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X FESTIVAL DE JEREZ 2006.-
05/03/2006
Teatro de Guadalcacín.-
Ciclo”Dela Frontera”.-
PALO FLAMENCO.-
Fundidos en un abrazo eterno
Pese a los ejemplos
ilustres y palmarios que ha regalado la historia del Flamenco, el espíritu
etnocentrista de algunos se resiste a pensar que este arte de ancestros y
raíces limita al Norte con Despeñaperros y al Sur con la
Caleta. También sucede, al contrario, que existen casos –los que dotan
de razón a los primeros– en los que la concepción errónea de la
flamenquería contemporánea lleva a la falacia de que a más conjunto
instrumental, más mezcla de conceptos musicales y más atrevimiento, mejor
es la ecuación resultante.
Y menos suele
ocurrir casi siempre, es más. Éste, sin embargo, no es el caso del
espectáculo que propuso ayer en el Teatro de Guadalcacín, con algo menos
de media entrada, el bailaor linense David Morales. Como tampoco lo
es el del guitarrista y compositor barbateño, que no se va a descubrir
ahora, Nono García. Ellos, junto al cantante y guitarrista de Belo
Horizonte, Gladston Galliza, idearon Abraçado, una suerte de
exaltación de dos adalides de la cultura pasional y de raigambre: el
flamenco y la música brasileña, representada sobremanera por la samba y la
bossa.
Con esos
ingredientes, expuestos de manera fresquísima y con un sonido tan
armonioso como impecable, el abanico de sabrosas texturas es amplísimo.
Así quedó demostrado con creces en una actuación sin solución de
continuidad en su algo más de una hora de duración. Y es que lo mismo
flotaba en el ambiente la aterciopelada voz de Gazilla emulando con
acierto al maestro brasilero Antonio Carlos Jobim en Agua de
Março, que se engarzaba esa melodía con unos aires de Cádiz
interpretados por el descarado baile de Morales, la poderosa voz de
la malagueña Rocío Bazán, y las guitarras del propio Nono
García y Paco Jimeno. Una coreografía que es rematada ágilmente
y con gracia por el soniquete de las bulerías de Cádiz.
Bastón en mano,
rebosante de teatralidad y con unos exóticos y llamativos atuendos en cada
número coreográfico, el bailaor de La Línea fue el hilo que tejió ambas
culturas musicales sin que se desgarraran ni desvirtuaran en ningún
momento las delicadas telas que se estaba tratando sobre el
escenario. Morales, tendente a cada instante a la expresión
corporal y al nervio propio más que a otra cosa, fue más allá del baile
flamenco –sin desmerecer su braceo y zapateado temperamental–, al que
conectó con diversas corrientes como las danzas tribales brasileñas, sobre
todo al final del espectáculo. Entretanto, se mascaba el torrente de
Bazán en la soleá por bulería en imbricación con la garganta de
Gladston Gazilla, que irrumpió nuevamente con la armonía de
Desafinado. Una banda sonora a la que Morales daba prolongación con
una farruca basada en solos de guitarra. Un espectáculo con una
perfecta estructura argumental y musical, de la que también cabe resaltar
el acompañamiento de una magistral percusión por obra y gracia de
Guillermo Ruiz y Javi Ruibal a la batería (con su padre, el gran)
Javier
Ruibal, contemplando sus
evoluciones entre el público). A modo de broche de oro, una
espectacular batucada por bulerías que prosiguió con esos saltos de
altura, ese ir y venir de una lado a otro del oceáno, sin descanso, entre
lo flamenco y lo brasileño. Un sincero y eterno abrazo intercultural
para deleite del personal que recibió la, a priori, extravagente propuesta
entre sonoros aplausos. Imposible no hay nada.
Francisco Sánchez
Múgica Diario de Jerez
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Teatro de Guadalcacin.-
Ciclo "De La Frontera".-
Ciclo “De la Frontera”
PALO FLAMENCO.-
'Tirititrán' en euskera".
Dicen
que el nacionalismo se cura viajando. Un periplo que para muchos hizo
escala ayer en el Teatro de Guadalcacín con el espectáculo del dúo Ttukunak
Palo Flamenco. El fascinante proyecto de las gemelas vitorianas Sara y
Maika Gómez es de esas actuaciones que, aunque en un principio se
presentan como secundarias, reportan caché
y prestigio a la programación global de un festival.
Con el
protagonismo absoluto de la txalaparta, las hermanas Gómez diluyen
fronteras y funden, bajo el influjo de la percusión que proporciona
dicho instrumento ancestral, dos identidades libérrimas y de tanta
raigambre como la vasca y la andaluza. Y lo hacen dotando al recital de
autonomía para que cada intérprete que les acompaña en el escenario, un
elenco sobrado y de los más completos que se han visto y oído en lo que
va de certamen, exhiba sus propios recursos sin perder la conjunción y la
perfecta armonía integral.
La
actuación arranca con el golpeo sobre pizarra de los cuatro palos que
sostienen en cada una de sus manos las txalapartaris. Martinetes
iniciales que ejecuta el granadino –más de Santiago que de su Tarragona
natal– Antonio Campos, sobrado de talento, de eco doliente y de
gracia natural que destila durante el recorrido del espectáculo
–especialmente en la recta final del mismo–. Entró en juego, casi a
la par, la prodigiosa guitarra del jerezano
Javier Patino, quien con sus falsetas de delicatessen elevó
sus notas hasta donde quiso y regaló un soberbio recital que el público
premió con justicia a su conclusión.
Soléa,
seguiriya, caña, tangos... Todo realizado con verticalidad y sin
descanso. El espectador asistió casi sin aliento a esos remates de
cada palo flamenco en los que Sara y Maika golpean la madera casi
en éxtasis. Cuatro manos que se templan y anexionan en una persona y un
flamenco hermanado con el Norte que penetra y no da tregua. La conexión
Vitoria-Jerez, pasando por Granada y Córdoba –con las botas de un
entregado Pedro Córdoba–, funciona a las mil maravillas.
Se alcanza el clímax de la tarde con unas alegrías que en sus compases
iniciales acogen con entusiasmo el ‘tirititrán’ en euskera de las
hermanas Gómez. Un guiño delicioso y un preludio que da paso a Campos
y al repicar metálico de la txalaparta, convertida en ese instante casi
en un campanario celestial. El broche de oro en dos partes: primero, con
un solo del dúo Ttukunak que es puro nervio, epilepsia rítmica
que contagia a través de sus oscilaciones y variantes acompasadas. Y
después, el fin de fiesta por bulerías autóctonas y la tierra, el aire
y el fuego unidos por la txalaparta. Hasta Patino,
ovacionado, tiene tiempo para improvisar una pataíta de artista. Luxu
bat. Lo dicho, un lujo.
Carlos
Sánchez
Diario de Jerez
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Teatro Villamarta.-
LOS FARRUCO.-
Vamos a ver si yo estoy equivocado o no entendí nada
de lo que he leído durante mi vida sobre el Flamenco. Tengo entendido que
el “flamenco” llegó a los grandes escenarios por “culpa” del baile, la
historia nos dice que La Macarrona, La Telethusa, siguiendo La Argentinita
y muchos etcs. fueron las figuras que pusieron al flamenco donde la
sociedad de aquellos tiempos nunca lo había querido, posteriormente han
triunfado figuras como Antonio, Rosario, Antonio Gades, me equivoco?
También por supuesto El Farruco a quién hizo conocer en todo el mundo
Carlos Saura con su película “Flamenco”, y ahora me pregunto, ¿qué tiene
todo eso que ver con lo que presenciamos anoche en el Villamarta?.
El “Farruquito” al que
anoche no vimos bailar, ya que sus funciones fueron las de la
dirección, viajó en varias oportunidades a Buenos Aires, incluso allí
enseñando baile, en su ley, falleció creo que su padre, con esto de
las familias gitanas y sus parentescos me hago un lío de Dios padre,
entonces como digo el enseñar flamenco profesores de esta forma de bailar,
como si para bailar tenga que ser en Jet,
comprendo el porque se “baila” de esa manera en Buenos Aires o cualquier
otro país, , anoche salvo honrosas
excepciones no ví baile, en el escenario del Villamarta se plantó
una familia gitana a la que todo el mundo aplaude al escuchar jalearlas
desde diferentes puntos de un teatro, gente que estimo son
familiares, amigos o gustan de eso que los gitanos llaman baile, cuando en
realidad son fiestas gitanas, alegres y brillantes.
Yo entiendo como
digo, el baile de otra manera, “improvisar” dijo Rosario Montoya “La
Farruca” en la tertulia de prensa, y ella precisamente fue la que menos
improvisó, ella, que juntamente con “La Faraona” fueron la únicas de todo
el cuadro de los Farrucos que hicieron baile de verdad, baile con braceo,
con pies que se deslizan sin escucharse, que cuando zapatean lo hacen con
la limpieza y fuerza que hay que darle, que le dan a los movimientos de
sus cuerpos el justo y necesario para encajarlo en su sitio, sin
aparatosidades extremas, con gitanería y flamencura como debe ser.
Por la parte “varonil” de
la familia no hay diferencia alguna, ya que tanto el Farruco como el
Barullo, primos de familia de verdad y con una forma de bailar calcados,
muchos saltos, pasos, movimientos nuevos y propios (es la improvisación?),
sinceramente para mi no hubo baile, saltos y vueltas con zapatazos
terminados bruscamente en provocadora manera de buscar el aplauso fácil,
sinceramente no entiendo como el público se deja llevar por esa
aparatosidad típicamente gitana y después en su vida cotidiana quisiera yo
escucharles su opinión sobre la la gitanería, en cante flamenco, el gitano es bien diferente al
payo y tengo a muchos de ellos entre mis preferidos, conviví con ellos y
sigo conviviendo sin ningún tipo de problemas considerando como amigos personales
y buena gente que lo son, no tiene nada que ver lo que estoy
comentando con esto, estoy diciendo lo que me pareció anoche uno de los
aprovechamientos más claros que el agua de un nombre y trayectoria como
fue la del “FARRUCO”.
Y del cante que me dicen?
no quiero hablar mucho, únicamente decirles que no confundan “alegrías”
con “cantiñas”, la madre del palo son las cantiñas y en ellas se encuadran
las alegrías y todos los cantes de Cádiz, cosa que María Vizárraga no
distinguió, o será que pensaban iniciar por alegrías y después
“improvisaron” y lo hicieron por cantiñas ?, no lo se, habría que
preguntárselos, lo siento pero ayer no dio un tercio bien, otro día será.
Después del Jaleo, último número del programa en el que todos los
componentes del cuadro van saliendo al escenario hasta completarlo y
recibir los aplausos del respetable, aparece en escena el más pequeño de
la familia, ataviado de blanco, con un estilo parecido a los mayores de
sus hermanos o primos, pero en los pocos movimientos que hizo y aquí le
doy la razón a La Farruca cuando nos lo dijo en la tertulia de prensa,
este sí y a simple vista tiene un cierto aire al “Farruco” bailaor y
pareciera ser que en su sangre lleva su arte, cosas de las generaciones,
que se va dando con más facilidad de abuelos a nietos que de padres a
hijos, por el bien del baile ojalá así sea, pero por favor, hay que
quitarlo de la
influencia de las aparatosidades facilongas que poco tiene de arte y
déjenlo que desarrolle el arte que con seguridad tiene en las venas.
Mi calificación como es
norma, esperaba más de “los Farruco”, me supo a muy poco, otro día
será.
Manolo Chilla Triste y
Azul
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Sala “La Compañía”
Ciclo
"Solos en Compañía"
LA TRUCO.-
Quietud y sosiego
en el taranto.- La colocación del cuerpo es algo en lo que
inciden de una manera constante los grandes maestros. Y si insisten tanto
por algo será. NO es otra cosa que controlar la cabeza, los brazos, las
caderas y los pies. En resumen, dominar v el cuerpo. Porque para poder
descolocarse hay que aprender primero a colocarse. A partir de ahí, es
cuando el artista busca su personalidad en el escenario tratando de
aportar nuevas formas al ilimitado libro de los gustos y placeres.
Eliécer Truco
Pinillos “La Truco”, se estrenó en Jerez con una propuesta cálida
donde primaba el sosiego y la parsimonia. Como el propio nombre del
espectáculo lo indica, A fuego Lento. De iluminación pobre y
lúgubre. Dichosas modas. Y de un sonido penoso. O si no que se lo
pregunten a “Talegón de Córdoba” cuando buscó varias veces la
guitarra en los caracoles. Estas cosas hay que cuidarlas un poco más.
Aunque a la bailaora madrileña hay que alabarle la extensión de los
bailes. Eso se agradece.
“La Truco”
expuso un baile de cintura para arriba. Ralentizando cada mueca, cada
manera, cada braceo; tratando de impregnarle el peso necesario a cada uno
de sus movimientos. Porque cada bailaor interpreta su danza a su manera.
Aquí no hay velocidad. Tampoco busca la chispa. Aboga por la quietud y la
placidez del sosiego. Así lo demostró en su repertorio. Tres bailes que
tuvieron su momento más álgido en el taranto, que es donde la bailaora
madrileña se encontró a si misma.
Telón bajado. Suenan
los primeros acordes de la guitarra. “Talegón de Córdoba” principia
por rondeñas. “La Truco” viste diminuta bata de cola. Suavidad y
templanza a cada paso. Pero la bata requiere el peso del almidón, un poco
más de fuerza en los andares y un mayor acomodo de la cabeza y el cuerpo.
Lo solucionó con un braceo vaporoso de voluntades indagatorias.
El metal lacerante de
Manuel Malena –al que hemos podido escuchar en estos días-
da continuidad a la noche por bulerías, a las que se le une el cante de
Jesús “El Almendro”. Un breve receso antes de abordar el taranto.
“La Truco” abre los brazos para que respiren con el susurro de la
flauta de Omar Acosta. Escorza su estampa para esparcir el mosaico
de las posibilidades expresivas. Tributando remates convincentes.
Interludio por caracoles y
bulerías que “Talegón de Córdoba” quiso brindarle a una de las
grandes, Francisca Méndez Garrido “Paquera de Jerez”.Remató con la
adaptación de “Anda Jaleo”, poema del insigne escritor
Federico García Lorca.
Y llegó la Soleá. Baile con el que “La Truco” se
siente más identificada. Pero no se encontró. Es más, en su búsqueda
pudieron divisarse aproximaciones al sela de la “Yerbabuena”.
Mimética. Más fuerza, pero menos control. Aparecieron los pies, pero
el cajón los tapó. De más a menos. No obstante, ahí quedó el recuerdo del
taranto.
Carlos Sánchez Diario de Jerez.-
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