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EL TOQUE DE ANTONIO SOTO por Norberto Torres Cortés. Si repasamos la historia de la guitarra flamenca andaluza, podremos comprobar que se ha construido acompañando al baile en primer lugar, y luego el cante, con prioridad de la función rítmica del instrumento, traducida en la expresión “toque airoso”. Es curioso observar que la mayoría de los grandes nombres de la sonanta han sido tocaores en cuadros de baile, luego compañeros de viaje de las voces jondas y flamencas, y por fín culminaron su carrera artística con una complementaria actividad como concertistas-compositores. Uno de los casos más elocuentes de este habitual recorrido vital en los guitarristas andaluces quizá sea el del Niño Ricardo. Y precisamente en este año 2004 que se celebra el centenario de su nacimiento, nos llega a final de año la primera producción discográfica de uno de los más destacados representantes actuales del toque. Como Ricardo y como la mayoría de los tocaores andaluces, antes de abordar la guitarra solista Antonio Soto lleva ya una dilatada carrera como acompañante del baile y del cante. No en balde está casado con la bailaora Gema Garcés, ni tampoco es casualidad que su familia –entre ella su padre- ha sido y es profundamente aficionada desde siempre, ni nada extraño que su guitarra sea requerida por voces andaluzas maestras como las de Fosforito, Manuel “Agujetas” o Chano Lobato entre otras. Antonio Soto es en primer lugar tocaor, es decir el que conoce todos los vericuetos musicales y profesionales para dar la réplica y el soporte justo a la disparidad actual de intérpretes del baile y del cante, un oficio difícil donde los haya. Y eso se nota en su primer disco solista “Pa er Teto”. Si su bajañí no puede ser de otra forma que virtuosa, dado el alto nivel del que goza actualmente el instrumento de las “seis heridas”, su virtuosismo lo será con sentido, curtido en las melodías del cante y en los ritmos del baile, con el “aire” y la transparencia musical que se respira en este cachito sureño del sur de Europa, conocido como Andalucía. Nada de precipitaciones rítmicas, ni de complejidades en las armonías, ni de oscuras y enrevesadas melodías, sus composiciones suenan con la misma claridad que las aguas azules del Mediterráneo que baña su Málaga y producen la misma sensación de bienestar que el olor del romero y del azahar. Puede parecer tópico lo
que acabo de escribir, pero no sé por qué motivo siempre hay artistas que
suenan y huelen a su entorno, y este fenómeno se da particularmente en los
artistas andaluces. Antonio Soto es uno de ellos, y con
"Pa er Teto”, un disco ante todo y sobre todo de guitarra
flamenca, sin apoyos superficiales, con “lo que da la mata” como
reza el dicho, impregna los sentidos con este márchamo inefable que
son las cosas del sur bien entendidas, los detalles y sutilezas de un arte
eterno llamado flamenco.
Artículo publicados en la Revista El Olivo en su número del mes
de Marzo 2005.- |
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