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"REFLEXIONES"
Sobre el Presente de la Guitarra Flamenca.-
por Carlos Ledermann.
"Hay que darle un empujón a la guitarra flamenca
porque estamos ahora mismo en situación de desventaja
con el cante y el baile. Nuestra generación le hemos
dedicado la vida a la guitarra de concierto, a investigar,
somos el motor que mueve el flamenco y sin embargo
estamos relegados a una posición de desventaja en la
programación de los festivales".
Gerardo Núñez en revista Alma 100, Nº 39, Diciembre de 2002.-
Me resulta tonificante leer una declaración como ésta en cualquier circunstancia,
pero en particular cuando proviene de alguien como Gerardo Núñez, un guitarrista
que conforme avanza va dejando una estela imborrable en virtud no solo
de su magistral toque y composición, sino también de su buen juicio artístico
y la consistencia de sus posiciones personales, que expresa generalmente
con la decisión propia de quienes tienen algo que decir más allá de lo
que diga su guitarra.
Si el lector me lo permite, quisiera abordar esto que ha dicho Núñez parte
por parte.
"Porque estamos ahora mismo en situación
de desventaja con el cante y el baile"
Creo, sinceramente, que esta situación no es solo de ahora mismo. Más
bien me inclino a pensar que es de toda la historia conocida desde que
la guitarra irrumpe en el flamenco. Los investigadores, los tratadistas,
los conferenciantes, los panelistas, los partidarios y los detractores
del flamenco han basado en el cante sus ponencias escritas u orales, de
modo exageradamente mayoritario. Así, parece que la condición de "hermano
mayor" que el cante ostenta por haber sido el primero en ver la luz, redundara
en un evidente desmedro de la guitarra y el baile y tal condición de primogénito
lo transformara en el tema único en torno al cual debiera girar el mundo
del flamenco de aquí a la eternidad.
Da la sensación de que aún habiendo estado allí por tanto tiempo secundando
al cante, brindándole su apoyo rítmico-armónico y su amplia paleta de
colores, la guitarra fuera un tema siempre postergado para cuando alguien,
otro, se haya tomado la molestia de investigar y traer al primer plano
que merece a este instrumento que sin embargo ha sido imprescindible para
todo cantaor cabal. Hoy día, tenemos la suerte de encontrarnos con que
más de alguien se ha tomado ya la citada "molestia" y lo ha hecho con
un amor y un empeño que no puede quedar tan relegado como el tema en sí
mismo y ahí están Félix Grande, José Manuel Gamboa y Norberto Torres Cortés,
por citar solo a tres estudiosos que han dedicado muchas horas, mucho
esfuerzo y muchas páginas a rescatar y realzar la figura y la función
de la guitarra en el flamenco de antes y de ahora.
Pero el problema no es solo del cante : ocurre que también está el baile
y sus características y con demasiada frecuencia la desidia de los programadores
de espectáculos, festivales y temporadas, los productores de grabaciones
y los encargados de la gráfica. Está claro que como espectáculo, un guitarrista
tocando en solitario no puede competir con el colorido y las variantes
escénicas -y por tanto visuales- del baile. De hecho, visto así resulta
que un cantaor tampoco puede hacerlo, pero unos y otros necesitan que
atrás o a la izquierda haya una buena guitarra. Para mí, en lo personal,
uno de los ejemplos más dramáticos de esta postergación está en la reedición
de un disco llamado "Viejo Cante Jondo" de Agujetas : en el exterior de
la carátula no aparece el nombre del guitarrista que le acompañó en el
parto de tan estupenda grabación y en la placa tampoco se le menciona.
Solo en la parte baja del interior de la carátula, en la descripción del
repertorio, se lee en caracteres increíblemente, ofensivamente diminutos
: guitarrista: Manolo Sanlucar, y si ocurriera que usted no advirtió esas
palabras ahí abajo, solo gracias a una mención, una, que aparece en la
reseña de Manuel Ríos Ruiz, usted recién se enteraría de que las falsetas
maravillosas que está escuchando arropar el fantástico cante de Agujetas
las está tocando un guitarrista al que no vamos a descubrir ahora y que
merecía, por decir lo menos, unas letras de mejor size.
Es curioso (estoy usando una palabra casi benevolente) ver que muchos
cantaores no saben una palabra de la guitarra que le acompaña, nunca se
acercaron realmente a ver de qué se trataba y solo les interesa que suene
bien, tenga la cejilla donde le acomoda y que no le tape. Por cierto los
ha habido que incluso la tocaron con fortuna, pero estadísticamente son
un grupo minoritario.
Incluso, cuando en la revista de la que he sacado el tema, Alma 100, en
la sección "Los Flamencos Recomiendan", que tiene que ver con discos,
es posible ver que cuando se le pregunta a cantaores, casi siempre ellos
solo recomiendan discos de cante y casi nunca de guitarra. Pareciera que
la guitarra no existe y si existe es apenas un accesorio sin más importancia
que el micro, la silla o las luces. En esto, lo reconozco, la gente del
baile es más generosa, tal vez porque a ellos la guitarra les importa
tanto como el cante y no menos que aquél.
Pareciera que un disco de guitarra flamenca o un concierto a cargo solo
de un guitarrista es algo inconcebible. Y vaya si es concebible : hoy
la guitarra flamenca recorre el mundo en manos de sus mejores exponentes
y es mucha más la gente que se acercó al flamenco a partir de un recital
de Paco de Lucía en Ankara, Nueva York o Andorra, que la que lo hizo a
través del cante. Más aún, son muchísimos los que vinieron a descubrir
el cante porque Paco llevaba un cantaor en su grupo, vaya cosa...
Por supuesto que estamos en una situación de desventaja con el cante y
el baile : negarlo sería un acto de total e irreversible ceguera. Pero
a menos que tal ceguera se verifique y lo impida, mire usted la gráfica
de revistas, convocatorias, afiches, logotipos, insignias de peñas flamencas,
premios, portadas de libros y discos, folletos de tiendas especializadas,
restaurantes, colmaos, bares de tapas y casi todo lo relacionado con el
flamenco y dígame ¿qué ve? No, no me lo responda a mí : por favor solo
piénselo usted un momento, saque sus conclusiones y confróntelas con la
realidad histórica de la guitarra flamenca. Le quedaré muy agradecido.
Cito nuevamente a Gerardo Núñez :
"Nuestra generación le hemos dedicado la vida
a la guitarra de concierto, a investigar,
somos el motor que mueve el flamenco"
Gerardo es aún un hombre joven y por eso entiendo que hable de su generación,
pero opino que desde la anterior esto ya venía ocurriendo. La guitarra
flamenca de concierto no es una alternativa nueva : Ramón Montoya ya daba
conciertos de guitarra a comienzos del s.XX y nadie podrá poner en duda
la condición de investigador que Don Ramón debió tener para llegar a dar
conciertos como solista. Tampoco se puede cuestionar la misma característica
en Ricardo y Sabicas, este último en particular pues llegó a tocar flamencamente
músicas latinoamericanas y para eso, antes tuvo que escucharlas, luego
meterlas en su guitarra y transformarlas a su aire y eso también es investigar
y recopilar. Y luego Don Paco, Don Manolo, Don Serranito y un largo etcétera.
Lo cierto es que gracias a ese afán investigativo, sumado a una técnica
descomunal y una inventiva musical de privilegio, los guitarristas de
la generación de Núñez han hecho y propuesto cosas que a los conservadores
les produce, con frecuencia, una reacción casi alérgica porque siguen
sosteniendo que la guitarra nació para acompañar el cante y ni un solo
objetivo diferente le reconocen. De hecho, cualquier estudiante, aprendiz,
aficionado o profesional de la guitarra flamenca sabe hoy de guitarra
y de música, atención por favor, de música, largamente más que sus similares
de toda la historia. Y siguen siendo el motor que mueve al flamenco ¿por
qué? Simple : porque se puede cantar sin guitarra, se puede bailar sin
cante, pero ocurre que un guitarrista debe ser capaz de tocar para el
cante, tocar para el baile, conocer y hacer la diferencia y encima tocar
solo (aunque no sea solista) cuando debe preparar la entrada de uno u
otro. Y por último, porque -repito- se puede cantar y bailar sin la guitarra
pero ¿por tiempo indefinido, en un escenario...?
Cito a Núñez por última vez :
"y sin embargo estamos relegados a una posición
de desventaja en la programación de los festivales"
Es que no puedo estar más de acuerdo con el maestro jerezano, pero yo
agregaría que no es solo en los festivales sino en la programación de
la inmensa mayoría de las actividades flamencas. De un tiempo a esta parte
es posible ver que en actividades de peñas, léase homenajes, actuaciones
de calendario y afines, se otorga al toque solista un espacio. Casi siempre
esto es abriendo la velada, cuando todavía se desacomodan los puntuales
para que tomen asiento los impuntuales y casi siempre también, un par
de temas y nada más, porque viene el cante, al que muchas veces acompañará
el mismo guitarrista que abrió en solitario y entonces ese "permiso" para
hacer un par de toques no es muy diferente a un preliminar de juveniles
antes del partido oficial. O sea, la guitarra todavía no tiene el sitio
que merece, aún reconociendo que ahora algo puede hacer.
Toda la razón, maestro Núñez : hay que darle un empujón a la guitarra
flamenca. Un empujón más, otro empujón, en fin, que esa es la forma en
que la guitarra parece haber ido ganando los pocos espacios que tiene
: a empujones. Por paradójica contrapartida, en los festivales, encuentros
y temporadas que se organizan fuera de España, la guitarra tiene un escaparate
de privilegio, siempre hay al menos una parte considerable, la mitad de
una velada cuando no una velada completa, dedicada a ella. Tal vez sea
por eso que es difícil escuchar allí a tantos de los que uno escuchó en
otro sitio.
Podría seguir, pero no quiero abusar. De antemano, gracias por pensar
en esto.
Carlos Ledermann
Especial para "Triste y Azul"
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