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JIRO YOSHIKAWA EN LA CASA-MUSEO “ANTONIO DE TORRES”. Si uno consulta el listado de las ochenta y ocho guitarras de Antonio de Torres que José Luis Romanillos ha catalogado y describe detalladamente en su libro “Antonio de Torres. Guitarrero, su vida y obra” (Instituto de Estudios Almerienses/Cajamar, Almería, 2004), podrá comprobar que diez y seis se encuentran en Japón, y que entre ellas, siete pertenecen a la colección privada del señor Tetsukazu Hosokawa, la persona en el mundo que con casi total seguridad posee más guitarras de Torres. Se habla mucho de la pasión nipona por el flamenco, pero si entramos en su afición por la guitarra... La entrega y respeto casi sagrado que guitarristas japoneses sienten por la guitarra pudo ser comprobada una vez más el pasado 15 de mayo en la casa-museo “Antonio de Torres”, ubicada en el barrio almeriense de la Cañada de San Urbano. Este día, y como lo viene haciendo desde hace varios años, Jiro Yoshikawa ofrecía un concierto de guitarra flamenca titulado “Bajo del cerezo. Juegos infantiles en primavera”. Este reconocido concertista, alumno de Manuel Cano, cada año viene de Japón para recoger las dos o tres guitarras que anualmente construye Juan Francisco Salvador, biznieto de Torres. Apasionado por la construcción de guitarra y por la figura de su legendario bisabuelo, ebanista de profesión, guitarrero de vocación, Juan Francisco dedica su escaso tiempo libre (fines de semana y vacaciones) para construir instrumentos de primera categoría. Como si de un ritual se tratara para evocar la presencia espiritual del padre de la “Leona”, Jiro ofrece cada año un concierto “en petit comité”. Como si de una cata de vino se tratara, prueba por primera vez el sonido y la pulsación de las nuevas guitarras de la forma más generosa: un concierto casi privado. Y digo casi privado porque la pequeña casa-museo de Torres solo puede acoger como mucho a unas treinta personas en su sala más grande. Pasado este número, ya no se puede ver al concertista y se tiene que escuchar desde la puerta, como lo hicieron los últimos que llegaron. Los actos simbólicos suelen estremecer y ayudan sin duda a convocar lo que tanto apasionaba a Lorca: el duende. Quizá no sea otra cosa en el fondo que el cúmulo de símbolos y la entrega a sus rituales. La verdad que la intimidad del acto, sus cargas simbólicas, la intensa emoción de Juan Francisco o de Jiro, no podían ser vividas de otra forma que una comunión en torno a Antonio de Torres y la guitarra flamenca. La primera parte rubricada “Fantasías de Jiro Yoshikawa” con títulos tan sugerentes como “La senda de almendro”, “Seducción de amapola”, “Ilusión mora”, “La capital de la luna”, “Cabo de Ágata” o “Laberinto” , composiciones originales sobre toques flamencos como seguiriya, bulería, danza mora o media granaina, confirmaron que el concertista japonés es hoy por hoy uno de los mejores seguidores de la escuela de Manuel Cano. En la segunda parte intervino a dúo con su alumna Hisako Noguchi para interpretar canciones japonesas “Bajo del Cerezo”, “De Cádiz a La Habana” del granaíno Angel Barrios, una fantasía sobre el 2º movimiento del “Aranjuez” de Rodrigo y la versión flamenca de las canciones populares lorquianas “La tarara”, “Los cuatro muleros” y “Anda jaleo”, evocando otras tensiones para dos guitarras, las de Manuel Cano y Serranito. 16 guitarras de Antonio de Torres en Japón, todas las de su biznieto Juan Francisco Salvador en Japón, con Jiro lo mejor de la escuela guitarrística de Manuel Cano en Japón, ¿alguién duda todavía del poder de entrega que el flamenco y su guitarra tienen a nivel internacional? Norberto Torres Cortés Artículo publicados en la Revista El Olivo en su número del mes de Noviembre/Diciembre 2005.-
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