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Crónicas

 

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X FESTIVAL DE JEREZ 2006.-

Palacio de Villavicencio.-

08/03/2006

 Ciclo “Los Conciertos de Palacio”.-

 PEDRO SIERRA – LA TOBALA.-

 Fusión sentimental y profesional de guitarra y cante.-

 El concierto de ayer en el Palacio de Villavicencio, protagonizado por Pedro Sierra y Juana Salazar La Tobala ha sido –hasta el momento-, el más prolongado de los ofrecidos hasta ahora –aún restan tres-, en el contexto del X Festival de Jerez.
El primero en ocupar el escenario fue el concertista: un Pedro Sierra nacido en Hospitalet (Barcelona) que, si se inició acompañando a la bailaora Flora Albaicín, prosiguió su andadura por los madriles secundando al bailaor Javier Barón y a la cantaora Carmen Linares, acompañando en otros momentos grabaciones para Parrita, María Vargas La Susi, El Cabrillero y Juana Salazar La Tobala –sevillana ella- con la que contrajo matrimonio.

Con posterioridad Pedro Sierra se traslada a Sevilla desde donde se proyecta como concertista y tocaor, acompañando a Farruco, Manuela Carrasco, Mario Maya, Israel Galván, etc. Alternando ambos menesteres se deja caer por algunos concursos y en el 91 se alza con el Premio Nacional de Guitarra Flamenca del Concurso de la peña Los Cernícalos y en el 93 el del Concurso Internacional de Guitarra Ciudad de Badajoz. En 2001 lanza al mercado el disco ‘Decisión’ y colabora con otros artistas en sus trabajos fonográficos, en algunos de ellos incluso como productor.

Así es, a grandes trazos, la vida profesional del catalán de Hospitalet, Pedro Sierra. ¿Pero cuál ha sido el resultado de su actuación ayer en el Palacio de Villavicencio?. Desde mi particular punto de vista una intervención serena, sin sobresaltos, desde la granaína inicial hasta el toque por alegrías con el que cerró su intervención en solitario. Algo que es preciso agradecer al concertista: no precisó de una segunda guitarra y, desde luego evitó la percusión. Sólo su guitarra, las seis cuerdas de su guitarra y sus ágiles manos para pulsarlas con mimo; la guitarra que no se expresa con palabras: lo suyo son armonías en el espacio, silencio pausado. Así lo entiende Pedro Sierra y así las finas falsetas fueron surgiendo ante la complacencia del público y ante la propia complacencia –creo-, del concertista.

Sin prisas pero sin pausa llegó al escenario Juana Salazar La Tobala que arrancó su actuación con tonás. La segunda letra “en una noche oscura de invierno…” pertenece al cante por siguiriyas y por ahí –entendimos-, derivó la cantaora que ya respaldada por sus tres palmeros: Bobote –ganador en mil batallas palmeras-, Yeli y José de Bella, pusieron su granito de arena –importante-, al respaldo cantaor de La Tobala y al guitarrístico de Pedro Sierra. La segunda entrega cantaora, alegrías de Córdoba y el mirabrás, sonó más a lo segundo que a lo primero, sin duda porque la referida cantiña –de Sanlúcar se dice es su procedencia-, vence en compás y garra al cante por alegrías de la tierra cordobesa. El cante por malagueñas con variaciones de aires abandolaos llenó la tercera intervención de La Tobala que entró –con la colaboración de los palmeros-, de una original forma en el arranque siguiriyero y remató su intervención haciendo tientos-tangos.
La Tobala no posee una gran voz, pero sabe utilizarla, elevándola y bajándola a su placer; voz que en ocasiones duele y en otras “es bálsamo que cura las heridas”. El binomio Pedro Sierra- La Tobala, sin aspavientos, tranquila y dulcemente, dio el resultado apetecido y por espacio de noventa minutos mantuvo al personal –que llenó absolutamente el salón del Palacio de Villavicencio-, absorto e interesado en su intervención, rubricado con prolongados aplausos.

Recuerdos para "LaPaquera".-                                                                                              

Al margen del Festival, pero sin olvidar su amparo, el Alcázar acogió el pasado martes la presentación del libro ‘La Paquera de Jerez, genio y figura del cante’, escrito por Manuel Ríos Ruiz y editado por Diputación de Cádiz.

Pepe Marin
Diario Información Jerez

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Sala “La Compañía”.- 

Ciclo “Solos en Compañía”

 MARCOS FLORES – MANUEL LIÑÁN.-

 2 en Compañía.-

 En la noche de ayer descanso para el Villamarta, no así para los artistas y cronistas, el espectáculo llamémosle central, es programado a la Sala La Compañía. Se presentaron dos jóvenes bailaores con un prestigio bien ganado, sin llegar a grandes estrellas en su corta carrera,  al margen de hacer muy buena “compañía” con grandes artistas de la danza, tienen en su haber una considerable cantidad de actuaciones en solitario que les está llevando a un currículo de muy buenos antecedentes.

Lo que sí todos teníamos en el pensamiento en la "compañía" del día anterior donde los acompañantes de El Güito no habían estado acertados en su trabajo, de forma que aunque conocía los antecedentes de estos bailaores no las tenía todas conmigo, siempre uno queda un poco más predispuesto al pesimismo después del tortazo como el de la noche anterior.

Por suerte estuvo claro que la noche de ayer el trabajo de los dos bailaores me conformó y bastante,  lo que me dio ánimos para seguir en la recta final de este maratónico Festival de Jerez. Jóvenes con un gran futuro por delante que en los últimos tiempos están poniendo mucha fuerza de voluntad y sabiduría para ello, lo que si lamento y como ha sido en la mayoría de los espectáculo es la “gente” de atrás, horrible si comparamos, aunque las comparaciones siempre son odiosas, el trabajo de Joselito de Lebrija,  que se ha llevado por delante casi la mitad del Festival cantando de atrás, con flamencura, jondura y saber hacer, nos encontramos con algunos que la verdad no tienen ni la más mínima categoría como para subir a un escenario y acompañar a dos buenos bailaores,  ya que ese sólo hecho determina el cambio de un éxito total a una mediocre o aceptable actuación, cosa que los bailaores se tienen que dar cuenta a la hora de buscar sus acompañantes, cosa muy importante. La prueba la tenemos del día anterior, un peazo de artista, maestro de maestros como El Güito, pasó por el escenario del Villamarta sin arte ni gloria debido precisamente a su “mala” compañía.

En esta oportunidad, El Falo, estuvo totalmente perdido, sin encontrar nunca el tono ni la fuerza, sin flamencura alguna, un poco más en línea estuvo Leo Treviño, el que cumplió aceptablemente su papel. Las guitarras de Fernando de la Rua –nombre que me recuerda al destituido ex-presidente de los argentinos- aunque totalmente carente de todo tipo de florituras y jondura, no estuvieron a la altura de lo que los bailaores necesitan para el buen desarrollo de su trabajo. 

En consecuencia, me quedo satisfecho con el trabajo de Marcos Flores y Manuel Liñán, mucho futuro por delante y quién sabe si en la próxima edición del Festival de Jerez lo vemos en el principal coliseo con una gran compañía como ha ocurrido ya con antelación en otros artistas. Noche que pasó con algo de gloria y mucha pena por lo que podía haber sido.

 Manolo Chilla
Triste y Azul

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Bodega “Los Apóstoles”.-

Ciclo “Café Cantante”.-

 LA REINA GITANA.-

 Poco piano y pocas nueces.- Fueron sobre todo esos perversos factores extramusicales los que dinamitaron el concierto pianístico de Rosario Lazo Montoya “La Reina Gitana” en la medianoche del pasado miércoles en Los Apóstoles de González Byass. En primer lugar porque su apuesta fue tan ambiciosa como desmedida; y segundo, porque el sonido no fue en algunos instantes su mejor aliado (acoples incluidos).

 El extracto final de su paso por el festival se ciñe a un plantel de artistas interminable y a una opción concertística desacertada para el coso en el que tuvo que lidiar, un recoleto escenario en el que no cabía ni una tecla más de su piano. El dicho popular sentencia así: quién mucho abarca poco aprieta. Y eso fue justamente lo que sucedió en la hora larga de recital que brindó a los presentes. El público en general, que sólo llenó medio aforo, cayó en la desconcentración y en el sopor, pues del concierto pasó al desconcierto a raíz del trasiego de artistas, de idas y venidas, de bajadas y subidas de las tablas, al término de cada corte. Fue una circunstancia que desesperó al más paciente, pero con el formato de concierto planteado y esos otros factores reseñados, no pudo más que ser así.

 Pero es que,  para más inri, la mayor parte de los ¡17! Acompañantes, a decir verdad, aportó poco o nada a la madrugada. Salvo honrosas excepciones, su séquito musical, o bien sonó afinado pero brevísimo, o chirrió durante más tiempo del debido. Un dislate en el que hubo voluntad de interactuar, pero no así tiempo, a veces, ni soporte humano, en algunas ocasiones.

 Mientras, en el epicentro de esa espiral, ella y él: una Reina y un piano. Dos seres, uno vivo y el otro inerte, excepto cuando ella lo acarició con su extremada sutileza. Como por arte de birlibirloque, Rosario fue capaz de generar en aquella confusión de cuerpos, metales y soniquetes mú-sica fla-menca. Todo un logro que no debiera haber sido una traba para su exquisito piano de haber seleccionado un elenco minimal, pero de garantía y conjunción. Ahí nos vino a la memoria el trío formado por Domínguez, McGill y Rossi

en ese mismo escenario en la pasada edición del festival. Un espejo de clarividencia escénica y musical al que, por qué no, Rosario podía haber acudido. De hecho, con el violín de Sophia Quarengi (impecable en todo el recital) y otro accesorio más como la flauta traversa –la propuesta que precisamente llevó con éxito en septiembre pasado a la Buleria-, hubiese sido más que suficiente. Su apéndice rebosa sensibilidad y melncólica abnegación, y necesita de poco más para emocionar y dejar volar la imaginación del personal.

De hecho,  en solitario y por quejumbrosas seguiriyas, hubo momentos de romántica magia, al igual que ocurrió con determinados –muy contados- arranques de improvisación jazzistica. Un terreno abonado que debe explorar para salir de convencionalismos y tópicos. Ahí era fácil encontrar el talento de Rosario, su inteligencia musical y su sentido de lo orquestal. Junto a Sophia, en una melodía que sonó a store cinematográfico, también se gustó, Luego, vinieron las alegrias, por momentos salpicadas de clasicismo. Y algo después, la malagueña de El Mellizo: poco piano, más ruido, y menos nueces de lo esperado. Lo positivo, que es jove, pasional y virtuosa, por lo que hay mucho horizonte y margen amplio de mejora.

 Francisco Sánchez Múgica
Diario de Jerez

 

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