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LOS GRANDES GUITARRISTAS FLAMENCOS
MANUEL RIOS RUIZ
Vamos a glosar a los grandes guitarristas flamencos en este cuarto número de nuestra revista Flamencología, porque con la guitarra, con sus arpegios, rasgueos y falsetas nos identificamos todos estéticamente. La guitarra es por lo tanto y desde lo inmemorial el instrumento musical que mejor refleja el entendimiento rítmico de los andaluces. Por ello nos complace recordar, aunque sea de una manera sucinta, el visaje y el viaje de la historia de la guitarra, glosar la maravilla que supone su acervo, su ductilidad melodiosa y puntualizar su importancia en la estructuración estilística del arte flamenco.
José María Pemán definió a la guitarra, a sus sones, como un desnudo sonoro. Y para buscar los orígenes de su pronunciamiento, para encontrar los vestigios de la guitarra, tendríamos que remontarnos muchos años, luengos siglos. La historia de la caja tañida, como la llamaba el historiador Jahnel, el máximo estudioso de los instrumentos de cuerda, se deriva de otros instrumentos, en una paulatina evolución. Y entre ellos los que vemos representados armoniosamente en los hermosos y añejos códices, sobre todo en los de las Cantigas de Alfonso X El Sabio, o en los aparecen en la valiosa obra Diseño descriptivo de instrumentos, publicada en 1650, donde hallamos tiorbas, cítaras y mandolas. También en la Declaración de instrumentos, que editó en Osuna, en 1555, el llamado Juan Barbudo. Texto éste en el que se dice que la guitarra no es otra cosa que una vihuela transformada. Ya en aquellos años, la guitarra era el instrumento popular que el pueblo utilizaba para acompañar canciones, cantares y bailes de diversa índole. Largo devenir el de la guitarra en el transcurso de nuestro folklore, porque como bien nos advirtió el gran lúcido Ramón Gómez de la Serna, la guitarra tiene una falsilla para emitir cartas de amor musical, y la guitarra se acopló a un decir lleno de pálpitos ancestrales, de sentires genuinos de una gente y una tierra. ¿Y cómo se produjo esa simbiosis? En su Libro de Buen Amor, el Arcipreste de Hita, en el siglo xvi, señala dos tipos de guitarra, la denominada castellana, que era tocada en arpegios rápidos para el acompañamiento de las danzas, y la morisca, importada por los árabes que usaban la misma técnica que los tañedores de laúd. Y es posible que ya, por aquella época, el guitarrista andaluz alternara, como actualmente, el rasgueado y el punteado, añadiéndole también el trémolo y los golpes sobre la caja del instrumento. Quizás por aquel entonces, la guitarra ya era para los españoles del sur la misma deidad que veía en ella don Antonio Machado:
Tú eres alma que dice armonía
solitaria a las almas pasajeras...
Y siempre que te escucha el caminante
sueña escuchar un aire de su tierra.
No cabe duda que el poeta se refiere a la guitarra flamenca. Una guitarra que tal como acompaña al baile o al cante flamenco, acusa evidentes reminiscencias orientales. Las seis cuerdas están acordadas en cuarta con tercio en agudo, acorde propio de Oriente, milenario acorde corrientemente utilizado en Andalucía desde el primer siglo de nuestra era. A esta música modal andaluza, le es propicio un sistema armónico de falsas relaciones, lo que constituye en opinión de don Manuel de Falla, una de las maravillas del arte natural. Su cadencia descendente en la, sol, fa, mi, es característica del modo frigio y produce efectos de expectación, inestabilidad, inquietud... Sensaciones que se acentúan con el uso frecuente del acorde moderno en séptima; pero la repetición regular de esta cadencia dota de puntos de apoyo estructurales a un desarrollo improvisado. El acoplamiento al cante y al baile flamenco de la guitarra le ha prestado a este instrumento una personalidad y unas particularidades difícilmente traspasables a otro, por eso aunque últimamente el arte flamenco se suele acompañar en ocasiones con un amplio bagaje instrumental, la guitarra sigue estando presente, porque no existe auténtica música flamenca a compás sin su sugerencia, su pauta, su rítmica propia y su cierre musical.
Y hay que decirlo enseguida: el aire del toque flamenco es libre y vagabundo. Y sin embargo, la realidad es que está aprisionado en una inexorable vestidura rítmica, en un compás que varía según los estilos. Y en vez de practicar, como los tañedores de laúd arábigos —productores de matizadas armonías lánguidas y un tanto dulzonas—, la técnica del rasgueado del tocaor flamenco consiste en el paso ligero, mordiente o furioso de las uñas sobre las cuerdas, por vía de proyección trasversal, diagonal o circular. Esta técnica, este modo de tocar, el modo flamenco, permite obrar simultáneamente sobre varias cuerdas como el arco ágil que utilizan los violinistas zíngaros y producir, en consecuencia, audaces combinaciones armónicas. El rasgueado sirve igualmente para anunciar la fórmula nemotécnica, de carácter armónico-rítmico, que determina el leit-motiv, cada vez diferente, de cada forma o toque, lo que lo hace inmediatamente identificable. Y entre los puntos de apoyo suministrados por el leit-motiv, el guitarrista desgrana, pulsando las cuerdas, los elementos melódicos del trozo o melisma que legalmente reemplaza o enriquece con variaciones improvisadas llamadas falsetas. Pero ojo, las falsetas no tienen valor flamenco si no se inscriben en el ritmo y el espíritu del toque, del estilo. Es decir, deben ser las falsetas, para resultar flamencas, más significativas que ornamentales, pues en la actualidad muchos solistas de guitarra flamenca introducen en sus toques una serie de falsetas falsamente flamencas. Falsetas que pueden resultar sorprendentes en su ejecución y técnica, pero que rompen la armonía del estilo y que si las escucháramos fuera de su contexto advertiríamos que no responden musicalmente al flamenco.
Pero abundando en los aspectos peculiares del toque flamenco de guitarra, hay que puntualizar que junto a las seis cuerdas, la más alta llamada prima y la más baja llamada bordón —como todos saben—, constituidas en mi, la, re, sol, si mi, está la cejilla, complemento variable que se ajusta sobre el mástil y los trastes para dar distintos tonos. Esto es algo privativo y singular de la guitarra flamenca para acoplarse a la voz cantaora. La cejilla empezó a utilizarse a finales del siglo xix.
Una vez reseñadas las características de la guitarra flamenca, corresponde referirse a su presencia en el acompañamiento de los cantes y bailes. Hay quien supone que ello ocurrió hacia los finales del siglo xviii. Lo dudamos. Pensamos que las escenas de cante y baile con guitarra, que describen entre otros Serafín Estébanez Calderón y el barón Charles Davillier, no pudieron ser las primeras ocasiones en que la guitarra alcanzara presencia en el arte flamenco, ya entonces muy bien definido. Ni El Planeta, ni El Peinero, fueron los primeros tocaores flamencos, solamente fueron los primeros que aparecen en las crónicas, porque con anterioridad es lógico que existiesen sus maestros.
La guitarra, la guitarra de dulce prima y bordón amargo, como el poeta sevillano Aquilino Duque la llama para enaltecerla, ha cumplido en la historia del arte flamenco un capítulo de singular importancia, algo fundamental y clave, una labor digna de encomio que hemos sido los primeros en valorar por escrito, hace ya más de treinta años: la importantísima labor de consolidar las formas, los estilos, al dar entrada y salida a la copla, al cante, y cerrar los distintos tercios. Máxime si tenemos en cuenta que los tocaores flamencos —salvo rarísimas excepciones— no leen música, sino que saben música por intuición, a través de una extraña y luminosa disposición de su sensibilidad. De ahí que la improvisación del tocaor flamenco sea continua. Una improvisación, por otra parte, que es la causa esencial de la riqueza expresiva de la guitarra flamenca, incomparable en el ámbito universal de la música, para asombro de propios y extraños. Un asombro y una admiración que hace decir al poeta Federico Muelas:
Quiero ver la tarántula crecer de briznas a estrellas,
mientras lloran las fuentes y mueren los jazmines.
Quiero tu limpio pozo llenar, guitarra mía,
de grajas de recuerdos, de esos que van y vienen
mientras las horas pasan, mientras la noche llega.
Ahora que la guitarra flamenca ha alcanzado un gran esplendor a medida universal, es justo y necesario evocar a unos tocaores que han quedado y van ha quedar en la historia como auténticos creadores de música y como artistas excepcionales.
Al guitarrista Francisco Rodríguez, aunque era de Granada (1795-1848), le llamaban EL MURCIANO. Según su biógrafo M.Vázquez Gómez, se conoce su dedicación a la guitarra desde los cinco años y su negación a estudiar música, «conservando así toda su vida cierta fantasía, si no salvaje, independiente, tan llena de fuego como de vena inagotable, siempre viva y fresca». Igualmente se nos cuenta en la citada biografía: «El célebre compositor ruso Glinka pasó una larga temporada en Granada, y uno de sus encantos de viajero era estarse horas enteras oyendo a nuestro Rodríguez Murciano improvisar variantes a los acompañamientos de rondeñas, fandangos, jotas aragonesas etc., que anotaba con cuidadosa persistencia el compositor ruso, empeñado, además, en traducir al piano los efectos bellísimos, cuanto desconocidos, que sacaba Rodríguez Murciano de las seis sencillas cuerdas de su instrumento. El empeño de Glinka, cuando no resultaba imposible, era abandonado prontamente, pues, como magnetizado, se volvía de repente hacia su acompañante, quedando como extasiado oyendo la guitarra y admirando los sones que arrancaba de las cuerdas. Los más renombrados cantaores de toda Andalucía proclamaban unánimemente que la manera de acompañar las canciones bailables por El Murciano no tenía semejante, ni por la riqueza y novedad de sus ritmos, ni por el sorprendente encadenamiento de acordes. De carácter modesto, nunca hizo valer su talento singular y siempre tañó en guitarra para su propio solaz, o por complacer a sus amigos, que muchos les granjeó su buen carácter y fina gracia andaluza. Pero si el no haberse sujetado a los principios de la música favoreció la espontaneidad de su inspiración, que ninguna regla frenaba, en cambio es de lamentar que se perdiesen aquellos rasgos, quizá como evaporados en el espacio. Y aun muchas veces, al pedirle, por ejemplo, Glinka o algunos amigos del guitarrista que le oían, la repetición de un paso que les había entusiasmado, ni él mismo encontraba manera de repetirlo, resultando, en cambio, otros muchos tan nuevos y sorprendentes como el primero». Algunos de sus toques fueron recogidos por Felipe Pedrell en el Cancionero musical popular español.
Cantaor, tocaor y bailaor, en el siglo XIX vivió en Sevilla EL PEINERO. Charles Davillier, en su obra Viaje por España, lo sitúa en 1862, actuando en el Salón del Recreo sevillano: «El tan deseado guitarrero llegó al fin, escoltado por varios cantaores. Se llamaba Enrique Prado, pero corrientemente era conocido por El Peinero, apodo que le había valido su profesión, según una costumbre muy extendida en Andalucía. El Peinero tenía una buena voz, aunque algo nasal, defecto común de la mayoría de los andaluces. Después de algunos arpegios llenos de originalidad, empezó a cantar estas coplas de baile tan populares en Andalucía». El Peinero, aparece, como José de nombre, en el Diccionario de guitarristas, de Domingo Prat, publicado en 1934, quien nos informa: «Célebre tocaor en el género andaluz, vulgo flamenco. Su maravilloso arte llegó hasta mí, por medio del autor de mis días, quien lo admiró en Sevilla en el año 1879. El Peinero gozó de gran fama: su arte magistral se sucedió en Paco Lucena y Rafael Marín. La especialidad del guitarrista Prado fueron los boleros, fandangos y seguidillas, a los que imprimía un sello tan característico, que solamente podía hacerlo quien como él dominaba las danzas de aquella tierra meridional. Su fama era extensiva a célebre tocaor e inimitable bailaor, que muy rumbosa paseaba su gloria, como majo goyesco, por la típica y estrecha calle de las Sierpes». Como detalle curioso de su trayectoria artística, hay que añadir su actuación, el 23 de marzo de 1863, en el Salón Oriente de su ciudad natal, anunciada así: «a las nueve y media de la noche gran concierto de bailes y cantes andaluces, a beneficio del afamado joven Enrique Prado, el que cantará entre otras cosas panaderos, jaleos y malagueñas».
Otro tocaor del siglo XIX fue EL MAESTRO PATIÑO, nombre artístico de José Patiño González, Cádiz, 1829-1902. La vida y el arte de este singular artista flamenco ha sido valorada y analizada por José Blas Vega, en su artículo El Maestro Patiño y la guitarra flamenca, donde, tras glosar la importancia de la cejilla en la evolución de la guitarra, asegura: «La cejilla vino pues a cumplir una importante función en la evolución del cante flamenco. Su invención o al menos su perfeccionamiento, hasta alcanzar la calidad de las que se utilizan en los años ochenta del siglo xix, se viene atribuyendo a dos grandes artistas gaditanos: Paquirri El Guanté y El Maestro Patiño. Paquirri sobresalió más como cantaor, dejando unos inmejorables estilos de cantes por soleá. Patiño fue sobre todo el gran clásico de la guitarra flamenca del siglo xix, sentando una serie de bases de decisivo aporte en el posterior desarrollo artístico de este instrumento. Es el primero que moderniza el acompañamiento flamenco, y a pesar de que decía que la guitarra se había hecho para acompañar al cantaor —en testimonio de Fernando el de Triana—, fue también el primero que empezó como solista a dar conciertos de guitarra flamenca. Sus toques, originales casi todos, fueron los más apreciados de la época. Chacón siempre lo consideró el más clásico. Y don Antonio recordaba en ese momento la emoción juvenil de verse acompañado por él, en aquella su presentación gaditana de la popular Velada de los Ángeles, del mes de agosto de 1886. José Patiño compartió su vida artística entre Cádiz y Sevilla. Igual le vemos dirigiendo cuadros de cante y baile en los carnavales gaditanos, que deleitando a los aficionados sevillanos en los cafés cantantes de Los Cagajones o Triperas. Durante años estuvo acompañando al gran coloso del cante Silverio Franconetti, a quien también acompañó, en 1865, en una serie de recitales por la provincia de Cádiz. En 1886 trabajó en el Café Filarmónico de Sevilla. Sus últimas actuaciones en público fueron en el Circo Teatro Gaditano, en 1898. A lo largo de su vida consiguió sacar numerosos discípulos, siendo los más destacados Paco El Barbero y aquel fenómeno que se llamó Paco de Lucena, el cual superó a su maestro en ejecución. En su honor y en su recuerdo diremos que a pesar de la enorme transformación a que se ha visto sometida en los últimos años la técnica guitarrística, todavía podemos escuchar en algunos intérpretes de solera tradicional, ese toque inconfundible que tiene la soleá del maestro Patiño».
EL MAESTRO PÉREZ, Antonio Pérez, nació en Sevilla en 1839 y murió entrado el siglo XX. Este guitarrista era padre de la bailaora Carmelita Pérez, del guitarrista Antonio Pérez y del bailaor Manolito Pérez. Formó pareja con el cantaor Silverio, cuando éste volvió a Sevilla en 1865. Trabajó muchos años en el Café El Burrero, donde dirigió el cuadro y llevó a cabo algunos montajes escénicos, especie de sainetes flamencos de su invención, en los que participaba también como actor cómico destacado, según crónicas de la época. Está considerado, junto a Patiño, uno de los mejores tocaores de su tiempo y actuó en diversas ciudades españolas. Hacia 1884, lo hizo en Madrid, en el Café Imparcial, donde recibió de sus admiradores un homenaje consistente en una corona de laurel con cintas rojas. Fernando el de Triana, que lo cita repetidamente en su obra Arte y artistas flamencos, afirma que «acompañaba muy bien el cante y extraordinariamente bien el baile».
Residente en Valencia, Antonio Montoya (1851-siglo xx), fue conocido como EL FARAÓN y fue un guitarrista muy popular. Enrique Malboysson, escribió de él en la revista Estampa: «Alto, morocho, magro, de facciones enérgicas y acusadas (...). Es muy hábil pulsador de la guitarra, a la que sabe arrancarle las melancolías y dulce emoción de la esencia del cante gitano, con toda su prístina pureza, sin innovaciones mixtificantes».
El nombre artístico del guitarrista Francisco Sánchez Cantero (Cádiz, siglo XIX), era PACO EL BARBERO. Actuó en cafés cantantes y teatros andaluces desde mediados de siglo. Fernando el de Triana dejó escrito sobre él: «fue el primer solista que se lanzó a los públicos, ejecutando con gran dominio todos los toques del género andaluz». Según el mismo autor, después de triunfar en toda Andalucía, se retiró para establecer un colmao en Sevilla. Dos de sus recitales de solos de guitarra tuvieron lugar en Córdoba, los días 5 y 12 de diciembre de 1885. En 1886, fue requerido para inaugurar con sus conciertos el café cantante de la calle de Santa Isabel de Madrid. Paco El Barbero significa el más legítimo precedente de los guitarristas flamencos de concierto, y por su trayectoria artística puede considerársele, en el contexto de la historia de la guitarra flamenca, uno de sus principales exponentes y máximos intérpretes.
El tocaor HABICHUELA se llamaba realmente Juan Gandulla Gómez (Cádiz, 186?-Madrid, 1927). Se inició en su tierra natal y fue una figura destacada en los cafés cantantes y teatros de la época. Entre sus actuaciones destaca la que tuvo lugar en el Circo Teatro Gaditano, en 1898, junto a Fosforito, El Morcilla, El Quiqui y Patiño. Fue el tocaor de las primeras grabaciones de don Antonio Chacón, a quien acompañó en muchas ocasiones a partir de 1902, en Cádiz. Este mismo año y al siguiente actuó en el Salón Filarmónico de Sevilla. Más tarde pasó a Madrid, donde transcurrieron bastantes años de su vida artística, realizando también numerosas giras por la geografía española, principalmente acompañando el cante de La Niña de los Peines, hasta los primeros años veinte. Fernando el de Triana, nos legó la siguiente semblanza de Habichuela: «De la escuela del glorioso maestro Patiño, este célebre guitarrista, conocido con el sobrenombre de Habichuela, fue uno de los mejores acompañantes que he conocido, y queda demostrado con decir que mientras vivió fue el preferido por La Niña de los Peines».
En Jerez de la Frontera, vino al mundo el guitarrista JAVIER MOLINA (1868-1956). Después de actuar en el Café Vera-Cruz jerezano durante una temporada, hizo junto a don Antonio Chacón, cuando éste se iniciaba también en su arte, un recorrido por pueblos de las provincias de Cádiz, Sevilla, Huelva y algunos de Extremadura, en 1885. Volvió al Café Vera-Cruz, desde el que pasó al Filarmónico de Sevilla. Realizó seguidamente una gira por la provincia gaditana con El Águila, y en el Café El Jardinillo, de Chiclana de la Frontera, actuó con El Farola y El Tuerto Acosta. A partir de 1887, su trayectoria artística se desarrolló alternando sus temporadas en los cafés cantantes de Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda, Puerto Real, El Puerto de Santa María, Badajoz, San Fernando, Madrid y Sevilla —en el Kursaal y el Novedades principalmente—, con giras por la geografía española y actuaciones en teatros, acompañando a las grandes figuras de su época hasta 1936. En los últimos años treinta y hasta su muerte se dedicó especialmente a la enseñanza de su arte, en el que ha creado escuela, y a las fiestas privadas. Se le considera el creador de la escuela guitarrística jerezana. En 1964, se publicaron sus memorias —un tanto deslavazadas y faltas de puntualización en cuanto a fechas—, en edición preparada y prologada por Augusto Butler. Fernando el de Triana, elogió así su arte: «Javier Molina es el guitarrista que más cuidado tiene en conservar los acompañamientos de los más difíciles cantes antiguos, pero sin dudar un átomo en el momento que el cantador los inicie».
Siguiendo con los guitarristas nacidos en el siglo xix, PACO DE LUCENA fue el nombre artístico de Francisco Díaz Fernández (Lucena, Córdoba, 1859-1898). En sus comienzos conocido por El Lentejo. Se inició en su ciudad natal. Trasladado a Málaga, debutó en el Café de Bernardo, donde alcanzó el favor del público por sus improvisaciones. Su popularidad llegó a Sevilla, contratándolo Silverio para su café cantante. Fernando el de Triana, comentó así su rutilante trayectoria artística: «Recorrió el mundo entero de triunfo en triunfo. Yo fui cinco años consecutivos compañero suyo». A partir de 1877, ofreció conciertos en solitario. En el Café del Gran Capitán de Córdoba, en 1879, actúa en un concierto benéfico para recaudar fondos con destino a pagar la cuota exigida para librarse del servicio militar. En este escenario volvió a tocar en 1885, junto a Juan Breva. En esta ciudad también actuó, anteriormente, con la compañía de cantes y bailes andaluces que dirigía Rafael Clemente. En 1890, actuaba en París. Al año siguiente fue empresario del cordobés Café del Recreo, en el que cantó Chacón. También durante los años noventa estuvo en el Café de Las Columnas de Bilbao. Entre sus aportaciones al engrandecimiento musical de la guitarra flamenca, cuentan su estructuración de la caña, a la que añadió notas definitivas, y su creación del toque por rosa.
Guitarrista flamenco y clásico, RAFAEL MARÍN (El Pedroso de la Sierra, Sevilla, 1862-Madrid, siglo XX), era discípulo de Paco de Lucena. Durante muchos años actuó en Madrid, haciendo excursiones artísticas periódicas por España y el extranjero. Fue ventajosamente contratado para actuar en la Exposición de París de 1900. Perteneció como profesor a la Sociedad Guitarrística Española y a la Cultura Guitarrística. Publicó, con los auspicios de la Sociedad de Autores Españoles, un método de guitarra flamenca, en 1902.
MIGUEL BORRULL CASTELLÓ (Castellón de la Plana, 1866-Barcelona 194?) proyectó su trayectoria como guitarrista principalmente en los cafés cantantes y en los colmaos madrileños. De 1890 a 1910, fue el tocaor preferido de don Antonio Chacón, a quien acompañó en grabaciones en cilindros de cera. Se trasladó a Barcelona, donde abrió el célebre Café Cantante Villa Rosa, en 1916, que alcanzó un gran esplendor, durante los años que estuvo bajo su dirección, actuando en su tablao los principales artistas de su tiempo. Fue un excelente intérprete de los toques para los estilos de Levante e influyó en guitarristas posteriores.
Natural posiblemente de Madrid, AMALIO CUENCA nació en el siglo XIX y murió en París (Francia), en los años cuarenta del xx. Destacó desde niño como tocaor, alcanzando gran prestigio y fama en Madrid, donde en 1900 formaba parte del cuerpo de profesores de la Sociedad Guitarrística Española. En 1898, tomó parte en un homenaje a la cantante Lucrecia Arana, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, ofreciendo un recital, y al año siguiente se presentó en el Casino Music-Hall madrileño. Se trasladó a Francia, donde contrajo matrimonio con una aristócrata y en 1912 inaugura en París su Colmao La Feria, en el que actuaron Miguel Borrull, La Macarrona, Antonio el de Bilbao, Faíco, y otros destacados artistas de la época. En 1914, con motivo de la guerra mundial, hubo de cerrar su establecimiento parisino, volviendo a España. Estuvo de director artístico del sevillano Kursaal Internacional y, en 1922, formó parte del jurado del Concurso de Cante Jondo de Granada. De vuelta a Francia, en 1927, dirigió los primeros pasos artísticos de Mariemma, y una de sus más destacadas actuaciones tuvo lugar en la Sala Pleyel de París, en 1936. Grabó un disco con Ramón Montoya.
EL MAESTRO BAUTISTA (Madrid, siglos XIX-XX), acompañó a destacados cantaores de su época con su guitarra y en una ocasión actuó en el Palacio Real, en unión de Juan Breva y Andrés El Malagueño. Trabajó en los cafés cantantes de su tiempo, entre ellos en los denominados El Carmen y El Imparcial, en 1884. Julián Cañedo, que lo tuvo por maestro, lo describe con las siguientes palabras: «Era muy enseñorado, pues frecuentaba, como él decía, las casas grandes y cuidaba por ello de la pulcritud de su atuendo». Debió dedicarse con profusión a la enseñanza de su arte y Fernando el de Triana lo califica de «guitarrista madrileño de fama mundial».
SALVADOR BALLESTEROS (Madrid, 1876-1956) era un guitarrista que conoció desde niño a los grandes artistas del flamenco, porque frecuentaban el colmao de su padre. Se inició en el Liceo Rius, instalado en la calle Atocha, debutando seguidamente en el Teatro Romea, para acompañar el cante de Paca Aguilera, y allí conoció a La Argentina, entonces una niña, iniciándose una colaboración artística que continuó hasta la muerte de la bailaora, con quien actuó en toda España y en el extranjero. Fue uno de los artistas flamencos que actuaron en el Teatro Español de Madrid, en 1935, en el Festival Exaltación del arte flamenco, organizado para recaudar fondos con el fin de editar el libro Arte y artistas flamencos, de Fernando el de Triana. Domingo Prat, define así su personalidad artística: «Domina admirablemente todo el variado repertorio del género que cultiva, y en el cual se ha erigido como uno de los valiosos exponentes, siendo muy solicitado por los cantaores flamenquinos, debido a sus personales condiciones que revela en las tarantas, cartageneras, fandanguillos y zapateados».
Un guitarrista muy apreciado fue MANOLO MORENO (Sevilla, siglos XIX-XX). En 1919, actuó en el Salón Variedades sevillano, con motivo del homenaje a El Portugués. Su trayectoria artística estuvo ligada a los cafés cantantes y después a los espectáculos en giras por la geografía española. En 1935, formó parte del encabezado por La Niña de los Peines, y en 1940 intervino en el protagonizado por El Sevillano. Fernando el de Triana, comentaría su arte con estas palabras: «Excelente y estudioso guitarrista, que tiene un gran cariño a su arte y que, desde luego, le saca el partido que se propone, pues hace en la guitarra cosas muy difíciles y de gran escuela, con un sello personalísimo que le enaltece y populariza cada vez con más derecho, adquirido por su desmedida afición y constante batallar con el instrumento».
RAMÓN MONTOYA SALAZAR (Madrid, 1879-1949) está considerado el mejor guitarrista de su tiempo. Recibió lecciones del Maestro Malagueño, y algunas de Miguel Borrull. Sus comienzos artísticos tuvieron lugar a los catorce años en un café cantante de la madrileña calle del Pez. Con ocasión de un homenaje a La Mejorana, en el Liceo Rius de Madrid, es descubierto por el empresario del Café de La Marina, uno de los más importantes de la villa y corte, en el cual permaneció durante varias temporadas, revelándose como la gran figura de su tiempo. Desde 1912 a 1926 fue el tocaor fijo de don Antonio Chacón. Rafael Morales ha situado así la trayectoria de Ramón Montoya, por aquellos primeros años del siglo xx: «A partir de la época de Chacón, fue Montoya muy solicitado en todas las fiestas que se daban en los palacios de la nobleza, siendo el encargado de la confección de aquellos cuadros flamencos que actuaban, y en las que al final venía la actuación de Antonio Chacón y Ramón Montoya, para satisfacción de aquellos que viviendo esa época gozaron de las más genuinas figuras representativas de nuestro arte flamenco puro. Dos tertulias guitarrísticas había en Madrid, de donde podría ser extensísima la extracción de anécdotas relacionadas con Ramón Montoya. Una era la guitarrería del famoso luthier Santos Hernández, en la calle de la Aduana, y el colmao flamenco Villa Rosa, en la plaza de Santa Ana. En ellas, Montoya, ante los aficionados que asistían a la primera y los profesionales que paraban en la segunda, daba muestras de su carácter creador para improvisar o componer aquellas falsetas que le inmortalizaron. Merecían los unánimes elogios de quienes las escuchaban, tanto por los guitarristas de la opuesta escuela clásica como por aquellos compañeros, guitarristas flamencos, que siempre encontraron el aliento de Montoya y que se rendían ante tan sublime arte, con aquella frase de ‘qué bien toca usted, Ramón’. Transcurren los años en los que la guitarra de Montoya se impone, se valora y se estima por todos, por su musicalidad, por su creación, por la incorporación a la guitarra flamenca de muchos recursos hasta entonces desconocidos, por no desarrollados por ningún otro guitarrista, y que marcaron una evolución y un desenvolvimiento para este instrumento en el campo flamenco, que hoy, en un momento pleno de virtuosismo y arte en tantos guitarristas que han continuado entre las primeras figuras, se puede considerar en gran parte adquiridos de lo que en Ramón Montoya se puede titular fuente del toque flamenco». Este esplendor artístico de Ramón Montoya gozó de la suerte de ser conservado para siempre, pues cuando estaba inmerso en la vorágine de sus actuaciones por toda España, tanto como acompañante como solista, por mediación de un antiguo alumno suyo inició una serie de conciertos por Europa. Sus giras, entre 1936 y 1938 le llevarían ante los públicos más exigentes de la música clásica, en las salas de conciertos más prestigiosas de Europa y América. En febrero de 1938, dio un recital privado, con La Argentinita, para la reina Isabel de Inglaterra. Su éxitos fueron clamorosos en Francia, donde grabó seis discos como solista: soleares, granaína, taranta, siguiriya, bulería, rondeña, guajira, tangos y tientos, farruca, alegría, minera..., toques que despertaron la atención del prestigioso crítico musical Emile Vuillermoz, el cual publica, el 12 de noviembre de 1936, la siguiente glosa en El Excelsior: «Acaban de consagrar todo un álbum al arte clásico flamenco. El famoso guitarrista Ramón Montoya, gran especialista dentro de este género ha grabado unas piezas típicas (...). Estas piezas están extraordinariamente llenas de matices con unas sutilezas rítmicas que son absolutamente desconcertantes. La técnica del estilo flamenco es extremadamente compleja. La música popular andaluza comprende una variedad prodigiosa, de cuyas obras sobrecogedoras, Ramón Montoya acaba de plasmar en la cera un muestrario muy relevante. Todos aquellos que han podido escuchar al incomparable Segovia, saben todo lo que se puede pedir a un instrumento tan rico como la guitarra. Desde el punto de vista puramente musicológico, el esfuerzo de un Montoya representa, asimismo, una verdadera revelación. Quienes se interesan por la génesis de los estilos y el desarrollo de las artes populares, podrán estudiar con el máximo provecho este álbum que está muy bien presentado y que constituye, para los aficionados, una pieza de colección inestimable». Después, de la primavera al otoño de 1937, Ramón Montoya ofreció su arte en América, desde donde regresó a París. A su vuelta a España, terminada la guerra civil, encabezó numerosos espectáculos junto a Pepe Marchena y aumentó su discografía acompañando el cante de destacados intérpretes. Domingo Prat, glosó su arte con las siguientes palabras: «Montoya produce en la guitarra la variada gama folklórica sur-hispana, mereciendo siempre especial elogio por los maravillosos giros que imprime a su labor, evocando con sin par belleza las distintas tonadas y ritmos de la musa andaluza, que tantas veces ha inspirado a grandes compositores». Si grande y fecunda fue su obra como solista, forjado en una escuela nueva y viva para la guitarra flamenca, grande fue también como acompañante al cante, donde sus tonalidades, sus falsetas y su originalidad, le hizo, como diríamos en Andalucía cantar... y cantar bien a todos los que acompañó (...), porque Montoya supo dar y crear en su guitarra el justo acompañamiento y una escuela, sin lugar a dudas, la primera escuela de arranque y creación para la brillante evolución de la guitarra en la actualidad». La última reedición de las grabaciones de Ramón Montoya ha tenido lugar, junto a toques de Manolo de Huelva, con el patrocinio del Ayuntamiento de Sevilla, en 1984, como actividad paralela de la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla.
De ANTONIO MORENO (Córdoba, 1890-Sevilla, 1937) hay que decir que desde los quince años hasta poco antes de su muerte, su trayectoria guitarrística se desarrolló en Sevilla, con salidas a otras ciudades y algunas giras, entre ellas la realizada en 1930, con Manuel Vallejo, cantaor al que acompañó en muchas actuaciones. En 1910, actuó en un «gran concierto» de cante y baile flamenco celebrado en el sevillano Teatro Cómico, anunciado, en primer lugar, de la siguiente forma: «en el cual, el incomparable tocaor Antonio Moreno hará filigranas con su guitarra, acompañando a los artistas en sus trabajos». El café cantante en que más participó fue el Novedades, durante los años diez y primeros veinte del pasado siglo, con el intervalo, en 1916 a 1918, que lo hizo en el Ideal Concert, y los años 1918 y 1919, en el Salón Variedades, donde participó en el homenaje a El Portugués. En el Kursaal Internacional, tocó en 1929. Después de la gira antes mencionada con Manuel Vallejo, volvió a Sevilla y en los primeros años treinta fue la figura más significativa del Kursaal Olimpia, dirigiendo su cuadro flamenco. En este local, se le tributó un homenaje a su beneficio, organizado por Pepe Pinto y La Niña de los Peines, el 13 de mayo de 1935, por encontrarse enfermo. Fernando el de Triana, emitió sobre él el siguiente juicio: «se le apreció siempre tendencia a perfeccionar los acompañamientos al cante y al baile, por lo cual aseguro que no hay ningún guitarrista que toque a un cuadro flamenco mejor que él; como él, muy pocos».
LUIS YANCE (Madrid, 1892-1937) fue un destacado guitarrista que recorrió con diversos espectáculos toda la geografía española y se le consideraba técnicamente un extraordinario intérprete. Su trayectoria sería brillantísima dentro y fuera de nuestras fronteras, tanto acompañando el cante como actuando como solista. En 1930 se publicó en la revista Cante Andaluz, el siguiente suelto sobre su personalidad artística: «Artista insuperable; con la guitarra en sus manos arrebata las almas delicadas, haciéndolas creer que esta vida es un eterno sueño armónico. Tal es la exquisitez de su arte. Entre los que cultivan el divino arte de la música, en cuya escala es la guitarra un instrumento que como dice la gente hay que saber templar, Luis Yance hace que del cordaje de su sonanta surja como un surtidor, que los dedos del artista hacen brotar: la armónica combinación de sonidos. Insustituible auxiliar del cantaor, hace a éste fundir, con la música de la guitarra, los lirismos de su alma en tensión, templado y vario de tonos, como una cuerda más del instrumento. Sus recientes conciertos en el Teatro de La Zarzuela y Eslava, de Madrid, le han hecho acreedor, una vez más, de ser el enorme guitarrista preferido por todos los públicos». Y en 1935, Fernando el de Triana, escribía lo siguiente sobre su arte: «Luis Yance sabemos todos que es un excelentísimo guitarrista, lo cual prueba en todas partes, como ejecutante y cuidadoso acompañante».
Manuel Álvarez Soruve (Badajoz, 1892-Madrid, 1962), MANOLO DE BADAJOZ, fue como guitarrista discípulo de Javier Molina y Ramón Montoya. A lo largo de su vida artística acompañó a los más destacados cantaores de su época. Igualmente fue uno de los tocaores que más grabaciones realizó como acompañante, y también coordinador de reuniones privadas en los colmaos madrileños Los Gabrieles y Villa Rosa. Entre sus actuaciones más significativas, además de las giras que realizó por la geografía española y parte de Africa, cabe reseñar las siguientes: 1928, en el Teatro La Latina de Madrid, con la obra La Petenera, y Monumental Cinema; 1929: en el Circo Price y en el Teatro de La Latina. Una de sus más destacadas giras la llevó a cabo, en 1932, con Pepe Marchena y Angelillo.
MANOLO DE HUELVA era el nombre de artista de Manuel Gómez Vélez (Riotinto, Huelva, 1892-Sevilla, 1976). Guitarrista admirado por todos sus compañeros, se inició en Huelva, donde residió desde niño, para pasar seguidamente a Sevilla. En 1910, cuando tenía dieciocho años, la revista Nuevo mundo publicó su fotografía con el siguiente pie literario: «Manuel Gómez Vélez. Concertista de guitarra cuya prodigiosa ejecución está siendo objeto de calurosas alabanzas por parte del público y de la prensa de Sevilla, donde ha dado notabilísimos conciertos». Lo que pone de manifiesto que, a sus dieciocho años, era uno de los guitarristas flamencos más destacados y que en su primera época artística no rehusó, sino todo lo contrario, tocar en solitario. Por aquellos años es el tocaor preferido de Manuel Torre, don Antonio Chacón —quien lo distinguió públicamente—, Tomás Pavón y La Niña de los Peines —con quien mantuvo una estrecha relación artística—, no solamente en fiestas privadas sino en actuaciones públicas, como en el año 1922, en el que es tocaor oficial del célebre Concurso de Cante Jondo de Granada, y en un festival celebrado en la plaza de toros de Huelva, en 1922, también junto a Chacón, Manuel Torre, Manolo Caracol y El Gloria, donde «a requerimiento del público tocó varias composiciones y fue ovacionado». Durante los años treinta realizó numerosas giras por toda la geografía española, principalmente con Manuel Vallejo los años 1934 y 1935. En los años cuarenta permanece en Sevilla, frecuentando las reuniones privadas de la Alameda de Hércules, acompañando el cante de El Sevillano y Pepe El Culata, entre otros cantaores. Durante los años cincuenta y sesenta vivió en Madrid, actuando en las reuniones de cabales de las ventas y en el Figón de Santiago, con una temporada en el tablao Zambra, e ilustró en la Casa de Málaga, con el cantaor Enrique Morente, una conferencia de José Blas Vega, en 1964. A finales de los años sesenta regresó a Sevilla, donde permaneció hasta su muerte, siendo una de sus últimas actuaciones públicas la que tuvo lugar en Santander, dentro del curso de música de la Universidad Menéndez Pelayo en el Palacio de la Magdalena, en 1974, año en que la Peña Flamenca de Huelva le tributó un homenaje. Puso música con su guitarra a una película cinematográfica de La Argentinita y grabó discos como solista en su primera etapa y acompañando a cantaores. El Niño de Huelva lo llama Fernando el de Triana, quien hizo de su arte este abierto elogio: «Artista supremo de la guitarra; compositor del más delicado y caprichoso paladar; acompañante limitado a lo que esto debe ser, pues dice, y tiene razón, que entre copla y copla, el que quiera puede demostrar su arte, pero en saliendo el cantaor, se acaban las flores. Y como ésta es la máxima del Niño de Huelva, esto es lo que le tiene colocado en primera línea como acompañante. Como solista, es sencillamente maravillosa su labor. ¡Qué soleares! ¡Qué rosas! ¡Qué siguiriyas! ¡Qué tarantas! ¡Qué malagueñas y qué todo lo que toca! Y sin rozar una nota ni separarse un átomo del más estricto compás».
PERICO EL DEL LUNAR, fue el nombre artístico del guitarrista Pedro del Valle Pichardo (Jerez de la Frontera, 1894-Madrid, 1964). Se inició en su tierra natal y en 1920 se avecindó en Madrid, convirtiéndose en artista habitual del colmao Villa Rosa, donde acompañó a las grandes figuras de la época, especialmente a don Antonio Chacón, con quien grabó en discos en 1928. Dirigió, en 1954, la primera Antología del cante flamenco, obra discográfica que resultó básica para la revalorización del flamenco. Desde 1954 hasta su fallecimiento, trabajó en el tablao madrileño Zambra como primer guitarrista, viajando por Europa y Estados Unidos de América, en un cuadro en el que figuraban Rosa Durán, Pericón de Cádiz, Rafael Romero, Pepe El Culata, Juan Varea y otros destacados intérpretes. Poseedor de un toque sumamente original y de muy amplio conocimiento de estilos, su personalidad artística, realmente significativa, ha merecido entre otros los siguientes comentarios: Andrade de Silva: «El guitarrista Perico el del Lunar es, en la actualidad, una de las figuras máximas del arte flamenco; con los dedos de una mano se podrían contar los especialistas que hoy dominan como él ese mundo difícil y casi arcano que forman los antiguos cantes y toques flamencos. Las más perdidas formas del cante, los más perdidos estilos, tienen en Perico el del Lunar un auténtico resurrector, ya que en algún caso es casi su único conocedor y depositario. Ningún tercio de cante, ninguna falseta de guitarra le es desconocida; y si sabe cómo construían sus creaciones los viejos geniales, desde El Breva y Silverio a Chacón y La Trini, mejor conoce el milagro de las improvisaciones guitarrísticas de Paco de Lucena y de Patiño. Perico el del Lunar ha sido guitarrista de los mejores cantaores de su época, y entre éstos cabe citar a Manuel Torres, a Tomás Pavón, a La Niña de los Peines y, sobre todo, a don Antonio Chacón del que fue tocaor fijo durante doce años y del que, como un tesoro, guarda su mejor y más tradicional estilo».
CURRITO EL DE LA JEROMA (Jerez de la Frontera, 1900-Sevilla, 193?) fue guitarrista, cantaor, bailaor y pianista. Hijo de La Jeroma y Juan el de Alonso y discípulo de su padre y de Javier Molina, se inició como cantaor, pero al perder la voz se dedicó intensamente a la guitarra. Actuó en los cafés cantantes sevillanos, especialmente en el denominado Novedades y en las fiestas íntimas de los colmaos de la sevillana Alameda de Hércules, acompañando a los más destacados cantaores de su época y a bailaoras como La Macarrona y Pastora Imperio. Una de sus actuaciones más significativas tuvo lugar en 1925, con motivo de la inauguración del Patio Flamenco del Hotel Alfonso XIII de Sevilla, acompañando a Pepe Marchena. Fue el primero que interpretó al piano estilos flamencos con verdadero sentido de la pureza y con auténtico sonido jondo. Domingo Prat escribió de él, en 1934: «Currito el de La Jeroma es hoy uno de los tocaores más destacados, barajando su nombre con los de Montoya, Yance, Borrull, etc. Su arte, que desarrolla en la guitarra, supeditado a la rama del folklore hispano, es apreciado, además de su larga presentación personal, en la grabación de discos. Su manera especial en el toque ha hecho que tenga entusiastas admiradores». Fernando el de Triana, glosó su arte con el siguiente comentario: «Hay veces que los cantaores no tienen ganas de cantar y van a salir del paso; pero con Currito no podía ser esto, pues a las notas de su guitarra no había más remedio que entregarse y cantar cada uno lo que sabía. El arte supremo del gran artista arrancaba a los cantaores toda la cantidad de arte y facultades que poseían». Grabó con La Niña de los Peines y, a pesar de su corta vida artística a causa de su prematura muerte —según tradición oral causada por su bohemia—, Currito el de La Jeroma, «artista reondo» al decir de Tío Parrilla, fue uno de los intérpretes más significativos de la escuela tocaora jerezana, en la que el uso del pulgar es, junto a la justeza y donosura del compás, una de sus esenciales características y peculiaridades.
El guitarrista José Álvarez Soruve, PEPE DE BADAJOZ (Badajoz, 1899-Madrid, 1970), era hermano de Manolo y Ernesto de Badajoz. Se inició en las reuniones privadas del colmao Villa Rosa, donde acompañó con su toque a don Antonio Chacón y otras grandes figuras de la época. Desde 1934 a 1941, fue el tocaor de La Argentinita, con quien actuó en España y América. Residió y trabajó en Méjico entre 1940 y 1946. De nuevo en España, alternó las reuniones de cabales con su participación en espectáculos en giras por la geografía española, una de ellas con Imperio Argentina y Ángel Pericet, en 1956. En 1960, acompañó en sus recitales a Jacinto Almadén. Nuevamente viaja por España, en 1964, con Pepe Marchena y Porrinas de Badajoz, y en 1965, con este último, formando parte de los elencos Solera Flamenca. Este último año, colaboró en las sesiones organizadas en Madrid, por el Club de Estudios Flamencos. Estuvo considerado un excelente profesional y realizó grabaciones discográficas.
MIGUEL BORRULL JIMÉNEZ (Madrid, 1900-Barcelona, 1976) fue guitarrista como su padre, con quien se inició en el Café Cantante Villa Rosa de Barcelona y actuó en otros de Madrid y Barcelona, y en numerosos teatros de España y el extranjero. En 1930, era el guitarrista del local La Bodega del Hotel Colón barcelonés. Sus grabaciones discográficas acompañando a famosos cantaores son numerosísimas.
Nacida en Madrid en 1900, la guitarrista VICTORIA DE MIGUEL fue esposa del cantaor El Canario e hija del torero Chicharrito. Discípula de Ramón Montoya, este la presentó, siendo todavía una niña, en el Teatro Fuencarral. Conoció en la sala El Astro a su futuro marido, que la convenció para que le acompañara su cante. Según su biógrafo, Antonio Escribano: «De este modo e impensadamente, se encontró envuelta en un ambiente al que nunca se adaptó, pero que, con su casamiento con El Canario, sobrellevó cerca de treinta años, dándose en las pausas el regusto de coserse su propio vestuario». Formó parte de diversos elencos en la época de la llamada ópera flamenca. En opinión de Antonio Escribano: «Siempre ha sido una apasionada de la música de Albéniz hasta el punto de insertar en preludios e interludios, malagueñas, granaínas y fandangos, retazos de partituras de aquel gran compositor. En lo flamenco no fue creadora, pero su fino oído y gran memoria musical le ofrecieron la virtud de repentizar, y sin premeditación y en un breve pero permisible espacio de tiempo, colocaba falsetas de todos los grandes fenómenos de su tiempo».
Madrileño de 1903, el guitarrista CARLOS MONTOYA era sobrino de Ramón Montoya. Comenzó su trayectoria artística como acompañante de La Argentina, La Argentinita, Vicente Escudero, La Macarrona, La Malena, La Coquinera, El Estampío, Faíco, Antonio de Bilbao, etc., realizando con algunas de estas figuras viajes al extranjero, y en uno de ellos, con el elenco de Carmen Amaya, decidió quedarse en los Estados Unidos dedicándose a ofrecer recitales y convirtiéndose en el guitarrista flamenco más popular entre el público norteamericano, una popularidad que ha influido para realizar giras por los cinco continentes y para alcanzar una alta cotización económica. En 1973, con motivo de cumplirse el veinticinco aniversario de su primer concierto en Nueva York, ofreció uno conmemorativo en el Spanish Institute recibiendo de manos del comisionado de actos públicos en nombre del alcalde las llaves de la ciudad, ante el embajador español en las Naciones Unidas. Otro homenaje, con tal motivo, tuvo lugar en la embajada española, imponiéndosele la Encomienda al Mérito Civil. En 1983, celebró su ochenta cumpleaños, con un recital en el Carnegie Hall, como culminación de su trayectoria artística. Murió en los últimos años noventa del pasado siglo.
PACO AGUILERA (Barcelona, 1906-1980) hizo como guitarrista su presentación en París en 1927, seguida de una gira por Francia. En 1931, realizó su primera grabación en disco, acompañando a Pepe Marchena. En estos años su trayectoria artística estuvo ligada a Barcelona, desde donde se trasladó a Madrid durante la guerra civil, frecuentando las reuniones privadas del Colmao Villa Rosa. En 1940, actúa por la geografía española con la compañía de arte lírico andaluz Rincones de España de Paco El Americano. En los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo es el primer guitarrista de los espectáculos de Manolo Caracol y Lola Flores, con la que continúa hasta 1959. Desde ese año hasta 1967 trabaja en el tablao madrileño El Duende, hasta su retirada.
MELCHOR DE MARCHENA fue el nombre artístico del guitarrista Melchor Jiménez Torres (Marchena, Sevilla, 1907-Madrid, 1980). Se inició en Sevilla, tomando parte de las reuniones privadas en ventas y colmaos, donde acompañó a las principales figuras de los años treinta. Hacia 1940 actuaba en el espectáculo de Concha Piquer, del que pasó al de Manolo Caracol, recorriendo España y América. Fue igualmente el guitarrista principal del tablao madrileño Los Canasteros, en el que estuvo hasta 1970, alternando sus actuaciones con su presencia en festivales y grabaciones discográficas de Manolo Caracol y Antonio Mairena, cantaores ambos que tenían por él especial predilección, por su toque muy jondo y sus cualidades de acompañante ideal. También acompañó en discos a José Menese, entre otros. En 1966, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera le otorgó el Premio Nacional de Guitarra Flamenca, máximo galardón en su género. Aunque murió en Madrid, donde residía, su entierro tuvo lugar en su ciudad natal. Considerado un auténtico maestro por intérpretes y aficionados, Ricardo Molina escribió sobre él: «A la cabeza de esa media docena de primera fila estimamos que está el maestro Melchor de Marchena (...). Su lenguaje es la guitarra. Su idioma son esos toques de siguiriyas, de bulerías, de tangos, de soleá, de alegrías, de Levante, que él sabe interpretar magistralmente».
El nombre artístico de Diego Flores Amaya (Arriate, Málaga, 1908-Morón de la Frontera, Sevilla, 1973), fue DIEGO DEL GASTOR, porque este guitarrista vivió desde niño en El Gastor (Cádiz), hasta 1923, año que se avecindó en Morón de la Frontera. Su trayectoria artística se desarrolló principalmente en reuniones de cabales, salvo esporádicas actuaciones en público y en programas de televisión, lo que no fue impedimento para que su fama llegara a ser universal, dadas las características personalísimas de su toque, con el que acompañó a grandes figuras del cante, pertenecientes a distintas generaciones. Según Fernando Quiñones: «Su clase guitarrística correspondía a una personalidad humana, simultáneamente poderosa y delicada. Su toque, abundante en variaciones muy originales y flamencas.» El mismo año de su muerte, 1973, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera le otorgó el Premio Nacional de Flamenco, correspondiente a la enseñanza y la maestría.
Discípulo de su padre (guitarrista aficionado) y de Antonio Moreno, el guitarrista Manuel Serrapí Sánchez se llamó artísticamente NIÑO RICARDO (Sevilla, 1904-1974). Con trece años actuó en el Salón Vigil de su tierra natal. Y al año siguiente, 1918, debutó en el Ideal Concert sevillano, actuando junto a su maestro. Contratado por Javier Molina, pasó al Café Novedades, actuaciones que alterna con otras en los pueblos de su provincia, en unión de Niño de Alcalá y otros intérpretes. También actuó con La Niña del Patrocinio en el Cine Miramar y, en 1925, en el Hotel Alfonso XIII. En Madrid debuta en el Teatro Pavón y realiza una primera gira por España con La Niña de los Peines. Su primera grabación la realizó en 1924, acompañando a La Niña de los Peines y Tomás Pavón, iniciando así su extensísima discografía. En 1926, lleva a cabo otra gira por la geografía española, y, en 1928, trabaja en los teatros madrileños, entre ellos el Monumental Cinema y el Pardiñas. A partir de esta fecha se suceden sus giras ininterrumpidamente, especialmente con La Niña de los Peines. La guerra civil le sorprende en Jaén, junto a Canalejas de Puerto Real. Reapareció en Sevilla, en 1939, con La Niña de los Peines y El Sevillano, emprendiendo nuevamente una gira con estos artistas y Pepe Pinto, hasta 1941, pasando después al espectáculo de Conchita Piquer. En 1945 sufrió una operación de garganta y sus compañeros le ofrecieron un homenaje en Madrid. Este mismo año se incorporó a la compañía de Juanito Valderrama, con quien permaneció hasta 1955, incluyendo viajes al extranjero, uno de ellos a Méjico, donde tocó con Sabicas en el local El Patio en 1949. Su primera actuación como solista tuvo lugar, en 1955, en el Teatro San Fernando de Sevilla, con motivo de un homenaje a Fernanda Romero. En 1956 fue contratado para tocar en el tablao sevillano El Guajiro. Ingresó en el elenco de Manolo Caracol en 1959. Desde 1961 a 1968 perteneció a la compañía de Antonio Molina, con quien viajó a Venezuela y otros países americanos, Bélgica y Francia, donde ofreció conciertos como solista. A su regreso recibió el trofeo Ramón Montoya, del Sindicato Nacional del Espectáculo. Su toque ha creado una de las más importantes escuelas y actualmente son numerosos los guitarristas flamencos que reconocen su influencia y su maestría. Anselmo González Climent ha glosado su arte en el siguiente comentario: «Es el Niño Ricardo la síntesis convergente de la guitarra clásica del flamenquismo y la guitarra vertiginosamente evolucionada de la época moderna. En él resulta perfectamente armonizable la solemnidad y la esquematización sugestiva de don Ramón Montoya con las más exquisitas aportaciones del toque actual, en el que precisamente Ricardo es poco más o menos amo y señor. Ricardo ha sido partícipe directo de épocas contiguas como ásperamente diferenciadas. De Chacón a Antonio Mairena conoce todas las peripecias del cante contemporáneo. Esta participación intensa e histórica con los azares del flamenquismo le ha permitido superar su papel de inmejorable acompañante para poder lanzarse al desarrollo independiente de su personalidad. Con esto queremos decir que Ricardo ha logrado de forma paradójica hacer evolucionar la técnica y consecuentemente la plástica de la guitarra en momentos en que la orquesta, el cante y el gusto masivo coaligadamente han determinado la crisis más terminante en la historia del flamenquismo. En medio de estos desniveles contradictorios y parciales del flamenquismo se da el caso portentoso de que no haya prácticamente ningún cantaor que merezca ni esté a la altura del toque jondo de Ricardo».
ESTEBAN DE SANLÚCAR fue el nombre artístico de Esteban Delgado Bernal (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1910-Buenos Aires, Argentina, 1990). Sus comienzos artísticos tuvieron lugar en los cafés cantantes sevillanos, actuando en las fiestas privadas de El Pasaje del Duque y en el Kursaal, entre otros, acompañando a destacadas figuras de la época. Fernando el de Triana, que le conoció en sus principios, hizo de él un gran elogio en su libro Arte y artistas flamencos, augurándole un espléndido porvenir en su arte: «ya andaba a la zaga de los grandes fenómenos», escribe, y añade: «¡Qué facilidad! ¡Qué ejecución! Y caso raro, desde los principios de su afición, le entró el compás en la cabeza, del cual no se separa un átomo, por difícil que sea la variación o falseta que ejecute. No hace muchas noches me invitó a que le escuchara tocar un rato; nos metimos los dos solos en el cuarto de estudio de El Pasaje del Duque, y confieso que salí de allí con una borrachera de toque que me vi negro para digerirla». En 1933 y 1935 formó parte del espectáculo encabezado por Pepe Marchena y Angelillo, en gira por la geografía española; y al año siguiente lo hace con La Niña de los Peines. Participó, en 1936, en el Certamen Nacional de Cante Flamenco, organizado en el Circo Price de Madrid, e inició un recorrido por provincias con un elenco formado por los ganadores, hasta producirse la guerra civil. Entre los años 1938 y 1940 actuó junto a los cantaores El Sevillano y Pepe Pinto en distintos escenarios españoles. Este último año inicia su colaboración con la compañía de Concha Piquer, interviniendo en los espectáculos Las calles de Cádiz y Retablo español, entre otros. A finales de los años cuarenta viaja a América, primero a Argentina y después a Venezuela, donde se instala. Su actividad artística, siempre intensa, la alternaría con la dirección de su academia de guitarra. De su amplia discografía como concertista, destacan las composiciones Primavera andaluza, Panaderos flamencos, Madre de sevillana, Mantillas de feria, Espejismo flamenco, Moro y gitano, Arrayán de la Alhambra, Horizontes de Málaga y Perfil flamenco, en las que se desarrollan todos los estilos desde la malagueña a la bulería. Su prestigio y popularidad en tierras americanas ha sido la muestra inequívoca de su maestría y calidad interpretativa.
Al guitarrista Agustín Castellón Campos le llamaron SABICAS porque de pequeño le gustaba comer habas crudas (Pamplona, 1912-Nueva York, U.S.A., 1990). Con diez años se trasladó a Madrid, presentándose en el Teatro El Dorado, como concertista, y tocándole a la famosa cupletista La Chelito, alcanzando un gran éxito. Pasó a participar en las fiestas del Colmao Villa Rosa, causando el asombro y la admiración no solamente de los mejores aficionados, sino también de los artistas, entre ellos el entonces más prestigioso guitarrista, Ramón Montoya. Entre los años 1920 y 1930, formó parte de diversos espectáculos, recorriendo toda la geografía española. En la Plaza de Toros de la Maestranza de Sevilla, en 1934, el público le hizo dar la vuelta al ruedo tras su recital. En 1936, se desplazó a América con Carmen Amaya, debutando en Buenos Aires y siguiendo por todo el continente americano, en sucesivas giras hasta 1950. Desde este año hasta 1955 permaneció en Méjico ofreciendo conciertos y actuando asiduamente en la sala de fiestas El Patio. Instalado seguidamente en Nueva York, desde esta ciudad norteamericana programa sus recitales por todo el mundo, alcanzando una gran fama y una alta cotización económica, así como realizando una discografía tan amplia como influyente en los guitarristas flamencos que le han seguido y que reconocen su indiscutible magisterio. Regresó por vez primera a España en 1967, para recibir la Medalla de Oro de la Semana de Estudios Flamencos de Málaga, el día 9 de septiembre, tributándosele con tal motivo un homenaje. A partir de esta efemérides, Sabicas viajaba a España con asiduidad, destacando entre sus conciertos los celebrados en 1970, en el Teatro Nacional María Guerrero de Madrid y en el Teatro Lope de Vega de Sevilla; en 1972, asistió al llamado Concurso del Cincuentenario, en Granada; en el Teatro Monumental de Madrid actuó durante una temporada, en la primavera de 1974, en un espectáculo en el que también tomaban parte el Ballet de Arte Español, la cantaora María Vargas y el cantaor Rafael Farina. En su tierra natal se le ofreció un homenaje en 1982, rubricado por un recital en el Teatro Gayarre, que resultó apoteósico. Igualmente triunfal resultó su concierto en la I Cumbre Flamenca de Madrid, en el Teatro Alcalá Palace, en 1984, y su participación extraordinaria en la IV Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, de 1986, y sobre todo el efectuado en el Teatro Real de Madrid, el 15 de mayo de 1987, después de un homenaje tributado por el Ayuntamiento en la Sala de Profesores del citado coliseo. Entre los numerosísimos galardones y distinciones que le han sido concedidas, destacan varios Disco de Oro, el Premio de Radio Nacional de España de 1971 y el Premio Nacional de Guitarra Flamenca de la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera en 1965. La historia de la guitarra flamenca, que tiene sus hitos fundamentales, como todo arte en el que la creación es continuamente necesaria, alcanzó con Sabicas la base de su esplendor actual. Por encima de la técnica, que en Sabicas es depuradísima, de su guitarra ha nacido toda posibilidad de evolución. Ha abierto un campo tan sugeridor de música flamenca, que puede adjetivarse de infinito. Su imaginación podría compararse con la de los poetas más lúcidos y con la de los compositores más sabios. Sabicas es posiblemente el creador flamenco más importante de todos los tiempos en lo concerniente a engrandecer y avivar los estilos y en llevar a ellos aires folklóricos de otras latitudes hispánicas, aflamencándolos sustancial y sonoramente. Su labor es inconmensurable en este sentido y es posible que por ello haya alcanzado la difusión universal que disfruta su música. Por otra parte, no hay que olvidar en sus interpretaciones algo primordial: su sensibilidad. Una sensibilidad que se trasluce, como si lo anímico pudiera verse, en su ductilidad musical y en su dulzura enmagiada. Escuchar su toque es lo que se llama un auténtico bien artístico. Y el arte, que no es nada sin alma, se nos aparece en su toque flamenco como algo para ser sentido muy profundamente. El arte flamenco de Sabicas sobresale por lo alto, por lo bajo y por lo ancho de su género, pues es la sabiduría y la donosura enmatrimoniadas como jamás se dio en una guitarra flamenca. La historia de la guitarra flamenca se divide ya en dos épocas: antes y después de Sabicas.
Luis López Tejera, LUIS MARAVILLAS (Sevilla, 1914), hijo del cantaor Niño de las Marianas, debutó como guitarrista, con doce años, en el Teatro Pavón, con motivo del homenaje a Manuel Vallejo, a quien se le entregaba la Llave de Oro del Cante. En 1928 actúa en Sevilla junto a su padre, La Niña de los Peines, Carmen Vargas y Javier Molina, ante los reyes de España; recibe su primer galardón en el Teatro de La Zarzuela de Madrid: La Copa Montoya, otorgándosele a José Cepero la Copa Chacón. A partir de este acontecimiento, empieza a acompañar a las principales figuras del cante y participa en numerosos espectáculos. En 1946, ingresa en el ballet de Pilar López, con quien actúa en España y en el extranjero hasta 1957. Con La Chunga actuó en 1959, y, en 1961, con el conjunto de José Greco. Todas estas actividades en espectáculos públicos las alterna Luis Maravillas hasta su retirada para dedicarse a la enseñanza de su arte, con su participación en las reuniones privadas del colmao Villa Rosa de Madrid y con sus grabaciones discográficas —una de ellas recibió el premio de la academia Charles Cross de París— entre las que destaca el disco Lección de guitarra flamenca, acompañado de un método, del que Juan de la Plata escribió el siguiente comentario: «La obra de Luis Maravilla la consideramos única hasta el momento como lección magistral para futuros artistas».
El guitarrista ALBERTO VÉLEZ nació en Cerro de Andévalo, Huelva, en 1921. Se inició en los ambientes flamencos sevillanos y después en el Colmao Villa Rosa de Madrid. En 1949, figuró en el espectáculo Tonadillera de Concha Piquer. En los años 1951 y 1952, participó en el ballet de Rosario y Antonio. Más tarde en los elencos de Juanito Valderrama, con quien viajó a América, y de Antoñita Moreno. A partir de los años sesenta trabajó con el grupo de su esposa y Manolo Fortuna, y seguidamente durante varios años en el tablao madrileño Las Brujas.
PEPE MARTÍNEZ LEÓN (Sevilla, 1923-1984.), Desde los once años se inició como guitarrista y desde los diecisiete vivió el ambiente flamenco de la Alameda de Hércules sevillana, donde conoció a Ramón Montoya, cuya escuela ha seguido y con quien realizó giras artísticas, acompañando a grandes figuras. Al tomar la guitarra flamenca difusión como instrumento solista, se dedicó a dar recitales, principalmente en Inglaterra, donde se le considera pionero de su arte, por haberlo divulgado por todo el país, actuando en centros culturales, escuelas de música, radio y televisión des de los años cincuenta, creando un buen número de discípulos.
ANDRÉS HEREDIA (Madrid, 1924) inició su trayectoria guitarrística con el grupo del bailaor Tomás El Chaqueta, cuando tenía trece años, en 1937. Seguidamente acompañó a destacadas figuras del cante y el baile en diversas giras. En los primeros años cincuenta intervino en los espectáculos de Manolo Caracol, pasando al tablao Zambra de Madrid en 1956, donde permaneció hasta su cierre en 1975, año que ingresa en El Café de Chinitas. Estas actuaciones las ha alternado con viajes artísticos con distintos elencos por América y Europa.
Eduardo Gutiérrez Seda, EDUARDO EL DE LA MALENA (Sevilla, 1925), guitarrista crecido en la Alameda de Hércules sevillana, se inició en los locales de su entorno y fue discípulo de Niño Ricardo. Su proyección artística ha estado principalmente ligada a las reuniones y fiestas íntimas, destacando entre sus actuaciones en público las realizadas, durante la II y III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, los años 1982 y 1984, así como su participación en el espectáculo Los últimos de la fiesta. En 1987, la Cátedra de Flamencología de Jerez, le otorgó el Premio Nacional a la Maestría.
MANUEL CANO TAMAYO (Granada, 1926-1990) recibió las primeras lecciones de guitarra de su padre a los ocho años de edad. Siendo estudiante en Madrid, se relacionó con las principales figuras de la guitarra clásica y flamenca y perfeccionó sus conocimientos, e igualmente se inició en la investigación de los temas folklóricos andaluces. Su primera grabación, realizada en 1959, le da a conocer y al año siguiente debuta en Sevilla y en su ciudad natal como solista. En 1961, participa en el Curso Internacional de Extranjeros de la Cátedra Manuel de Falla granadina y su éxito motiva que sea contratado para dar dos recitales en la Universidad de Caen (Normandía), a los que siguen tres en París (organizados por la televisión francesa), capital donde también realiza grabaciones discográficas. De regreso a España, comienza su andadura como concertista por centros culturales e ilustra musicalmente documentales cinematográficos sobre Andalucía, filmados por la BBC de Londres. Una serie de conciertos por Bélgica y Finlandia, el registro sonoro de las películas Cantos e imágenes de Granada y La música en la obra de Federico García Lorca, y sus actuaciones en los festivales flamencos y en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, son sus actividades más sobresalientes de 1963. Evocación de la guitarra de Ramón Montoya es el título de su disco aparecido en 1964, grabado con la guitarra que en 1924 le regalara a Ramón Montoya el duque de Almazán, construida por Santos Hernández, grabación que obtuvo el Premio Nacional del Disco Flamenco de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera, entidad que más tarde le nombró miembro de número. El Premio Sabicas del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba lo obtiene Manuel Cano en 1985. Sus conciertos por Alemania, Francia, Italia y otros países europeos y americanos se suceden, destacando entre ellos el ofrecido en la sede de la UNESCO parisina, en 1966. Estuvo en Rusia, donde interpretó doce conciertos, destacando entre ellos el ofrecido en la Sala de Conciertos Tchaikovsky de Moscú, con una audiencia de tres mil personas. La personalidad artística de Manuel Cano ha sido largamente comentada por críticos y estudiosos del flamenco, siendo una muestra de esta atención los párrafos que seguidamente transcribimos: Tico Medina: «Poeta de la música, riguroso investigador del folklore, viajero de los que se llaman infatigables, lleva junto a su guitarra el duende anillado. Pero no cesa de estudiar, de componer, de investigar». Rafael Salinas: «Entre los importantes temas de investigación llevados a afecto por Manuel Cano, habría que destacar el estudio de las distintas escuelas de grandes guitarristas de otros tiempos, y cuya influencia configura de alguna manera la guitarra flamenca actual (...). De toda su gran obra musical habría que destacar que fue de los primeros en arreglar y grabar las tonadas populares que recogiera Federico García Lorca, así como la gran obra del gran músico granadino Ángel Barrios, que siempre fue considerado por Cano como su maestro. De la obra puramente flamenca de Manuel Cano habría que destacar: Concierto de campanas (toque por granaínas), Callejas cordobesas (siguiriyas), En las cuevas (zambra), Soleá de Córdoba, entre otras muchas y no podemos olvidar sus ocho composiciones dedicadas a las provincias andaluzas. Las muchas horas de estudio, el rigor investigador y la gran sensibilidad y profundidad de su música hacen de Manuel Cano uno de los primeros guitarristas flamencos actuales.»
Natural de Alicante (1928), el guitarrista MARIO ESCUDERO se trasladó a Madrid para estudiar guitarra. Su primer concierto tuvo lugar en Burdeos (Francia), en 1937, cuando tenía nueve años, siendo presentado por Maurice Chavalier. En Madrid debutó en 1944 en el Teatro Español junto a Vicente Escudero, Ramón Montoya y Jacinto Almadén. A partir de entonces, viajó por toda la geografía española formando parte de elencos; viajó después por Europa y América, con las compañías de Carmen Amaya, Vicente Escudero y Rosario y Antonio. Tras una de sus giras por los Estados Unidos con Vicente Escudero, decidió quedarse en Norteamérica, ofreciendo recitales como solista, obteniendo un gran éxito a partir de 1955, fecha de su primera actuación en el Carnegie Hall neoyorkino y principio de sus grabaciones discográficas que rebasan la treintena de volúmenes. Su música flamenca ha sido utilizada como fondo musical de numerosas películas, entre ellas Café cantante, Brindis a Manolete y Jalisco canta en Sevilla. Su fama se ha extendido universalmente y se le considera uno de los más destacados guitarristas flamencos de concierto. En 1984, volvió a España para ofrecer un concierto en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla y, en 1985, reapareció en Madrid participando en la III Cumbre Flamenca, celebrada en el Teatro Alcalá Palace. Actualmente reside en Sevilla y en 1987 se le concedió el Premio Nacional de la Cátedra de Flamencología.
El guitarrista JUAN SERRANO nació en Córdoba en 1929. Profesionalizado desde los trece años de edad, formó parte del elenco de Concha Piquer y de otras compañías artísticas. Actuó en el Tablao Corral de la Morería. En 1963 fue contratado para actuar en Norteamérica, donde consiguió rápidamente una gran popularidad y prestigio con sus conciertos, ofrecidos en los principales auditorios. Durante su recital en el Pabellón de España en la Feria Mundial de Nueva York, en 1964, le fue impuesta la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. En 1966 es nombrado doctor honoris causa por la Fairfield University del Estado de Connecticut, y al año siguiente la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera le otorgó el Premio Nacional de Guitarra Flamenca, volviendo con tal motivo a España, ofreciendo conciertos en el Liceo de Córdoba y en la Bodega La Choncha de Jerez, para regresar de nuevo a los Estados Unidos, donde despliega una gran actividad artística y desde donde programa sus actuaciones por todo el mundo. Su discografía, la mayor parte de ella realizada en los Estados Unidos, es muy extensa y pone de manifiesto su calidad de intérprete y su personalidad artística.
El guitarrista Antonio López Arenas, ANTONIO ARENAS (Ceuta, 1929), ha participado en los espectáculos de Concha Piquer, Manolo El Malagueño, Manolo Caracol y Juanito Maravillas, entre otros, y ha realizado numerosas giras por el extranjero con diversos elencos artísticos. Con ocasión de una grave enfermedad, se le tributó un homenaje en el Circo Price de Madrid. A partir de 1959, ha figurado en los cuadros de los tablaos madrileños El Corral de la Morería, hasta 1961, La Soleá, desde 1963, y La Venta del Gato en 1979. Posee una amplia discografía, acompañando a muy distintas voces cantaoras.
FÉLIX DE UTRERA ha sido el nombre artístico de Félix García Vizcaíno (Canarias, 1929-Madrid, 1998). Guitarrista y letrista, hijo de padres naturales de Utrera (Sevilla), vivió en esta ciudad desde los seis años. Debutó como profesional en Radio Cádiz, con motivo de unos concursos flamencos. En Cádiz, donde vivió varios años, compartió muchas noches flamencas con Capinetti, Aurelio, Pericón, La Perla, El Beni y otros artistas de la tierra. Seguidamente actuó durante varias temporadas en Barcelona. Desde 1957 a 1959 recorre América formando parte del ballet español de Roberto Iglesias. Conoce en Nueva York a Sabicas y graba con él un disco. Igualmente trabajó con Carmen Amaya y Manolo Caracol. A su vuelta, se incorpora al espectáculo de La Paquera y en 1960 debuta en el tablao madrileño El Corral de la Morería, destacando a partir de ese momento su relación artística con Lucero Tena, con quien ha viajado por todo el mundo». Ha publicado el libro de versos Acrósticos del arte flamenco. Se le considera un excelente conocedor de los toques más tradicionales y seguidor de la escuela del Niño Ricardo.
MANUEL MORAO es el nombre artístico, de origen familiar, de Manuel Moreno Jiménez (Jerez de la Frontera, 1929). Este gran guitarrista fue discípulo de Javier Molina y a partir del año 1945 forma parte de los elencos artísticos de Manolo Caracol, Pastora Imperio, La Niña de los Peines, Lola Flores y Carmen Amaya, con los que realiza giras por toda la geografía española y distintos países extranjeros. Desde 1953 a 1964 es el primer guitarrista del ballet de Antonio, donde figuraban cantaores como Chano Lobato, Antonio Mairena y El Sernita, recorriendo más de cinco veces el mundo entero y actuando en los principales y más prestigiosos coliseos. En 1966 y en años sucesivos organiza en su ciudad natal el espectáculo Jueves flamencos, para promocionar jóvenes promesas. Esta actividad la alterna con su participación en los festivales andaluces, principalmente acompañando a Terremoto. Con motivo de los Festivales de España de Arte Flamenco, ofreció un recital organizado por la Cátedra de Flamencología de Jerez, en 1969, en la Academia Jerezana de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras, entidad de la que es miembro de número desde 1986, en reconocimiento a su categoría artística. Vuelve al ballet de Antonio en 1970, con el que realiza tres temporadas, pasando en 1975 otra vez a actuar en los festivales flamencos, hasta 1985, que forma su propio grupo, realizando sendas giras por los Estados Unidos, contratado por la National Theatre Company. Es uno de los tocaores más galardonados de su generación: Premio Giralda de Plata de Sevilla, en 1954; Premio del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, en 1965; Premio Nacional de Guitarra de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera, en 1969; y premio Cata Flamenca de Montilla. Su toque está considerado no solamente como uno de los más legítimos de la escuela guitarrística jerezana, sino igualmente como de los más justos e ideales para el acompañamiento del cante, significándose por su jondura y clasicismo.
El nombre cartelero del guitarrista Juan Carmona Carmona, es JUAN HABICHUELA, nació en 1933, en Granada. Hijo de Tío José Habichuela y hermano de Pepe, Luis y Carlos Habichuela, igualmente tocaores. Se inició artísticamente como bailaor, siendo muy niño, junto a Mario Maya, en las cuevas del Sacromonte granadino, pero pronto se dedicó a la guitarra. Después de una etapa actuando en su tierra natal, pasó al elenco de la bailaora Gracia del Sacromonte, y a continuación debutó en Madrid, acompañando a Mario Maya, en el Tablao El Duende, en 1956, trabajando seguidamente en Torres Bermejas. Sus primeras grabaciones discográficas las realizó tocándole a Rafael Farina y a Manolo Caracol. Llevó a cabo una gira por América con Fosforito y con este cantaor se incorpora a la nómina de guitarristas más destacados de los festivales andaluces. En 1974, consigue el premio de guitarra en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, y entre sus actuaciones más significativas hay que reseñar su participación en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, en 1984, así como en varios de los festivales de la Cumbre Flamenca de Madrid y su colaboración en el espectáculo Flamenco puro, representado, a finales de 1986 en Nueva York. La Peña Flamenca Juan Breva de Málaga le dedicó un homenaje durante su festival XX Moraga Flamenca. En 1986 acompañó el recital del cantaor Enrique Morente, en el Teatro Real de Madrid, con la Orquesta Sinfónica de Madrid. Está considerado uno de los más avezados tocaores para acompañar por su gran profesionalidad y lo sugeridor y acompasado de su toque. En 1987 obtuvo por votación popular el trofeo Cabal de Plata de Radio Nacional de España. Además está en posesión del Premio Nacional de Guitarra de la Cátedra de Flamencología de Jerez.
Los comienzos profesionales del guitarrista ALEJANDRO MANZANO (Madrid, 1934), tienen lugar a través de los programas radiofónicos de Radio Intercontinental, entre los años 1955 y 1960, alternadas estas actuaciones con las efectuadas en los teatros madrileños de La Latina, Calderón, Fuencarral y Circo Price, acompañando a numerosas figuras del cante, haciendo igualmente salidas a provincias con las compañías de Pepe Marchena, La Niña de La Puebla, Fosforito, etc. En 1960 recorre con la bailaora Fernanda Romero y con el cantaor Gabriel Moreno, Italia, Venezuela, Puerto Rico y Estados Unidos. Seguidamente, durante veinte meses consecutivos, toca como solista en el Club Liborio y en el restaurante La Fonda del Sol, de Nueva York. De nuevo en España, continúa trabajando con elencos varios en los teatros de Madrid, y en 1968, otra vez viaja a Nueva York, contratado como solista por el Chateau Madrid, durante un año. Desde 1969 a 1985, ha formado parte del Tablao El Corral de la Morería, con salidas a Panamá y Colombia. Ha ofrecido recitales en la Universidad de Madrid y en colegios mayores, tiene grabado un disco como solista, y varios acompañando el cante de Gabriel Moreno, Flor de Córdoba, Jarrito, Rafael Romero y Pericón de Cádiz, entre otros. Practica la enseñanza de su arte y es autor de numerosas letras de cantes.
MAROTE es el nombre artístico, de origen familiar, de Juan Santiago Maya (Granada, 1936). Hermano de Manolete y Pepe Maya, se inició en las zambras de las cuevas del Sacromonte granadino como bailaor, para seguidamente dedicarse a la guitarra. A los dieciocho años debutó en Madrid, formando parte del elenco de Rafael Farina. En 1960, entró a formar parte del cuadro del tablao madrileño Torres Bermejas, en cuyo escenario acompañó a destacadas figuras del cante y el baile, permaneciendo en él hasta 1965, con intervalos en los que actuó en la compañía de Carmen Amaya, alcanzando un gran éxito en Nueva York y otras capitales de los Estados Unidos, así como en otros países de aquel continente. También participó en Nueva York, en 1964, en los espectáculos de la Feria Mundial, junto a Antonio Gades, en cuyo ballet continuó varios años. Ha actuado igualmente en el de Manolo Vargas y en el de María Rosa, con el que realizó giras los años 1976 y 1980. Ha colaborado en diversas temporadas con el Ballet Nacional de España. Figura de los festivales andaluces; en 1986 y 1987 formó parte del espectáculo El sur y La petenera, encabezado por Manuela Vargas. Ha recorrido varias veces Japón y su discografía es amplia, acompañando las voces de La Paquera, Fosforito, Bambino, Fernanda y Bernarda de Utrera, etc. Muy personal en la ejecución, está considerado como uno de los guitarristas más sobresalientes y originales de la actualidad.
El guitarrista ANDRÉS BATISTA (Barcelona, 1937), estudió guitarra clásica con Francisco Sierra y flamenca con Miguel Borrull. En 1955 se inició en los tablaos flamencos de su ciudad natal, para pasar después al acompañamiento de la bailaora Queti Clavijo, en una gira por Oriente de dos años de duración. También ha acompañado a Vicente Escudero, María Márquez, La Singla, Susana y José y otras figuras del baile flamenco, especialmente a Carmen Amaya, con quien recorrió toda América y participó en la película Los tarantos, cuyos fondos musicales son de su creación. Después de una gira por Italia, junto a Vicente Escudero, se iniciaron sus grabaciones discográficas como solista y sus conciertos por todo el mundo, alternados con sus actuaciones en los locales de la Costa Brava, en los años sesenta, en compañía de su esposa, la bailarina Ana Mercedes. Actualmente reside en Madrid, donde tiene abierta una academia y presenta, en centros culturales, recitales de sus alumnos, ofreciendo también cursos en Alemania y Francia. Premio Nacional de Guitarra Flamenca de la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera, ha representado a España en el V Festival Mundial de la Guitarra Folk, de Campione (Italia), recibiendo medalla honorífica, y cuenta con el trofeo Disco de Oro de Radio Madrid y con un premio de la Radiotelevisión alemana, conseguido representando a la música española en el Concurso de Folklore de Frankfurt. Ha publicado tres álbumes metódicos titulados Apuntes flamencos, Método de guitarra y el libro didáctico Maestros y estilos, manual flamenco. La música flamenca de Andrés Batista ha sido enjuiciada por críticos de diferentes países, así como por los flamencólogos más significativos, opiniones de las que transcribimos las siguientes: Alfonso Puig: «Andrés Batista es un guitarrista de reconocida solera, excepcional en los acentos emotivos de sus acordes y rasgueos que brillan nítidos». Carlos Carrero: «Andrés Batista ha demostrado ser un guitarrista flamenco sensacional, con muy pocos rivales dignos de hacerle competencia. Domina las dos manos y los sonidos que extrae de la guitarra son claros, rotundos, cuando conviene, cadenciosos y dulces cuando es preciso». Juan de la Plata: «Andrés Batista, gitano de Barcelona, ha creado una magia especial con la que su guitarra está abriendo nuevos caminos insospechados de futuro.»
Francisco Márquez Méndez (Antequera, Málaga, 1938-2000), PACO DE ANTEQUERA, fue un guitarrista que de niño obtuvo varios premios y actuó en festivales con el Teatro Chino. En 1960 se profesionaliza y, en 1961, debutó en Madrid, en la Parrilla del Riscal donde permaneció durante dos años, para pasar seguidamente al tablao El Corral de la Morería. En 1964, contratado por Antonio Gades, trabaja en la Feria Mundial de Nueva York. Desde 1966 a 1979 formó parte del elenco del tablao madrileño Las Brujas, y en 1979 actuó también en Los Canasteros y en La Venta del Gato. Su trabajo en los tablaos lo ha alternado con giras por el extranjero, especialmente por Japón en diversas ocasiones. En 1986 perteneció al elenco de Manuela Vargas, interviniendo como primer guitarrista del espectáculo El sur y La petenera. Ha acompañado a grandes figuras del cante como Manolo Caracol, El Culata, Terremoto y Pansequito, entre otros, y su discografía como acompañante es muy amplia.
PEDRO PEÑA, Lebrija (Sevilla), 1939, guitarrista y cantaor, es sobrino de El Perrate, hijo de La Perrata y hermano de El Lebrijano. Alterna su dedicación al arte flamenco con su profesión de maestro nacional. En los años sesenta participó en los Cursos Internacionales de Arte Flamenco de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera, y comenzó sus actuaciones en festivales. Realizó sus primeras grabaciones discográficas acompañando a grandes figuras del cante, entre ellas a su hermano y su madre, a Diego Clavel y a Antonio Mairena, en el último de sus discos. Como cantaor también ha grabado un disco de larga duración, acompañado de su primo, el guitarrista Pedro Bacán, poniendo de relieve sus conocimientos de los cantes.
ENRIQUE ESCUDERO, guitarrista madrileño ha actuado en los tablaos madrileños, entre ellos El Arco de Cuchilleros, 1961, El Café de Chinitas, 1972 y 1974, Los Canasteros, 1979 y la Venta del Gato, en 1981, entre otros, y realizado giras por España y el extranjero con diversos elencos flamencos, como Ios de El Güito, Mario Maya y Manuela Vargas. Está considerado un excelente profesional de su arte.
PERICO DEL LUNAR (Hijo) (Madrid, 1940) es el nombre artístico de Pedro del Valle Castro. Hijo del tocaor del mismo nombre, se inició junto a su padre, cuya escuela guitarrística continúa, en el tablao Zambra de Madrid, acompañando a figuras como Pericón de Cádiz, Rosa Durán, Juan Varea, Manolo Vargas y otros. Ha actuado en Estados Unidos y en diversos países europeos, así como en Argelia y Túnez. Entre sus grabaciones como acompañante destacan las realizadas con José Menese, Rafael Romero y Pericón de Cádiz para la antología Archivo del cante flamenco. Puso con su toque música a la película Llanto por un bandido. Ha participado en numerosos festivales, entre ellos en la Cumbre Flamenca de Madrid, los años 1984 y 1985. Alterna sus actuaciones con su dedicación a la enseñanza de su arte.
Víctor Monge Serrano, SERRANITO (Madrid, 1942), es guitarrista profesional desde los doce años, acompañando a destacadas figuras del cante en giras por toda España, después de pertenecer al elenco de Los Chavalillos de España, con el que recorrió América. Seguidamente formó parte de la compañía de Juanito Valderrama. Más tarde estuvo ligado al conjunto de la bailaora Lucero Tena, con quien actuó en el tablao El Corral de la Morería de Madrid y en diversos países. Al pasar a ser solista y director artístico del tablao Café de Chinitas madrileño, se inicia su proyección como guitarrista de concierto, faceta en la que rápidamente alcanza grandes éxitos en Australia, Nueva Zelanda, África y América, iniciando sus grabaciones discográficas. En 1969 ofrece un recital en el Instituto Italiano de Cultura de Madrid y al año siguiente actúa en el Festival Internacional de Guitarra de la Maison de la Cultura de Amiens (Francia), así como en el Queen Elizabeth Hall de Londres, en centros artísticos de Tokio, París, Nueva York, en el Teatro Tchaikovsky de Moscú, y en otras capitales europeas, para culminar su proyección con un recital para la B.B.C. inglesa. En 1971, obtiene el premio Ramón Montoya del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, y la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera le concede el Premio Nacional de Guitarra Flamenca. Otro premio en su haber es el Castillete de Oro del Festival Nacional del Cante de las Minas. En 1977 fue seleccionado por Televisión Española para competir en el Festival de Música de Bratislava (Checoslovaquia), en competencia con intérpretes de treinta y dos países, mereciendo la Medalla de Oro, y ese mismo año ofrece un recital en el Teatro María Guerrero de Madrid. Entre otras actuaciones a destacar, sobresalen su concierto en Borgiobellino (Italia), en presencia del papa Juan Pablo II, en 1982, y su gira por Estados Unidos, en el mismo año, iniciada en el Theatre Terrace del Kennedy Center de Washington, y continuada con otra por las ciudades africanas de Rabat, Tánger, Casablanca, Fez, Túnez, El Cairo, Amman, Damasco y Beirut, que se prolongó a Atenas y Nápoles, en una temporada coronada por el estreno de su obra Andaluz sinfónico, en el Teatro Real de Madrid, junto a la Orquesta Sinfónica de Madrid. En 1984 participó en el Festival Internacional de Guitarra de Córdoba y realizó una nueva gira por el extranjero, comenzada en Japón, para seguir por Filipinas, Indonesia, Thailandia, Australia y Turquía, con una segunda parte en la India y un concierto en Niza (Francia), con la Orquesta Filarmónica de la ciudad. Con motivo de la entrada de España en el Consejo de Europa, ofreció un concierto en Estrasburgo. Desde entonces no cesa su trayectoria triunfal por España y el extranjero. Serranito es el guitarrista más singular del panorama tocaor actual, tanto por su difícil y genuina técnica, como por la solemne sonoridad de sus arpegios y falsetas. Es un barroco del toque flamenco, sin dejar por ello de ser sutil y tierno, que así de complicado y hermoso es su entrañamiento con su arte.
PACO CEPERO, Jerez de la Frontera, 1942, es el nombre artístico de Francisco López-Cepero García. Sobrino nieto del cantaor José Cepero, discípulo de Javier Molina y Rafael del Águila, sus comienzos tuvieron lugar en su ciudad natal, en fiestas y funciones benéficas, así como participando en giras por la provincia en distintos elencos artísticos. En 1963 acompaña en sus actuaciones por toda España a La Paquera y seguidamente ingresa en el tablao madrileño Los Canasteros. A partir de entonces, junto a su alternancia en diversos tablaos y salas de fiesta, inicia viajes por distintos países de Europa, América y Asia, haciéndolo desde 1970, en ocasiones, como guitarrista flamenco de concierto. Igualmente alterna su dedicación a la guitarra con la composición de canciones y cantes, principalmente para El Chiquetete. Es una de las figuras más relevantes de los festivales andaluces, al lado de los cantaores más significativos del momento, especialmente El Lebrijano, con quien ha ofrecido numerosos recitales y funciones en unión de grupos de música árabe. Tiene una amplia discografía y entre otros los siguientes premios: Nacional de Guitarra Flamenca de la Cátedra de Flamencología de Jerez, Manolo de Huelva, de acompañamiento, del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, y el Yunque de Oro de la Tertulia Flamenca de Ceuta. Su arte ha sido glosado por numerosos escritores y críticos. El compás tocaor de Paco Cepero, nacido del son más legítimo de su tierra jerezana, tiene una brillantez inusitada y un ritmo poco común, alcanzando cierto paroxismo musical casi laberíntico, algo personalísimo por intenso y clamoroso, que él resuelve gracias a un virtuosismo sorprendente, asombroso, producto de un consumado dominio de la técnica, los acordes de influencia latinoamericana y sus adornos, a veces elementales, pero muy oportunos y floreados.
EMILIO DE DIEGO NIETO (Madrid, 1942) formó parte del ballet de Mariemma y del elenco de Carmen Mora. Viajó a Estados Unidos en 1961 con la compañía de José Greco, e impartió clases en Cleveland (Estados Unidos). Después actúa con Antonio Gades en la Feria Mundial de Nueva York, en 1964, permaneciendo en su ballet durante varios años, poniéndole música al montaje de la obra Bodas de sangre. En 1978, trabaja con Antonio, y en 1979 ingresa en el Ballet Nacional de España. Ha compuesto la música de varias películas y distintos ballets.
Francisco Gómez Amaya, PACO DEL GASTOR (Morón de la Frontera, Sevilla, 1944) es sobrino de Diego el de El Gastor, de quien fue discípulo. Obtuvo en 1964 el premio Manolo de Huelva en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, y en 1983 el premio por bulerías en el concurso jerezano de la Peña Los Cernícalos. Ha sido asiduo acompañante de Fernanda y Bernarda de Utrera en los festivales andaluces. Participó en el Concurso El Giraldillo del Toque de la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla y en los festivales de la III Cumbre Flamenca de Madrid, en 1986. Ha realizado grabaciones y comparte sus actuaciones con la dedicación a la enseñanza de su arte en su ciudad natal.
EL MERENGUE (Córdoba, 1944) se llama realmente Rafael Rodríguez Fernández. Se inició en un cuadro flamenco de su ciudad natal, participando, en 1962, en el Concurso Internacional de Arte Flamenco de Jerez de la Frontera, obteniendo un segundo premio por bulerías. Seguidamente pasó a formar parte del espectáculo de Niña de Antequera, actuando en el Circo Price de Madrid y después en gira por toda España. Ha actuado con otras figuras y viajado por distintos países. En las Islas Hawaii permaneció una temporada actuando como solista en 1973. Ilustrando conferencias del flamencólogo Pedro Palop, recorrió el norte de Africa, para ingresar a continuación en el ballet de María Rosa, con motivo de los Festivales de España. Actúa junto a su mujer en el Zoco Flamenco de Córdoba, participa en numerosos festivales y alterna sus actuaciones con la enseñanza de su arte, dedicación que también ejerció en Francia. Entre sus galardone, El Merengue fue premiado en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, en 1968. Ha grabado discos con destacados cantaores y puso música con su guitarra a las películas Sentencia contra una mujer y Bahía de Palma. En colaboración con Philippe Donnier ha publicado un método de guitarra flamenca, editado por Gérard Billaudot, en París (1985). Por su excelente trayectoria y sus cualidades artísticas, se le considera uno de los tocaores más significativos de la actualidad.
PEPE HABICHUELA (Granada, 1944) es el nombre artístico de José Antonio Carmona Carmona, heredado de su padre. Hijo de Tío José Habichuela y hermano de Juan, Luis y Carlos Habichuela. Después de iniciarse artísticamente en su tierra natal, debuta en Madrid en 1964, en el Tablao Torres Bermejas, y seguidamente realiza una serie de giras acompañando el cante de Juanito Valderrama, Pepe Marchena, El Camarón de la Isla y otros destacados intérpretes, para después llevar a cabo una serie de actuaciones con Enrique Morente, a quien acompaña en el disco que éste grabó en memoria de don Antonio Chacón, disco que obtuvo el Premio Nacional de Discografía del Ministerio de Cultura, en 1975. Igualmente ha grabado en disco con Fernanda y Bernarda de Utrera, Jarrito, El Cabrero, Rafael Heredia y Carmen Linares cantaora a la que acompaña asiduamente. Ha grabado también en solitario, especialidad en la que ha desarrollado una interesante labor desde 1983, destacando sus recitales en la Cumbre Flamenca de Madrid, en 1984 y 1985, en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, 1984, y ese mismo año, en la Carrefour de la Guitare de La Martinica. En 1986 participó con un concierto en los actos organizados por el Ayuntamiento de Madrid, durante el ciclo de los Veranos de la Villa. En 2001 obtuvo el Premio Nacional de Guitarra Flamenca de la Cátedra de Flamencología.
MANOLO SANLÚCAR (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1945) es el nombre artístico de Manuel Muñoz Alcón. Guitarrista iniciado por su padre, el también guitarrista Isidro Sanlúcar, se profesionalizó muy joven, acompañando a Pepe Marchena, en gira por toda España, y seguidamente a La Paquera, realizando sus primeras grabaciones discográficas como acompañante. A finales de los años sesenta entra a formar parte del tablao madrileño Las Brujas. Realiza su primer disco en solitario y, en 1972, inicia su antología en discos Mundo y formas de la guitarra flamenca, ofreciendo su primer concierto en el Club Urbis de Madrid, que repite en el Ateneo de Madrid, comenzando una trayectoria de recitales que tienen gran repercusión en los centros culturales y universitarios madrileños. Ese mismo año, en su primera salida al extranjero como concertista de guitarra flamenca, obtiene el Primer Premio del Festival de Música Folk, celebrado en el Casino Municipal de Campione (Italia), en competencia con diecisiete intérpretes de otros tantos países, y la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera le concede el Premio Nacional de Guitarra Flamenca. A partir de estos éxitos, que suponen su consagración, se producen sus actuaciones por toda la geografía española y por diversos países de los cinco continentes, destacando sus recitales en Estados Unidos, Francia, Alemania, Suecia, Finlandia, Japón, Brasil, Canadá, etc. Entre sus muchos hitos artísticos, sobresalen su concierto, en 1976, en el Teatro Real de Madrid, y sus cursos de guitarra flamenca organizados por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Sevilla. En 1984, puso música al ballet flamenco inspirado en la tragedia clásica Medea, interpretado por Manuela Vargas y estrenado en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, representándose también en varios países europeos por el Ballet Nacional. Junto a los premios ya citados, le han sido otorgados muchos otros galardones, entre ellos los siguientes: Premio Nacional de Guitarra del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, Castillete de Oro de La Unión, Popular del diario Pueblo y Premio Record World a la mejor guitarra española en los Estados Unidos. Su discografía es extensa y ha compuesto numerosas obras. Manolo Sanlúcar se reveló con una antología compuesta por tres discos de larga duración titulada Mundo y formas de la guitarra flamenca, donde su visión personal del acervo musical andaluz pone de manifiesto dos aspectos fundamentales en el ámbito del flamenco: conocimiento e intuición. Sin ellos no se puede prosperar en este arte, aunque la técnica —tan bien asumida por él— sea sumamente desarrollada, pues en la guitarra flamenca es preciso para que se distinga actualmente, en estos tiempos de tantos tocaores hábiles, que encontremos siempre, en toda falseta o arpegio, el sustrato de lo jondo, persistiendo entre la virguería filigranera, para que siga teniendo razón y muestra clara de una música racial y milenaria, para que no pierda su condición de levadura popular. Y no cabe duda que Manolo Sanlúcar ha sabido mantener el meollo musical puro, desde que arranca su continuada creación. Es sorprendente considerar su evolución, pero no puede extrañarnos lo más mínimo a los que conocemos piezas suyas tan logradas como una rondeña de sus primeras grabaciones, que es ejemplo no solamente de música flamenca, sino que lo es también de composición musical en sí, y que, sin exagerar nada, de haberla conocido el mismísimo Falla, seguramente le habría emocionado. Manolo Sanlúcar ha crecido en su música y ha intentado la superación constante, abriendo caminos para la guitarra y para la música española más genuina, incluso ha llegado a un punto quizá costoso de remontar, pero en un artista de su talla nada es imposible si sabe esperar, nutrirse de reflexiones, profundizar de nuevo en las fuentes. Y Antonio Villarejo ha escrito: «Manolo Sanlúcar une a su extraordinario talento creador un gran sentido musical. Su toque es de una calidad flamenca indiscutible. Su técnica, impecable, sin caer en la mecánica del virtuosismo. Profundo conocedor del cante, ha acompañado desde Marchena a Caracol, pasando por La Niña de los Peines. Hombre de prestigio artístico mundial, no duda en sacrificar el éxito personal por dar ante todo su verdad flamenca.
Manuel Fernández Molina, PARRILLA DE JEREZ (Jerez de la Frontera, 1945-2008). nieto de Juanichi El Manijero, hijo de Tío Parrilla, sobrino de El Borrico y El Sernita, hermano de Juan Parrilla y Ana Parrilla. Discípulo de Rafael del Águila, se inició con trece años en una caseta de la feria de Sevilla, para pasar seguidamente al tablao gaditano La Cueva del Pájaro Azul. En 1963, formó parte del elenco de la Sala de Fiestas La Gaditana de Ibiza, y al año siguiente debutó en Madrid, en el Tablao Los Canasteros, desde donde pasó a El Duende, acompañando el cante de Terremoto, El Sernita y La Perla de Cádiz. Intervino, en 1965, en la III Semana de Estudios Flamencos de Málaga, junto a los cantaores Enrique Morente y José Menese. Este mismo año, en la Academia Jerezana de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras, ofreció su primer recital como solista. Ha pertenecido a diversos elencos artísticos, entre ellos a los de La Paquera y Lola Flores. Sus últimas actuaciones en tablaos han tenido lugar en el madrileño La Venta del Gato, en 1979 y 1985. En 1973 le fue concedido el Premio Nacional de Guitarra de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces, entidad de la que ha sido director del aula de guitarra. Discográficamente ha realizado un disco en solitario y numerosos con los cantaores El Agujeta, Tío Borrico, José Menese, Curro Malena, La Paquera, La Piriñaca, etc., así como varios de villancicos andaluces, como director musical de los coros de la Cátedra de Flamencología, Peña Flamenca Tío José de Paula y de su propio nombre, promovidos por la Caja de Ahorros de Jerez, labor que le ha supuesto muchos elogios. Acompaña asiduamente a La Paquera en los festivales andaluces y entre sus actuaciones más representativas destacan su participación en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, en 1984; su conferencia-recital sobre la guitarra jerezana, en el Congreso de Actividades Flamencas, celebrado en Cáceres, en 1985, y su actuación en la III Cumbre Flamenca de Madrid, en 1986. Junto a sus toques flamencos originales, ha compuesto una marcha procesional grabada en disco. Como bailaor, practica en los fines de fiesta las patas por bulerías creadas por su padre. El toque de Parrilla de Jerez se distingue, está inmerso en lo más esencial del arte flamenco, tiene un matiz racial que lo particulariza y personifica, una donosura específica en las falsetas que sugestiona. Y si en los estilos grandes —siguiriyas y soleares— es su guitarra sobrecogedora, en las bulerías es cada día más sorpresiva y alucinante».
En Sevilla, en 1946, vino al mundo el guitarrista MANUEL DOMÍNGUEZ. Se inició artísticamente en el conjunto llamado Los Gitanos del Tardón, en unión de El Chiquetete y Manuel Molina. Seguidamente pasó a acompañar a grandes figuras del cante y del baile, recorriendo con Curro Vélez diversos países de Europa, Israel con Manuela Vargas, y América con José Greco. Es uno de los guitarristas más sobresalientes de los festivales andaluces y últimamente ha actuado con Ia bailaora Matilde Coral, con ocasión de grandes acontecimientos artísticos flamencos, como la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla. En 1980, obtuvo en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba los premios de concierto y de acompañamiento, y, en 1984, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera, le otorgó el Premio Nacional de Guitarra Flamenca.
A Francisco Sánchez Gómez, por origen familiar se le llama carteleramente PACO DE LUCÍA (Algeciras, Cádiz,1947), recibió las primeras enseñanzas guitarrísticas de su padre y se reveló en 1962, durante el Concurso de Arte Flamenco de Jerez de la Frontera, donde con su hermano Pepe de Lucía, cantaor, bajo el nombre de Los Chiquitos de Algeciras, obtuvieron un premio especial, realizando seguidamente una primera grabación discográfica. A partir de entonces su vida profesional es intensa, acompañando a cantaores de renombre y formando parte de elencos flamencos, con los que viaja por todo el mundo. Inicia sus actuaciones como guitarrista flamenco de concierto y obtiene, en 1968, el Premio del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, y en 1970 el Premio Nacional de Guitarra Flamenca de la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera. Este mismo año participa en el Festival Internacional de Música de Barcelona, y al año siguiente ofrece un recital en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, actuaciones que le consagran como el artista flamenco más popular, con una proyección que se extiende internacionalmente a países de los cinco continentes. Entre sus numerosos conciertos, destacan los celebrados en el Teatro Alcalá Palace de Madrid, 1974; Teatro Real de Madrid, 1975, y su presencia el mismo año en la gala de la UNICEF, celebrada en San Remo, donde se le premia con el Diapasón de Oro, y su recital en La Unión, durante el Festival del Cante de las Minas, recibiendo el Castillete Minero; su gira por Inglaterra, en 1976; la realizada por toda América, en 1977; los conciertos ofrecidos junto a Larry Coryell y John McLaughlin, en Madrid y Barcelona, en 1979; su actuación con el pianista de jazz Chick Corea, en la República Dominicana, en 1982; su recital en la II Bienal Ciudad de Sevilla, y otros en la Sala Oberlaa de Viena y el Cuartel del Conde Duque de Madrid, en 1984; en 1985, obtiene grandes triunfos en Francia, Grecia y Estados Unidos, y en 1986, en el Teatro Real y en la Cumbre Flamenca de Madrid, así como en el Festival de Música Folk de Guecho (Vizcaya) y en la sala de conciertos Rossia de Moscú. El arte guitarrístico flamenco de Paco de Lucía ha sido comentado por críticos y flamencólogos, siempre desde el punto de vista de lo revolucionario y evolucionista del instrumento y de sus cualidades asombrosas de intérprete. Indiscutiblemente, Paco de Lucía es el artista flamenco más popular de nuestros días. Con él la guitarra flamenca puede decirse, por múltiples razones, que ha llegado a su cenit. Sin desvalorizar lo más mínimo a los maestros mayores, ni tampoco a los magistrales intérpretes actuales, Paco de Lucía, poseedor de una ejecución dinámica y turbadora, ha conseguido interesar y cautivar con su guitarra andaluza a los públicos más dispares y heterogéneos. Paco de Lucía abrió con su virtuosismo, con su toque vorágine y brillantísimo, un camino insospechado para la guitarra flamenca, poniendo sus sones a tono con nuestra época sin perder legitimidad originaria. Y sin olvidar los precedentes, repetimos, Paco de Lucía, más que llevar a cabo una labor evolutiva, lo que ha realizado es una auténtica revolución. Y según Félix Grande: «En la música —y en la técnica— de Paco de Lucía hay muchas veces fiebre, angustia y desazón, cólera incluso, y hay siempre autoridad, dominio: pero nunca hay sosiego. Esa música, tantas veces apasionada e incluso ronca por la indignación puede ser también delicada, tierna, majestuosa; pero nunca apacible. En su discurso musical sobrevienen a veces estallidos de júbilo; pero, precisamente, no se trata de un júbilo tranquilo, sino de un júbilo que estalla; casi venal, provocativo y arrogante. Constantemente asoma en esa música la cara del consuelo; jamás del olvido. En la guitarra de Paco de Lucía circularmente existe, como un mitológico animal enjaulado, una memoria antigua que no se duerme nunca. Su técnica tumultuosa, y a menudo desesperada, no es solamente el resultado de muchas horas de digitación, sino también, y sobre todo, la herencia de una época en que un niño miró a su alrededor, vio su casa, su barrio, su familia, su realidad, apretó las mandíbulas y, agarrando con fuerza la guitarra, se dijo: Yo tengo que crecer.»
CURRO DE JEREZ es el nombre artístico de Francisco Fernández Loreto (Jerez de la Frontera, 1949). Hijo del cantaor El Sernita, debutó como profesional a los catorce años en el ballet de Antonio, que emprendía gira por Inglaterra y América. Con este mismo ballet participó en Festivales de España. Más tarde viajó por la Unión Soviética con la bailaora Blanca del Rey y por Japón con José Miguel. En 1982 actuó en París con Carmen Loreto, y realizó varias actuaciones en el norte de Francia, donde obtuvo un gran éxito de crítica. Obtuvo el primer premio de guitarra que otorga la peña flamenca jerezana Los Cernícalos. En 1984 dio un recital en el Aula Magna Pallazo della Cancillería de Roma. También en Italia acompañó a Enrique Morente en el homenaje al poeta Rafael Alberti. Ha actuado en la Cumbre Flamenca de Madrid, celebrada en el Teatro Alcalá Palace, en 1985 y 1986. Desde hace varias temporadas pertenece al elenco del tablao madrileño El Corral de la Morería. Está considerado un excelente y personal intérprete de su arte.
El guitarrista DIEGO DE MORÓN (Morón de la Frontera, 1947) se llama Diego Torres Amaya. Hijo de Joselero, cantaor, y sobrino del tocaor Diego el de El Gastor, de quien es discípulo, es también conocido por Dieguito del Gastor. Sus comienzos artísticos se desarrollaron acompañando el cante de su padre, para después realizar largas giras por distintos países extranjeros, pasando largas temporadas en los Estados Unidos. Actúa normalmente como solista, y entre sus más relevantes recitales, destaca el ofrecido en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, en 1984.
De Sevilla, nacido en 1949, y profesional a los doce años, el guitarrista RICARDO MIÑO ha estado ligado a elencos flamencos en giras por la geografía española y por países extranjeros, tanto como acompañante de figuras del cante y el baile, como en calidad de solista. Casado con la bailaora Pepa Montes, es su habitual acompañante en teatros y festivales. En 1971, le fue otorgado el premio Manolo de Huelva, en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, y en 1975, obtiene el premio de la Quincena Musical de París, a la mejor guitarra solista. Junto a su esposa, fue nombrado Trianero del Año 1985.
De Madridejos (Toledo), es el guitarrista FELIPE MAYA. Padre de Jerónimo, se inició profesionalmente a los doce años de edad, y en 1966 formó parte del elenco de Faíco, junto a Paco de Lucía, La Cañete, José Salazar, La Tati y otros destacados intérpretes, con los que viajó por gran parte de América. A su vuelta a España actúa acompañando al cante a Enrique Morente en el tablao madrileño Café de Chinitas, en 1974; pasa después al grupo de María Albaicín, durante dos años consecutivos, entre España y Méjico. Ha grabado en disco en diversas ocasiones, y desde 1980 trabaja en el tablao El Corral de la Morería de Madrid, participando en el conjunto de la bailaora Blanca del Rey. Entre sus actuaciones más representativas, cabe destacar su intervención en la III Cumbre Flamenca de Madrid, en 1986, con gran éxito y el reconocimiento de sus valores por la crítica especializada.
JOSE LUIS POSTIGO, sevillano de 1950, dejó de ser bailaor para hacerse un guitarrista muy solicitado para acompañar el cante y el baile a partir de los años ochenta. En 1983 obtuvo el premio de guitarra de acompañamiento en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba y el Nacional de la Cátedra de Flamencología.
Hijo de Melchor de Marchena, ENRIQUE DE MELCHOR, nació en Marchena (Sevilla), en 1951. Se inició artísticamente a los quince años en el Tablao Los Canasteros de Madrid, donde permaneció varias temporadas. Más tarde comenzó a alternar sus actuaciones en tablaos con elencos flamencos en gira por el extranjero, actuando en Japón, Argentina, Brasil, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Austria, Bélgica, Suiza, Italia, Irán y Estados Unidos, donde en el Teatro de la ONU, en Nueva York, junto a José Menese, intervino en un concierto de la Orquesta Nacional de España. Estas giras las ha realizado tanto como acompañante de grandes figuras, como también en función de solista, especialidad con la que ha participado en la Cumbre Flamenca de Madrid, en 1986, y en la I Semana Universitaria de Exaltación del Flamenco, también celebrada en Madrid, el mismo año. Es uno de los guitarristas más asiduos de los festivales andaluces y, en 1987, acompañó a José Menese en el acto Exaltación poética del flamenco, organizado en el Centro de la Villa de Madrid por la Junta de Andalucía, con participación de los poetas Antonio Hernández y Manuel Ríos Ruiz. Su discografía, junto a las principales figuras del cante actual, es muy amplia e igualmente ha grabado en solitario. Entre sus galardones destacan el Castillete de Oro de los Toques de Levante y el más importante en su género: el Premio Nacional de Guitarra de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez de la Frontera, correspondiente a 1979. Enrique de Melchor, dentro del panorama guitarrístico-flamenco actual, es una indiscutible primerísima figura en sus diversas facetas: compositor, solista y acompañante. Las composiciones melchorianas tienen la virtud de la justeza, son piezas bien medidas en su duración, para que el tema o el leitmotiv no se diluya, ni tampoco resulte reiterativo, sino para que se quede en quien lo percibe como una impresión sencillamente inolvidable.
PACO CORTÉS, guitarrista nacido en 1957, en Granada, ha participado en las obras de teatro flamenco Camelamos naquerar, Ay jondo, Macama jonda y otras, junto a Mario Maya. Desde hace unos años es el tocaor habitual de Enrique Morente, en recitales y festivales, tanto en España como en el extranjero. Ha realizado grabaciones discográficas acompañando el cante de El Lebrijano, Carmen Cortés y otras primeras figuras.
En Sevillla y en 1960, nació el guitarrista MANOLO FRANCO. Comenzó a los quince años tocando para bailar y en 1979 es primer premio de guitarra de Radio Sevilla. Su consagración tuvo lugar al obtener el premio Giraldillo del Toque de la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, otorgado por un jurado compuesto por Francisco Barba, Aniceto Barroso, Juan Habichuela, Rafael El Negro, Luis Caballero, Mario Escudero, Félix Grande, Paco de Lucía, Serranito, Eduardo Rodríguez, Manolo Sanlúcar y Francisco Vallecillo, y en competencia con los guitarristas Pedro Bacán, Tomatito, José Antonio Rodríguez y Rafael Riqueni. Ha ofrecido una serie de recitales en diversas ciudades españolas y extranjeras y realizado grabaciones discográficas tanto como solista como de acompañante de primeras figuras del cante, durante los años 1985 y 1986, destacando sus actuaciones en la Cumbre Flamenca de Madrid y en los festivales andaluces, de los cuales es figura destacada. Una sensibilidad musical y flamenquísima es lo primero que se denota al escuchar el toque de Manolo Franco. Después, inmediatamente después, se apercibe una sorprendente maestría y un dominio completísimo del instrumento y de su técnica. Y enseguida nos llega por los giros de su música algo todavía más valioso: la personalidad. Una personalidad fruto de una sevillanía tan espiritual como nacida de una vivencia asimilada y vivificada en los adentros. El esplendor que hoy goza la guitarra andaluza se refleja en los toques de Manolo Franco como en un espejo. La sabiduría de este tocaor viene de muy lejos, de toda la tradición, como es lógico, pero la abrillanta y la singulariza con su intuición musical y con sus naturales cualidades interpretativas. No cabe duda de que es distinto. Su colombiana es la belleza con mayúsculas.
GERARDO NÚÑEZ (Jerez de la Frontera, 1961) empezó su trayectoria guitarrística en actos organizados por la Cátedra de Flamencología, acompañando a cantaores como El Borrico, Terremoto, José de La Tomasa, Manolo Mairena, etc. En 1980 realizó una gira por Gran Bretaña y en 1981 por Japón, integrándose en 1983 en el Teatro Gitano-Andaluz, de Mario Maya, para seguidamente formar un grupo de arte flamenco con la bailaora Carmen Cortés. Ha actuado en diversos países europeos, ofrece conciertos y ha compuesto la música de diversos espectáculos y grabado varios discos. Con su primera grabación solista, Gerardo Núñez pone de manifiesto y confirma algo que ya había demostrado ante la afición flamenca, pero que no tenía hasta ahora la repercusión merecida: su personalidad artística y su capacidad creativa. El gallo azul es un disco que significa por lo tanto la revelación de un gran intérprete y a la par de un compositor nato de música flamenca, porque la guitarra de Gerardo Núñez, toda ella sutileza jonda, suena con distinción. Jerezano de cuna y crianza, el toque flamenco de Gerardo Núñez deviene de la escuela de Javier Molina. Y en sus orígenes y compás primigenios une toda su evolución y conocimientos musicales. El resultado es algo más que brillante, es un ejemplo claro y contundente de ese punto culminante que ha alcanzado en los últimos tiempos la guitarra flamenca como instrumento de concierto. Y el concierto que Gerardo Núñez nos ofrece está compuesto de tres bulerías, granaínas, tangos, verdiales, tanguillos, rondeña y soleá. Nueve toques que bastan y sobran para dejar patente la calidad de un artista que pese a su juventud es magistral.
PEDRO BACÁN fue el nombre artístico del guitarrista Pedro Peña Peña (Lebrija Sevilla, 1951-1997). Hijo de Bastián Bacán, de quien heredó el nombre artístico, y primo de El Lebrijano y Pedro Peña, es figura destacada en los festivales andaluces, ha acompañado el cante de las más significativas figuras en un gran número de grabaciones y ha interpretado las bandas sonoras de las películas Manuela y Desastre de la guerra de Marvin Albert. En 1980 fue el acompañante de Calixto Sánchez, ganador del concurso el Giraldillo del Cante de la I Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla; en este mismo año, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces, le otorgó el Premio Nacional de Guitarra Flamenca. El Departamento de Musicología de la Universidad de Washington le nombró profesor especial invitado en 1983, ofreciendo conciertos como solista en diversas universidades norteamericanas, teatros y en centros culturales. Entre los comentarios críticos que ha promovido su toque, transcribimos el siguiente: «Preciso en la ejecución porque sabe de los misterios del flamenco y musita mientras toca los tercios de las coplas; sabedor del camino completo, brillante en el dominio del instrumento, tanto en el pulgar que manda de arriba abajo persiguiendo el ritmo como en las escalas que suben y suben por las melodías». Murió en accidente automovilístico.
Miguel Vega Cruz, NIÑO MIGUEL (Huelva, 1952) es hijo de El Tomate. Se inició desde muy niño en su arte, alcanzando en 1973 el premio de honor del II Certamen Nacional de Guitarra Flamenca de la Peña Flamenca Los Cernícalos de Jerez de la Frontera. Participa en festivales y en sesiones de las peñas flamencas, tanto como acompañante como en calidad de solista. Entre sus actuaciones más significativas, destaca su intervención en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, en 1984. Ha realizado grabaciones discográficas. Está considerado uno de los tocaores más sobresalientes y personales de su promoción.
PERIQUÍN NIÑO JERO, es el nombre cartelero de Pedro Carrasco Romero, Jerez de la Frontera, 1954. Hijo de El Jero, se inició en las ventas jerezanas, acompañando el cante de El Borrico, Tía Anica La Piriñaca y otros cantaores de su tierra, para pasar después a los festivales andaluces y a diversos elencos artísticos, colaborando en los espectáculos Macama jonda y La tierra lleva el compás. En 1980 actuó en el tablao madrileño Los Canasteros y a continuación formó parte del grupo Los Montoyas, con los que ha actuado en la Cumbre Flamenca de Madrid, en 1986, así como en giras por el extranjero. Ha grabado en disco, y está considerado uno de los tocaores más destacados.
DIEGO CARRASCO FERNÁNDEZ (Jerez de la Frontera, 1954) es guitarrista y autor e intérprete de cantes y canciones. Conocido también por El Tate, se reveló en los tablaos madrileños, concretamente en Los Canasteros y La Venta del Gato, en 1979. Igualmente en los de Sevilla, donde actuó en 1981, en El Arenal. Alterna sus actuaciones en estos locales, con su participación en festivales y giras por el extranjero. Ha grabado en disco como acompañante y como solista, haciendo también de cantaor. El crítico Ángel Álvarez Caballero, ha enjuiciado su quehacer flamenco con las siguientes palabras: «Diego Carrasco es fundamentalmente guitarrista flamenco. Por lo menos, yo no le conocía hasta ahora (escribe en 1984) otra faceta. Un buen guitarrista y fundamentalmente un músico lleno de inquietudes creadoras, de querer salirse de las sendas trilladas, y que de cuando en cuando ha prestado su contribución a aventuras de este signo (...) y me parece un gran cantaor, con voz flamenquísima.»
ÓSCAR HERRERO es el nombre artístico de Óscar Luis Herrero Salinas. Tomelloso (Ciudad Real), 1959. En 1983 obtuvo el premio del certamen de guitarra de la Peña Flamenca Los Cernícalos de Jerez de la Frontera, y en 1986, el premio del Festival Nacional del Cante de las Minas, en la modalidad de guitarra solista. Ha colaborado en diversos conciertos con Serranito y Enrique de Melchor, y ofrecido recitales en centros culturales españoles y extranjeros, considerándosele uno de los más ciertos intérpretes de la guitarra flamenca de concierto.
QUIQUE PAREDES (Sevilla, 1955) con trece años realizó una gira por Holanda en la compañía del bailaor Curro Vélez. Giras que ha proseguido por diversos países extranjeros junto a las máximas figuras del baile flamenco: Matilde Coral, El Farruco, Pilar López y otras. Ha realizado grabaciones discográficas con los cantaores Paco Taranto, Peregil, Antonio Chacón y algunos grupos folklóricos. Forma parte de los carteles de los más significativos festivales andaluces y son numerosas sus actuaciones en peñas flamencas. Entre sus intervenciones más destacadas hay que reseñar su presencia en la II Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, en 1984, y en la III Cumbre Flamenca de Madrid, en el Teatro Alcalá Palace, en 1985. En el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, correspondiente a 1986, mereció un primer premio. Está considerado uno de los más sobresalientes guitarristas de su generación.
MORAÍTO (Jerez de la Frontera, 1956) se llama Manuel Moreno Junquera. Hijo de Juan Morao y sobrino de Manuel Morao, se inició muy niño en los espectáculos Jueves flamencos de su ciudad natal. En 1980 figuró en el elenco del tablao madrileño Los Canasteros, local al que volvió en 1985, para pasar en 1986 a La Venta del Gato, alternando estas actuaciones con su participación en festivales y en peñas flamencas. Ha obtenido dos veces el premio máximo del Concurso Nacional de Guitarra Flamenca de la Peña Los Cernícalos de Jerez de la Frontera, en 1972 y 1986, respectivamente. En 1984, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de su ciudad natal le otorgó la Copa Jerez. Entre sus actuaciones más significativas, anotamos su intervención en la III Cumbre Flamenca de Madrid, que tuvo lugar en el Teatro Alcalá Palace, en 1986. Está considerado uno de los más sobresalientes tocaores de su promoción y sigue la escuela guitarrística jerezana. Ha grabado sus conciertos y realizado largas giras acompañando el cante de José Mercé.
Manuel Fernández Castro (Ecija, Sevilla, 1957) se anuncia como MANUEL DE PALMA, nombre originado por su residencia en Palma del Río (Córdoba). Se inició en las sesiones prácticas de las peñas flamencas cordobesas y en los festivales de la zona, para pasar seguidamente a actuar en numerosos festivales andaluces, acompañando a relevantes figuras del cante. Discípulo de Diego del Gastor, sigue la escuela tocaora del gran maestro de Morón. En 1986 obtuvo el premio de acompañamiento del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba. Ha realizado grabaciones discográficas y entre sus más significativas actuaciones cabe señalar su participación, en 1984, en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla.
Natural de Almería (1958), el guitarrista José Fernández Torres, TOMATITO, se hizo popular acompañando a El Camarón de la Isla en sus últimos años. Después emprendió una trayectoria como solista que cuenta con el favor de los públicos tanto españoles como extranjeros.
El guitarrista RAFAEL RIQUENI (Sevilla, 1962) se reveló artísticamente en 1977, al obtener los dos premios más importantes de su género, el del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba y el de la Peña los Cernícalos de Jerez de la Frontera, galardón este último que volvió a merecer en 1981. En 1984, resultó finalista del concurso El Giraldillo del Toque de la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla. Ha ofrecido recitales en toda España y en distintos países extranjeros. Es el toque de Rafael Riqueni originaria y originalmente sutil, un toque de guitarra que nos llega y emociona por su singular y artística sutileza, a través de una delicadeza enmagiada y de una interpretación tan sorprendente como sugeridora.
Daniel Navarro Garrido, NIÑO DE PURA en los carteles, es sevillano, nacido en 1967. Discípulo de Manolo Sanlúcar, este guitarrista fue premiado en 1979 en el certamen de guitarra flamenca de la Peña Flamenca Los Cernícalos de Jerez de la Frontera, iniciando su participación en festivales y actuaciones en peñas flamencas. En la Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, correspondiente a 1984, se le concedió el primer premio de jóvenes intérpretes. Alterna sus recitales como solista, con el acompañamiento de figuras del cante, especialmente de Juanito Valderrama, con quien ha realizado una gira por toda Andalucía, y a quien acompañó con su toque en la II Cumbre Flamenca de Madrid, en 1985. Está considerado uno de los más destacados guitarristas de su promoción.
La más reciente revelación de la guitarra flamenca la constituye VICENTE AMIGO (Córdoba, 1967). Premiado en los principales certámenes, ofrece sus composiciones en sus continuos conciertos por España y el extranjero.
Otros destacados guitarristas que han surgido últimamente como solistas y compositores o acompañantes del cante y el baile, son ANTONIO JERO (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1957); MARIO CORTÉS (Vélez Málaga, Málaga, 1958); CARRETE (Málaga, 1960); PEPE JUSTICIA (Mancha Real, Jaén, 1960); FERNANDO MORENO (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1960); MONTOYITA (Madrid, 1961); CARLOS HEREDIA (Sevilla, 1961); JOSÉ LUIS MONTÓN (Barcelona, 1962); EL VIEJÍN (Madrid, 1962); JUAN CARMONA (Lyon, Francia, 1963); PEPE NÚÑEZ (Madrid, 1963); ANTONIO CARRIÓN (Sevilla, 1964); JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ (Córdoba, 1964); RAMÓN JIMÉNEZ (Santoña, Santader, 1964); JUAN CARLOS ROMERO (Huelva, 1964); PACO SERRANO (Córdoba, 1964); ANTONIO HIGUERO (Jerez dela Frontera, Cádiz, 1965)); EL MAMI (Madrid, 1965); ADAM DEL MONTE (Israel, 1966), PACO JARANA (Dos Hermanas, Sevilla, 1966); MANUEL SILVEIRA (Córdoba, 1966); PAQUETE (Madrid, 1966); JUAN MANUEL CAÑIZARES (Sabadell, Barcelona, 1966); PEDRO SIERRA (Hospitalet, Barcelona, 1966); ANTONIO REYES (Barcelona, 1967); RAMÓN TRUJILLO (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1967); EL BOLA (Madrid, 1967); JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ (Ceuta, 1967); BASILIO GARCÍA (Madrid, 1968); CHICUELO (Barcelona, 1968); MANUEL PARRILLA (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1969); MANUEL DE MARÍA (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1970); JUAN DIEGO (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1969); ALFREDO LAGOS (Jerez de la Fronera, Cádiz, 1971); FRANCISCO JAVIER JIMENO (Estepona, Málaga, 1971); CANITO (Barcelona, 1971); EL CHAPARRO DE MÁLAGA (1971); JOSÉ CARLOS GÓMEZ (Algeciras, Cádiz ,1972); MIGUEL ÁNGEL CORTÉS (Granada, 1972); JUAN CARLOS GÓMEZ (Madrid, 1973); BOLITA DE JEREZ (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1974); NIÑO JOSELE (Almería, 1974); DIEGO AMAYA (Córdoba, 1974); JOSÉ JUAN PANTOJA (Málaga, 1974); MARIO MONTOYA (1974); CARLOS PIÑANA (Cartagena, 1976); JERÓNIMO (Madrid, 1977); JESÚS JIMÉNEZ (Madrid, 1978); DAVID CASARES (Estepona, Málaga, 1980); RAYITO (Madrid, 1983); DAVID CARMONA (Granada, 1985); y JAVIER CONDE (Cáceres, 1989), entre otros.
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