Flamenco y Universidad, Vol. IV.
Diego del Gastor, 1908-2008, Sevilla, 2009.
Norberto Torres Cortés
(publicado en El Olivo nº 164, nov/dic. 2009)
Con motivo del centenario de Diego del Gastor, tuvieron lugar en 2008, una serie de actos en Andalucía para celebrar esta efeméride, y recordar a esta figura emblemática del llamado toque de Morón.
Si la Confederación Andaluza de Peñas Flamencas ha reunido a ocho jóvenes guitarristas de cada provincia para grabar el desigual CD “Una guitarra universal. Homenaje a Diego del Gastor”, la Universidad andaluza, a través de la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, y la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, a través de la Consejería de Cultura, acaban de editar el volumen 4º de su colección discográfica titulada “Flamenco y Universidad”, recordando a Diego del Gastor en el centenario de su nacimiento. Juan Ponce López se ha encargado de una producción de tipo cultural, que reúne varios materiales más que interesantes.
En primer lugar, un libreto de 28 páginas con diversos documentos como, -además de los inevitables textos oficiales de patrocinadores y organizadores- una serie de fotos inéditas de Diego, un sentido recuerdo de la personalidad introvertida de Diego, opuesta a los focos, que firma Manuel Pérez Luna, uno de los afortunados sentimentales de la tertulia de los “llorones”, una guía de audición del contenido del CD, realizada por Juan Ponce y Ángel Luis Cañete.
En segundo lugar, un CD con materiales domésticos de los archivos personales de Manuel Pérez y Juan Ponce, con los defectos de sonido propios de este tipo de grabaciones “caseras”. Sin embargo, como contrapartida, representan un valor etnográfico impagable para entender mejor la personalidad musical de Diego, y por extensión, la cultura musical ágrafa de Andalucía.(1)
El contenido resulta bastante ecléctico, con fragmentos de obras clásicas como la de la sonata “Para Elisa” de Beethoven, ((9)) un trémolo a modo de ejercicio sobre la oración La Salve,(6) un fragmento del himno francés “La Marsellesa”,(7) otro sobre un pasodoble, (4) dos temas suramericanos sobre ritmo de vals(2) y rumba,(11) acompañamiento de baile por farruca(3) y alegría,(5) además de sus conocidos toques por seguiriya,(8) soleá(10) e inconfundibles bulerías.(13) Este eclecticismo nos recuerda a guitarristas flamencos de finales del XIX, como Paco “El Barbero” o Paco de Lucena, o a un programa de los guitarristas académicos de la misma época, donde lo clásico de moda (sobre todo arreglos de arias de óperas italianas) se completaba con himnos como el de Riego (cuando las circunstancias políticas lo permitían) e inevitables “aires andaluces” para ganarse al público.(12) Diego aparece ahora inconfundiblemente como un tardo-romántico en pleno siglo XX, un hombre fuera de su época. ¿Cómo llega este repertorio no flamenco a un hombre que apenas salió de su entorno vital? La conexión de la llamada escuela de Morón con Paco de Lucena parece estar reforzada ahora con estas grabaciones que abren el abanico musical de Diego. No hay que olvidar tampoco el repertorio que sus alumnos “guiris” podían interpretarle, desde el incipiente rock and roll, la bossa-nova, el blues, los aires suramericanos, hasta el repertorio de guitarra clásica vigente en los años 50 y 60, y su manera “romántica” de ser interpretado, con la figura emblemática de Andrés Segovia. Pero todo huele a Diego del Gastor aquí, lo que ratifica que el flamenco es ante todo una expresión, con unos recursos técnicos propios, que permite filtrar las músicas del mundo para refundirlas con otro sonido. En este sentido Diego, con su extemporánea sensibilidad romántica, puede haber sido una de las mayores factorías de flamenco, un faro decimonónico para alumbrar las convulsiones del siglo XX.
Norberto Torres Cortés
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