Nadie duda hoy en día que el flamenco ha cambiado a velocidad vertiginosa estas dos últimas décadas, como la propia sociedad española. Solo con escuchar una grabación de los años sesenta y el último disco de uno de los jóvenes artistas en la cresta de la ola hoy basta para entenderlo. Cambio de una forma de vida, el flamenco como antropología musical, a un modo de vida, el flamenco como arte popular en la industria del divertimento, a las grabaciones hay que sumar una “performance” que cada día se parece más a las de otras artes populares del entretenimiento, y algunos sueñan con el pelotazo del siglo desde el flamenco, llenar estadios de fútbol en todo el mundo, como “stars” del pop. ¿Quien sabe si un día España llega a ser primera potencia económica mundial y lo consigue? De momento anda por el puesto octavo, por lo que no hay que desesperar.
Al margen de este asunto económico de número de personas (por consiguiente de billetes), hay otra revolución tranquila que también está cambiando el mapamundi del flamenco: su pedagogía.
El flamenco, música de la aldea global.
Hay una serie de publicaciones que parecen confirmar que entre el medio musical profesional e internacional, el flamenco constituye una de las músicas más atractivas para renovar corrientes y formatos. Pero no cualquier flamenco, sino lo que una serie de músicos españoles del ámbito del jazz y del flamenco han desarrollado estos últimos años en fructífera hermandad. Resultado de este fértil encuentro, el jazz español parece tener cada vez más un sonido propio en el concierto europeo, que seduce poco a poco a las “vacas sagradas” de este género musical internacional, los jazzmen americanos. Path Metheny lo señalaba recientemente en una entrevista: su colaboración con Enrique Morente le ha cambiado la imagen casposa de flamenco de tablao franquista que él tenía hasta entonces. Se ha dado cuenta que esto ya es otra cosa, música en movimiento, y está deseando volver a colaborar con el granaíno para conocer de cerca cómo funcionan estos creadores que son los artistas flamencos de hoy.
El Real Book del flamenco-jazz.
Para los que no tienen la suerte de pasear por el Generalife en amena conversación con Enrique, una serie de publicaciones recientes permiten conocer más de cerca cómo funciona este sonido del jazz-flamenco. Si el disco “10 de Paco” (Nuevos Medios) fue un hito en su momento y confirmaba que ambos géneros podían caminar de la mano apasionadamente, la publicación en 2006 del Real Book del flamenco-jazz constituye otro hito de este género híbrido, como lo son las culturas musicales hoy. Recopilado por el percusionista Guillermo McGill (autor por cierto de un significativo DVD para aprender a tocar el cajón flamenco) y editado por RGB Arte Visual, recoge 64 temas de músicos del gremio como el propio McGill, Tito Alcedo, Jaime Muela, Pedro Ojesto, Angel Rubio, Perico Sambeat, Jorge Pardo, Alfonso Gamaza, Francis Posé, Carles Benavent, Nono García, Jaco Abel, Jordi Bonell y Pedro Cortejosa. Cabe recordar para los que son alérgicos al jazz, que el Real Book es un libro de partituras editado en EEUU, creado por músicos y para músicos, que recoge las melodías y armonías de clásicos del jazz o “standards”. Permite a cualquier músico del mundo sentarse delante de su atril y tocar con cualquier otro músico del mundo el mismo tema e improvisar sobre la rueda de acordes. Una de las mejores plasmaciones del carácter universal del lenguaje musical. Si el Real Book ha sido la “biblia” de los músicos de jazz, En 1988 se ha editado “The New Real Book” (SHER MUSIC, USA), esta vez con tres apartados, “Jazz Classics”, “Choice Standards” y “Pop-Fusion Classics”. El libro de McGill añade pues un cuarto apartado, el de “Flamenco-jazz”, y no es de extrañar si dentro de unos años temas de jazz sobre una clave rítmica flamenca estén sonando en la mayoría de los festivales de jazz consagrados.
Pedro Ojesto y las claves del flamenco.
Para entender la materia musical que manejan los autores del Real Book del flamenco-jazz, uno de ellos, Pedro Ojesto, acaba de publicar “Las claves del flamenco” (Ediciones Autor, Madrid, 2008). Con prólogo de Tomatito, Pedro Ojesto, pianista, compositor y arreglista formado en el Conservatorio de Madrid para sus estudios clásicos y en Barcelona para el jazz, que conocemos bien por ser el arreglista de este disco también espectacular de fusión con el flamenco, “Chanson Flamenca” (2003), propone un verdadero tratado de composición para flamenco-jazz. La introducción del libro es un claro manifiesto de la toma de consciencia del estado de las músicas hoy: “Hemos llegado a un tiempo en el que el flamenco está rompiendo sus propias fronteras, quizás debido a esta gran expansión de culturas que estamos viviendo en este cambio de siglo; desde hace unos años existe un gran movimiento, incluso una moda (world music, ethnic music, etc. ) de difusión de músicas de cualquier origen étnico y es frecuente que las músicas de diferentes raíces se mezclen con gran facilidad, unas veces tras un proceso de maduración y otras de una manera artificial e incluso oportunista. El flamenco no se ha librado de estas corrientes, con todo lo bueno y lo malo que esto conlleva, pues no todos los artistas que se mueven hoy alrededor del flamenco –ya sean flamencos permeables a nuevas influencias o procedentes de otras raíces que incorporan nuevos elementos a esta música- son capaces de no perder lo que considero más importante: la esencia, las claves de la tradición ritual de esta música, que están impregnadas en sus formas y sus detalles, por lo que el tema de la evolución es más complejo de lo que parece”. Después de una antología histórica algo desfasada basada en el ¡Ay! célebre libro de Molina y Mairena, Ojesto pasa al análisis musical de la armonía en el flamenco, de las formas y estructuras, del estudio de los palos, todo con un nutrido número de ejemplos musicales, desde estilos clásicos como el taranto de Almería o las soleares de Alcalá, hasta melodías de temas de tangos y rumbas de discos emblemáticos de Camarón y Paco de Lucía.
Pepe Habichuela y Tomatito.
El responsable de la Biblioteca Grandes Guitarras Flamencas de Hoy, el guitarrista Enrique Vargas, con amplia experiencia en el ámbito del jazz y de las músicas del mundo, ha transcrito dos discos emblemáticos y modélicos en este proceso de fusión hecho desde dos tocaores gitanos, Pepe Habichuela y Tomatito. Del primero transcribe íntegramente en dos volúmenes, instrumentos acompañantes y voces incluidos, el memorable “Yerbagüena” (Nuevos Medios, 2001), la mejor fusión realizada hasta ahora entre los sonidos indues y una bajañí, y de Tomatito el experimental “Paseo de los Castaños” (Universal, 2001). Estos dos libros son mucho más que meras transcripciones de dos discos de guitarra. Sus autores, Pepe Habichuela y Tomatito, por ser reconocidos maestros y guías de la cultura flamenca gitana actual, marcan pautas de cómo la inevitable fusión de los tiempos actuales, puede acometerse de forma natural, sin perder la esencia y el mensaje voluntariamente étnico de su forma de tocar y de entender el hecho musical. El juicio de Enrique Vargas, quien está actualmente formando la escuela de guitarra flamenca de Caño Roto junto con el “Viejín”, una vez más atina, máxime en una época en la que los jóvenes músicos están saturados de productos y les resulta difícil distinguir lo esencial de lo efímero.
Lola Fernández y el piano flamenco.
Otro de los indicios que señala la progresiva maduración de este género híbrido, es la paulatina consolidación del piano entre su reducido campo instrumental. El piano ha sido y sigue siendo con diferencia el instrumento de referencia para la composición en abstracto. Nada extraño pues que la composición flamenca, cada vez más sofisticada, precise del teclado para ampliar su campo teórico. Pero ya se sabe que con este género, precisamente por sus fuertes referencias concretas de música de raíz, hay que andar en tierra firme, la de un lugar del sur de España. Lola Fernández, que ya publicó en la misma editorial una imprescindible teoría musical del flamenco destinada al músico sin adscripción instrumental ni estilística, la aplica ahora para el estudio del flamenco desde el piano, con la propuesta de un método progresivo (Flamenco al piano 1. Soleá, Acordes Concert, San Lorenzo del Escorial, 2008) para el aprendizaje, la interpretación, la improvisación y la composición del género en las teclas, empezando lógicamente por la soleá. El piano flamenco deja de ser por consiguiente mero detalle exótico de un puñado de individualidades brillantes, para poder ser estudiado racionalmente en los conservatorios con esta reveladora sistematización. Los soníos negros que tanto gustaban a Manuel Torre cuando escuchaba a Falla teclear en las cálidas noches de verano, tienen ya pues parte de su misterio desvelado.
(publicado en El Olivo nº 155, mayo-junio 2008)