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FLAMENCO. GUITARRA GITANA. EL NIÑO MIGUEL. Transcripciones de Alain Faucher, Affedis, Paris, 2004 por Norberto Torres Cortés. En plena euforia popular por la
guitarra flamenca con las rumbas Entre dos aguas de Paco de Lucía y Caballo
negro de Manolo Sanlúcar, a mediados de los años setenta del siglo
pasado irrumpía un joven tocaor gitano apodado El Niño Miguel. Oriundo de
Huelva pero hijo de Miguel “El Tomate de Almería” y por ello tío de
Tomatito, su bajañí sorprendía por la rabia e ímpetu de su toque.
Bocanada de aire gitano, este soberbio brío, casi insultante, marcó otra
forma de respirar rítmicamente por bulería, maneras que no tardaron en
recoger gitanillos también callejeros como los hermanos Amador (con el
primer Pata Negra y el acompañamiento a la familia Montoya), Tomatito con
Camarón y en sus primeros discos y el Niño Josele entre otros. La estrella
del Niño Miguel fue breve pero intensa, como un enorme cometa que de pronto
pasó por el firmamento flamenco. Después de dos Lps ya antológicos
grabados en 1975 y 1976, su carrera se vió truncada paulatinamente por una
marcada personalidad macandé. Hoy el Niño Miguel no es ni la sombra
de lo que fue y anda absorto en su mundo interior, dicen que casi pidiendo
limosnas por las calles de Huelva para poder sobrevivir. Personalmente tuve
ocasión de escucharlo en la III Bienal de Sevilla, en 1984, la primera
dedicada al toque, y ver que ya estaba mermado de facultades. Recuerdo también
su aspecto desaliñado y dejado (impropio en los artistas gitanos para los
que el arte es un todo, hasta en el vestir) y su mirada perdida cuando
irrumpió como una sombra en la peña flamenca de Huelva, mientras se
celebraba ironicamente allí uno de los actos del Congreso de Arte Flamenco.
Era el año 1992. O blanco o negro, sin medias tintas en un sentido o en
otro, porque el flamenco es así de desmedido, seguía tremendamente
flamenco también en su lado oscuro de alma perdida. Para recordar al Niño Miguel príncipe y señor del toque gitano, Alain Faucher acaba de publicar un volumen monográfico con la transcripción en música y cifras de seis temas claves del estilo Niño Miguel. De su primer Lp La Guitarra de El Niño Miguel (Philips 63 28 177 GT04) tendremos la solea En el Puente Nicoba, la farruca A mi padre (ambos temas interpretados como homenaje en los conciertos y en el primer disco solista del joven Javier Conde), los fandangos Brisas de Huelva (donde, seguramente por transmisión paterna, ejecuta en trémolo la melodía del famoso fandanguillo de Almería de Gaspar Vivas, hoy himno de la ciudad), las trepidantes bulerías Vino y caballos y las alegrías Entre Mazagón y Sanlúcar. De su segundo Lp Diferente (Philips 63 28 206 GT04) el famoso y original vals flamenco Lamento. Alain Faucher ha cargado las tintas pues sobre aquel primer disco que tanto impactó cuando apareció. Si las nuevas generaciones de guitarristas se preguntan por qué el Niño Miguel es hoy una leyenda del toque gitano, tendrán sin lugar a dudas la respuesta en este libro de partituras que también a su manera rinde un siempre merecido homenaje al hijo de Miguel “El Tomate”, aquel maestro de tocaores onubenses y almerienses. Norberto
Torres Cortés.
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