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LA “CHITARRA” FLAMENCA DE BRUNO PEDROS. CONCERTO PER TRE CHITARRE AMICHE. Córdoba, 2001. por Norberto Torres Cortés. Cuando llegué en agosto de 1982 a Sanlúcar de Barrameda en el albergue de los alumnos que íbamos a recibir las clases del maestro Manolo en aquel “I Curso Internacional de Guitarra flamenca Sanlúcar”, me quedé pasmado. Estaba en el vestíbulo de entrada y desde arriba, desde las habitaciones, se escuchaba una guitarra tocando la colombiana “Monasterio de Sal” de Paco de Lucía. ¿Quién era el que se atrevía con esta pieza tan compleja, técnica y musicalmente? ¿Dónde me había metido yo? Si todos los alumnos iban a ser como el que estaba escuchando, menudo futuro inmediato me esperaba. El enigma se aclaró poco después. El virtuoso que había sacado de oído y que se bebía entonces los temas de Paco y de Manolo se llamaba Bruno Pedros y era de Nápoles. Un loco apasionado de la guitarra flamenca ya, nacido en 1962, que tocó por primera vez en público con once años, estudió en el conservatorio de Córdoba con Manuel Cano, intervino en la Bienal de 1990 y la Expo 92, estuvo de gira como segunda guitarra de Serranito. Después de buscar maestros en Córdoba como Manuel Cano, en Sevilla, y en Madrid como Serranito, Pedro que transita entre Nápoles y la capital de España se autoproduce ahora su primer CD, una grabación realizada en directo desde Córdoba el 16 de noviembre de 2001. Lo hace con dos amigos guitarristas, el guatemalteco Alfredo Cáceres y el belga Quintín Dujardín, que conoció en Sevilla. ¿Quién duda todavía a estas alturas del carácter internacional del flamenco? Pedro Brunos forma parte de este colectivo de aficionados extranjeros locamente apasionados por el flamenco, por su forma de vida, por su territorio de origen que es hoy el de residencia de los artistas profesionales (Sevilla o Madrid principalmente) y que ya es suyo también. El Concerto per tre chitarre amiche propone nueve temas, todos compuestos por Pedro, menos un arreglo del Vito. Lo inicia con la bulería Tarifa, compuesta en Algeciras y que utiliza la afinación Mi, La, Sib, Sol, Sib, Do# de sexta a primera y que le permite moverse con soltura en el color arabizante de esta composición donde la guitarra evoca varias veces el láud. Después interpreta una zambra que dedica a su maestro Manuel Cano. Se nota la referencia granaína de su maestro, las maneras de Cano evocando la Ahambra. Pero Pedros la contextualiza en las armonías actuales de la guitarra flamenca contemporánea, consiguiendo una espléndida partitura. Seguidamente empieza el concierto para tres guitarras en dos rumbas, en Re menor y en La menor. Aunque el directo es siempre peligroso y evidencia problemas de ritmo en la interpretación, con los tangos consigue situar su guitarra en plena vanguardia con una composición de altura. Con su amigo Alfredo interpreta una espléndida colombiana, lo mejor del disco con la zambra según mi opinión. Tiene ideas más que interesantes a la que vale la pena prestar oído. Otra bulería de color oriental titulada “Murallas de Córdoba” , un fresco arreglo del eterno “El Vito” y de nuevo una evocación del pasado esplendoroso de una ciudad que le obsesiona en los tangos “paseando por Córdoba” completa ésta muestra de un inspirado guitarrista, que adolece sin embargo del defecto habitual en los flamencos no españoles, varios desajustes rítmicos en el fraseo. Una vez más el flamenco demuestra su complejidad rítmica en las dificultades que encuentra un virtuoso con buenas ideas para hacer fluir sus melodías en el dichoso compás. A pesar de ello, los demás aspectos resultan más que interesantes y la música de Bruno Pedros dotada de una elegancia y un gusto que la hacen muy atractiva.
Norberto Torres Cortés
Artículo publicados en la Revista El Olivo en su número del mes
de Diciembre de 2004.- |
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