho de enfrentarse en primera instancia. Con un eco muy particular que le permite hacer un recorrido melódico amplio, eligió decantarse por un repertorio sustancialmente caracolero. Zambras del genio sevillano, tangos y seguiriyas además de bulerías en su recital, fueron sus argumentos. Patricia Valdés se echó al baile con la zambra Gitana Blanca por bulerías. Fandangos y vuelta de tuerca con otra zambra animada y aderezada por la bailaora y por la violinista Sophie Quarengui. Y Jerez estuvo allí para rendirle honores. Un séquito de aficionados, familia y amigos del barrio de La Plazuela tuvieron la oportunidad de escuchar a uno de los referentes del cante más representativo de San Miguel. Manuel Moneo Lara, acompañado de Barullito en la sonanta, se encontraba a gusto y quiso servir en bandeja su raza. El público le jaleó desde el comienzo, incluso antes de echarse pa'lante en la soleá, con un recorrido por Alcalá de un extremo a otro. Le gustó el paseo y se quedó. Matices mairenistas se recogieron en el camino. Cante grande en la seguiriya en las que mostró su genio a fogonazos, propio de su condición, con ecos del injustamente olvidado Javier Molina en las manos de Barullito. Fandangos de Torre y aportaciones jerezanas en su entrega del cante que evidenció ciertos desafinos, característicos de ciertos cantaores, que se olvidan de medir el cante y se dejan enduendar, entregándose sin medida. Bulerías por soleá escasa de contenido y bulerías de Jerez germinaron la esencia de La Plazuela en la voz inimitable de uno de los pilares del cante de la segunda mitad del siglo XX. El color y el retrato sepiaFrancisco Sánchez Múgica – Diario de Jerez El pasado viernes fue el día grande del cante en el XII Festival de Jerez. Si Poveda y El Zambo ofrecieron la mejor versión de ellos mismos en su homenaje a una de las grandes cunas del flamenco, Jerez, el chiclanero Antonio Reyes y el plazuelero Manuel Moneo redondearon una jornada cantaora apoteósica que ha sido largamente demandada a la organización de una muestra, de, esencialmente baile flamenco y danza española. Sin embargo, es muy de agradecer que, al menos por un día, el cante cobre relieve y sea el gran protagonista. Con Manuel Moneo en plenitud de facultades, con la garganta abierta de par en par, todo es posible. El patriarca de la legendaria estirpe de La Plazuela no es maestro del cante en sentido estricto, pero sí quijote y defensor a ultranza de una raza flamenca, herida de muerte. Pertenece a otra generación de intérpretes y conserva esa estampa atemporal sobre el escenario que evoca a los más grandes. Daguerrotipo inmóvil. Estampa sepia que alacena un poso de sabiduría cantaora. El pasado viernes en Los Apóstoles anduvo sobrado de energía. Sumamente a gusto y arropado por su público, Moneo prodigó quilates de mucho arte, en el cante y en su diálogo fluido y constante con los espectadores de la bodega. Dedicó el recital a la pequeña Mari Luz, preguntó al público cómo se encontraba, pidió una copita de fino, dio las gracias una y otra vez, y recomendó a sus familiares que subieran "por lo oscurito" a acompañarle sobre el escenario Como si caminara por el suelo pedregoso de la calle Empedrada, el cantaor plazuelero arrancó por soleá. Cante rancio para un metal distintivo. Los oídos agradecen una buena ración de cante sin aditivos. Su eco se prolonga desde la Alameda Vieja hasta la calle Acebuche como si fuese una onda expansiva. Es un pozo sin fondo en los recuerdos para Joaquín el de la Paula, Mairena o Jilica de Marchena. Menuda profundidad. Con poderío, sin batallar con su queja, sin pelearse con el cante, Moneo encara la seguiriya y, afligido, conmueve, pellizca el estómago. Le pide paciencia a Barullito en las notas de entrada de los fandangos. El joven se acelera en ocasiones, pero tiene un toque añejo que acaricia la esencia y el buen gusto de otras familias flamencas claves de San Miguel: los Parrilla, por ejemplo. Aquí hay guitarra de futuro. De nuevo, remembranzas a Manuel Torre y Pastora Pavón. No podían faltar. Más soleá por bulerías y para rematar, Terremoto y Mojama resuenan en las bulerías. Fiesta de clausura en la que Macarena Moneo tiene espacio para darse una buena pata. Moneo se va por bajini tras vaciarse sobre las tablas. Qué buen sabor deja en el paladar lo auténtico, qué bien sienta el cante mineral y la voz jonda de un cantaor de época. La otra cara de la velada fue Antonio Reyes, el color luminoso ante las tinieblas de la profunda oscuridad, el retrato sepia. Un joven valor que poco a poco ha encontrado su sitio en el panorama flamenco actual. El chiclanero ha llegado para quedarse y tiene casta, entrega y cualidades para alcanzar la meta que se proponga. A medio camino entre aquel Caracol showman y el Camarón más brillante, Reyes tiene una afinación perfecta y está lleno de música interior y ritmo. Armonioso, aterciopelado, profundo conocedor y aficionado, caracolero hasta la médula, el niño que debutase de la mano de Manuel Morao en los Jueves Flamencos de Jerez ya ha crecido y empieza a madurar como artista de primer nivel. Los tientos de la rosa, tangos camaroneros y ecos, como hace habitualmente, del Pica en las bulerías. Percute con la seguiriya y duele en los fandangazos. Con mucho gusto, paladeando cada tercio, expresándose en altos y bajos de forma equilibrada. A veces, con la potencia vocal de un tenor; otras, con la miel en los labios y en plena búsqueda interior. El cuplé por bulerías da entrada al baile de su mujer, Patricia Valdés, que repite con garra y tronío en la zambra caracolera con la que, acompañado también por el violín de Sophie Quarenghi, cierra su concurso en esta edición de la muestra. Reyes y Moneo. Día y noche. Tan lejos, tan cerca. La emoción une. 'CANTAORES': ANTONIO REYES Y MANUEL MONEO Acotaciones al programa Las dancísticas fusiones escénicasManuel Ríos Ruiz LA fusión de las Bellas Artes es un hecho que se remonta ya en el tiempo y que abarca todos los géneros, el musical al plástico, pasando por el escénico o el literario. Qué vamos ha teorizar sobre el tema que no esté en las mente de todos, Mas sí hay hoy que recordar que la fusión en el ámbito del flamenco es cada día más consumada. Por lo que el baile flamenco también está llamado a coaligarse con otras danzas, en una búsqueda imperativa de algunos coreógrafos pata enriquecer el lenguaje dan cístico en estos lares españoles, pues allende y aquende los mares existen muestra fehacientes de su consumación, confluyendo la danza clásica, la contemporánea y la folklórica, porque en las agrupaciones existe un gran deseo de dar paso a propuestas espectaculares, siguiendo un argumento. En la Sala Compañía, el Festival de Jerez ha programado para hoy la obra “Las sobras del festín”, de la compañía Malucos, formada por Carlos Chamorro, Pepa Sanz y José Merino. Y en diversos escenarios, entre ellos el Teatro Pradillo madrileño, Has puesto de relieve su dotes para llevar a cabo esa mezcolanza de danzas que ciertamente cuenta con un público seguidor, dicho sea al margen de valoraciones críticas. En “Las sobras del festín”, Carlos Chamorro, que es el autor del argumento, se plantea filosofar sobre la vida y la muere. Se nos explica: “La obra transcurre dentro de un reloj, donde la vida frente a una mesa, reflexiona el sentido de la existencia. El tiempo comienza a contar sin posibilidad de dar marcha atrás, con un transcurrir impasible que nada perturba. La muerte en forma de mujer se aproxima sigilosa con su solemne paso. Es una cuanta atrás que nos guiara hasta llegar al íntimo abrazo entre la vida y la muerte”. Esta es la temática argumental, pues, a través de la cual Carlos Chamorro, Pepa Sanz y José Merino, nos proponen admirar sus dancísticas fusiones, a lo largo de una hora y veinte minutos. La danza, que según John Davies, es hija de la Música y del Amor, puede hacer verdaderos efectos estéticos. Por ello hay que esperar que “Las sobras del festín”, consigan el unánime aplauso del público. Apuntemos, finalmente, que la presencia de la compañía Malucos en el Festival de Jerez, responde claramente al sentido de apertura creativa que sus organización le ha prestado desde su concepción.
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