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Manolo Sanlúcar,
la maestría de un premio nacional de música.
Articulo
publicado en ABC De Jerez del día 11/07/2001.
por
José María Castaño.
El
flamenco encuentra más apego a las familias humildes porque, de
alguna manera, sus miembros son su mejor cauce de expresión. Manuel
Sánchez nace en Sanlúcar de Barrameda en 1943 y recibe sus
primeras lecciones guitarrísticas de ese gran aficionado que es
su padre, panadero de profesión y tocaor por vocación que
fuera discípulo de Javier Molina. Quien tocaba sus falsetas al
atardecer más bello en Doñana.
Manolo debuta de manera profesional siendo muy joven. Tan sólo
con 14 años de edad, se enrola en la compañía de
Pepe Marchena, recomendado por Pepe Pinto. Lo que demuestra el grado de
perfeccionamiento que tiene a esa corta edad.
Sus primeras grabaciones son acompañando a distintos cantaores
con los que coincide en el tablao de «Las Brujas» en Madrid a finales
de los sesenta: Pepe Pinto (1962), Amador (1963), Antonio Canillas (1964),
La Paquera de Jerez (1965, 1967, 1970), María Vargas y Chato de
la Isla (1968), Porrina de Badajoz (1968,1970) y Agujetas (1970). Aparte
de su colaboración en distintos grupos rocieros como Los Choqueros.
Tras la frontera de los setenta inicia una impresionante carrera como
solista y compositor, donde va a combinar de manera extraordinaria las
raíces más flamencas con ciertos recursos cultos de Falla
o Albéniz o de compositores dieciochescos. Lo que resume en «Sanlúcar»
(1974), «Sentimiento» (1976), «Y regresarte...» un homenaje a Miguel Hernández
(1978). Su interés por lo clásico (Javier Molina también
lo tenía en cierto aspecto) lo plasma con acompañamientos
instrumentales en «Fantasía para guitarra y orquesta» (1978), estructurada
en cuatro movimientos, «Trebujena» (1984) un concierto en re menor, «Testamento
Andaluz» con textos de Antonio Gala (1985) y en el mismo año estrena
«Medea» para el Ballet Nacional de España.
Aparte de otra serie de obras, una de las más señaladas
es «Tauromagia» (1998), una peculiar visión de la lidia a través
de las seis cuerdas, y recientemente «Locura de Brisa y Trino» donde el
sanluqueño perpetúa su incesante búsqueda de las
armonías flamencas.
En virtud de esta impresionante trayectoria ha recibido recientemente
el Premio Nacional de Música. Dedicado, según él
mismo, como un sacerdote a la guitarra, encuentra en la paz de Sanlúcar
ese rincón mágico donde lo místico surge con mayor
intensidad.
Ya lo dijo el experto: «Manolo es un espíritu romántico
que busca una perfección idealizada y piensa haberla encontrado
en la musa andaluza».
Quizás esto tenga que ver con el olor a pan o esa especial sensibilidad
que tienen los hermanos sanluqueños justo donde el río grande
se muere.
José María Castaño.
Jerez, 11 de julio
de 2001.
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