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El final del verano 2003 sorprendió a Almería y a sus aficionados con una consternante noticia. Víctima de un infarto, acababa de fallecer José Santiago Santiago "El Negrillo". Solo tenía 47 años, solo la "guitarrica" para buscarse la vida, la venta de lotería por el Paseo de Almería, y alguna que otra venta de ropicas por los mercaíllos. Consternación entre los amigos, los vecinos, los conocidos, entre la familia ¿Cómo se podía ir tan pronto una "buena persona", discreto y humilde como él solo, amigo de sus amigos, de su sonanta y del Arte Flamenco con mayúscula, aquel que va más allá de una dedicación y contemplación estética y se convierte en forma de ser y estar en la vida? Pertenecía José a la nómina de artistas locales, los que por circunstancias de la vida o voluntad propia, han preferido y prefieren el calor del barrio y de la familia, la seguridad de una comunidad a escala humana y de unas calles pateadas, al riesgo y la inseguridad de dejar a los suyos e intentar hacerse un sitio entre los profesionales de primera línea, y perderse quizás para ello en el laberinto de la selva urbana. Los que se mueven en las aguas profundas del flamenco saben que en el fondo del pozo brillan unas estrellas especiales. Muy lejos de la superficie, de los cambios de temporales, de la luz que deslumbra, apenas se mueven allí abajo. Primer haz en la oscuridad de los orígenes, alumbran zonas todavía preservadas, de difícil acceso. Quizás este lenguaje metafórico ayude a entender lo que ha sido y es el Negrillo para los aficionados de Almería. Los que han tenido la suerte de estar horas con él y escucharlo expresar por bulerías, tangos, soleares o tarantos sus vivencias, las de la dura lucha cotidiana por la supervivencia y sacar adelante una familia numerosa, saben que su pulgar espectacular no era solo el resultado de una pasión por la guitarra, que sus rasgueados eran algo más que la expresión de un toque airoso, que sus ocurrencias e intuición tenían todo el viso de ser un desahogo urgente ante situaciones límites, que la sonrisa y el trato exquisito eran la cara amable que él había elegido compartir con los demás para no molestarles con la oscura desesperación de más de una desgracia. El Negrillo, tremendamente humano y por ello tremendamente flamenco, coherente con su pasión por la bajañí y con su dignidad de hombre sencillo, coherente consigo mismo y con los demás. El Negrillo, un artista puro que se nos fué y deja el fondo del pozo flamenco de Almería húerfano. Norberto Torres Cortés Articulo Publicado en "El Olivo" en su número de Enero 2004.- Nota del Editor: El mismo día del desgraciado acontecimiento, yo me encontraba en Granada precisamente para reunirme con Norberto, autor de esta nota, y ese mismo día, en el Albayzin, Tomatito daba un Concierto con otros artistas en el cartel, uno de ellos el excelente bailaor Juan de Juan. La cita con Norberto y Curro del Realejo la cumplimos, acudimos a ese escenario majestuoso del Albayzin para el Concierto de Tomatito también muy afectado por la noticia, tanto es así que tocó muy poco y nada, únicamente para cumplir como buen profesional, una vez terminado el Concierto bajamos andando desde lo más alto, por esas calles impregnadas por el olor a Dama de Noche tan característico del lugar, era muy avanzada la madrugada, al llegar al centro de Granada encontramos a Tomatito que estaba esperando ver algún conocido para irse a su Almería, no se encontraba en condiciones mentales por lo afectado para irse solo a dar el presente en la despedida al "Negrillo" ya que desde muy chico mucho lo escuchó y aprendió de él por lo que le tenía mucho cariño, y así fué, Norberto con Tomatito y otro amigo común que estaba con nosotros, en ese mismo momento se fueron para despedir los restos del gran amigo y maestro. (Manolo Chilla) No queriendo dejar esta nota solamente con texto, el amigo Norberto Torres Cortés, nos entrega de su colección privada, estas falsetas, propias del "Negrillo", falsetas cortas pero dignas de un flamenco de raza.
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Norberto Torres Cortés.
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