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Escudo: De
Plata, un Hércules al natural, vestido con un piel de león, acostado de dos leones
empinantes a los que intenta separar con clava o maza, de sable, al pie. Bordadura de aro
cargada de la inscripción <<Hércules Fundator Gadium Domonitorque>> en
letras de sable. Al timbre, corona real abierta (en la práctica se añaden dos columnas a
los lados de Hércules con la inscripción <<Non Plus>> en la primera y
<<Ultra>> en la segunda, novedad que aparece en el siglo XVIII, sin que
resulte justificada por una significación especial, ni respaldada par acuerdo capitular,
sino, por el contrario, conocemos acuerdo en sentido negativo: el de 10 de octubre de
1876, en que se dice que las columnas están mandadas suprimir). La divisa del Hércules
con los dos leones es constante, al menos desde el siglo XV, y con 1a inscripción
perpetúa la leyenda de que tal fue el conquistador de Cádiz, y el que con sus fuerzas
separó las montañas de Abyla en Africa y Calpe en España, originando el estrecho de
Gibraltar, cuyas montañas quedan representadas por los leones que el héroe separa. La
clava recuerda la lucha del mismo con el león de Nemea que se refiere en el Idilio XXV de
Teócrito. En cuanto a la corona, entendemos corresponde a la real abierta antes que la de
duque o marqués, aunque Cádiz fuese feudo de los Ponce de León con título, de marqués
primero y de duque después, sobre dicha plaza; porque éste fue un vasallaje efímero que
en total sólo alcanzó veinticuatro años, que apenas cuentan en la brillantísima
historia de esta ciudad, considerada la más antigua de Occidente, que además fue cuna
del liberalismo. El Ayuntamiento no a tramitado expediente de rehabilitación, ni tampoco
tiene aprobado Reglamentos de Honores y Distinciones en que se determine de manera oficial
la composición y esmaltes de este escudo.
CÁDIZ. Capital de la provincia y cabeza deI partido homónimo. A comienzos de 1983, se
estímaba su pobIación total de hecho en 157.766 habitantes. A 4 m. sobre el nivel del
mar, situada en torno a los 36º 31' de longitud norte y los 6º 16' de longitud oeste,
según Greenwich. E1 término municipal se extiende a lo 1argo de 1.072 ha, a las que
habría que añadir unas 200 ha. aproximadas, resultado del proceso de relleno artificial
frente a la bahía. Se situa entre ésta, la BAHÍA DE CÁDIZ, a la que cierra por el
noroeste con LA PUNTA DE SAN SEBASTIÁN, y el océano AtIántico. Es, a su vez, el extremo
noroeste de Ia ISLA DE LEÓN , con la que se comuníca a través de un estrecho istmo. Su
territorio es el resultado de un rosario de farallones de formación terciaria, más Ios
arrastres y aluviones operados durante el cuaternario reciente con los embates y arrastres
marinos frente a la dinámica del vecino RIO GUDIANA.
Sede de la DIÓCESIS CÁDIZ-CEUTA; rectorado de la UNIVIERSAD de CÁDIZ; facultades de
Medicina, Filosofía y Letras, escuelas universitarias, servicios adíministrativos
propios de capital de provincia y Consulados.
Su clima es benigno, mediterráneo barrido por vientos de poniente y LEVANTE, siendo
éste, de componente este-sureste el dominante, de alta frecuencia durante el estío y con
efectos muy desecantes. La temperatura que se disfruta está entre los 28 de máxima, como
media alcanzada en los meses veraniegos , y los 10º de mínima media en invierno. El
número de horas de sol es muy elevado: 3.224 horas de media anual Su presión
atmosférica oscila en torno a los 762 mm de media. La humedad relativa es superior al 75
por 100, como media anual, aun cuando el levante estival puede hacerla bajar a valores
inferiores al 30 por 100. La irregularidad de las precipitaciones se compensa por su
inmediatez al océano.
El tránsito por tierra responde a los trazados tradicionales a lo largo de su historia,
hecho impuesto por la geografía del lugar. La salida secular de Cádiz, a traves del
istmo, se convierte en el término de la carretera N-IV Madrid-Cádiz. Igual sucede con la
línea ferroviaria que discurre paralelamente en todo el término. A ello se suma la
carretera que, tras la construcción del PUENTE JOSE LEÓN DE CARRANZA, sobre la bahía,
comunica directamente la población con la zona del RIO SAN PEDRO y con la autopista dc
peaje Sevilla-Cádiz. El tramo de Cádiz a San Femando, la antedicha N-IV, dispone de
doble carril en cada sentido.
La vía marítima, a través de su puerto comercial, es constante. En el tráfico de
pasaje destaca la periodicidad de la línea que comunica con las islas Canarias y el hecho
de ser escala trasatlántica, con el consiguiente beneficio que el turismo reporta. Por
último, dentro de las relaciones con núcleos urbanos vecinos, persiste la línea
Cádiz-El Puerto de Santa María, con un número aproximado de 150.000 usuarios al año,
utilizando el tradicional VAPORCITO.
La pesca es la única actividad del sector primario de producción que podemos reseñar
respecto a Cádiz. Un puerto con dos muelles abriga una flota que desembarca más de la
décima parte del total capturado en España. Sobresale en número de embarcaciones la
flota de arrastre, con un 97 por 100 de capturas sobre el total desembarcado. Por otro
lado, la flota congeladora, mejor adaptada a la coyuntura actual y faenando en el
Atlántico sur, así como la pesca interior y MARISQUEO, actividad marginal aparentemente,
sobre todo en verano, completan la importancia de este sector para la ciudad.
La fundación de Cádiz se sitúa, según variadas fuentes de la antigüedad, en torno al
año 1 100 a. C. o, cuando menos, a fines del siglo XII a. C. por naves fenicias de la
ciudad de Tiro. Dicha fecha, en atención a los datos arqueológicos aparecidos y, sobre
todo, en ausencia de anteriores vestigios, a recientes interpretaciones históricas más
pausadas habría que retrasaría a los siglos IX y VIII a. C., hecha realidad la
talasocracia fenicia tras el declive micénico y el marasmo producido por los pueblos del
Mar. La razón de su ser estribó en la adecuada situación geográfica: un rosario de
islotes abrigados, hoy de la cíudad, fácilmente defendibles, base próxima al supuesto
reino de TARTESS0S y, desde luego, puerto de entrada y control comercial de las materias
primas del Atlántico occidental o de las míticas islas Casitérides. En suma, un punto
mercantil de abastecimiento que, de inmediato, sacralizado con la fundación del templo de
MELKART, divinidad luego asimilada a HERACLES-HÉRCULES, alcanzó fama y prestigio.
El relevo FENICIO fue tomado por Cartago, hacia el siglo VI a. C. , que haría de Cádiz
su principal bastión de cara a la denominación del interior de la Península Ibérica y
del consiguiente control del comercio marítimo. Así, en el 237 a. C. desembarcaban en
ella los bárquidas, tras la primera Guerra Púnica. No obstante, la oportuna defección
de la ciudad de dicho bando, hecho que comportó y, a su vez, causó el saqueo del general
CARTAGINÉS MAGÓN, en el 206 a. C., y la firma de un foedus con el general romano Marcio
(FOEDUS DEI. 206 a. C.), situaría A GADES, ya oppidum foederatum, en la nueva órbita del
Imperio.
Se respetaba su organización administrativa interna, la misma de época púnica, a cambio
de contraprestaciones económicas y, especialmente, del compromiso de su alianza. En el 78
a. C. se renovaba y, ya en el 49 a. C., obtenía la categoría de municipium.
Las relaciones de JULIO CESAR con su colaborador, el gaditano L.CORNELIO BALBO, durante
las estancias de aquél en el 69 a. C. y, como propretor de HISPANIA, en el 61 a. C.,
fueron determinantes. Gades, ya muy romanizada pese a sus ancestrales modos de vida
púnicos, había sustituido sus propias leyes por las romanas, ello por libre iniciativa,
aunque con el asesoramiento de César. Desde entonces, pues, la que sería Augusta Urbs
Iulia Gaditana unía su fortuna a la de Roma, de modo que, ante las graves perturbaciones
del siglo III d. C. , comenzaba a decaer precipitadamente, incluso antes de su tradicional
entrada a la Edad Media con la dominación visigoda y musulmana, momentos - ambos -
irrelevantes en su historia.
Cádiz aparece mencionada en los testimonios geográficos musulmanes, pero más por ser
término dc la VÍA AUGUSTA, todavía una fundamental calzada para la época, o por el
recuerdo, cargado de fantasía, del TEMPLO DE HERCULES, cuyos restos serían destruidos en
1146 en busca de riquezas. En igual fecha, el señor de Cádiz, uno de los jefes de la
escuadra AlMORÁVIDE y responsable de dicha demolición, daba cuenta de su sumisión a los
ALMOHADES, siendo tal vez éste el lugar de desembarco, a principios de 1147, de los
nuevos dominadores de al-ANDALUS. Poco a poco, pues, va adquiriendo protagonismo, tanto de
cara a un necesario control del del ESTRECHO DE GIBRALTAR cuanto porque el Mediterráneo
experimenta un creciente desarrollo económico y comercial.
Así, Cádiz despierta. Como punto estratégico de cara a una eventual conquista del norte
de Africa por ALFONSO X EL SABIO, sería ocupado por la Corona, entre l260 y 1262, sí
bien la desaparición del Control musulmán sobre la zona se logró con anterioridad. El
papa Urbano IV concedió a continuación en 1263, la restauración y traslación de la
diócesis de ASSIDONIA al lugar en cuestión, comprometiéndose el monarca a erigir una
catedral, con la advocación de la Santa Cruz, en la que a su vez sería enterrado, hecho
que no llegó a darse. En 1275, la repoblación con montañeses de Santander y el
consiguiente repartimiento quedaban realizados. Igualmente, Alfonso X dotaba a la villa de
un término propio, alfoz, extenso y abarcador de varias poblaciones de la bahía, de modo
que Cádiz se asegurara un mantenimiento constante y autónomo, implicando así una fácil
defensa con sus únicos recursos. Sin embargo, durante los reinados posteriores, dado que
Cádiz aún era tierra de FRONTERA, la defensa fue provista por grandes señores a cambio
de concesiones de tierra que menoscabaron su antedicho alfoz. Entre 1466 y 1467, LOS PONCE
DE LEÓN, marqueses de Arcos de la Frontera, se convertían en señores de Cádiz y su
término hasta la PUENTE SUAZ0, ello aprovechando las circunstancias de guerra civil entre
ENRIQUE IV de Castilla y el pretendiente AI.FONSO XII. En 1492, los REYES CATÓI.ICOS, en
su interés por dominar los puertos andaluces, la rescataron para la monarquía.
La época (siglo XV y comienzos del XVI) y la población, primero favorecida por los Ponce
de León y luego por la Corona, impulsarían el COMERCIO gaditano con el norte de África.
También se iniciaría el consiguiente proceso de radicación de colonias extranjeras. Por
lo pronto, los genoveses, perfectamente instalados, establecieron una ruta comercial en la
que Cádiz conectaba el mar del Norte con el Mediterráneo. Junto a ellos también
destacaban los vizcaínos, grupo homogéneo de marinos al que los Reyes Católicos
concedieron, en 1493, MONOPOLIO para la fiscalización y control del oro proveniente de
África.
Con el descubrimiento del Nuevo Mundo, Cádiz va aumentando su protagonismo. El segundo
viaje de CRISTÓBAL COLÓN partió de sus orillas el 12 de septiembre de 1493, regresando
en junio de 1496. El tercer viaje concluyó igualmente en su puerto, mientras que el
cuarto salía de aquí en 15O2. Ello demuestra, simplemente, que en poco más de un siglo
la ciudad, al igual que otros puertos del litoral de la bahía de Cádiz, habituada a
singladuras africanas, incluso al corso, se había preparado para acometer similares
empresas atlánticas. De cualquier modo, sus orillas se consolidaron en un nudo mercantil
de primera magnitud que seguía comerciando con otros puertos europeos del océano o del
Mediterráneo, también con BERBERÍA, aun cuando menos cada vez, dada la mutua política
de hostilidad entre los Austrias y los Hasaníes, y, por supuesto, con América. Al
respecto, una serie de concesiones favorecieron dicho comercio con las Indias frente a la
centralización inherente al establecimiento de la CASA DE CONTRATACIÓN en Sevilla, en
1503: la Real Cédula de la reina Juana, de 1508, facultando dicho tráfico, luego
ratificado por CARLOS 1; Ia creación del JUZGAD DE INDIAS en 1535, o las reales cédulas
de 1558 y 1561, autorizando a las naves que retornan de las Antillas a descargar en Cádiz
y no necesariamente en Sevilla.
Sin embargo, la pujanza sevillana y la fácil accesibilidad de la bahía al ataque de las
flotas enemigas, con las consiguientes pérdidas, además de la falta de un traspaís con
recursos propios para abastecimientos, hicieron que, por el momento, Sevilla se
beneficiara de las aportaciones americanas en detrimento de Cádiz. Con todo y aun con un
corto número de habitantes, era ciudad importante . Como tal, sufriría distintas
incursiones durante los siglos XVI y XVII; las más significativas serían la de FRANCIS
DRAKE, en 1587, quien destrozó y saqueó la flota surta en la bahía, y la del conde
ESSEX quien, en 1596, prácticamente sin resistencia por carencia de recursos, tomó la
ciudad durante varios días. En 1625, un similar intento angloholandés fue abortado por
la experiencia y mejor disposición, tanto de sus habitantes cuanto de las tropas
próximas dirigidas por FERNANDO GIRÓN, escena que, con cierta imaginación inmortalizara
ZURBARAN con posterioridad. Creció Cádiz aceleradamente durante el siglo XVII. Cada vez
mas poblada y mejor defendida, su puerto se beneficiaba con colonias de mercaderes en
creciente número. Por contra, la BARRA DE SANI.UCAR y el mismo Guadalquivir iban
imposibilitando la navegación, hasta Sevilla, de barcos con un mayor tonelaje y calado.
Si España entraba en crisis, Cádiz cimentaba su prosperidad e incluso, pese a las
EPIDEMIAS de mediados del siglo, crecía en habitantes. Las facilidades portuarias y
fiscales, lícitas o ilícitas, atraían el comercio de todos, pues los derechos de
aduanas de las mercancías eran rebajados a tasas inferiores que las impuestas por
Sevilla. En suma, pese a los intentos sevillanos, desde el último tercio del siglo XVII
era realidad la preeminencia de la ciudad como puerto cabecera del comercio americano.
Así, el traslado de la sede de la Casa de Contratación a Cádiz, decretado por FELIPE V
en 1717, sólo consiguió sancionar legalmente un hecho incuestionable.
El siglo XVIII, tradicional siglo de oro gaditano, se basa en el reconocimiento de dicha
preeminencia por parte de su población, de los extranjeros residentes e itinerantes y,
especialmente, por parte de los Borbones. Al monopolio comercial con América añadieron,
dentro de la política regia de dominar y reorganizar la bahía (El Puerto de Santa María
e Isla de León como nuevos municipios de realengo, creación del ARSt;NAL DE LA CARRACA,
etc.), la ubicación de la capitanía general de Andalucía en Cádiz, en 1752, y la
conversión de ésta en un baluarte inexpugnable que impidió nuevos asaltos y que hoy, al
igual que la mayor parte de su caserío, conservado, han configurado una fisonomía
peculiar. En esta línea de proyección oficial al mar, también se inserta la fundación,
por real cédula de 1748, del Real COLEGIO DE CIRUGIA DE LA ARMADA, hoy Facultad de
Medicina , o la inicial ubicación del Real Colegio de Guardias Marinas, con el anejo
OBSERVATORIO ASTRONÓMICO creado por JORGE JUAN, a poco trasladados a San Fernando.
Todo ello abocó en una ciudad portuaria y financiera de primer orden a la que los
sucesivos decretos de libre comercio, en 1765 y 1778, no llegaron a alterar. Así, el
valor de la Aduana gaditana rondaba, a fines de la década de 1780, el 46 por 100 del
total nacional. En 1791, igualmente, se abría sucursal de Caja de Descuentos a instancias
del Banco de San Carlos, de Madrid. Por otro lado, un padrón de 1786, concretaba la cifra
de 73.000 habitantes, número elevado para una ciudad en dicho período y por el que no es
de extrañar el numeroso concierto de sociedades e instituciones religiosas, civiles,
culturales, conventos, casas de hospedaje, de vecinos o señoriales y consulados de
naciones varias que materializaban la estampa de Cádiz. De ello surgía un cosmopolitismo
que, más tarde, facilitaría la galvanización de las ideas liberales, las mismas que
posibilitaron la CONSTITUCIÓN DE 1812.
No obstante, la guerra con Inglaterra y los consiguientes bloqueos navales al puerto de
Cádiz comenzaron a crear un clima de incertidumbre que, en 1808, aun con la inversión de
alianzas, no desapareció. porque ya la independencia de las colonias comenzaba a ser un
hecho irreversible desde la desaparición del poder naval español en TRAFAGAR, sostén
protección del negocio peninsular con ultramar. Así, de 1811 a 1824 se sitúa un
promedio de 227 casas comerciales quebradas, resultado de un descenso de tráfico que
pasó de un volumen de 800 millones de reales, en 1795, a los 14 millones de 1828. En
tanto, tras el sitio napoleónico y el primer proceso constituyente, Cádiz sufriría los
sobresaltos del absolutismo fernandino, plasmados en la matanza de civiles por las tropas
insurrectas del general FREYRE, en 1820, y el asedio de los CIEN MILLONES DE SAN LUIS,
esta vez victorioso, que nuevamente sentaron la vía absolutista.
Entrado, pues, el siglo. la decadencia de la ciudad es palpable: una poblaeión
decreciente, incluso con barrios deshabitados, y una economía hundida. Su puerto,
desconectado de América, es escala de barcos de cabotaje que una transitoria concesión
de franquía, iniciada en 1829 y derogada por FERNANDO VII en 1831, como represalia por un
atentado de liberales contra el gobernador, no logra levantar.
Los intentos por relanzar la ciudad consiguen , entre otras mejoras, que sea elegida
capital de provincia con la reforma territorial administrativa de Javier de Burgos, en
trance de haberla perdido en beneficio de Jerez de la Frontera. Además, desde 1840, con
la reanudación del comercio entre España y las antiguas colonias, vuelve a animarse el
puerto gaditano. atrayendo nuevamente y creando capitales financieros. Se crea en 1846 el
Banco Español de Cádiz. al tiempo que sociedades crediticias de diversa índole impulsan
la economía local. Ello, lógicamente, incidiría en una incipiente industrialización
cuya proyección, todavía hoy, disfruta la población y la bahía en general. Como dato
significativo. en 1840 se instalaba en Puntales un pequeño astillero, el de Thomas
Haynes. embrión de los actuales. No obstante. estos indicios de aparente recuperación no
lograron superar las crisis de la década de 1860, luego acentuada con la pérdida de Cuba
y Puerto Rico. máxime cuando el inversor gaditano proyectó su capital hacia los bienes
raíces.
En tanto, el prestigio político de las clases liberales de Cádiz, a lo largo del siglo
XIX, no decaería, dada la nómina de hombres públicos que legó al país. Al igual que
en 1812, no es tampoco un azar el que Cádiz haya sido el escenario de <<LA
GI.ORIOSA>>, en 1868, abriendo así el paso, tras un corto paréntesis, a la 1
República. De igual forma, también prendía el CANTONAI.ISMO con fuerza, dirigida la
insurrección por FERMíN SALVO. CHEA, en 1873.
De cualquier modo, Cádiz no pudo evitar el pasar a ser una población de carácter
provinciano con una actividad a remolque de la situación nacional, de decisiones
centrales, y dependiente, como rasgo común a su historia, del mar: puerto, construcción
naval y auxiliar, centro administrativo de la provincia y núcleo militar de importancia.
Entrado el siglo, se advierte la conciencia propia de su falta de peso en la vida
española, lo cual no llegará a modificar tal situación. El conformismo se manifiesta
incluso, opuestamente a la dinámica anterior, en el triunfo de los concejales
monárquicos en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Con el estallido de la
GUERRA CIVIl., el desembarco de las fuerzas de regulares del general VARELA encuentra
débil resistencia. Tras la guerra, dentro de la línea de reindustrialización de la
nación, tras la EXPLOSIÓN de un polvorín en agosto de 1947, causante de una gran
catástrofe, y al socaire de la favorable coyuntura internacional operada desde 1950, se
afianza el desarrollo de la ciudad, cada vez más integrada al hinterland de la bahía y
bipolarizada en torno a industria y servícios. Empero. aun cuando se ha intentado
diversificar las funciones industriales. creando alternativas a la construcción naval. la
crisis mundial sobrevenida tras 1973 viene incidiendo negativamente sobre la población.
Desde el punto de vista urbanístico, hay que decir que Cádiz es una ciudad muy
urbanizada, partiendo de su inicial perímetro circundado (4.350 m), que conforma el
núcleo histórico y la antigua plaza fuerte. Desde las puertas de Tierra se extiende la
población nueva en torno a la avenida de acceso a la ciudad y hasta el CASTII.I.O DE t.A
CORTADURA, hoy día igualmente rebasado por instalaciones industriales, recreativas y
docentes. Las antiguas barriadas extramuros de San Severiano, San José y Puntales,
desaparecidas sus primitivas fisonomías, han quedado englobadas en el nuevo entramado. Un
hábitat diseminado fuera del núcleo urbano es prácticamente inexistente, pues sólo
existen escasas edificaciones con ocupación permanente, aparte de las instalaciones
costeras de Torregorda, zona militar de la Armada. Se diferencian, pues, nítidamente, la
zona de expansión o PUERTA DE TIERRA, urbanizada progresivamente desde 1960, del casco
antiguo de Cádiz o intramuros, todavía hoy dotado de un orden y unidad inexistente en
puerta de Tierra. El anillo defensivo en consecuente a su pasada condición militar,
actualmente incompleto tras las obras de demolición llevadas a cabo a principios de
siglo, frente al puerto y la desaparición de los glacis del acceso por carretera, aún le
confieren un carácter inequívoco.
En su interior, un damero de rectas y estrechas calles articulan manzanas con
edificaciones de PIEDRA OSTIONERA, ladrillo y cal, abiertas al exterior por portones de
madera o cancelas de época isabelina. Una simple pureza de líneas y las dimensiones
exactas de tres pisos, por regla general, otorgan un aire clásico que los innumerables
detalles barrocos no llegan a romper. Cádiz es, en este sentido, el producto de una
vigilancia y cumplimiento de las normas que, sobre edificación, emanaban de sus
autoridades. Empero, su horizontalidad es convenientemente cortada por frecuentes torres o
miradores. única posibilidad de altura permitida por dichas ordenanzas y oteros
artificiales desde donde dominar la vista del mar, y los campanarios y cimborrios de las
iglesias. Escasas plazas con arbolado, procedentes de la huertas exclaustradas por las
DESAMORTIZACIONE5 del siglo XIX. se suman a las dos tradicionales de San Juan de Dios y de
San Antonio. No obstante, los paseos abiertos al mar del PAROUE GENOVÉS y la alameda del
marqués de Comillas. verdaderos jardines botánicos a la vez que lugares de asueto,
compensan dicha carencia. De resultas. la imagen dieciochesca y decimonónica de Cádiz
persiste. Otra imagen anterior, aun cuando sin romper la unidad común de todo el
conjunto, puede encontrarse en los barrios de Pópulo. primitivo asiento de la ciudad
delimitado por el cerco medieval que la circundaba y que hoy se transparenta en el trazado
de las calles que lo cierran, y el de Santa María. primer arrabal que creció al abrigo
de dicho núcleo. Aquí aún opera un trazado de calles preclásico, desarrollado a su
antojo entre angosturas y acodamientos en giros imprevistos. Éste fue el corazón de
Cádiz que, a partir del siglo XVI, iría creciendo hacia el norte con el desarrollo
viario racional antes apuntado. Las instalaciones portuarias se sitúan en la banda de
levante a partir de la punta de San Felipe, al pie del barrio neoclásico de San Carlos.
A lo largo de esta orilla se dilatan hasta alcanzar el puente José León de Carranza y,
así, encontramos el puerto comercial, pesquero, dique y astilleros, base naval de
PUNTALES y zona franca; tan sólo un margen de unas 38 ha, la barriada de la Paz, se abre
directamente a las aguas de la bahía. Paralelamente, discurren la vía férrea, cuya
estación llega hasta el mismo puerto, y la carretera dc acceso industrial, hoy muy
urbanizada Este entramado viene a estrangular la comunicación entre las calles situadas a
uno y otro lado de ambas vías a poniente, por contra, desde Cortadura al actual
camposanto, se ha configurado una zona específica de viviendas que, durante el estío, en
torno a la playa, adquiere todo el carácter de una ciudad de recreo.
En el aspecto monumental, comenzando por la arquitectura militar, destacan en Cádiz el
conjunto de los CASTILLOS DE SAN SEBASTIÁN y DE SANTA CATALINA, la antigua «ciudadela»,
que defendían el abrigo de la Caleta, así como el más antiguo baluarte de la
Candelaria, o los fuertes del Puntal y la Cortadura. En su conjunto proceden de las
primeras edificaciones proyectadas en 1596 por CRISTOBAL DE ROJAS, pero 50 configuración
responde plenamente a la moderna poliorcética del siglo XVIII; la puerta de Tierra,
desprovista de su esencial abrigo militar, enmarca en su fachada un diseño barroco, 1754,
de TORCUATO CAYÓN. El Gobierno Militar y los vecinos cuarteles del paseo de Carlos III
introducen un severo y práctico neoclásico, temprano para Andalucía.
Dentro de la arquitectura civil, tanto oficial cuanto doméstica, es preciso destacar la
idea de conjunto de la ciudad como valor fundamental. En ella, las influencias italianas,
los caracteres moriscos y los americanos coloniales se suman al sustrato andaluz de la
bahía. Sobresalen, no obstante, por carácter o monumentalidad, la casa de Estupiñán o
la posada del Mesón, las más antiguas, del siglo XVII, dentro del primitivo recinto del
Pópulo, al que se ingresa a través de tres puertas, de la Rosa y de los Blancos. El
barroco al gusto italiano, con fachada monumental de mármol, aparece en las llamadas casa
del Almirante y casa dc las Cadenas. Ésta, construida de nueva planta y respetada la
portada, es sede del Archivo Histórico Provincial. Dentro del siglo XVIII destaca la Casa
de Recaño, tendente al neoclásico, y en cuya esquina se alza la torre de Távira,
máxima altura desde la que el puerto controlaba el tráfico de navíos.
De carácter oficial, hay que citar el edificio dc la Aduana, neoclásico, aun cuando en
su interior destaque el salón regio, amplia cámara decorada en el más bizarro gusto
ecléctico isabelino, o el antiguo hospicio, casa de Misericordia, hoy Institución
Valcárcel donde puede apreciarse el paso del barroco, en los vanos del primer cuerpo de
fachada, al neoclásico puro de su sobrio patio. Con ello entramos en la severidad dc la
CÁRCEL REAL, en la actualidad arruinada y en trance de recuperación, obra de TORCUATO
BENJUMEDA y su discípulo JUAN DAURA.
Mediado el siglo XIX, el programa ecléctico dcl arquitecto JUAN DE LA VEGA altera
superficialmente la fisonomía la de las casas: así el casino gaditano, viviendas
particulares y, especialmente, la casa de Moreno de Mora, en la calle Ancha, terminada en
1862. En el cambio de siglo continuará este proceso de alteración de fachadas, como en
la casa de Aramburu, en la plaza de San Antonio. El impacto del modernismo, por otro lado,
será nimio. Finalmente, cierto racionalismo dc influencia germana se hará notar en
edificios de la década de los 30 y 40.
Es, pues, la arquitectura religiosa el lugar donde puede desbordarse la monumentalidad y
el exorno de los gaditanos de épocas históricas. En este orden, la CATEDRAL, comenzada
por VICENTE ACERO en 1720, heredera de la familia que se abre con la de Granada, es la
última gran catedral española y adelantada de las que, después, se levanten en la
América española, como es el caso de La Habana. Numerosas vicisitudes ocasionan su
retraso en la construcción, que podemos considerar culminada en 1853 con el cierre de la
cúpula. La planta, muy barroca, borrominesca, queda, pues, coronada pobre y severamente,
aun cuando se mantenga su monumentalidad. De tres naves, con capillas laterales y girola,
coro en el centro, con sillería procedente de la cartuja de Santa María de las Cuevas,
en Sevilla; presenta mármol genovés hasta la altura de los capiteles y de piedra el
resto. En la cripta, de planta cruciforme con bóveda baída al centro, reposan los restos
de MANUEL DE FALLA.
Anexo se encuentra el MUSEO CATEDRALICIO, abierto al público, en el que se atesoran
importantes piezas de platería: custodia procesional, conocida como el »Cogollo»,
atribuida a ENRIQUE DE ARTE, de plata sobredorada y cincelada, terminando en una cruz dc
amatistas; la custodia, conocida como la dcl <<Millón>>, obra de 1721,
cruces, cálices, capas y ternos bordados en oro y plata , además de distintas piezas de
Imaginería y cuadros de autores varios: Luisa ROLDÁN, Cornelio Schutz, PABLO LEGOTE,
etc.
Otras iglesias, parroquiales o conventuales, son de sencillo porte, <<iglesias de
cajón>>que no rompen la unidad urbana de la ciudad y que centran su barroquismo en
los altares de las capillas o, en menor medida, en las portadas-retablos. Destacan la
parroquia de la Santa Cruz, antigua catedral, con escasos vestigios del templo gótico
destruido por los ingleses. que es de comienzos del siglo XVII. En su interior resaltan el
altar mayor, con retablo de dos cuerpos en madera dorada y policromada, obra de Alejandro
de Saavedra en 1644, y la capilla de la Nación Genovesa, de 1671, decorada en mármol y
alabastro.
En el convento de Santa Maria, en su iglesia, con portada manierista de comienzos del
siglo XVII, se puede citar la popular imagen de Nuestro Padre Jesúsdle Nazareno, el
<<Greñúo>>, escultura de tamaño natural, hacia 1600, o, por su exotismo,
los azulejos de Delft, donados en 1670 por el armenio David Jacob Zucar. En Santo Domingo,
muy restaurada su iglesia a mediados del siglo XX, se observa un hermoso claustro
dieciochesco. La iglesia de San Agustín, culminada en 1647, con excesivas reformas
neoclásicas, ofrece un Cristo de la Humildad y Paciencia, talla de hacia 1680, y
especialmente la imagen del Cristo de la Buena Muerte, tamaño natural, clásico y
equilibrado, - emparentada con las deI círculo e Alonso Cano y de difícil atribución.
La iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, aneja al convento de franciscanos, no
conderva nada de su primitiva fábrica del siglo XVI, dadas las reformas y rectificaciones
posteriores. Destacan en ella sus yeserías, de impronta mudéjar, la decoración rocalla
cii madera dorada y el retablo mayor, de 1763, obra de Gonzalo Pomar. Los ángeles
lampareros de dicho retablo se atribuyen a la Roldana, así como las imágenes del retablo
de la capilla de San Luis. La iglesia del Carmen, aneja al convento de Carmelitas
Descalzos, fundado en 1737, llama la atención por sus ornamentadas espadañas, también
del siglo XVIII, con un diseño colonial que igual podríamos observar al exterior de la
iglesia dc la Divina Pastora, o en el patio dcl hospital de Nuestra Señora del Carmen,
popularmente conocido como <<Hospitalito de mujeres>> y edificado en 1740. Una
hermosa escalera, muy compleja, da acceso a las distintas dependencias centrales de la
casa, hoy obispado. En su capilla se conserva un lienzo, La Visión de san Francisco,
firmado por el Greco. En similar estilo, un barroco popular del siglo XVIII, hay que
situar la iglesia y convento de Nuestra Señora de la Piedad, conocida como de las
Descalzas.
No se puede prescindir dc la iglesia de San Lorenzo, con su retablo mayor de estípites;
de la del Rosario, con una hermosa fachada italianizante falta de perspectiva por la
angostura de la calle, casi neoclásica, que aumenta su atractivo con la vecindad del
Oratorio, y capilla de la SANTA CUEVA, obra de Torcuato Cayón y Torcuato Bejumeda
culminada en 1796. La magnificencia del diminuto oratorio es un marco inigualable paro los
tres medio-puntos con temas eucarísticos, sacados de los Evangelios, que ejecutó
FRANCISCO DE GOYA por encargo de la congregación <<de la Madre antigua>>. En
SAN FELIPE NERI monumento nacional por ser el lugar donde se desarrolla el proceso
constítuyente de 1812, pueden observarse distintos retablos, uno de ellos de mármoles
italianos del siglo XVIII; en el retablo mayor destaca una Inmaculada, de MURII.LO. Aun
cuando barroca, no es característica de Cádiz la planta oval, siglo XVII, de este
interior.
Es obvio el predominio del barroco dieciochesco en toda la construcción gaditana,
incluida la religiosa. También dentro de él se sitúa la iglesia de Santiago Apóstol;
se levanta según traza de 1635, pero los añadidos, coronación de la torre y parte de
las imágenes y retablos, rompen con el inicial manierismo del proyecto; igual ocurre con
la iglesia del hospital de San Juan de Dios, en Nuestra Señora de la Palma o en la
capilla de las Angustias. Más modernas son la parroquia de San José, en extramuros, o la
de San Pablo: en ambas, de fines de la citada época, entramos en un academicismo propio
de los neoclásicos. Al respecto de la capilla del Pópulo o de la parroquial de San
Antonio, las reedificaciones, especialmente de mediados del siglo XIX, han alterado
sustancialmente los iniciales diseños.
Incluyendo en este apartado los museos, y mencionado ya el catedralicio, hay que citar el
MUSEO MUNICIPAL, Iconográfico e Histórico de las CORTES DE CÁDIZ, donde se conserva una
MAQUETA en madera noble del Cádiz de fines del siglo XVIII, además de distintas piezas,
retratos fundamentalmente, imprescindibles para el buen conocimiento ambiental del Cádiz
del Sitio. El Museo Provincial de Bellas Artes, con secciones de pintura, arqueológico y
de costumbres populares, es visita obligada por la riqueza, cantidad y exclusividad de los
objetos allí conservados. La comprensión de Cádiz y su provincia durante la Edad
Antigua, inclusive prehistórica, requiere de una completa inspección de sus
instalaciones: los dos sarcófagos antropoides o las joyas púnicas son tan sólo un
ejemplo de sus fondos, así como las pinturas de ZURBARAN que, exclaustradas de la CARTUJA
de Jerez, fueron depositadas en él.
En una ciudad ilustrada como Cádiz no faltan instituciones culturales que hunden sus
raíces en generaciones anteriores. Así, la Real ACADEMIA DE BELLA5 ARTES cuyos
estatutos, actualizados ya, datan de 1849, es consecuencia de la creación por el gremio
de plateros de una Escuela de Dibujo, Aritmética y Geometría en 1777. Desde 1854 es
Academia de Primera Clase. El ATENEO Científico, y literario desarrolla
ininterrumpidamente su actividad desde 1858. El casino gaditano, con un carácter mas
recreativo, se fundó en 1846, y la Real ACADEMIA HISPANOAMËRICANA de Cádiz en 1910. Hay
que citar la moderna CATEDRA MUNICIPAL DE CULTURA ADOLFO DE CASTRO e, incluso, dada la
labor que vienen reaIizando, algunos colegios oficiales como, especialmente, el de
Arquitectos. Igualmente, ha coadyuvado con constante periodicidad a estas inquietudes el
AULA MILITAR DE CULTURA. No obstante, la nómina de entidades podría crecer si se hiciera
mención de asociaciones de vecinos, peñas, centros escolares y educativos, amas de casa,
etc. que, apoyados en instituciones financieras y oficiales, realizan actividades
encomiables.
La enseñanza queda bien cubierta por distintas congregaciones religiosas, colegios
nacionales y cuatro institutos de Bachillerato, además de distíntos centros de
Formación Profesional. Con la Ley 29/1979, de 30 de octubre, se crea la UNIVERSIDAD de
Cádiz. Cou un carácter provincial, polinuclear, radican en esta ciudad las facultades de
Medicina y Filosofía y Letras (Geografía e Historía y Filología), rectorado, escuelas
universitarias de formación del profesorado de EGB, de estudios empresariales, de
ingeniería técnica industrial, 1. T. naval, enfermería y las adscritas de enfermería
<<Salus infirmorum>> y "Fernando Zamacola».
La fiesta por antonomasia, en la actualidad, es el CARNAVAL, celebrado antes o al comienzo
de la Cuaresma. No obstante, se señalan por su carácter religioso el jueves de CORPUS
CHRISTI , antaño la fiesta mayor gaditana, la SEMANA SANTA con sus desfiles
procesionales, y la festividad de la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad.
Accesoriamente habría que mencionar el TROFEO RAMÓN DE CARRANZA en su proyección
estival extradeportiva, la llamada <<feria del frío>>, meramente recreativa,
la resurrección de Ios »Juanillos» en San Juan, o distintas festividades religiosas de
carácter parcial (barrios. colegios corporaciones). |
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