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EL CONCEPTO DE “RICARDISMO” por Norberto Torres Cortés. 2004 no ha sido solo el Año “Paco de Lucía”, sino también el centenario del nacimiento de otro de los grandes de la sonanta, Manuel Serrapí “Niño Ricardo” (1904-1972). Para recordar la vida y obra de este gigante del toque y de la música flamenca, hemos escrito en comandita con Eusebio Rioja, quien se ocupa de la biografía, en Ediciones Giralda (Sevilla) un libro donde analizamos el toque de acompañamiento y la producción solista del “Niño de Ricardo”. Mientras está la “criatura” en imprenta y a punto de salir, ofrecemos a nuestros lectores el capítulo donde se resume el concepto de “ricardismo”. - Como primer rasgo a destacar señalaríamos la pertenencia a la escuela de toque bajo-andaluza, formada en el acompañamiento del baile y luego del cante, con prioridad de la función rítmica del instrumento, traducida en la expresión “toque airoso”. - Formación inicial en los mecanismos guitarrísticos para esta función: rasgueados, golpes, pulgar, ligados, picados cortos. Limitación en las funciones armónicas y melódicas. - Incorporación tardía sobre esta base adquirida, de mecanismos de mano derecha más complejos: arpegios combinados con picados, arpegios de horquilla, arpegios apoyando el anular, profusión de arpegios dobles, trémolos. - Carácter barroco progresivo de su estilo con profusión de notas, especialmente ligados abundantes en la mano izquierda. - Desarrollo armónico de los toques en todo el mástil. Este desarrollo técnico se ve completado por otro musical en la búsqueda de la ambigüedad armónica. - Explotación del uso de cuerdas al aire, especialmente de las primera y segunda cuerdas, a partir de la afinación de la guitarra. Con este recurso incide en la ambigüedad armónica y logra colocar su toque en la estética de “lo jondo” (expresión modal constante). - Desarrollo y explotación del toque por arriba, hasta tal punto que aparece como su principal mentor. - Desarrollo de la función melódica de la guitarra. - Priorización progresiva de esta función sobre las demás, lo que le llevará a desarrollar, a pesar de sus problemas de uñas, una búsqueda expresiva de la melodía usando nuevas posiciones en el mástil, sobre todo posiciones a partir del séptimo traste. Esta expresión en lo melódico dará otro timbre a sus melodías, consiguiendo cierta correspondencia con el “eco” del cante. - Percepción polifónica progresiva en lo melódico, con superposición frecuente de dos melodías, a la sexta o a la octava la mayoría de las veces. - Repetición frecuente de pequeños motivos en sus melodías para incidir en el parentesco de su toque con el cante “ con eco”. - Ambigüedad formal, con la incorporación de falsetas de determinados toques en otros toques. Todos estos mecanismos progresivamente explorados y desarrollados hicieron que a partir de su percepción rítmica inicial del toque y de su papel de acompañante, Ricardo consiguiera poco a poco salir de esta función, “cantar” con su guitarra y a la vez acompañarse. Pero no cantar de cualquier forma, sino acercándose a través de la guitarra a las particularidades del cante flamenco, especialmente en su expresión jonda: timbre de las melodías, efecto de “eco” conseguido con varios recursos, ambigüedad armónica para corresponder al carácter modal del cante. El conocimiento musical de la estética del cante traducida a guitarra le permitió controlar los mecanismos idóneos para “aflamencar” sus toques. Y de hecho lo puso a pruebas en estilos como la serrana o en toques como el toque “por arriba”, poco desarrollados musicalmente desde la estética “jonda”. Si a este dominio de las claves de la expresión “jonda” unimos su sentido rítmico exacto de la música flamenca, reunimos en Ricardo expresión airosa y jonda en el toque de guitarra, que bien podría resumir el concepto de “ricardismo”.
Norberto Torres Cortés
Artículo publicados en la Revista El Olivo en su número del mes
de Marzo 2005.- |
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