Establecer una semblanza y acercamiento a la vida de José López-Cepero implica establecer unos parámetros espacio-temporales que lo ubican en un determinado barrio, de una determinada ciudad y en un ambiente propicio para que lo que fue su vida, y llegara a ser de una manera y no de cualquier otra.
En la vida de José López-Cepero no se han encontrado antecedentes familiares de artistas, en ninguna de sus vertientes (cante, baile, toque), a pesar de haber nacido en uno de los barrios más flamencos del mundo. Un barrio de clase media baja, en el que la mayoría de sus habitantes realizaban las tareas propias de este tipo de barrio. Una época en la que los trabajos manuales conformaban uno de los mayores patrones profesionales de finales de siglo XIX. Una mayoría de habitantes de este barrio se dedicaba a las tareas propias del campo, trabajaban en las gañanías de las comarcas cercanas a Jerez; Lebrija, Arcos, Las Cabezas de San Juan, etc… Por otro lado también se dedicaban a otros menesteres; aguaores, venta de ganadería, trata de ganado, venta de cigarrillos, venta de pescado, etc…
De los antecedentes familiares de José López-Cepero apenas se sabe nada. Por tradición oral y comentarios de los viejos del barrio sólo se sabe el apodo o mote por el que conocían a su madre: La brisa. Parece ser que su trabajo fue el más antiguo del mundo.
De su padre y resto de familia no se ha encontrado nada. Parece ser que su padre pudiese ser un acaudalado señorito de la época que embarazó a la Brisa y para no complicarse la vida la estuvo manteniendo pagándole un cuarto en una casa de vecinos de la calle San Onofre.
Tras un largo rastreo por el archivo municipal en busca de su partida de nacimiento, todos los trabajos han sido hechos en vano. Nada ha aparecido sobre su fecha de nacimiento ni lugar. Las únicas aportaciones, en principio fiables, vienen de la tradición oral y de lo que se ha dicho en los ambientes artísticos, y es que nació en 1888 en la calle mencionada anteriormente, del barrio de Santiago.
Por otro lado, su apellido no pasa desapercibido en mundo del flamenco, pues Paco Cepero, el guitarrista jerezano asegura ser su sobrino-nieto. Hasta la fecha nada hay de cierto en esto, si nos referimos a datos objetivos, véase, partidas de nacimiento, empadronamientos, ningún dato que aporte claridad a este hecho, salvo el testimonio del propio guitarrista, que además parece ser que sólo coincidió en una ocasión con éste en el Teatro Villamarta cuando tenía 8 años. En aquella ocasión le hizo un comentario: “hijo, tu nunca ceá artista”.
No es de extrañar que no se conocieran pues José marchó a Madrid mucho antes del nacimiento de Paco y salvo en su juventud, donde recorrió todo el panorama nacional, el resto del tiempo, lo pasó en Madrid, sin salir apenas de allí.
Como cualquier niño de su época, su infancia transcurrió en los ambientes propios de un niño de corta edad, aunque su admiración por los mayores y además por los mayores que cantiñeaban fue muy temprana. Su niñez fue corta, teniendo en cuenta lo que hoy se entiende por niñez. Para la realidad de la época, era ya un mozo que podía ejercer labores de adulto, o por lo menos acercarse al mundo laboral. Es este barrio una cuna flamenca por excelencia por lo que el pequeño bebió de las principales fuentes cantaoras de la época. La tradición y el culto que en este barrio se mantenía con los valores locales, condicionaron sin duda su formación artística.
Cepero presumía de considerarse el cantaor más joven del siglo, pues relata que él comenzó a cantar con 8 años, en 1896 y que su compañero fue nada menos que Fosforito. Es este el seudónimo de Francisco Lema “Fosforito”, cantaor gaditano de reconocido prestigio, competidor de D. Antonio Chacón. Es en este tiempo cuando comienza sus primeros pasos artísticos. Con esa edad ya ganaba seis pesetas, y según él alternaba con Chacón y Fosforito.
Entre ambos existía una gran rivalidad artística, que no pasó desapercibida a Fernando el de Triana que afirma:
“recuerdo que, allá por al año 86 (siglo XIX) cantaban: Chacón en el Café de Silverio, y Fosforito en el Café del Burrero; y a ruegos de la afición, tuvieron que entenderse las dos empresas y arreglar los turnos de los dos cantaores, de forma que pudiera el público salir de escuchar a uno y llegar a tiempo de escuchar al otro. ¡Cómo se ponía el trayecto comprendido entre la calle Rosario y la calle Tarifa! Verdaderas bandadas de aficionados de todas las clases sociales comentaban lo que acababan de oír, deseando que llegara el momento de escuchar al otro ídolo para después iniciar con verdadero conocimiento crítico la labor realizada por los dos competidores amistosos”
Los comienzos de este niño no fueron precisamente con el cante, a pesar de ser considerado, con el tiempo uno de los más destacados cantaores del siglo XX.
Cepero, casi a diario se acercaba a la cercana calle larga jerezana donde había ubicada una tienda de vinos de nombre La Candelaria. En este incipiente lugar se reunían aficionados y artistas a diario, para después de las faenas, tomar vino y canturrear. Sus comienzos en el flamenco fueron como bailaor. Su escuela fue la calle, la intuición de los bailes que se hacían en las casas de vecinos, en los dichos, bautizos y cualquier otra excusa para reunirse y organizar una fiesta. Un niño delgado que se marcaba sus bailes al son de los aficionados que regentaban la tienda de vinos. Poco a poco fue tomando contacto con los artistas que por allí paraban y fue haciendo amistad, que a la postre le abriría puertas al llegar, años más tarde a la capital andaluza.
A Cepero solo se le conoce un oficio en su juventud, al margen de la de bailaor ocasional en la mencionada tienda de vinos. Trabajó durante unos años en las gañanías. Era un trabajo muy propio de los habitantes del barrio.
Esto es así por la siguiente casuística: A partir de la Reconquista, a mediados del siglo XV, tuvieron lugar importantes movimientos demográficos de las ciudades del suroeste de Andalucía (1)
Esta situación dio lugar a una importante concentración de gitanos en el Bajo Guadalquivir, lo que posibilitó que sus asentamientos se llevaran a cabo cerca de donde se ubicaran focos de profesionalización agraria, que era la principal fuente de ingresos de la época.
El núcleo de barrio santiaguero, donde se incluyen las calles Cantarería, calle Nueva, Lealas, de la Sangre, y Marqués de Cádiz, se especializaron en las tareas de campo, faenas de huerta, de siega, y todo lo relacionado con el campo. Las temporadas eran principalmente del algodón, aceitunas, remolacha, etc.. Uno de los porqués de que este barrio estuviera tan dedicado al campo fue hecho de los dueños de los cortijos, y por tanto de los campos, viñas etc.. precisaran de un capataz o manijero que coordinara esas tareas, y fuera el encargado de que se llevaran a cabo correctamente. Por lo general, el manijero iba al barrio y era el que elegía la cuadrilla que iba a llevarse a las tareas agrícolas A pesar de que este no solía hacer las faenas en el campo, sí era el que las dirigía y el que se encargaba de la los trabajadores se levantaran e hicieran su trabajo correctamente.
José Cepero trabajó, como decía, en las gañanías. Posiblemente la mayor parte del tiempo la ocupara en el cortijo ubicado muy cerca de Lebrija, de nombre La Zangarriana, en el que trabajaron muchos de los gitanos del barrio de Santiago. Allí coincidiría con el abuelo de Manuel Soto Monge “Sordera de Jerez”, y más tarde por allí pasarían también María la del Cajón, familia de los Sordera, María La burra, hija de Tío Borrico, José Vargas “El Mono”, etc… (2)
Pero Cepero tenía claro que su vida no estaba en el campo. Trabajó para ganarse la vida, para poder subsistir, como la mayoría de los gitanos de su barrio, pero José no era gitano.
Tras unos años en las labores de gañanía, en cuanto tuvo la oportunidad de alejarse del sufrido trabajo, así lo hizo. Su afición y sus facultades para con el cante, le abrieron camino para introducirse en los ambientes flamencos.
En las gañanías es posible que trabajara hasta su marcha a Sevilla, que fue en 1908. Alternaba su trabajo de campo con los cantes en los tabancos y los cafés cantantes de su ciudad.
Según él mismo, alternó con Chacón y Fosforito a muy temprana edad. Resultaría poco probable entender que con tan solo ocho/nueve años compartió cartel con estos dos artistas, a tan corta edad y teniendo que desplazarse a Cádiz, pero existen referencias de que fue en Cádiz, en el desaparecido Cine Escudero. A partir de aquí su cante empieza a conocerse en los tabancos, en las tabernas, y frecuenta con asiduidad los cafés cantantes de su ciudad, para escuchar a los que por allí dejaban su cante. Lo que le lleva a desentenderse del baile en pro de desarrollar sus facultades cantaoras.
Cuando llegaba del campo, se dirigía a estos lugares para empaparse de los cantes del barrio, de sus giros, de sus estructuras, lo que en un breve espacio de tiempo le dio unos conocimientos suficientes para poder comenzar a dejar que su voz se escuchase en el barrio.
Durante su juventud Cepero visitaría los cafés cantantes de su ciudad, en busca de buen cante. El café de La Vera-Cruz fue uno de ellos. Por allí pasaba lo más granado del cante y baile de la época. Funcionaba, al menos, desde el 7 de Abril de 1888, fecha en la que ya hay anunciado una función teatral, y cuyo propietaria lo arrendó al cantaor Juan Junquera, quién le puso su nombre, Café de Juan Junquera. Antes de esto, al menos desde 1868 funcionó con el nombre de Café de la Vera-Cruz. Junquera se dedicó de lleno a ofertar variedades de flamenco, cante y baile.
Importante este dato el de señalar este café cantante pues es aquí donde con mucha probabilidad Cepero conociera a Fosforito y a Chacón, pues actuaron entre otros El Canario, Juan Breva, El Mezcle, Carito, Marrurro [..], amén de estos dos. Asimismo, pudiera haber conocido también o al menos escuchado por primera vez al tocaor Javier Molina, pues según cuenta en sus memorias debutaría en el café hacia el año 1895 al 1890.
El café cantante “La Primera” fue otro de los lugares que frecuentaría Cepero. Por allí pasaron en esas entre 1900-1901 Juan Breva, Chacón, Manuel Torre, Niño Medina, Pastora Pavón, Luisa Requejo, y un largo etc.. de artistas que José tuvo la oportunidad de escuchar y aprender de ellos. Algunos de estos grandes artistas, con los años, fueron amigos de Cepero y otros no tanto…
Hasta ahora se ha tenido constancia, siempre a partir de referencias bibliográficas que la llegada a Sevilla de José Cepero fue sobre el año 1917. Pues así no fue. Cepero abandonó mucho antes su Jerez natal para instalarse en la capital andaluza.
Cuando Cepero llegó a Sevilla comenzó una incipiente fama que le catapultó hasta lo más alto.
En el año 1912 Cepero ya se encuentra instalado desde hace unos años en Sevilla, y llamado por La Niña de los Peines, figura indiscutible ya en esos años, ésta le propone formar parte del elenco artístico que pretende homenajear a María La Moreno. Junto a ellos participaron Niño de Medina, Niño de Escacena, etc… Según nota del diario El Liberal del día 24 de Septiembre de 1912, la artista jerezana debía someterse a una delicada y costosa operación y no tenía dinero para llevarla a cabo. Recurrió a Pastora, gran amiga suya, que tenía fama de generosa, y enseguida buscó los medios para ayudarla.
Cuando Cepero llega a Sevilla, la nómina de artistas que allí conviven, es tal, que hacerse hueco en el cante era bien difícil. Desde La Niña de los Peines que era figura de renombre, hasta El Gloria, Las Pompis, Manuel Torre, Manuel Escacena, Fernando el Herrero, Niño Medina, D. Antonio Chacón etc…
Pero pronto se abre un hueco en los ambientes sevillanos y no para de trabajar hasta que allá por 1916/7 era, según Adolfo Real Torregrosa, el cantaor de moda.
“Ya en esas fechas era Cepero el que más cobraba y el más cotizado en todas las juergas. Cuando había una importante, al primero que llamaban era a Cepero. Es por esto que los buenos aficionados de Sevilla, los que conocían el cante, lo llamaban, para que fundamentase su cante”.
Su popularidad creció como la espuma durante los años 1917/1924, fecha en que marcha a la capital del reino.
En ese mismo año de 1917 el cuadro del Novedades, entre sus actuaciones realizaba giras y pequeñas turneés por las localidades cercanas. Tal es así, que fueron a Jerez de la Frontera, a actuar en un teatro habilitado en el Alcázar de La Alameda Vieja. Formaban parte de este cuadro, entre otros, La Macarrona, Ramirito, La Malena, Josefita La Pitraca, Rita Ortega, La Coquinera, El Batato, El Tiznao… Cuenta en sus memorias Tío Gregorio, Borrico de Jerez, que esa noche actuaban Rosario La Mejorana, Ramirito, Manuel Torre, Montoya y Cepero. Y fue en el escenario donde Manuel Torre le dijo a Cepero: “Tu te llamas José Zopero, tú no sabes cantar”. Probablemente que la relación entre ambos no fuera del todo buena, sabiendo , por un lado, de las rarezas y extravagancias de Torre, y por otro, de la soberbia y vanidad de Cepero, de la que hablaré más adelante.
Mientras tanto, y en su estancia en la capital sevillana participa en otras veladas importantes como la que se realizó en junio de 1919 en el Salón Variedades sevillano con motivo del Homenaje a El Portugués.
Junto a él participaron El Cojo de Málaga, Fernando el Herrero, Manuel Vallejo, Las Pompi, La Sorda, El Colorao, El Gloria, Antonio Moreno, Currito de la Jeroma, Niño Ricardo, Frasquillo y otros artistas de la época.
En Sevilla el lugar más importante donde se llevaban a cabo actuaciones de flamenco era el Café concierto Novedades, a pesar de que no se dedicaba en exclusivo al flamenco, sino que también ofrecía en sus programas cine, murgas carnavalescas, cuplés… Se inauguró el año 1897 y tuvo vida hasta 1923 fecha en cerró sus puertas, fruto del declive en que poco a poco iban cayendo este tipo de lugares que dieron paso a otros emplazamientos más grandes que acogieran a los aficionados.
En este lugar trabajó durante mucho tiempo Cepero, compartiendo escenario con Niño Medina, Pepe Marchena, Cojo de Málaga, etc... Carbonerillo destacaba entre los cantaores sevillanos, compartió noches de gloria con el jerezano.
Como norma cuando terminaban las funciones en los cafés cantantes los artistas se iban en busca de fiestas y juergas en las que sacarse un sobresueldo para aliviar sus vidas.
Sus actuaciones las complementaba con sus intervenciones en los ambientes cercanos a la Alameda de Hércules donde se consagró como artista. Esta consagración le vino en las reuniones privadas que allí se daban, donde los cabales se reunían y elegían a lo mejor del cante de Sevilla de la época. Fue también esta, una etapa en la que, en las ventas también se practicaba el cante. Una de las más conocidas era la Venta Eritaña, por la que pasaron sino todos, la mayoría de los artistas que pasaban o vivían en Sevilla.
Cepero también la frecuentó en algunas ocasiones, acompañado a la guitarra del también jerezano Javier Molina.
En 1918 la entidad de su nombre en el flamenco le hizo encabezar su primer espectáculo flamenco. La figura del empresario Vedrines comenzaba a sonar sobremanera en el ambiente. Fue el avispado empresario el que vio en Cepero la gallina de los huevos de oro, en una época en la que el flamenco apenas había salido de los enclaves antes mencionados. Cepero fue uno de los primeros artistas flamencos en llevar el flamenco a los escenarios de los teatros.
Marcado principalmente por el declive de los cafés cantantes, y la nueva apertura de escenarios más amplios para las masas que demandaban cada vez más el flamenco.
Vedrines apostó por Cepero como cabeza de cartel. Formaron parte del cartel Pastora Pavón La Niña de los Peines, Manuel Vallejo y Pepe Pinto, entre otros cantaores. Este dato lo aporta Juan de la Plata en la revista Dígame de 29 de marzo de 1960. Resulta del todo insostenible esta noticia publicada por el periodista jerezano. Pastora y Pinto se conocieron en el Casino Universal de Arahal en 1918, esto es, el mismo año en que se supone actúan juntos contratados por Vedrines. Según Bohórquez, el cantaor macareno contaba con solo quince años y trabajaba de “croupier” en este casino. Aunque el Pinto si conocía a Pastora de verla en los escenarios sevillanos, nunca había tenido la oportunidad de estar tan cerca de ella. Por lo que, a pesar de saber que Pinto fue un gran cantaor años más tarde, con esta edad dudo mucho que formara parte de un cartel de renombre junto a otros grandes del cante.
Esto hizo que su nombre, al igual que el de algunos de sus compañeros se escuchara en localidades en las que la afición al flamenco existía a pesar de estar fuera de Andalucía. A finales de esta década algunos de los referentes cantaores andaluces viajaron hasta Valdepeñas. Esta localidad manchega, tenía muchos aficionados al cante y en una época en la había dinero, se podían permitir el lujo de gastárselo en traer a los artistas. Así, existió un local, con el nombre de El Siglo XX por el que pasaron estas figuras cantaoras; Niña de los Peines, Manuel Torre, Fernando el Herrero, El Macareno, Ramón Montoya, Sabicas, Pepe el de la Matrona, y José Cepero. Existió allí una peña donde se reunían a escuchar las viejas placas de pizarra de sus cantaores preferidos. Juan Mojama y Luís Molina fueron otros de los que pisaron la localidad.
José Cepero era ya a principios de los años veinte un referente del cante de Jerez. Tenía un modo muy particular de interpretarlo, ajustándose a los cánones que años atrás le habían inculcado, de una forma tan natural, como el escuchar cante a diario en los tabancos, los viejos aficionados y cantaores que quedaron en Jerez. Por otro lado, el cante de Rafael Ramos Antúnez “El Gloria” saboreaba las mieles del éxito en la capital andaluza al igual que el de Cepero. La diferencia entre uno y otro eran claras; mientras que Cepero cantaba con una voz menos potente, pero más dulce, el cante del Gloria arrasó a través de sus interpretaciones de las bulerías jerezanas con carácter netamente explosivo, sus saetas y los fandangos atribuidos a Rafael Pareja, que más tarde popularizaría, y elevara sino a la categoría de cante grande, al menos a la categoría etiquetada de cante del Gloria, perdiendo entidad la figura de Pareja.
En su afán por darse a conocer y ademán de estar en los mejores escenarios, en 1921, de nuevo formó parte de un cuadro, con motivo de de festival organizado a beneficio del Hospital de sangre instalado en San Telmo. Ortiz nuevo recoge lo siguiente:
PARA EL HOSPITAL DE SANGRE.- (Ideal – Concert)
Anoche tuvo lugar en este precioso music-hall un festival organizado a beneficio del Hospital de Sangre instalado en San Telmo...
Los cantadores de flamenco El Gloria, Posadero, Cepero, Escacena y La Niña de los Peines, acompañados a la guitarra por los profesores Antonio Moreno (Niño de la Jeroma) y Juan Alonso, obtuvieron un ruidoso éxito, siendo aplaudidísimos en cuantos números ejecutaron...
(26 de agosto) 1921
Como se aprecia en el cartel, su compañero “El Gloria” participa junto a él. El resto eran cantaores más que valorados en la Sevilla de comienzos de los años veinte.
En tan solo unos años, José Cepero se perfila como uno de los grandes cantaores del siglo XX. Jerez fue su cuna y la que lo meció en los cantes de la tierra. Sevilla la que le vio crecer y más adelante, Madrid la que le daría un verdadero posicionamiento dentro del enclave flamenco.
Durante cerca de diez años se dedicó de lleno al cante en la capital sevillana recorriendo los cafés cantantes, los salones de variedades así como las ventas de ambiente flamenco de las afueras de la ciudad. Estableciéndose como representante fiable de los cantes jerezanos.
En aquella época, Pastora Pavón era figura indiscutible, y antes lo era Chacón. Manuel Torre, apodado El majareta, por sus extravagancias, también figuraba entre los grandes. Había más nombres, Escacena, Vallejo, Marchena, que comenzaba, Cojo de Málaga, y un largo etc… que se habría camino en el flamenco. Las posibilidades que había en Sevilla eran múltiples, por lo que si se era bueno, no se pasaba hambre. Entre los cafés cantantes, las juergas de los señoritos, salones de variedades, ventas et… el trabajo no faltaba pero a José Cepero parece que esto, con el tiempo se le quedó corto. Con esto no quiero decir que hubiera nivel adecuado para él sino, que su etapa en Sevilla, en los ambientes de la Alameda se le quedaban pequeños. Cepero fue grande desde niño, adulto desde su infancia, por lo que su personalidad necesitaba crecer en otras dimensiones. Sea por lo que fuere, Cepero culminó con sobresaliente su estancia en Sevilla y fue el año 1921 cuando decidió marchar a Madrid para iniciar lo que sería el culmen de su trayectoria artística.
Hasta entonces José sólo había conocido lugares familiares, cercanos a Jerez y a Sevilla. No conocía ni otros ambientes ni otras formas de trabajar que no fueran los lugares de rutina del ambiente jerezano o sevillano.
Cuando Cepero llega a la capital, lo hace de la mano de un torero, Valencia II. Y ya lo hizo con nombre propio en el flamenco. Su carrera ya comenzó en la Sevilla de la Alameda de Hércules, entre los grandes. Si nos paramos a pensar el motivo de su marcha a Madrid, pueda ser evidente un argumento: José Cepero en Sevilla llegó a ser uno de los cantaores aclamados y más cotizados del momento. Alternó con las grandes figuras de la época, cobraba más que nadie en las juergas de señoritos, era llamado siempre que había alguna fiesta importante, probablemente sería el que cerrara el cante en las noches de juerga, lo que ya implica el respeto y el nivel que poseía con respecto a otros cantaores, sin desmerecer a ningún otro. Amén de esto, era un gran aficionado al cante, conocía todos los estilos, los de su tierra y los de otras zonas cantaoras; todo esto en un joven Cepero con ganas de comerse el mundo y de aspirar a estar en los primeros lugares del cante de su época.
1.-2.- Estela Zatania – El Flamenco en las Gañanias – Edit. Giralda
Primera Parte: Continuará
Por Antonio Konde – Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización del autor.-