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Crónicas

 

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X FESTIVAL DE JEREZ 2006.-

10/03/2006

Palacio de Villavicencio.-

Ciclo “Los conciertos de Palacio”

 José Luis Montón – Eva Durán.-

 

José Luis Montón concilia inspiración, técnica y disciplina en un toque claro claro, preciso y medido – Eva Durán esparció el eco de su garganta aterciopelada por las bóvedas de Villavicencio.-

 Un explorador de la sonanta.- El guitarrista y compositor José Luis Montón es otro explorador de las seis cuerdas. Perteneciente a una época en que la guitarra flamenca está llegando acotas insospechadas, debido a esas ansias de búsqueda de nuevas armonías que enriquezcan el rosario fértil de la composición guitarrística, el artista catalán propone un viaje hacia el descubrimiento de ocurrentes fórmulas expresivas. Una reflexión melódica sobre las posibilidades de la bajan.

Desde el legado de Sanlúcar y Lucía. Que bebe y recibe influencias constantes de otras músicas. Adaptándose a las formas de fuera sin perder la esencia y permanece dentro. Siendo la capitana del anticipo de los cambios, Del desarrollo de una música viva que se examina constantemente. Y que juega en el terreno resbaladizo de lo que es y no es. De lo que es permisible o no. Un toque al que se le incorporó en la segunda parte la cantaora malacitana Eva Durán. Artista veleidosa, rica en matices y detalles.

 José Luis Montón afina su guitarra. Suenan los primeros acordes en las bóvedas de Villavicencio. Ek guitarrista catalán concilia, inspiración, técnica y disciplina en la farruca. Rasgos fundamentales a la hora de aprehender el instrumento flamenco por excelencia. Con claridad expositiva en la disertación más básica. En su justa medida. Con intervenciones ecuánimes que se aprecian en la colombiana que escancia la brisa del Atlántico. Un largo trayecto a través del diapasón. Aventuras hacia la música del otro continente. Con una calibración precisa y detallista. Que se escudriña en la composición por soleá dedicada al guitarrista jerezano Juan Diego Mateos. Sutil y primoroso con los que uno trata de evadirse hacia espacios intimistas, entrañables y solitarios

Solo una parada en el puerto. La travesía marinera regresa a Cádiz por alegrias. Antes de presentar a la cantaora Eva Durán por guajira. Voz que acompaña a su guitarra o viceversa.

Garganta aterciopelada y valiente que retoma las alegrias, pero a la forma de Córdoba. Con un cante lineal y candente. Como el cambio de registro que realiza por seguiriyas. Al que le imbuye una intensificación emocional sin necesidad de arañar. Y zanjando acertadamente por cabales. Franqueza y naturalidad. Sin cisma ni abandono.

La cantaora malacitana afronta la soleá por bulerias con ansias de transmitir ductibilidad. Llevándose el cante a su terreno y ajustándolo a la tesitura de un metal almibarado que inicia el recorrido por Levante. Con la taranta de Almería. Donde se aprecia la pulcritud de la palabra algodonada. Hasta que concluye en la unión. Aproximándola lenta y gradualmente a ese otro estilo vago y melancólico que se oye exclusivamente en las cuencas mineras. En recuerdo del “Rojo El Alpargatero”. Ambos artistas cerraron brillantemente la penúltima tarde en el Palacio Villavicencio por bulerias.

Carlos Sánchez
Diario de Jerez

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Teatro Villamarta.-

Compañía ANTONIO “EL PIPA”

“DE TABLAO”

Con el baile clásico de Antonio “El Pipa” , vuelve al escenario del Villamarta en este X Festival de Jerez,  el flamenco en su máxima expresión de baile, cante y toque.

De Tablao, espectáculo producido y estrenado por la compañía de Antonio “El Pipa” en la edición de Málaga en Flamenco del pasado año, con artistas “de Lujo” invitados para esta presentación, tuvo lugar la auténtica noche jerezana del Festival.

Las actuaciones de Antonio en Jerez siempre crean grandes expectativas, conocemos todos el estilo y clasicismo que el jerezano  practica, pero no nos cansamos de verlo, su  baile en el que sus brazos y cuerpo cimbrean en toda su expresión es de una plasticidad extrema y depurada que gusta de manera especial, por supuesto que son muchos los que dicen que siempre es igual, que sus espectáculos son calcados uno del otro, pero a mi personalmente – aunque así sea, que lo dudo- me sigue gustando siempre que tengo la oportunidad de verlo.

La noche de ayer estaba dispuesto para un baile y cante especial por la compañía que trajo Antonio, nada más tenemos que empezar por el acompañamiento de atrás, las guitarras de Pascual de Lorca y Pepe del Morao, al cante Juana la del Pipa, Manuel Tañé y David Carpio, y al baile la gaditana M. José Franco, indiscutible calidad y cantidad, que no sólo no desentonaron, realzaron el espectáculo de manera especial.

El cierre de la obra trae al escenario una estampa clásica del siglo XIX de una familia gitana posando para una fotografía, detalle muy bonito e interesante coreográficamente hablando. Al comienzo del espectáculo, el telón se levanta con la presencia de Juana la del Pipa en el centro del escenario, esa imagen habla por sí sola, se van acercando los cantaores y comienza el espectáculo con letras lorquianas por jaleos, sabores antiguos que no pueden tacharse de un llamado al purismo como de vez en cuando sonaba una voz de una asistente – insistentemente- desde la platea, sí estimo que es origen traído a tiempos y medios modernos, muy bien concebidos y ejecutados.

Cuando las bulerías suenan en un escenario de Jerez es como si el sol entrara a raudales y así fue, el eco que ese palo cuya creación y especial compás se le atribuye a Jerez tiene sin ninguna duda un sabor diferente cantado bailado y tocado en Jerez, en su salsa y eso anoche se hizo palpable en toda su dimensión.

El Pipa demoró su entrada a escena, por supuesto entiendo que  fue premeditado ya que los artistas invitados fueron de primera línea, antes nos apareció la sorpresa que nos había anunciado en la conferencia de prensa, la aparición del niño Christian de los Reyes, ocho añitos, del Puerto de Santamaría y alumno aventajado del Pipa, ternura y gracia a su aparición, sorpresa posterior al apreciar su baile a esta corta edad, Concha Vargas, gitanísima  y gran bailaora sevillana la que nos salió bailando unas bulerías con mucho arte y seriedad, poniendo los acentos de este baile en sus momentos precisos, la Soleá de Juana la del Pipa deja un respiro de sosiego en el escenario y es el momento de transición para dar paso a la restante invitada de lujo, Mariana Cornejo, ella irrumpió en el escenario como un torbellino haciéndonos aires de Cádiz con el arte y salero que la caracteriza a ella y a todo buen cultor del cante gaditano, un soplo de alegría que pasó por el escenario y que en forma más seria nos interpretó unas cantiñas dejando un poco el aire bullicioso de los tanguillos anteriores, con seriedad y gracia por supuesto, pero al mismo tiempo demostrando también que el cante de Cádiz no solamente se trata de bullicio, también tiene sus momentos de seriedad aunque sus palos del cante siempre se sitúen dentro de la línea festera, el público le tributó una merecida ovación.

 María José Franco, se luce por seguiriyas y martinetes, ha sido compañera de baile de Antonio “El Pipa” en diversas ocasiones y siempre ha dado el tipo formando una muy buena pareja de baile, todo lo comentado les da la pauta de que anoche fue una de las  especiales del X Festival de Jerez, una de las noches por las que me hago un viaje de once mil kilómetros, volver a mi tierra y encontrarme con mis orígenes y vivirlos a pleno.

 Otra noche de éxito de esta edición del Festival de Jerez que cada año toma más fuerza.

Mañana en la previa de la tarde estoy predispuesto a escuchar con mucho interés a un nuevo y espero que grande del cante de Jerez, femenina en este caso, a Raquel Benítez reservándome la noche para escuchar al maestro Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, muchas ganas tengo de ello, espero que todo le resulte normal y pese a su edad y desgaste nos deje un final de Festival con buen cante flamenco.

Manolo Chilla
Triste y Azul

 

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Bodega “Los Apóstoles.-

Ciclo “Café Cantante”


DIEGO CARRASCO.-

 

La eternidad y una noche.- En la Europa medieval, el juglar era el artista profesional del entretenimiento dotado para tocar instrumento, cantar, y narrar historias de versos propios, el artista integral. A sus 52 años, Diego Carrasco, el creador del “master de juglaría” del flamenco contemporáneo, ha zanjado que ha llegado la hora de echar la vista atrás a sus casi cuarenta años de trayectoria artística. En esas estaba, cuando El Tate pensó que qué mejor sitio para una retrospectiva que en su “casa” y acompañado de su familia. El viaje temporal por los rincones de la memoria tuvo lugar en la Bodega Los Apóstoles, como clausura del ciclo “Café-cantante”, en la medianoche del pasado viernes y con un aforo desbordado de público ansioso de catar uno de los directos más esperados del festival.

Y llegó como siempre llega.......Sentado en su silla de enea con gesto afable, sonrisa pícara y con su aire de rapsoda bohemio abrazado a su guitarra. Carrasco, pese a andar un tanto acatarrado (ay, esos trasnoches!), llegó presto y dispuesto a transmitir en algo más de una hora lo mejor de sí mismo con un surtido, como los del Boquerón de Plata, de esencias de su vasta obra discográfica. El tren de Tío Diego partió puntual, dedicando el periplo musical a la memoria el poeta tristemente desaparecido esta semana Rafael Fernández  “El Nene”. Lo hizo de forma intimista, rememorando El cachorro me dijo, uno de sus emblemas trianeros, que conectó con Ay, mi amor. A ellos, engarzó pausadamente Vida y gloria del gitano, al que se le unieron el superdotado e imaginativo violín de Bernardo Parrilla y la detallista guitarra de su hermano Manuel.

Prosiguió la narrativa de Carrasco, esas palabras inacabadas en versos de métrica inescrutable, el murmullo de la rima quebrada: Sonó El torero y Mariposilla verde. El compás de sus cromosomas comenzaba a despertar, aunque la atmósfera aún era demasiado sosegada para lo que él acostumbra. Era el otro Diego, más poeta más introvertido y profundo. Pronto mostraría su lado más salvaje, el más excéntrico y jubiloso. Antes, una Nana de colores inolvidable en su voz, pero sobre todo en la de Felipa la del Moreno. Extraordinario almíbar vocal con un timbre caramelizado capaz de derretir al oído más áspero. Pura canela y fuego que dio paso a la guitarra de Diego del Morao.

El poeta de Cai, el oliva y el naranja, el mago de tomaketoma, la patá de genial improvisación de Javier Barón. Una perla que acrecentó lo inolvidable de la noche. A él se le veía como loco por participar y al público entusiasmado si lo hacía. “Esos son los buenos compañeros, los que te ven que estás malito y te ayudan”, le dedicó Diego cuando abandonó Barón las tablas. En el escenario, a renglón seguido y resonando entre los aplausos, José Monge Cruz, de la se echaron en falta los metales incuidos en MI ADN flamenco, pero que, en cambio, se suplieron a las mil maravillas con Dieguito, la percusión de Juan Grande y con Felipa.

Carrasco siguió pasando lista y entre los elegidos a participar en su autohomenaje estaba Moraito Chico. Su sello inimitable de texturas tan rancias como vanguardistas quedó grabado a fuego en el acompañamiento de Alahéa, “lo primero que grabamos juntos”. Con la nana nadie se fue a dormir, al contrario, El Tate se desperezó y se puso en pie, le dio unos besos a Morao e invitó a subir a Curro de Navajita y a Fernando de la Morena hijo: “¡Que dineral en guitarristas tenemos esta noche!”, espetó bromista. Arrancaron con Mi MOMA, en la que Diego se revela en clave de bulería, como enfant terrible de este arte en expansión. El síndrome de Peter Pan: el cantaor que no quería crecer hacia lo ortodoxo pero que no deja nunca de retroalimentar al personal con un interior inabarcable. Cada tema regaló a un Tío Diego más comunicativo con sus fieles, que a esas alturas eran sumisos a su narcótico e hipergaláctico flamenco.

Un solo blusero de Curro y una voz de referencia en la galaxia flamenca: Diego Carrasco, que cogió los alambiques y se lió a manipular las cosas de la química, un alquimista impaciente. A él le salen bien hasta los experimentos con gaseosa: Teluro que te jierro, Diego. El viaje llegaba a su fin porque el tren de los sueños, salvo el último, no es eterno. Cinco toreros y una canción desesperada como Neruda. Un fin de fiesta, a modo de bis obligado, por bulerías: ¿acaso podía ser de otra forma? Una paraíta de Morao de órdago a la que se adhirieron el propio Tate y Barón, que regresó a la gran familia, a la factoría inagotable del compás santiaguero.

Decía Wilde (en probable alusión a su condición de homosexual) que solo un inbécil juzga por las apariencias. Tío Diego, respetados por puristas y renovadores a partes iguales, es blanco facilísimo de las críticas, pero a estas alturas no quiero ni imaginarme por el lugar de su cuerpo que se las pasa. La imaginación y la memoria siguen atareadas y pendientes de ver en qué lugar del hemisferio derecho cerebral (el lado de las emociones y de la música) almacenan el recuerdo de una noche mágica, eterna e inolvidable: ¡Que bonito es ser inquilino del mundo!

Francisco Sánchez Múgica
Diario de Jerez

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