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Crónicas

 

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X FESTIVAL DE JEREZ 2006.-

09/03/2006

Palacio de Villavicencio.-

 Ciclo "Los Conciertos de Palacio"

 Antonio Vélez “El Pitingo.-

 Macarena Moneo.-

 Presente y futuro al alza de un arte siempre por venir.- La cuarta jornada del ciclo “Los conciertos de Palacio” en Villavicencio contó en la tarde de ayer con la prersencia de dos cantaores que derrocharon entrega y buenas maneras sobre el escenario. Uno, Antonio Vélez El Pitingo”, de Ayamonte; otra, Macarena Moneo, de la Plazuela.

Dos gargantas jóvenes e incipientes que ofrecieron sendos recitales por separado en los que plasmaron sus respectivos marchamos de garantía: él, de la rama de los Pavón y con eco afinado y orientado, por citar a alguien, a lo mairenero. Macarena, de una fuente inagotable de eterna juventud en la jondura jerezana: los Moneo. Así pues, dos motivos para que los cabales disfrutaran de cantaores en acústico y de sus respectivos acompañantes al toque. Otras dos generaciones de baluartes de la sonanta. Para El Pitingo, la bajañí de Juan Carmona, el ex Ketama  e hijo de Juan Habichuela. Ahí es nada. En el caso de Macarena, la guitarra de Parrillita. Sobran los comentarios del legado que arrastra tras él.

 Si el onubense El Pitingo, de inmediata madurez artística pese a su juventud, 25 años, se convierte en el nuevo Árcangel que a nadie le extrañe. Atesora un cante rancio, con un quejío apagado que en cambio quiebra el aire. Un torrente que sabe administrar y que cuando estalla es inabarcable. Fue de menos a más, empezando por soleares de Alcalá, Cádiz y Triana y engarzando con granaínas, en las que las falsetas del Camborio fueron sobrecogedoras. Siguió con dos recuerdos por fandangos en añoranza de su tierra y con un fin de fiesta “a la jerezana”. Irradiando desparpajo y descaro a RAUDALES. No en vano se atrevió hasta con el Yesterday de Los Beatles castellanizado y por bulerías. Mucho ángel.

 Una breve pausa, y sobre el escenario la raza y el temperamento de Macarena Moneo.

Sobria y sin alardes en una solemne y sentida seguiriya. Prosigue con una tanda de fandangos naturales y aparca la melancolía y el drama con unos tangos refrescantes. A continuación, su espontáneo carácter y su talante festero le hicieron descalzarse y condensar en una baldosa todo el tronío de la Plazuela. Patá por bulerias y broche de oro a otra jornada de un ciclo que es una galería del presente y el futuro de un arte siempre por venir.

 Francisco Sánchez Múgica
Diario de Jerez

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Teatro Villamarta

COMPAÑÍA DE DANZA ESPAÑOLA “AÍDA GÓMEZ.-

“CARMEN”

El Villamarta anoche se vistió con sus mejores galas para recibir la obra de Mérimé, conocida y reconocida en el mundo entero, “Carmen”,  que con la música de George Bizet, creo que es la obra más coreografiada por grandes artistas de la danza de todo el mundo, en España principalmente, en diferentes visiones y versiones,  con grandes éxitos conseguidos,  ya que el mito que su autor relata,  un tópico de la época transcurre en la Sevilla del siglo XIX .

La “Carmen” que anoche nos presentó “Aída Gómez” no es estreno ya que ha sido vista en grandes escenarios de Europa y América, su estreno en el X Festival de Jerez  ha sido un acierto ya que es una nueva, diferente y original versión de la misma,  con una gran bailarina  como “Aída Gómez” al frente de un gran elenco.

Al ser esta obra tan “manoseada” por artistas y creadores, también ha sido quizás una de las que en más estilos y mentes con filosofías diferentes ha sido representada, esto de por sí lleva al espectador,  que tan bien conoce la trama de la misma, la curiosidad de ver en que “estado” se la presentan,  esta versión vista en la noche de ayer me conformó y bastante en su concepción como en su interpretación, el enfoque estuvo sujeto si mi punto de vista no me traiciona, ya que la interpretación de lo que uno ve es consecuencia de muchos factores, especialmente generacionales.

Esta “Carmen” es una versión moderna y libre, de acuerdo a nuestra época, más sensual a la vista, su argumento original con el que su autor la imaginó, es profundamente sensual y parodiando la sensualidad en los recursos de las clases trabajadoras y pueblerinas de las que en sus épocas eran aprovechadas por las clases superiores,  y maltratadas por los de condiciones económicas y trabajadoras de la misma condición.

“Aída Gómez”, imprimió a esta versión bien sujeta a la libertad, sin muchos momentos de flamenco, cosa que a lo mejor muchos esperábamos y que estuvo muy poco representado, de los pocos momentos en los que el flamenco hizo aparición, especialmente en la música, con un aporte de José Antonio Rodríguez, la dirección y adaptación musical es de su autoría, en unos detalles de guitarra realmente interesantes.

El transcurrir de la obra, pese al poco tiempo requerido para ellos, tuvo momentos de quietud y sosiego un poco prolongados, siendo totalmente olvidados por la representación del cuadro emotivo de la obra donde hubo peleas, muerte y demostración de cómo se la jugaban en esas épocas – a las mujeres- a espada y navajas sin ningún miedo a perder la vida en el empeño de conseguir el amor deseado.

La escena de la pelea entre “Carmen y Manuelita” fue de los más vistoso, terminando la misma con la detención de “Carmen”. Como resultado de la misma llega la liberación gracias a sus recursos amorosos y seductores como no podía ser de otra manera.

La taberna congrega a los principales personajes de la trama amorosa creada entre Don José, Carmen y el torero Escamillo, los necesarios celos para que la escena resultara fiel a la obra, es decir la terminación en tragedia, que se va creando con el baile por Sevillanas que nos prepara a la culminación de la misma como es por todos conocidos con la muerte de “Carmen” producida por una navaja, en este caso bien exagerada, una sevillana de Albacete, que se hunde en el cuerpo de ella causándole la muerte y el fin de la tragedia.

Muy buena obra, muy bien interpretada y mejor bailada,  con gusto, finura y brillante de “Aída Gómez” y toda la compañía. Otro buen espectáculo en el haber del Festival.-

Manolo Chilla
Triste y Azul

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Sala “La Compañía”.-

 Ciclo “Solos en Compañía”.-

 ISRAEL GALVÁN.-

Tábula rasa.-

 El Bailaor Israel Galván realiza todo un ejercicio de inmersión innovadora a través del movimiento que brota de cada uno de sus gestos y ademanes.-

 

El Compás en el cuerpo.-  Otro giro de tuerca. Un paso más. Tábula rasa renueva la concepción coreográfica. Y cierra la trilogía que inauguró con Arena y prosiguió con La edad de oro. Rompiendo las estructuras flamencas escenográficas desde las más hondas simas de lo primigenio. Triángulos isósceles de sentimientos. En el que el silencio inunda el espacio de la sinrazón. Donde el riesgo cobra sentido y relevancia porque nace del corazón. Donde la mudez refleja la tensión de lo libérrimo e inesperado. En una atmósfera  donde lo insospechado contempla sagacidad y lógica. Con una melodía que vuela más allá de lo perceptible.

 Israel Galván realiza todo un ejercicio de inmersión y reflexión a través del movimiento. Desde la libertad rítmica y creativa. Con el punto contemporáneo del piano de Diego Amador y con el radicalismo enjundiado de la garganta celebérrima de Inés Bacán. Olvidándose de los lugares comunes. Con un baile sin marco. En el sincretismo del saber y no querer.

El bailaor sevillano danza sobre los ecos del primitivismo más innovador. Sobre las complejidades rítmicas y armónicas que el piano permite. Y desde un punto de partida equidistante. Completando los tres vértices del triángulo desde el vacío de la soledad. Tres parcelas independientes que convergen en una nana apocalíptica. Más cerca de la muerte que de la vida. En la que el mundo gira al revés de lo establecido. En el que el compás se hace carne y el cuerpo se transforma en instrumento de significantes y  significados

Melodía de apertura bajo el prisma de la excentricidad. Sobrevolando los tiempos de la soleá, la seguiriya o los tangos. El piano de Diego Amador alimenta de armonías una propuesta minimalista de abstracciones, angustias e incertidumbres. Cada nota va calando en el tímpano de la atmósfera. Más de treinta minutos –demasiados- que abrieron el camino del discurso ralentizado de Inés Bacán.

 Soleá, seguiriya y martinete. De eco lacerante y compás cadencioso y atemporal. Proveniente de lo terruño. Con la mirada perdida y ensimismada en un mundo interior donde florece el discernimiento. Lejos de la escala temperada. Utilizando siempre los semitonos. Interpretando el cante a su manera. Sin encuadre ni cartabón. Sin compás estrictamente marcado. Ya lo dice la letra por seguiriya: “cambiaron los tiempos”.

 Turno del Baile, Israel Galván impregna sus botas de resina. Quiere asentar la media, bailando a tierra. Para dejar circunscrito los pasos de lo enigmático. Por seguiriyas, por tangos y bulerías. En los que el misterio lleva las claquetas del compás. Buscando en cada recoveco el eco del piano para recrearse en la soledad de su silencio. En un clima de actitudes inefables bajo una sucesión infinita de movimientos y ademanes. De gestos técnicos inverosímiles que cobran sentido en la piel del bailaor. Situándose y metiéndose en el cante pastueño de la de Lebrija. Dejándose llevar a través del recuerdo de lo presente. Donde se jalea con un sentido telúrico. Creando un clima de desconcierto entre risas y aplausos. Interpretando y dando forma a la circunspección. “Dime niño si en este mundo vas a ser bailaor”. Nana que posibilita el ecléctico encuentro final entre los tres artistas. El público respira el aire contenido. Aplausos a la autenticidad y a la creatividad.

Carlos Sánchez
Diario de Jerez

 

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