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FLAMENCO. EL DUENDE GITANO DE MELCHOR DE MARCHENA Transcripciones de Alain Faucher,
Affedis, Paris, 2005. por Norberto Torres Cortés. Affedis, la conocida y reconocida colección de monografías de Alain Faucher, acaba de publicar su última entrega, un libro con diez transcripciones de los catorce cortes del disco “Guitarra gitana” (Hispavox HH 10.151, Madrid, 1959) de Melchor Jiménez Torres, inmortalizado como “Melchor de Marchena” para la historia del mejor toque. Alain Faucher tuvo la suerte de ser discípulo suyo y dar clases con él en Madrid durante los años setenta. De alguna manera y como lo señala en el prólogo, este libro viene a ser un particular y emotivo homenaje a su maestro. Los toques aquí escritos en música y cifras son tanguillo de Cádiz, malagueñas, siguiriyas, soleares, taranta, tientos, granaína, serrana, petenera y alegrías. Melchor Jiménez Torres “Melchor de Marchena”( Marchena, 1907- Madrid, 1980), hermano de El Bizco y Chico Melchor, se inició en reuniones privadas de ventas y colmaos sevillanos, acompañando a las figuras más destacadas de los años treinta, entre ellas a la Niña de los Peines y a su hermano Tomás Pavón. Después de la contienda, formó parte de la compañía de Concha Piquer para pasar seguidamente a la de Manolo Caracol, con quien recorre España y América. Primer guitarrista del tablao Los Canasteros hasta 1970, fue tocaor predilecto de las dos figuras gitanas más destacadas de pos-guerra, Manolo Caracol y Antonio Mairena, con los que graba una importante discografía, y es unánimamente reconocido como uno de los más destacados tocaores en la historia del flamenco. Lo que llama la atención al escucharlo es primero su sonoridad, dada por una guitarra con cuerdas muy bajas, lo que unido a su pulsación, da la impresión de chasquido y de sonido metálico, que contrasta con un cambio de posición de la mano derecha hacia la boca y con ligera pulsación para obtener un sonido dulce, sobre todo en ligados. Esta dual dinámica refleja de antemano la sensibilidad exquisita de Melchor de Marchena. Por ello sus rasgueados tienen una sonoridad inconfundible que lo delatan inmediatamente. Luego sorprende su complicado e increíble cálculo del compás para salirse sin dejarlo. Al servicio del cantaor, no le contesta nunca mientras cante, aunque éste haya alargado demasiado un tercio y esté un poco fuera. Melchor tiene la habilidad de darle la impresión de estar a compás, y recupera los “desparamientos” con pequeñas aceleraciones en sitios poco llamativos, que convierte en hallazgos artísticos. Es como si tuviera mentalmente una poliritmia constante: la de la forma flamenca sin alteraciones, y el ritmo interior de la melodía dada por el cantaor, siendo capaz de recurrir a una u otra y reunirlas con una desconcertante sencillez. La escucha atenta de su acompañamiento por seguiriyas señala el evidente parentesco que existe entre los Morao y Melchor de Marchena, es decir la escuela jerezana primitiva. Sin embargo presentará más refinamiento musical en Melchor, dado por su contrastada sonoridad y por una mente más compleja. El uso del silencio será la gran diferencia entre ellos. Adquiere en Melchor una sofisticación impresionista: no dice, sugiere. Parece en este sentido haber seguido el consejo de Debussy :” La música está entre las notas y no en ellas”, desarrollando cierto barroquismo en lo no-dicho. Por eso su toque, aparentemente sencillo, es único, intransferible e inimitable. Todas estas cualidades se pueden apreciar también en su obra solista, afortunadamente parcialmente transcrita ahora por Alain Faucher.
Norberto Torres Cortés
Artículo publicados en la Revista El Olivo en su número del mes
de Septiembre/Octubre 2005.- |
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