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Para nadie -mucho menos para los aficionados- puede ser un misterio que en nuestra América Latina la guitarra flamenca vive desde hace un par de décadas un proceso no solo de crecimiento, sino también de renovación, de actualización y de fortalecimiento. Sabemos de buenos guitarristas jóvenes (cuando digo jóvenes me estoy refiriendo a aquellos que en la actualidad no superen los treinta años) en Perú, Brasil, Chile, Argentina, Venezuela, Costa Rica, Cuba y México. El flamenco descubre y hace descubrir los lazos hereditarios y, especialmente a través del baile y de la guitarra, gana terreno y se posiciona favorablemente en muchos países. Muchos noveles tocaores viajan a España y se apuntan a los cursillos que cada verano se ofrecen allí y se perfeccionan no solo por medio de las clases dictadas por nombres ilustres, sino también gracias a la interrelación con sus similares españoles y europeos en general. Incluso algunos hasta adquieren allí instrumentos de indudable mejor calidad que los que pueden encontrar en sus tierras natales, sin olvidar que en América (América es el nombre de tres continentes y no solo de un país que insiste en llamarse así en exclusiva) la guitarra es el instrumento más popular y que hay excelentes constructores, llegando a existir en México, en el estado de Michoacán, un pueblo llamado Paracho, donde la construcción de guitarras es la actividad fundamental. Hasta aquí, todo es sumamente positivo. Pero se advierte una situación que, a mi entender, sin ser lo que podríamos denominar negativa, puede inducir a un error conceptual que es bueno corregir a tiempo : los jóvenes guitarristas flamencos parecen creer que la cosa consiste en tocar, lo más fielmente posible, la música de Paco de Lucía, Tomatito y, ahora, Vicente Amigo. El que no toca eso, parece que está despistado. Y el que toca eso, se siente un flamenco completo. Ni lo uno ni lo otro. Tocar la música de los artistas que se admira, es una opción sobradamente válida toda vez que constituyen el modelo a seguir y a imitar. No vamos a descubrir ahora que la música de Paco o la de Vicente son un arte superior. La concepción que ellos tienen a la hora de componer, no es la de "coser" falsetas, una tras otra, que nada tienen que ver entre sí, como era la usanza antigua. No, lo que ellos hacen es desarrollar cada idea, cada tema, hasta exprimirlo casi por completo. Su música es, definitivamente, de una complejidad arquitectónica espléndida. Más aún, conocí a Vicente Amigo cuando él tenía 15 años y entonces tocaba solo piezas de Paco. Y vean dónde está hoy. Por cierto, aquél que es capaz de reproducir con éxito las falsetas de los grandes guitarristas de hoy, viene a ser una promesa de muy buen pronóstico. Pero ¿basta eso para convertirse en una realidad? No lo creo. Tradicionalmente, en el mundo de la guitarra flamenca se busca llegar a tocar la propia música, a decir las propias cosas. ¿No fue eso lo que Sabicas le aconsejó a Paco de Lucía en Nueva York cuando Paco era solo "Paquito", un niño que tocaba bien para su edad? Y vaya si tomó el consejo : más tarde cambiaría la historia. Porque, me pregunto, en el mundo del flamenco ¿cuál es el sentido de poner las mejores energías en tocar, mejor o peor, aquello que es el resultado de la inspiración de otra persona, de los sentimientos, las experiencias y las vivencias de otra persona? Esa es la norma en el universo de la música mal llamada "clásica", donde, por muchas razones, resulta que los más no componen y tocan las obras de los menos. Pero en la música de guitarra flamenca, la historia ha demostrado y establecido que los parámetros son otros. Manolo de Huelva no aceptaba tocar si estaban presentes otros guitarristas para que no le robaran sus falsetas, o sea, estaba cautelando de manera algo paranoica, claro, su patrimonio creativo. Niño Ricardo influyó decisivamente en la formación de Paco, Manolo Sanlúcar y muchos otros de esa generación, porque la música que construyó era estupenda. Qué podríamos decir del maestro Sabicas, que, de una u otra forma, ejerció influencia en todos y no solo por su técnica incomparable sino por el arte inmenso que hay en su música.. Diego del Gastor, sin ser exactamente un virtuoso, se transformó en un verdadero icono gracias a su original y personalísima manera de tocar en solitario y para acompañar el cante. Serranito buscó y encontró su propio idioma musical, muy flamenco y muy virtuoso y marcó también un hito, y otro tanto hizo en su tiempo Niño Miguel y lo mismo hacen todos, todos los que hoy tienen su propio sitial en el amplio universo de la guitarra flamenca. De acuerdo : Paco tocaba solo las falsetas de Ricardo, de la misma manera que Vicente tocaba las de Paco, pero ambos llegaron pronto a encontrarse a sí mismos, en un lenguaje personal reconocible apenas a la primera falseta. No desconozco la validez que, como opción de crecimiento y desarrollo, tiene el hecho de tocar la música de ellos o de quien sea que se tome como ejemplo. Lo que me preocupa, es que si no se trabaja con fuerza en pro de ver llegado ese momento trascendental en que empiece la búsqueda de la propia identidad guitarrística en el idioma flamenco, corremos el riesgo de que el toque se vea clonado de la misma manera que hoy se ve el cante de Camarón en muchas voces de buen nivel que, aunque lo nieguen, están transformándose en subsidiarias de un producto completamente irrepetible.
En el arte, ser original no es un riesgo : es un deber. Y no por asegurar
un éxito que, en el más estricto rigor corresponde a otro, resulta aconsejable
dedicar los mejores esfuerzos a "tocar idéntico" a éste o aquél, renunciando,
de paso, a la maravillosa aventura de preguntarse qué tiene uno para decir
a través de la guitarra flamenca. |
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