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Gerardo
Núñez, la guitarra
jerezana más universal.
Articulo publicado en ABC De Jerez.
por José María Castaño.
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Con
motivo del artículo «Tío Borrico de Jerez, la queja verídica del cante»
publicamos una foto de Gerardo muy jovencito acompañando al patriarca.
Lo que quiere significar, entre otras cuestiones, que lo de Gerardo no
es de ayer por la tarde y, lo que es más importante, acompañar a ese artista
y a otros como Terremoto o El Serna, un certificado de garantía para toda
la vida.
Pero pronto, aquel joven se marcharía bien lejos confundiendo los neones
de Madrid con las estrellas de su infancia para tomar un vuelo en solitario
con las alas de su guitarra.
Y sería allí, con las lecciones bien aprendidas, donde iniciaría una incesante
búsqueda hacia los horizontes imprevisibles que la guitarra actual propone
sin descanso. Sus contactos con el jazz le recuerdan ciertas formas flamencas
que dan rienda suelta a la improvisación.
De esta manera, sorprende a todos con su primera producción discográfica
titulada «Gallo Azul» (1987), donde el recuerdo perenne de Jerez -Rafael
del Águila o Paco Cepero- es conjugado con el mestizaje musical: aires
orientalizantes, jazzísticos, de bossa nova y clásicos.
No obstante, su espíritu es inquieto y si la gran urbe madrileña lo coloca
en un gran cruce de caminos, siente la necesidad de perderse aún más entre
las arterias de seis vías, el asfalto y las estaciones de metro que gritan
fuego por sus bocas. Esta quimera desemboca en «Flamenco en Nueva York»,
inspirado en el Lorca que asfixiaba sus verdes olivares entre rascacielos.
Sus falsetas se convierten tan sofisticadas como su compromiso con la
vida moderna de un poeta cuyas plumas son las cuerdas de su sonanta.
Pero, el jerezano, se encuentre en la latitud que se encuentre, siempre
está en un permanente retorno hacia la esencia olorosa de sus patios.
Esta vuelta al origen lo plasma en «Juncal» (1994) una palabra tan castiza
como tradicional que le devuelve el entusiasmo por la utilización de armonías
flamencas.
Su última obra «Calima» (1999), junto a músicos como Patituci, es un compendio
de todo su voluptuoso interior que lo mismo sueña con Tío Borrico que
se pierde en la Quinta Avenida.
Durante este mes de julio, y en su residencia sanluqueña, Gerardo se dedica
a ofertar una serie de cursos que cada año ganan en aceptación. Al final,
el flamenco siempre vuelve a los aromas que lo hacen sentir en profundidad.
Como Gerardo.
José María Castaño.
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