CHICUELO. DIAPASÓN. Flamenco-Productions, 2007
Norberto Torres Cortés
(publicado en El Olivo nº 154, marzo-abril 2008).
Entre los guitarristas más interesantes actualmente, es preciso escuchar sin falta lo que hacen jóvenes catalanes como Juan Manuel Cañizares, José Luis Montón, Juan Ramón Caro o Chicuelo. Por varios motivos.
Primero porque Barcelona y su región han sido siempre una referencia en la historia de la guitarra “clásica” con nombres como Fernando Sor, Miguel Llovet o Emilio Pujol por citar a los más célebres. Luego flamenca con los Miguel Borrull (padre e hijo), Paco Aguilera, Paquito Simón, Rafael Nogales, José Sierra Prats, Andrés Batista, Tito Soler o Diego Cortés. ¿Quién no se acuerda de las imágenes terribles de Carmen Amaya bailando acampañada por la guitarra de Andrés Batista en la película “Montoya y Tarantos” de 1962?
Entre la nueva generación de excelentes flamenquistas catalanes, Juan Gómez “Chicuelo” (Barcelona, 1968) es con tada seguridad uno de los más brillantes. Primero porque ha seguido y sigue siempre el recorrido necesario para ser concertista y que consiste en acompañar el cante y el baile. No es una casualidad si su guitarra aparece en la mayoría de los discos de cantaores como Duquende, Miguel Poveda, Mayte Martín, Tijeritas, La Tolea, Juanelo, etc. Luego porque no se ha dejado atrapado por el ritmo sin aliento que impone actualmente la industria del disco y que en su caso graba como solista solo cuando realmente tiene algo que decir.
Es el caso con “Diapasón”, que aparece ocho años después de su primer opus “Cómplices” (Harmonia Mundi, 1999). Une con fortuna las diferentes influencias musicales que un músico de esta ciudad cosmopolita del Mediterráneo puede escuchar hoy allí. La de Paco de Lucía claro, inevitable, que encontrarán en la parte menor de la buleria “Somorrostro” y particularmente en la colombiana “Sambiana”. Guiño al “Monasterio de Sal” grabado en 1981, que Juan tiene el buen gusto de releer dándole un aire de samba muy flamenco a la Baden Powell. La de Tomatito que apreciamos en la rumba “Crema catalana”, con estos mordentes característicos en la melodía que Tomate llama “detalles tomateros”, pero que Chicuelo integra perfectamente en la tradición de la rumba catalana. La de Vicente Amigo en la nana “Diego”. Otra vez un guiño a los boleros flamencos que Vicente dedica a sus hijos. ¿Qué mejor para dormir a los bebés que su guitarra flamenca? Pero también en los fandangos de “Huelva” y en la granaína “Alalhambra”, el Chicuelo más cercano a Vicente que he podido escuchar hasta ahora. Por fin Juan Gómez “Chicuelo”, guitarrista flamenco empapado de toda la tradición jazzística y lírica de Barcelona y de las búsquedas de fusiones que los flamenquistas de esta ciudad han apreciado siempre y probado. En la buleria “A tres”, una manera flamenca y personal de evocar la guitarra de Django, el violín de Grapelli, et un joven cantaor icono “Nuevo flamenco”, Ray Heredia. Por fín en la soleá por bulería “El Mirador”, un último guiño al “Tío-abuelo” Miles Davis, pero que Chicuelo tiene siempre el buen gusto de insertar en la tradición del jazz catalán, al fín al cabo una de sus raíces musicales, con el flamenco.
En resumen, un disco excepcional de la guitarra de ahora, la que busca nuevas vías siendo flamenca. Chicuelo sabe muy bien dónde se situa musicalmente, y la manera de construir lentamente, cual arquitecto artesano, los pilares de piedras del flamenco de mañana.
Norberto Torres Cortés
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